Mostrando entradas con la etiqueta suspenso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta suspenso. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de enero de 2014

El inocente




Muchas veces tuve que resguardar zonas de catástrofe en espera a que Boys-scouts del gobierno llegaran a examinar y a realizar planes de levantamiento. Focos de infección aislados y totalmente inhóspitos pueden llevar a un grupo de hombres a un aburrimiento anormal, un aburrimiento que nos fue interrumpido abruptamente y de una forma horrible para mí… resulta que durante una noche de relevo mientras hacíamos la guardia al parecer un infectado me había mordido en la mano derecha, no lo noté hasta el otro día cuando mis compañeros de armas me hicieron ver la herida.

-Es… es imposible, hubiese despertado ¿Quién diablos estaba de guardia anoche?, ¿no eras tú, Jack?- pregunté alarmado por la mordida.

-Lo siento, Leon… creo que… me dormí…- me contestó el atolondrado chico.

-¿Te dormiste?... ¿¡te dormiste, hijo de perra!? ¡Pudimos haber muerto!

Iba a arrojarme sobre él para estrangularlo, pero Kobrich se interpuso deliberadamente en medio y me apuntó con su pistola justo a mi cabeza, los otros 3 soldados me desarmaron. Lo que seguía solo era parte del procedimiento… debían hacer lo que debían hacer… y eso era darme un balazo en la cabeza en un lugar alejado del campamento. No opuse resistencia en lo absoluto, simplemente caminé unos pasos frente a mi ejecutor (Kobrich) en dirección a ese lugar alejado del campamento. Apenas y podía comprender lo que estaba sucediendo, ¿cómo?, ¿porqué?... no podía morir ahí en ese lugar.

-Kobrich, la mordida ni siquiera duele… no lo sé, es posible también que lo haya hecho un animal…- dije de pronto acariciando la mordida que tenía en mi mano derecha.

-Leon, en esta ciudad el virus alcanzó un nivel de contagio por sobre el 90%... hasta un animal puede tener el virus.- me dijo tranquilamente y sin inmutarse.

Caminamos largos minutos hasta que llegamos a un llano desolado, era creo ya casi mediodía el cielo era gris y nublado…. Creo sin temor a equivocarme que se trataba del día más feo que había visto en mi vida.

-Demonios, Leon. Jamás creí que iba a tener que hacer esto.- me dijo de pronto Kobrich examinando su arma.

-Y no tienes porqué hacerlo…, amigo, ésta mordida puede ser de cualquier cosa… ¿porqué nadie más está herido?

-No lo sé, pero tú sabes que no podemos correr riesgos… de verdad lo lamento mucho.

-Kobrich, espera… por favor, hombre… dame una chance… esperemos un rato a ver si me convierto en zombie, dame ese beneficio.

-Es muy peligroso, Leon… y tú lo sabes, ¿porqué ahora estás tan acobardado?

-Porque antes no se trataba de mi maldita vida, por eso.

Me encontraba suplicando por mi vida a unos 3 metros de donde estaba Kobrich con su arma. Mi cabeza trabajaba a mil pensamientos por minuto pensando en cómo zafarme de ésta, arrojarme sobre él y noquearlo, moverlo a compasión y derribarlo de improviso… pensaba también si algo podía salir mal uno de los dos terminaría muerto, y si yo sobrevivía… debía huir del resto de los soldados en el campamento. Definitivamente no quería morir ahí en ese lugar y mucho menos de una forma tan ilógica, tampoco sentía que iba a morir… era todo tan extraño.

-Bueno, no alarguemos más esto…- me dijo y me apuntó al fin con el arma. Yo sudaba y mis labios apenas podían moverse.

-Kobrich… piensa un maldito segundo… ¿porqué aún no me convierto en zombie?, si la mordida fue durante la noche… ¿porqué aún no me ocurre nada?

-No lo sé, Leon. ¿Tu metabolismo quizás?... es igual.

-¡Kobrich!- exclamé para intentar remecer su consciencia.-¿Quieres dinero?... ¿qué puedo hacer por ti?, dímelo.

-No me interesa el dinero… me interesa la seguridad del campamento y ya falta poco para irnos, no jodas.

Guardó silencio y volvió a apuntarme.

-Kobrich, maldición… ¡dime qué diablos quieres!, ¡por favor no jales el gatillo!

 De pronto comenzó a reflexionar, se quedó mirándome por un segundo  y bajó el arma. Yo respiré profundamente creo que estaba a punto de darme un infarto.

-Bueno, creo que hay algo que puedes hacer…-me dijo al fin y echó una mirada al campamento.

-Lo que sea…- contesté aliviado.- ¿Qué es?

-Pero debemos ir a un lugar un poco más alejado…

-¿Porqué?, ¿qué es?

-No te preocupes no es la gran cosa… solo para desahogarme…  ya sabes.

-No, creo que no…- le dije confundido. Palabra no tenía idea que quería.

-Vamos, llevamos varios días acá totalmente aislados… y todos tenemos una necesidad física básica… digamos que libera endorfinas y qué se yo…. ¿me sigues no?

-Kobrich, por favor, se más específico ¿de qué diablos hablas?- pregunté al fin sin rodeos.

-Una “rapidita”… y eso es todo.

-¿Qué es eso?

-Una “rapidita”, ya sabes… yo saco mi espada, tú te pones de rodillas… la limpias, la acaricias… ¿cazas la onda?

¿Qué demonios le estaba sucediendo a Kobrich?, ¿en verdad me estaba pidiendo lo que yo creo que me estaba pidiendo?.... Por un momento todo pareció detenerse, hasta mi corazón. Esto no podía estar pasando era tan surrealista y absurdo, casi parecía una broma de….

…si, lo era, ahí me di cuenta…. Recordé que era 28 de diciembre….

-¡Kobrich, hijo de perra… hoy es dia de los inocentes!- le dije furioso.

De pronto unas carcajadas salieron de un escondite a mi izquierda, los soldados del campamento estaban allí ocultos. Todos me habían jugado una broma de dia de los inocentes, durante la noche mientras dormía me hicieron la mordida falsa en la mano.

-Jajajaja, eres una inocente palomita, Leon.- me dijo Kobrich y guardó su arma muerto de la risa.

-Hijos de perra… no puedo creerlo- exclamé y de pronto una sonrisa brotó de mis labios.- ¿sabes qué es lo peor?... que si hubieras insistido un poco más creo que hubiera terminado haciéndote la “rapidita”.

 Las risotadas de los demás duraron varios minutos y yo, bueno… finalmente feliz de que todo al final había sido una estúpida broma.

Una broma del día de los inocentes.














Creative Commons License
El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License   

miércoles, 16 de octubre de 2013

Ruidos molestos


Escucho ruidos… eso es todo.

Ruidos molestos si es que alguien me pide ser más específico…

Hoy los adolescentes suelen llamarle “música”. ¿En qué punto los ruidos molestos pasaron a llamarse música? Supongo que en el mismo punto en que los adolescentes pasaron a dominar el mundo… pasaron a controlar el mercado. Bien lo sé por Sarina Torres, adolescente de 15 años estrella de pop para jovencitos. Hoy está dando un concierto para 65 mil personas en recinto semi-cerrado.  Es una locura, durante un año de gira por los EEUU esta chica ha ganado más dinero que yo en todos mis años de vida… contando también las veces en las que mi trasero ha estado corriendo peligro. Bueno, qué más da… soy un hombre de mediana edad del cual nadie se preocupa… este mundo es así, y se pone peor cuando el dinero escasea. A propósito de dinero… me faltan 5 centavos para poder comprar una gaseosa en la máquina expendedora, creo tener unas monedas en algún bolsillo de mi chaqueta.

-¡Kennedy!, ¿qué diablos estás haciendo aquí?... ¿porqué no estás en tu puesto?- Me interrumpe de pronto la voz de Jackson, el supervisor de los guardaespaldas de Sarina. Es un negrote de casi 2 metros de altura con alma de general de ejército.

-¿Qué no lo ves, Jackson?... quiero una gaseosa, por cierto… ¿no tienes 5 centavos que te sobren?

-Oh, ¿te crees muy listo, verdad?- me dice acercándose un par de pasos desde el pasillo.- Sí, debes serlo si a tus treinta y tantos años debes aún estar buscando trabajo… y para colmo lo único que consigues es tener que cuidarle la espalda a una chica que en una noche gana más dinero que tú en una década.- el tipo me odia, pero no me preocupa porque es un sentimiento mutuo, y él lo sabe.- ¿Eh?, ¿qué sucede?... ¿callado?

-Me duele la cabeza.- le digo y con alivio encuentro al fin los cinco centavos en uno de los bolsillos de mi chaqueta.- Ese ese ruido, ¿sabes?... eso que canta Sarina. ¿Has escuchado “Purple rain” de Prince? Esa es una buena canción, buenos tiempos… lo de hoy la verdad es que no me va.

 Jackson baja la cabeza y esboza una leve sonrisa. Me va a cortar, lo sé. Francamente no me importa… no aguanto un día más de gira.

-Como quieras, perdedor.- me dice.- Tomate tu gaseosa y luego cubre tu puesto. Trabajas solo hasta hoy… buena suerte cuando estés en la fila de desempleados.

Se va, y la gaseosa sale de la expendedora. Fría, inerte… húmeda. La destapo y llevo su contenido a mis labios. De fondo sigue ese ruido y la voz chillona de Sarina haciendo que sus fans caigan en éxtasis. Con toda la calma del mundo regreso tras el escenario solo para que me paguen el día y no sea un despido justificado.

Desde mi posición tengo una vista privilegiada. Sarina y sus bailarines dando un gran espectáculo para otros chicos casi de su misma edad quienes gritan, cantan, lloran y se desmayan. Un mar adolescente se extiende por el recinto bailando y coreando ritmos envasados y letras que no dicen absolutamente nada. Me pregunto si yo en mi adolescencia fui igual, lo más probable es que sí.

Falta 1 hora para que el show de Sarina Torres termine, seguramente será la hora más larga de mi vida. He tenido muchas de esas, parado, bajo la lluvia… o muerto de calor, completamente solo o con la más tediosa de las compañías, ¿porqué si he tenido tantas siento que esta será tan tortuosa?, ¿porqué esta será tan condenadamente maldita? Casi deseo que algo suceda… que algo me salve del…

 

 


 

 

Entonces sucede…

 

Me costó distinguir los alaridos de éxtasis de los alaridos de horror… una a una las caras fueron transformando su alegría en muecas terroríficas. El rojo carmesí de la sangre fue salpicando cuerpos y esa mancha fue creciendo considerablemente entre la masa del público. Los pobres chicos no sabían hacia donde arrancar… comenzó el caos, la música se detuvo…

Sarina Torres por fin se calló la boca.

En el escenario los bailarines huyen, todo el mundo corre tras bambalinas, pero yo avanzo… firme y decidido. Salgo de mi posición y camino hacia el escenario preguntándome cómo y porqué… preguntas estúpidas, pero que por una extraña razón nunca me he dejado de hacer.  Aquí estoy, en el escenario… dueño del show, saco mi revolver y voy hacia el borde para enfrentarme al público, miles de chicos infectados… muy pronto lo entiendo:

Los infectados… los zombies… la muerte es mi público, y yo….

Yo soy la estrella.





Creative Commons License
El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License   

miércoles, 10 de julio de 2013

No mires








 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Recuerdo que eran como las 2 de la madrugada. Hacía mucho frío y yo andaba con un niño de 10 años llamado Timothy. Ambos habíamos sorteado de muy buena manera un brote de Virus en una ciudad pequeña ubicada en la costa del país… al decir “de muy buena manera” me refiero a que al menos estábamos vivos, y eso era bastante.

Llevábamos casi dos semanas huyendo de los grandes focos de infección en la zona, dormíamos y comíamos muy mal, tampoco nos aseamos durante todo ese tiempo. En fin que buscando un lugar decente para descansar nos encontramos con una casa tapizada en sus ventanas y al parecer también sus puertas por dentro.

-¿Qué te parece, Tim?- le dije al chico mientras comprobaba que tan fuerte era la madera que bloqueaba la ventana.- Es una fortaleza… aquí descansaremos.

Comencé golpeando con todas mis fuerzas la madera, pero esta se negaba a ser vulnerada. En mi Desert Eagle quedaban tan solo dos balas y no iba a desperdiciar ninguna en una estúpida ventana bloqueada. Al cabo de unos 40 minutos ya pudimos entrar… mis manos sangraron tras haber tironeado con desesperación los restos de madera más tercos que aún se encontraban clavados y bloqueaban el acceso. Una vez en el interior me costó adaptarme a la oscuridad que casi se podía palpar. Cuales ciegos fuimos avanzando lentamente por una sala cuyo piso crujía tras cada paso dado, todo iba bien hasta que una figura blanca se apareció frente a nosotros, tras una difícil inspección visual comprobé a duras penas que se trataba de una mujer, llevaba una falda blanca. Le apunté con mi arma.

-Habla, mujer.- dije con voz clara.- Te estoy apuntando con una pistola…

-¿Quiénes son?- me preguntó desde la oscuridad.

-Eso no importa… ¿te han mordido?, ¿has tenido contacto con algún infectado?

-Esta es mi casa… yo debería hacer esas preguntas. Tú has entrado como ladrón.- me dijo con una voz adulta, como de anciana.- Encenderé una vela… de noche no me gusta llamar la atención.

 En cosa de segundos la sala fue iluminada por la débil luz de una vela. Frente a mí se encontraba una anciana delgada y de mirada triste. Sostenía una escopeta… la cual apuntaba hacia nosotros. La anciana lucía bastante nerviosa, nuestra presencia la amedrentaba… temblaba bastante y nos miraba casi con súplica. Rápidamente quise darle a entender que no tenía nada porqué temer.

-Disculpe usted…- le dije y volví a guardar mi arma.- Este chico es Timothy, y mi nombre es Leon, Leon Kennedy. Sobrevivimos a un foco de infección ubicado en el pueblo del norte, el que está junto a la costa. No nos han mordido ni hemos tenido contacto cercano con infectado alguno… se lo garantizo.

La anciana lentamente bajó el cañón de su escopeta.

-Ese niño… ¿es su hijo?

-No.- contesté mientras el chico apretaba fuertemente mi mano.- No tenemos parentesco alguno, pero me hago responsable de él.

-Bueno… pueden quedarse…- nos dijo cortésmente.- Y no, no he sido mordida por ninguna de esas criaturas.

 Yo mismo compuse el agujero de la ventana tapizada poniendo un mueble grande en su lugar. La anciana calentó unas sopas enlatadas en una pequeña cocinilla a gas. Comimos los tres junto a la luz de una solitaria vela, no queríamos llamar la atención de ninguna cosa que estuviera por allá afuera.

-Nos dirigimos al sur… hay una zona segura desplegada por militares, estarán allí hasta el viernes siguiente. Tengo contactos y gente que me busca… usted debería acompañarnos.

La anciana me observó un instante en silencio, luego sonrió con dulzura.

-Howard se veía tan mal con barba…- me dijo de pronto.- siempre le dije que parecía un simplón o un vagabundo, cada dos días le obligaba a afeitarse. Pero a usted, joven, a usted esa barba le queda muy bien.

-Créame que muero por darme una ducha y por afeitarme.- le contesté sonriendo.- ¿Howard es su marido?

-Así es… mire, es él.- me acercó una fotografía donde aparecía un señor calvo posando junto a un muchacho joven en silla de ruedas.

-¿Y ese chico en silla de ruedas?, ¿es su hijo?

-Sí, su nombre es Dan. Nació con una discapacidad… desde entonces le hemos dedicado toda la vida a cuidarle, es nuestro ángel.

-Comprendo. ¿Ellos donde se encuentran?- pregunté.

-Ellos están en la ciudad de junto. Mi hijo participaba en las olimpiadas de discapacitados juveniles y ganó el primer lugar ¿sabe?, ganó la medalla de oro. Mi esposo Howard le acompañaba… justo antes de regresar a casa ocurrió todo este caos, lo de los noticiarios, lo del virus. Sé que el vendrá a buscarme… así me lo ha dicho la última vez que hablamos, solo debo esperar.

Luego de la sopa me di cuenta de que Timothy apenas y podía mantenerse despierto, por lo que pregunté a la anciana donde podía el niño dormir cómodamente al menos por esa noche, ella nos ofreció una habitación en el segundo piso, la primera a mano derecha. Luego de agradecerle me llevé a Timothy a dormir a la habitación, yo también me encontraba bastante cansado así que una cama era como el paraíso a esas alturas. Subimos a tientas ya que la única vela era la de abajo y no había más, todas las otras fueron consumidas… maldije el haber extraviado mi linterna unos días antes. Entramos al cuarto y tropecé con algo que había tirado en el suelo. Le advertí al niño que caminara despacio y con cuidado pues no veíamos el desorden en la habitación. Tras avanzar un poco dimos con la cama.

-Bien, Timothy… al fin una cama, hoy dormiremos como reyes.- le dije.

Tuve tan mala suerte que la cama se encontraba repleta de ropa y al parecer unos cachivaches, moviendo el bulto Tim se acomodó bastante bien, pero yo no cabía. Mis manos aún estaban adoloridas por las heridas que me había hecho al entrar así que no me apetecía exponerlas nuevamente, ni hacer ninguna clase de fuerza mayor… estaba tan cansado que me hubiera dormido de pie de igual forma. Finalmente Tim se quedó con la cama y yo me acurruqué en un rincón del cuarto.

-Buenas noches, Leon.- me dijo Timothy.

-Buenas noches, suertudo.- le contesté desde la oscuridad.

-… mañana ya deberíamos lavarnos, no aguanto el olor.

-Habla por ti, tú apestas un poco más.

Me contestó con una risita desenfadada y finalmente nos dormimos.

Esa noche soñé con algo extraño… soñaba que un aroma pestilente asesinaba a la gente en una ciudad. Todo el mundo intentaba salvarse echándose fragancias o llevando mascarilla, pero ya era tarde, el nauseabundo olor penetraba como aguja cualquier clase de material, yo me encerraba… pero era inútil… el asqueroso olor igualmente llegaba a mis narices, lo pude sentir, era repugnante, insoportable… igual al que había en aquel cuarto. Justo cuando llegué a esa revelación los gritos de Timothy me despertaron. Me levanté de un salto y preparé mi arma… el asqueroso olor abofeteó mi rostro una vez más. La luz del nuevo día se colaba por varios agujeros de la cortina en la ventana y nos enseñaban el macabro hallazgo que sorprendió primero al niño y luego a mí. El cadáver de un hombre en pleno proceso de descomposición yacía en la cama… Tim había dormido toda la noche junto a él. Y en el suelo… justo en el lugar donde yo había tropezado se encontraba otro cuerpo, más joven y junto a él una silla de ruedas dada vuelta. Ambos cadáveres presentaban heridas de bala en sus pechos. El de la cama era Howard… y el del suelo era el chico minusválido, Dan. Tim no paraba de llorar y apretaba su rostro contra mi cuerpo, no quería volver a abrir sus ojos.

-Vieja loca…- murmuré entre dientes. Había asesinado con la escopeta a su esposo y a su hijo. Los casquillos que vi pertenecían a la escopeta que la anciana sostenía la noche anterior. Pero ¿porqué? Ambos fallecieron por la bala del pecho, de haber sido infectados deberían haber sido muertos con una bala en la cabeza. Luego de unos minutos Tim se tranquilizó, cubrí sus ojos y lo conduje hasta la puerta… una vez en el pasillo le dije que iba a bajar y que él se quedara quieto esperándome, pero se rehusaba. Finalmente le tomé de la mano y ambos bajamos muy despacio… yo traía mi arma lista y alzada. El crujir de una madera me puso en alerta una vez que llegamos a la planta baja… podía ser una silla mecedora, al menos a eso se asemejaba. Caminamos un poco más y nos acercamos a la sala. Allí nos esperaba otro macabro descubrimiento: La anciana colgaba ahorcada de una viga, se había suicidado.

El crujir que llegaba a mis oídos era el del vaivén de la cuerda atada, el cuerpo aún mantenía cierto balanceo suspendido en el aire.

En ese momento no reflexioné mucho en aquellos hechos, solo en buscar más provisiones y seguir mi camino con el niño hacia el sur, pero ahora… a años de esa experiencia puedo suponer que la anciana se encontraba completamente trastornada por la serie de acontecimientos, seguramente creyó que asesinando a su hijo minusválido le iba a salvar del desmadre ocurrido con el virus y los zombies. Obviamente Howard, el esposo, no iba a estar de acuerdo así que también lo asesinó… probablemente antes que al chico. Luego siguió su turno… y se ahorcó.

Pobre Tim, estuvimos en el lugar y momento equivocados. Hasta que salimos de la casa hice lo posible para que mantuviera sus ojos cerrados y no mirara.









Hace mucho que no sé nada de él...

LEON S. KENNEDY   01:26 A.M.





Creative Commons License
El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License
 
 
 

sábado, 11 de mayo de 2013

B.E.K.








 
 
 
 
 
 
 
 
Hacía mucho que no pasaba tiempo con mi amigo Brian Bethel, actual oficial de policía ascendido a capitán. Esa fría noche de lluvia me hizo el enorme y caprichoso favor de trasladarme desde la biblioteca de la ciudad hasta mi departamento en su patrulla mientras cumplía la guardia, sin embargo en el intertanto… ocurrió un suceso tan extraño y singular que no puedo dejar de contar aquí en mi diario.

-¿Qué tal la biblioteca?- me preguntó mientras me subía a la patrulla empapado y protegiendo el maletín con libros.

-Aburrida… siempre llena de libros.- contesté.- Brian te dije a las 8 y quince y ya son las nueve… mejor hubiese cogido el taxi.

Arrancamos finalmente y  fuimos en dirección a mi departamento, mas durante el trayecto y mientras charlábamos de cosas sin mayor importancia la radio comunicó una alerta, una mujer había llamado para pedir auxilio en un barrio reconocido por su alto índice de delincuencia y criminalidad. Brian era quien estaba más cerca y se dispuso a ir a chequear la dirección.

-¿Tienes tiempo?- me preguntó.

-Oh, Brian por favor no jodas… estoy empapado y llegaste media hora tarde a recogerme ¿no puedes dejarme en mi departamento y luego irte a trabajar?- le pregunté un poco fastidiado.

-Hey, hey, hey… ¿Qué te pasa, Leon? Es solo un momento… ya ves que ese barrio es peligroso y no quiero ir solo. Ten un poco de consideración conmigo…

-No seas pesado, Brian. Por favor.

-No lo puedo creer, trabajar para el gobierno te ha hecho mal, ¿eh?- insistió sin ánimos de querer dejarme ir.- ¿Acaso no te da nostalgia hacer un patrullaje de policía? Recuerda que te metiste a la academia y nunca ejerciste como oficial de policía…

-Claro que sí, estuve un día trabajando como oficial de policía en la peor ciudad del mundo… Raccoon city. Eso ha de bastar ¿no crees?- contesté.

Finalmente me ganó por cansancio, accedí a acompañarle pero como venganza le pedí a cambio que durante la siguiente semana me hiciera el mismo favor de hacer de “taxi”.

Bueno, al cabo de unos minutos nos adentramos en aquel barrio deprimente y solitario. Apenas unos faroles amarillentos de luz débil iluminaban las oscuras calles de departamentos sucios y desvencijados. Todos permanecían oscuros… ninguna luz se dejaba ver en las ventanas, salvo en una sola, una perteneciente al cuarto o quinto piso de un edificio si mal no recuerdo.

-Bien… llegamos.- dijo Brian estacionando el patrulla.- La dirección es aquí en este edificio. Según la información una mujer llamó a la policía aterrada, pedía ayuda. En la central dijeron que ella ya había llamado días antes denunciando que alguien la merodeaba constantemente… uf, dios quiera que no haya pasado algo malo.

-Sí, eso dejaría muy mal parado al departamento de policía. ¿Quieres que suba contigo a ver?

-No, mejor espérame acá… en una de esas le pueden robar las ruedas al patrulla.

 Brian Bethel entró al edificio de apartamentos y yo me quedé ahí, sentado sin saber qué hacer en medio de la desolada calle. Luego de unos segundos la lluvia se detuvo y yo aproveché de salir de la patrulla para estirar un poco las piernas. Una vez estando afuera una voz me llamó desde la esquina de un oscuro callejón.

-Oiga…

Me di vuelta y comprobé que se trataba de un niño de unos 10 años de edad el que me llamaba. Traía unos gastados jeans azules por lo que pude distinguir y llevaba una campera con capucha cubriendo su cabeza.

-¿Dime?- pregunté sin saber muy bien que decir… su presencia me tomó por sorpresa la verdad.

-¿Puede venir conmigo?... ¿anda usted solo, verdad?- me preguntó.

¿Qué clase de pregunta era esa?, me confundí bastante en un principio y me mantuve callado mientras ordenaba mis ideas. De pronto un segundo niño apareció tras él, este llevaba una gorra sobre la cabeza. Ambos estaban muy pálidos y tanto la gorra como la capucha proyectaban una sombra que les oscurecía los ojos hasta la mitad de la nariz. El segundo chico parecía ser un poco mayor y recuerdo que constantemente miraba para los lados… como vigilando por si alguien fuera a aparecer de repente.

-¿Se encuentran ustedes bien?... este no es un lugar como para que anden solos a estas horas de la noche.- dije de pronto.

-Estamos bien…- me contestó el menor.- Solo queremos que nos acompañe… ¿es posible?

-¿Acompañarlos  adonde?

-A nuestra casa… es que estamos asustados…- me dijo con un particular tono de voz difícil de describir. Algo no me cuadraba en toda esta extraña situación que de pronto se estaba desarrollando. Esos niños no parecían tener miedo de nada, ¿por qué me decían que estaban asustados? Algo había en ellos pero no era temor… era más bien impaciencia… pude advertir una leve impaciencia del chico con quien estaba hablando, como si intentara convencerme de algo lo más pronto posible.

-Lo lamento, solo estoy esperando a alguien…- dije aún un tanto incómodo.- si quieren puedo llamar a sus padres para que…

-No, eso no sirve… por favor, acompáñenos… venga con nosotros.

El segundo muchacho, aquel que parecía mayor, continuaba observando de vez en tanto de un lado a otro, como si estuviera vigilando. Algo muy extraño sucedía… pero no sabía qué. Esos niños se comportaban de forma muy inusual, tan inusual que me pusieron realmente incómodo. Me inspiraban mucha desconfianza y por un instante… no se a título de qué, pero sentí un cierto temor. En eso la lluvia nuevamente comenzó a caer sobre nosotros. Casi agradecido por la divina providencia me subí nuevamente a la patrulla y les dije:

-Vayan a casa pronto, aún es temprano.

Estando arriba encendí la calefacción, y justo cuando me disponía a olvidarme de todo el asunto una silueta oscureció la débil luz del lado de mi ventana, alcé mi vista y eran los dos muchachos que se habían aproximado hasta la ventanilla de la puerta.

-Señor, déjenos entrar…- me dijo con exasperación.- ¿Qué no ve que está lloviendo?... déjenos entrar y llévenos a casa, por favor.

-Lo lamento…- contesté aturdido por la confusión.- mi amigo va a regresar ya… no puedo hacer nada.

Muchos a esta altura del relato pensarán y con justa razón ¿por qué no tuvo el buen corazón de prestarles ayuda, o de subirlos a la patrulla?, bueno es raro, pero he aquí la explicación: No me inspiraban confianza, es más, su actitud distaba mucho de ser la de un par de niños desprotegidos y asustados… más bien parecían ser desafiantes, a esto agreguemos que la sombra de la gorra y la capucha no me dejaban ver sus ojos… no podía hacerme una idea de qué clase de intención había en ellos, esto podrá parecer estúpido y puede que lo sea… pero me infundaban cierto nerviosismo.

-Escuche… se lo preguntaré una vez más… ¿va a dejarnos entrar al automóvil sí o no?- me preguntó de pronto de forma bastante seca.

En ese momento, el muchacho que hacía de vigilante le dio un codazo al menor y ambos observaron al edificio desde donde finalmente salía mi amigo Brian Bethel de regreso a la patrulla. Solo allí pude ver algo que hasta hoy no me explico muy bien… y es que ambos niños tenían sus ojos completamente negros. Es decir, esa parte blanca que todos tenemos… no existía, sus ojos eran completamente negros.

Ambos chicos retrocedieron decepcionados y se perdieron en la oscuridad de uno de los callejones. Brian subió a la patrulla y me dijo:

-Kennedy, no vas a creerlo… el apartamento se encontraba con la puerta abierta, pero no había nadie en el interior… hay indicios de que hubo un forcejeo, pero la mujer no estaba en casa. Pediré apoyo.

Tras esta extraña anécdota hice mis averiguaciones y pude enterarme de que hay varios reportes alrededor del mundo de gente que ha visto a chicos y chicas jóvenes con los ojos completamente negros. Suelen aparecer en las carreteras o miradores y según algunos testimonios siempre piden que les ayuden a ir a casa. Las siglas con las que se les denomina es B.E.K. (Black eyed kids)

Me alegra no ser el único en haber experimentado esta singular clase de anécdota, y es que si bien me he enfrentado a zombies, criaturas y monstruos repugnantes… estas cosas de una u otra forma las conozco y puedo entenderlas.

Pero siempre he guardado otra clase de temor…

Temor a lo desconocido…








FIN



Creative Commons License
El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.
 
 
 

miércoles, 17 de abril de 2013

Evil Leon




















CAPITULO FINAL
 

Apenas y puedo reconocerme ya a estas alturas…

Mi piel grisácea y flácida ya no es mayor obstáculo para los ataques que suelo recibir de forma constante. A través de algunas heridas puedo contemplar mis propios huesos. Los “carne-tibia” han juntado valor y quieren recuperar terreno… vienen de vez en cuando agrupados y armados hasta los dientes, hemos librado batallas arduas… pero siempre terminamos ganando, ¿el secreto?, basta una leve mordida para que en poco rato los afectados terminen uniéndose a nosotros, así es… nuestro ejército es invencible.

Pero… lamentablemente yo no lo soy…

Mis dientes amarillentos se han ido cayendo con una rapidez alarmante, mis cabellos casi han desaparecido en su totalidad de mi cabeza deforme, para colmo de males también cojeo… me rompieron la pierna izquierda en tres partes y ahora no es más que un bulto al cual debo arrastrar para dondequiera que vaya. Mi situación es verdaderamente preocupante… cada vez que me miro en alguna superficie reflectante veo más de cerca mi fin, me muevo lento y apenas logro comunicarme. Mi pandilla me abandonó hace ya varios días atrás… en esta condición todos nos olvidamos de todos. De pronto un rumor en el aire sacude los cimientos, inclino mi cabeza y en medio del cielo azul observo un singular artefacto volador que busca descender a unos cuantos metros desde donde estoy, es extraño… ese artefacto me resulta familiar, no sé por qué… se trata de un armatoste que se suspende en el aire gracias a una enorme hélice giratoria. Han pasado ya unos minutos y finalmente esa cosa se posa en la tierra… de él descienden varios “carne-tibia” protegidos y armados, ¡idiotas! ¿Cuándo aprenderán que este lugar nos pertenece? Me acerco con dificultad hacia donde están… les daré una lección.

A cada paso que doy, voy ganando metros. Ya me han visto, los muy tontos se quedan observándome como con curiosidad… ¡ja! Será un placer juguetear con sus cabezas. Uno de los bobos le dice algo a otro y comienza a reírse… ¿se estarán burlando de mí?, ¿a qué vienen esas estúpidas carcajadas?.... de pronto, un estruendo.

Oh-oh.

Caigo al suelo… derribado por una bala que me ha dado directo en la rodilla derecha. Miro hacia adelante y veo que todos los “carne-tibia” se ríen de mí… hasta felicitan a quien ha dado el disparo. ¿Serán tontos?, ¿Qué nadie les ha avisado que se están metiendo con el zombie más peligroso de la zona? Me pongo de pie con dificultad, meneo mi cuello para des-atrofiar mis músculos y avanzo con decisión a la caza de estos tarados. Finalmente llego a estar junto a ellos… me fijo en el idiota sonriente, me voy sobre él, pero es más rápido y me esquiva fácilmente… luego alguien me da un golpe en la nuca. Parece que los bobos se divierten conmigo, ¿eh?, me voy sobre el que me ha dado el golpe y este también me esquiva con rapidez… luego, percibo otro golpe a mis espaldas. Malditos jóvenes tarados, ¿creerán que estoy aquí para divertirles? Se están riendo a carcajadas. Bien, no estoy aquí para hacer de payaso… lleno de ira me voy sobre otro, pero este también es rápido y me esquiva fácilmente… ¡idiotas! Puedo estar así por varios soles y lunas… a ver cuánto soportan ellos.

-Jajaja- ríe uno de ellos.- este si que es el más tarado que me ha tocado ver.

-Sí, y está bien feo. Jajaja.- le contesta otro.

-Bueno, liquídenlo ya…- dice otro acercándose a nosotros.- recuerden que hemos venido en misión de rescate, no se distraigan.

-A la orden…- contesta uno de los “carne-tibia” y me apunta con un arma justo en medio de los ojos.- Vete a descansar, monstruito feo…

 ¡Ja!, que imbécil… ¿creerá que eso me va a detener?, ¿acaso no sabe quién fui?... ¿no le han informado de todos los hombres, mujeres y niños que asesiné y devoré?

 

Otro estruendo…

 

Uno muy feo….

 

Todo se va a negro, ya no puedo escuchar pensamientos…

Mientras caigo al suelo solo me pregunto… ¿Quién diablos fui?






FIN



Creative Commons License
El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.

martes, 9 de abril de 2013

Evil Leon




Penúltimo Capitulo



Me hice el inerte durante bastante tiempo recostado ahí en el suelo, lo suficiente como para que los “carne-tibia” me ignorasen largo rato. Luego, en el momento oportuno me escabullí y pude huir en medio de la oscuridad… no sin antes alimentarme de un hombre que agarré desprevenido.

Poco a poco he aprendido a disfrutar mi  nueva vida, cuando el sol está en lo alto generalmente descanso oculto en cualquier lugar disponible… la verdad es que cualquier lugar sirve pues hemos ido ganado espacio y no hay lugar donde los muertos no caminemos. Cuando la oscuridad se instala y la luna asciende sobre nosotros es cuando salgo a divertirme… ¡mujeres y niños! Los bocados más exquisitos que mi paladar y lengua seca han saboreado hasta el momento. Presas fáciles, solo algo ruidosas… pero es lo de menos.

Me he rodeado ya con mi propia pandilla, seres repugnantes y asquerosos tal como yo,… solo que mi fetidez es más poderosa y por eso soy el líder. Mi hediondez se siente a la distancia y algunas larvas ya se asoman a través de la herida de mi cuello, eso sin contar que algunos gusanos y bichos diminutos se han instalado en mi ahora escasa cabellera y se comen poco a poco mi grisácea piel. Bueno, mis camaradas y yo vamos de un lado a otro moviéndonos por las noches, aterrorizamos a viejos, jóvenes, mujeres y niños… los pateamos en el suelo y les arrancamos las cabezas, así es, nos divertimos de lo lindo. Cuando una mujer hermosa cae a veces como víctima, la desnudamos y la arrojamos al suelo, mis súbditos saben que solo yo tengo el poder de disfrutarla. Siendo el líder saben que los premios y trofeos me pertenecen. Me gusta saborear su rostro de forma lenta y pausada,… mi lengua seca acaricia su piel cual tentáculo y el sabor salado de sus lágrimas me vuelven completamente loco. Mi última mujer se encontraba tan asustada, lloraba a mares y repetía insistentemente la tediosa palabra “por favor” mientras mi lengua recorría de arriba hacia abajo su dulce rostro, luego me quedé enredado en su ojo derecho…. Oh su sabor, su textura, su calidez… no pude contenerme y chupé con tanta fuerza que su ojo salió desprendido y me lo tragué. Luego, la tuerta dejó de gritar tras largos minutos,… supuse que había muerto, me bebí su sangre y la devoré mientras su cuerpo aún permanecía tibio.

Los niños son algo más fácil de conseguir pues son débiles y totalmente vulnerables a nuestros ataques, pero por su tamaño natural a veces no son más que un pequeño bocadillo antes de la cena. Hay sujetos que son más duros y difíciles, generalmente se defienden bien… me han acuchillado, otros me han disparado, me han golpeado fuerte y duro, pero al final todos caen cuando atacamos en grupo. Nuestra pandilla es la mejor, nadie puede contra nosotros… los “carne-tibia” se encuentran totalmente acorralados, simplemente ya no tienen adonde huir.

Ya he dejado de preguntarme sobre mi pasado, no tengo idea de quién diablos fui… ni nada de eso, además poco me importa. Lo que me importa es el ahora… es el éxtasis, mi adicción a la ultra-violencia y el placer de repartirla junto a mi pandilla…

…somos violentos…
 

…no tenemos límites…
 

…somos los reyes del mambo…
 
 
 
























Próximamente CAPITULO FINAL




Creative Commons License
El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.

lunes, 1 de abril de 2013

Evil Leon






















CAPITULO 4


Hace  ya dos soles y tres lunas que llegamos al lugar del que nos había hablado el infectado decrépito. De los tres él es el que más hiede y apesta, yo le sigo en segundo lugar…

Tengo problemas para poder identificar conceptos y cosas que me resultan familiares,  ahora me resultan tan ajenos… como fantasmas de una vida pasada. Cada vez hablo peor, ni yo mismo a veces me entiendo, se me han caído cinco dientes y varios mechones de cabello. El otro sujeto… que si mal no recuerdo se llama Peter ha caído en un curioso estado taciturno y silencioso, a veces me observa con extrañeza y luego no deja de observar el suelo…. Se ha convertido en una pálida sombra de lo que antes era, ese sujeto conversador y que junto a mí  planeaba los siguientes movimientos, ahora no es más que un extraño que camina entre nosotros.

Yo me siento a veces lleno de furia y de hambre, no paro de comer. Apenas llegamos a este lugar atrapé a dos niños pequeños… una pareja:, niño y niña. No los compartí con nadie, por suerte Peter y el otro infectado podrido estaban lejos y ocupados de atrapar su propia comida así que pude dedicarme en su totalidad a la tarea de faenarme a los pequeños. Al mocoso le rompí el cuello y a la niña la derribé, eso fue fácil… una vez estando en el suelo reventé su cabeza con una pesada y enorme roca.

En este lugar me di cuenta de algo interesante, cuando el zombie anciano y decrépito mordió a una mujer, esta huyó… pero al cabo de un rato volvió a aparecer igual que nosotros… eso es nuevo para mí, no sabía que nos podemos reproducir de esa manera, me pregunto si algo así me pasó alguna vez… ya no estoy seguro, desde que tengo memoria solo me recuerdo así tal como ahora. Algo sucede, por un momento interrumpo mis pensamientos… un grupo de infectados viene hacia nosotros, son robustos y jóvenes, parecen estar armados con palos y cadenas… hay uno que parece ser su líder.

-¿Quiénes son ustedes y de dónde vienen?- pregunta un esbirro adelantándose del grupo.

-Cómo quieres que sepamos eso…- contesta el infectado anciano.

-Este lugar es nuestro, hediondos… si quieren quedarse deben traernos comida, ¿entienden?

-¿Cómo que es de ustedes?- pregunto, pero al parecer modulo tan mal que no se me entiende.

-Jeje, tú cállate… apenas y puedes hablar.- me dice el esbirro.- Este lugar está bien escondido de los “carne-tibia”, aquí estamos a salvo… pero no es gratis, deben traernos comida todos los días ¿entienden?

Peter, el infectado decrépito y yo nos miramos confundidos. Obviamente esto es de los más injusto, acá todos somos iguales ¿qué les da derecho a estos idiotas a creerse superiores a nosotros? De pronto Peter, quien hace ya mucho tiempo no abría la boca, ahora lo hace…

-Lárguense, no les daremos nada.- dice en tono desafiante.

El esbirro se da vuelta y observa a quien parece ser el líder, este le devuelve un gesto de “adelante”. De pronto el esbirro le propina un feroz golpe a Peter con un palo en su rostro que le desencaja totalmente la mandíbula. Peter cae al suelo y no se vuelve a levantar, otro del grupo de hediondos se ensaña esta vez con el anciano… se lo llevan aparte y se preparan para darle una buena tunda. Me acerco a Peter e intento a reanimarle.

-Hey, vamos… reacciona, ¿Peter es tu nombre verdad?- le pregunto sin estar muy seguro a estas alturas.- por favor, recciona…

Peter me oye, lo sé porque sus ojos se mueven y me miran fijamente, pero su mandíbula… ha quedado totalmente desencajada de su posición natural, su rostro se ha desfigurado por completo. Sorpresivamente una cadena se enreda en mi cuello y me jala para atrás, pierdo mi equilibrio y caigo al suelo… un grupo de 4 infectados me rodea.

-A éste denle duro… se ve peligroso.- dice el esbirro.

Los otros le siguen al pie de la letra, con palos y patadas me golpean salvajemente en el suelo. Puedo sentir como varios huesos se rompen en mi cuerpo, entre ellos los de mis costillas y algunos de mi columna. Uno me da una patada de lleno en el cuello y me lo quiebra… trato de pararme, pero no puedo… siempre un golpe demoledor o un puntapié me vuelve a poner en el suelo. Mi brazo izquierdo se disloca por completo y se parte en cuatro partes quedando totalmente inutilizado. Mi ropa mugrienta y sucia se va rompiendo y asoma la carne descompuesta. A estas alturas ya no lucho… prefiero quedarme en el suelo totalmente quieto, pero la golpiza no termina.

Finalmente y tras un largo instante… soy rematado con una patada en el cráneo que me deja totalmente inmóvil. Me quedo inerte, ellos creen que ya me han aniquilado pues se alejan lentamente. No me moveré… al parecer no me fue tan mal, desde aquí distingo la cabeza decapitada del anciano infectado y el cuerpo totalmente desmembrado de Peter.

He quedado solo… inválido y a mi suerte… en medio de la nada.

Pasa un largo rato y de pronto se oyen automóviles que llegan al lugar… al parecer son los “carne-tibia” vienen a barrer con todo.




Próximamente PENULTIMO CAPITULO





Creative Commons License
El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Evil Leon

CAPITULO 3




 

 
 
 
 
Uno…

Dos…

Tres!

 

Me levanto de forma pausada con mis manos en alto. Mientras me pongo de pie consigo tener una mejor perspectiva del panorama, se trata de un hombre que se ha subido a la parte posterior de un vehículo a dispararnos con una enorme arma montada sobre un arnés. El sujeto está como loco.

-¡Malditos zombis!, ¡¡coman plomo idiotas!!- grita a todo pulmón mientras sigue descargando balas a diestra y siniestra.- ¡¡Jajaja, babosos idiotas!!, ¡¿qué les parece esto eh?!

De pronto el enardecido sujeto se fija en mí, sin embargo algo parece delatarme pues descubre el engaño y me lanza toda su artillería a quemarropa. Las balas me atraviesan y se incrustan en mi cuerpo, puedo sentir que algunas trituran varios de mis huesos en mi pecho,… otras en cambio rompen mi espalda y salen por el otro lado. Peter me jala del brazo y me arroja al suelo de nuevo.

-¡Cuidado!- me dice.- ¿qué no ves que te puede liquidar?

-¿De qué estás hablando?... sus balas no hacen nada. Me han atravesado y ni siquiera siento dolor.- le contesto estableciendo un hecho.- Fíjate en el resto de las personas acá, algunas han caído al suelo, pero se vuelven a poner de pie.

-Sí, pero fíjate tú en esas otras personas que han caído al suelo y se han quedado ahí… ¡muertas!

En efecto, mi vista se clava hacia donde él me señala y puedo ver a varios de los “nuestros” tirados en el suelo totalmente inertes, con sus sesos desparramados y cráneos absolutamente reventados.

-Si te dispara a la cabeza estás muerto… ¿comprendes ahora?- me pregunta Peter.

La situación es compleja, el sujeto loco con su enorme metralleta no nos da tregua y si no hacemos algo acabaremos realmente muertos. De pronto se me ocurre algo.

-Peter… aún somos inteligentes, tú mismo lo dijiste, y también aún somos rápidos. Si nos acercamos a la camioneta donde está el sujeto aquel con su metralleta, ambos por caminos distintos, tú por la izquierda y yo por la derecha… probablemente podamos derribarle.

-Bueno… es posible.- me contesta sopesando la situación.- pero aun así es un riesgo… debemos protegernos.

Al cabo de un instante estamos listos ya para realizar nuestra movida. Cada uno ha cogido el cuerpo de algún compañero caído por alguna bala en la cabeza y lo hemos de utilizar como escudo. Nos miramos, asentimos y comenzamos. Corro con todas mis fuerzas, pero el peso de mi “escudo” me hace ir un poco más lento de lo que yo esperaba. Puedo sentir y oír las balas impactando contra la piel y la carne del chico muerto que me protege. Algunas atraviesan y me alcanzan en el torso, pero no con la suficiente fuerza. De pronto la ráfaga se detiene y la oigo más lejana… supongo que ahora el sujeto está descargando la artillería contra Peter del otro lado, eso me da una chance… es ahora donde debo correr con más fuerzas. Ya queda poco… solo unos pasos más.

Arrojo mi escudo al suelo, de un salto subo a la parte posterior de la camioneta y me abalanzo contra el sujeto demente, quien no alcanza a girar la metralleta. Grita de forma desesperada y manotea torpemente, lo cual no me es mayor obstáculo. Peter sube ahora por el otro lado y lo derriba al suelo. Lo cojo de la garganta y con todas mis fuerzas trato de arrancar su cabeza, el hombre grita producto del horror de ser decapitado, Peter lo sostiene firmemente y de pronto su cuello se rompe… su carne es blanda, cede ante la fuerza de mis manos y su garganta termina por cercenarse. Levanto su cabeza como si fuera un trofeo y me bebo la sangre que emana de su cuello cortado.

Hemos desnudado el cadáver del hombre y con Peter comenzamos a devorarle entre los dos, arriba del techo de la camioneta con la intención de no compartir ningún trozo con nadie, nosotros le hemos derribado, nosotros merecemos comerlo completamente.

-Leon, es inútil…- me dice de pronto Peter.- no puede haber tregua entre nosotros y ellos, ¿recuerdas que nos íbamos a intentar comunicar con él para ver si nos podía ayudar?

-Lo sé…- contesto chupando los dedos de una mano mutilada.- pero el hambre apremia… además el tipo estaba loco, difícilmente iba a querer ayudarnos.

-“Nosotros o ellos”… “nosotros o ellos” , el eterno dilema que parece nunca acabar.- nos dice de pronto un anciano al cual le falta parte de su cráneo  y su nariz se encuentra totalmente podrida.- ¿hay algo que sobre para este pobre anciano miserable?

Peter me mira y luego le arroja al anciano el pie derecho de nuestra malograda víctima, supongo que aún conserva algo de generosidad.

-Ustedes son jóvenes… ya quisiera yo tener algo de esa juventud…- nos dice mientras come afanosamente. Su modo de hablar es casi gutural, seguramente su estado es avanzado pues apenas se le entiende lo que quiere decir.-… estoy débil y me muevo con dificultad. A duras penas puedo luchar por mi comida… hace ya varias noches que no probaba un bocado.

-Escucha, viejo- le dice de pronto Peter un tanto molesto.- estamos ya bastante preocupados en querer evitar convertirnos en algo como tú, así que come tu bocado y mejor piérdete…

-Ahh… pues lamento decirles que no hay nada que puedan hacer para evitarlo.- nos dijo con cierto dejo de ironía.- yo solo quiero comida y tranquilidad para mis días de agonía… conozco de un sitio donde los “carne-tibia” abundan y no nos esperan, por lo que será fácil tomarlos de sorpresa a todos.

-¿Qué lugar es ese?- le pregunto.

-Ahh… no queda muy lejos de aquí.- contesta levemente entusiasmado.- es una zona que conozco gracias a lo que me dijo una mujer que se dirigía hacia allá,… me lo dijo todo antes de ser alcanzada por un proyectil en la cabeza.

Con peter nos miramos y sonreímos, no damos mayor crédito a su historia.

-Los puedo llevar hasta allí si lo desean, lo único que pido a cambio es protección. Estoy débil y cada vez más podrido….- nos dijo.

-Eso es verdad…- le respondo.- eres el que más apesta de todos. ¿Cómo te llamas?

-… ya no lo recuerdo a estas alturas.- me contesta con voz cavernosa.- desde que tengo memoria estoy así… vagando y comiendo lo que encuentro.

He hablado con Peter un poco y hemos accedido acompañar al anciano podrido al lugar donde dice que hay mucha carne tibia, una vez allí nos separaremos de él, mientras tanto le cuidaremos y compartiremos con él cualquier comida que consigamos.

Ahora somos tres, me pregunto si algún día esto se detendrá y si es así, me pregunto cómo será. Tengo miedo de no recordar más mi nombre… lo he anotado en mi mano izquierda con letra bien grande… LEON.

 

Así es, ese soy yo…    LEON.










Próximamente CAPITULO 4





Creative Commons License
El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.