lunes, 20 de junio de 2011

Los... ninguno...














Cuando algunas personas tienen tan poco que perder… a veces se hacen invencibles.



Una joven adolescente acababa de morir frente a mí. Yo me detuve frente a la ventana de aquel 7mo piso y observé afuera, hacia la calle, hacia todas esas personas que caminaban bajo la lluvia…tantos rostros anónimos, tantas personas desconocidas que iban y venían, cada cual con su historia….mientras las luces de la ambulancia y de las patrullas comenzaban a asomarse por la carretera a lo lejos. Sin embargo esto había comenzado varios días atrás…

-¿Envenenamiento?- le pregunté al forense mientras examinaba el cadáver del juez Steve Lliota.

-A primera vista sí.- me contestó volviendo a ponerse sus anteojos.- Pero la autopsia siempre tiene la última palabra.

El Juez Steve Lliota había sido muerto en el hotel donde hospedaba en Washington. Su guardaespaldas nunca abandonó su puesto junto a la puerta de la habitación y declaró que la última persona en entrar había sido un botones que trabajaba hacía más de 10 años en el lugar, había llevado una merienda liviana que el mismo Lliota había encargado a la recepción.

Lliota fue el segundo juez corrupto asesinado este mes, y si a eso le sumamos al senador de Texas y al sacerdote concejal de Washington ambos fallecidos el mes anterior, entonces estábamos en presencia de un fenómeno en particular.

-¿A quien buscamos entonces, Leon?- me preguntó Patrick Lightman agente del FBI una vez reunidos en su oficina.

-A un asesino en serie que se cree muy listo…- contesté yo poniendo las fotografías de las 4 victimas en una pizarra colgada en la pared.-… y lo peor de todo es que lo es, es muy listo. Sabe lo que hace, debe tener muchos contactos… es por ello que logró introducir veneno en la merienda que el botones llevaba para Lliota, aún no tenemos un retrato hablado, pero se trataría de un hombre de mediana edad resentido por algo en particular, sus asesinatos son una forma de amedrentar a las autoridades y a la vez intenta “hacer justicia” una suerte de “justicia ciudadana”. Debe ser un hombre muy lastimado o herido por algo, seguramente perdió a un ser querido… estoy seguro que es algo así, y las autoridades no le ayudaron.

-¿Entonces se está cobrando venganza?, ¿eso es todo?- me preguntó Lightman.

-Temo que sí, objetivamente hablando las víctimas no eran precisamente intachables, con esto no estoy diciendo que…

-Un asesino en serie jamás será una amenaza para nuestro país y nuestro gobierno.- interrumpió bruscamente un alto senador de la república que se encontraba con nosotros reunidos, no diré su nombre pues prefiero reservarme ese derecho.- Es simplemente un vil asesino perturbado y punto. ¿Cómo es posible que ustedes ocupen palabras como “venganza” o “amedrentamiento”?

Patrick y yo nos miramos sin decir palabra alguna.

-¡Somos los Estados unidos de Norteamérica, por favor!- exclamó.- Vencimos a los alemanes y a los japoneses… ¿y piensan que un desequilibrado nos va a poner contra la pared?... pues entonces, piénsenlo dos veces…

-Señor, con el debido respeto…- le dijo Patrick.- este tipo es un verdadero fantasma y no tiene intenciones de detenerse…

-Entonces asumo que alguien acá no está haciendo bien su trabajo.- dijo de pronto y me lanzó una mirada que me hubiese encantado colgar en la pared. Luego se sentó bruscamente en uno de los sillones.- Comenzaremos una violenta campaña de desprestigio en su contra, quiero que en los periódicos salga que ya le hemos identificado y que se trata de un homosexual, abusador de mujeres, y que también le gusta tocar a los niños. Echaremos abajo esa fama de “héroe” que comienza a edificarse alrededor suyo. Y señores,… quiero a un culpable por estas muertes lo antes posible, ¿me entendieron?


La campaña de desprestigio que inició el gobierno comenzó al día siguiente de aquella reunión. Los periódicos comenzaron a publicar datos y pistas sobre la personalidad del asesino a quien lo calificaron de la peor forma posible, incluso sugirieron nexos que este tenía con altos políticos de izquierda en Cuba y que ellos estaban pagándole por sus crímenes. Falsos testigos aparecían de vez en cuando en televisión y en un par de ocasiones me tocó a mí preparar a uno diciéndole qué tenia que decir en cámara. Se había montado un gran espectáculo, sin duda esto provocaría al asesino, sin embargo… no volvió a matar.

Pasaron cerca de dos semanas y las pistas se diluían nuevamente, no teníamos nada,… absolutamente nada. De pronto una llamada del senador (de quien no revelaré su nombre) me sorprendió una tarde, quería verme de forma urgente en su oficina del congreso.

-Kennedy, que gusto verte.- me dijo.- No preguntes cómo, pero ya tenemos un nombre y una dirección…

-¿De veras?, ¿Cuáles son las probabilidades?...

-Digamos que del 100 %. Pero nuestro problema es que el asesino continuará sin dejarse ver, es difícil que podamos encontrarle…

-¿Mmm?, ¿no ha dicho que ya tiene un nombre y dirección?- le pregunté sin comprender.

-Así es, pero se trata de su padre.- me dijo y me extendió una fotografía en donde un hombre de aspecto tranquilo abrazaba a una niña pequeña.- El asesino no tiene miedo de su propia integridad, pero si agarramos a su padre, le agarremos a él…

-Comprendo.- dije casi con un aire fúnebre.- ¿está seguro de esto?, digo…

-Tú solo ve por se hombre, Kennedy. Y tráelo con vida. Nosotros nos encargaremos del resto.

Me quedé un breve instante ahí, sin decidirme aún si cumplir o no lo que se me estaba ordenando, pasaron varios segundos antes de levantarme de la silla, hasta que el senador pareció advertirlo y me habló:

-Vete, Kennedy.- me dijo mirándome directo a los ojos.- Nada más vete…

Finalmente me levanté de la silla y con aire taciturno me dirigí a la puerta para ir en busca de aquel hombre. Vivía en un departamento de 12 pisos ubicado en un sector mas bien apacible de Washington, la copiosa lluvia había provocado varios atochamientos por lo que tardé más de lo previsto en llegar al lugar. Una vez allí bajé del automóvil y fui como un verdadero autómata hacia la entrada, llegué al ascensor y descubrí que este se encontraba “en reparación” así que tuve que continuar por las escaleras. Preferí ir solo aquella vez en busca de aquel hombre, no sé… no me sentía lo suficientemente cómodo haciéndolo así que no hubiese tolerado la compañía de alguien más. Finalmente llegué al 7mo piso y dirigí mis pasos hacia la puerta que me habían indicado. Golpeé un par de veces, pero nadie abría, luego volví a insistir.

-¡Es la policía federal, abran la puerta!- demandé con fuerza mientras desenfundaba mi arma, mas en ese instante la puerta se abrió y una muchacha apareció tras ella.

-Adelante…- me dijo y volvió a entrar dejando la puerta entreabierta.

Ingresé a la estancia y cerré la puerta tras de mí, ella se había sentado en un sillón y encendió un cigarrillo.



















-Busco a Robert Cleveland…- le dije.- tengo una orden de arresto para él.

-No está…. En este lugar no hay nadie más que yo.

-¿Dónde puedo encontrarlo?

-Está muy lejos de aquí….- me dijo con cierta tristeza.- yo soy su hija y… y es a mí a quienes uds. Buscan…

No podía creerlo, esa muchacha se estaba entregando, pero todo hasta el momento era tan confuso.

-¿Cómo dices?, ¿Qué te buscamos a ti?, ¿bajo que cargos?

-Bajos los cargos de asesinatos premeditados contra dos jueces activos, un senador de distrito, y un sacerdote…- me contestó exhalando el humo de su cigarrillo.

Inmediatamente saqué las esposas de mi cinturón y se las enseñé.

-Entonces supongo que estás bajo arresto… ¿lo sabes verdad?

-Así es…- me dijo y no pareció importarle en lo más mínimo.

-Escucha, si estás intentando proteger a tu padre para que no vaya a la cárcel, cometes un gran error. No comprendo tu actitud de querer entregarte de forma tan fácil si es que eres la autora de esos crímenes.

-Es porque en verdad lo soy.- me contestó.- Y es tan cierto como que también estoy protegiendo a mi padre con esto. Yo ya sabía que uds. vendrían a buscarle a él..., pero él no tiene porque pasar por esto, esto es mi culpa y de nadie más.

-¿Y ese frasco… son antidepresivos?- pregunté al ver una gran cantidad de esos frascos junto al sillón en el suelo, habían varios que se encontraban vacíos.

-Así es. Me he preparado un cocktail para irme esta noche y así, solo así dejarán en paz a mi familia…

Saqué mi radio y pedí al instante una ambulancia, además de apoyo policial para la ocasión.

-Bien, ya viene ayuda. Escucha… debes intentar vomitar, ven te ayudaré…-le dije acercándome, pero ella me apartó.

-¿Qué no entiendes?- me dijo rehusando cualquier clase de ayuda.- Debo morir, es la única forma de salvar a mi padre. Si voy a la cárcel, le matarán. Le matarán para hacerme ver que nadie mata a uno de los “suyos” sin recibir una lección.

-¿Quiénes?, ¿de quienes hablas?- le pregunté.

-De los poderosos, los que tienen todo bajo control… sus crímenes, sus negocios ilícitos, sus abusos, ¿o en verdad crees que Lliota era alguien honorable?

Guardé silencio. Obviamente a Steve Lliota lo precedía su reputación… que estaba por los suelos.

-¿O el sacerdote concejal de esta ciudad?, ese maldito enfermo que me violaba una y otra vez en su internado..., yo tenía 10 años en ese entonces y el muy maldito abusaba de mí y de otras niñas. ¡6 años pasé con mi padre en tribunales en busca de justicia!... y jueces corruptos como Lliota y Frederick lo absolvieron de todo cargo…, no olvidemos al senador de Texas que era quien se encargaba de poner el dinero que compraba a los jueces, si él y el sacerdote eran muy amigos, compartían el mismo gusto por los niños y por las drogas…, pero vaya, todo eso era demasiado sórdido como para creerle a una niña pequeña y a su padre, en vez de eso los periódicos nos tildaron de “fraude oportunista”.

-Te recuerdo, leí de ti y de tu padre en los periódicos de aquel entonces…

-¿Y no eran acaso eso lo que decían sobre nosotros?, ¿Qué no éramos más que unos provincianos aprovechadores?, ¿una niña mentirosa y un padre pobre que buscaban solo dinero?

-Sí, lo recuerdo…

-Pero todo cambió cuando les conocí a ellos… a los ninguno…

-¿A quienes dices?

-A los ninguno… a nadie… personas como yo, que morirán siendo eso… nadie. Tú pareces ser un poli honesto, ¿crees poder guardar un secreto?

-¿Tu crees que puedas contármelo?- le contra pregunté.

-Sí… - me dijo y sonrió.- Hay un grupo de personas… enfermos, gente que va a morir pronto, ¿sabes?... están en todos lados, y ellos me ayudaron a hacer justicia. Obviamente no te puedo decir más, me llevaré el secreto de sus identidades a la tumba. Como así también espero que tú lo hagas… ellos ya no tienen nada que perder, por eso lo hacen. Al igual que yo, que padezco de una enfermedad venérea gracias a los abusos de ese desgraciado que arruinó mi vida… estaba condenada a morir tarde o temprano.

-¿Sabe tu padre esto?, ¿de tu enfermedad?

-No… él cree que estoy por entrar a la universidad, cree que seré una gran doctora, que me casaré con un apuesto y amable joven, que tendré hijos y le haré ser el abuelo más feliz del mundo… y que le iremos visitar a una casita de campo, con animales… él ahora se encuentra en otra ciudad, le dije que me reuniría con él, que me esperara hasta el otro mes porque yo debía terminar un asunto acá relacionado con la admisión a la universidad.

Pasó un instante en el que no intercambiamos palabra alguna, yo me encontraba demasiado perplejo como para poder reaccionar, finalmente pregunté:

-Bueno, hasta ahora no sé tu nombre, ¿cómo te llamas?

-Prefiero no ser nadie… no tener nombre…, o bien llamarme como la heroína de las historias que escribía de niña, esa que castigaba a los malos, esa que aparecía cada vez que ese monstruo me violaba…, ella, Aíra… la princesa del planeta... luz.

Yo sonreí y ella me miró de pronto con ojos vidriosos, tal parecía que algo le estaba afectando, comenzó a respirar con dificultad.

-Está sucediendo… me voy a casa… mañana en los periódicos saldrá que una muchacha loca se mató por sobredosis de drogas… y que al asesino que buscaban fue finalmente atrapado y tenía vínculos con terroristas, ¿no es así?

-Yo… no lo sé.- le respondí

Me acerqué a ella con una mezcla de temor y respeto, ¿Qué podía hacer ante esa situación donde ella misma había decidido acabar con su vida? Exhaló aletargadamente y finalmente dio un último suspiro, sus ojos se quedaron abiertos observando la nada misma del techo, los antidepresivos habían ya surtido efecto, había muerto.

-Adiós, princesa Aíra….- le dije y pasé mi mano derecha por sus párpados para cerrar sus ojos.

Finalmente me paré frente a la ventana de aquel 7mo piso y observé afuera, hacia la calle, hacia todas esas personas que caminaban bajo la lluvia…tantos rostros anónimos, tantas personas desconocidas que iban y venían, cada cual con su historia….mientras las luces de la ambulancia y de las patrullas comenzaban a asomarse por la carretera a lo lejos.

Y afuera, en la oscuridad, estaban ellos…. Los ninguno… los que no son nada.



Absolutamente nadie.








Y yo... ¿de que lado estoy?....

LEON S. KENNEDY 00:33 A.M.


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10 comentarios:

sakura_chan_19_01 dijo...

buenisima!

Raymond dijo...

sin palabras...muy profundo....excelente relato, me gusto mucho

Lady Bateman & Puppeteer Raven dijo...

guau, al principio me sono muy a lo agatha christie... pero la verdad qe con tus toqes lugubres personales hiciste un muy buen relato, si hubieses puesto nombres en la historia de seguro terminabas arrestado por traicion a la nacion (?) jaja na, pero fue muy convincente y muy puntual... me encanto, como siempre.

saludiines marce!

Marcelo Carter dijo...

Muchas gracias, amigos. Que bueno que les ha gustado. Un saludo y grax por dejar un comentario :)

Brian dijo...

la verdad un relato muy profundo sabiendo que hay personas asi que no tiene nada que perder en la vida, la verdad sin palabras tus historias son excelentes Marce saludos

Marcelo Carter dijo...

jeje muchas gracias, Brian. Un saludo y grax por dejar tu comentario ^^

Georgina dijo...

wow me encanto... ademas fa para refleccionar mucho! muy bien marce!!

Marcelo Carter dijo...

grax, georgina jeje. Saludín ^^

Anónimo dijo...

WOOOOOWW!!!!!! =O
Qeee.... extraño.
Es algo muy real y a la vez como qe golpea, no?
Pobre muchacha... y qe triste saber qe cosas así realmente suceden =S
Muuy buena historia, realmente. Una de las más profundas =)

Mery ;)

Marcelo Carter dijo...

Mil gracias Mery por pasar y dejar tu comentario :), que bueno que te ha gustado.