lunes, 25 de marzo de 2013

Evil Leon





 
 
 
 
 
 
 
CAPITULO 2
 
La camarera ha venido a trabajar al bar en su día libre, es un trato que ha hecho con su empleador… un tipo llamado Stan, ambos salen beneficiados… ella gana dinero extra y él  no debe preocuparse de buscar otra persona para el día sábado. Ya es tarde y no queda ni un solo cliente en el lugar.

-Bien, Stan. El piso ya está limpio… solo quedaron unas copas en el fregadero, mañana me encargo apenas llegue, ¿bien?- dijo la camarera apoyando el trapeador en una pared.

-Muy bien, Lucy. Muchas gracias por venir hoy, ¿Cómo estuvieron las propinas?- le pregunta su empleador dejando el libro de ventas y la calculadora a un lado.

-Pues ha habido días mejores.- contesta la mujer poniéndose una chaqueta color gris.- No sé qué ha pasado hoy que ni se compara con otros sábados… la clientela bajó demasiado.

-Sí, también lo noté. Bueno, Lucy… ve a casa con cuidado. En la tele han informado sobre riñas y disturbios en los pueblos aledaños al desierto, dicen que es más o menos grave… no lo sé.

-Quizás por eso anda poca gente.- comenta Lucy acercándose a la salida.- Bien, Stan. Nos vemos mañana, buenas noches.

La mujer sale del bar junto a la carretera en medio de un silencio y una tranquilidad casi sepulcral. Con cierta prisa se acerca a una camioneta, al parecer es de su pertenencia… está a punto de llegar a ella, pero yo salgo de mi escondite oportunamente y la empujo contra el vehículo. Con mi mano izquierda tapo su boca y con mi derecha le destrozo el pecho hasta llegar a su corazón.

-Tranquila… vamos, déjalo ir… exhala…- le susurro mientras clava en mí una mirada de horror totalmente indescriptible.

Con mi mano busco su corazón hasta que doy con él, finalmente se lo arranco con violencia. La mujer aún vive, aún está consciente… con un terror mortal ella puede ver su órgano muscular entre mis dedos, destapo su boca… pero ella apenas puede emitir sonido alguno.

-Vamos, Lucy… exhala… déjalo ir de una vez.- le digo, y ella obedece. Sus ojos se tornan blancos y finalmente cae al suelo desvanecida. Su corazón aún está caliente… me lo llevo a la boca, el primer bocado siempre es exquisito.

Han pasado ya algunas horas y me doy un festín con su abdomen. Ya no necesito ocultarme pues el lugar se ha repletado de personas con mi misma enfermedad, de cualquier edad y sexo. Stan, el empleador de la camarera no logró huir a tiempo y en estos instantes está siendo devorado por unos 6 sujetos, tres de ellos son apenas unos chiquillos.

-¿Me convidas una pierna?- me pregunta de pronto un hombre negro con una fea cicatriz en su cabeza calva. El cadáver de Lucy es mucho para mí, por lo que no vacilo mucho antes de acceder a su petición.

 El hombre de color se sienta junto a mí y comienza a comer de la extremidad de la mujer. Tras algunos minutos este me entabla una conversación.

-¿Cómo te llamas?- me pregunta con la boca llena. En este punto acabo de darme cuenta que no recuerdo ya muchas cosas sobre mí… solo sé que me llamo o me identifico con el nombre de Leon… solo eso, sé que la palabra Leon se relaciona conmigo.

-Creo que es Leon…- contesto de forma sorprendida.- pero no estoy muy seguro… ¿el tuyo cuál es?

-El mío es Peter, lo he grabado en la solapa de mi traje, ¿ves?- y me enseña un montón de letras mal escritas con tinta en la solapa de su traje.- Me lo aconsejó una mujer que conocí en el pueblo de más arriba. La memoria se va ir borrando de forma evidente… cada vez con más prisa, por eso es mejor que escribas tu nombre mientras lo recuerdes en tu brazo, o en tu traje o donde te parezca mejor.

-Lo tomaré en cuenta…- respondo aún aturdido por tal revelación.

-¿Y hacia donde te diriges?

Hago el esfuerzo para poder recordar algo, pero me es inútil. No sé de dónde vengo ni hacia donde voy… solo sé que tengo mucha hambre, el hambre es el que me mueve.

-Ahmm… la verdad es que no lo sé.- respondo casi con vergüenza.

-Ya veo…- me contesta pensativo.- tenemos suerte de poder aún articular algunas palabras. Sé que al hablar apenas se me entiende… y tú, la verdad es que difícilmente se te entiende lo que hablas. He visto a otros en un estado más avanzado que el nuestro… se mueven lento… no hablan, sino que gruñen. Son torpes y débiles. No quiero llegar a ese estado, pero no hay que ser un genio para darse cuenta que para allá vamos.

-¿Y qué sugieres?- le pregunto.

-Bueno, me he estado fijando en nuestro comportamiento y en lo que sucede… y he llegado a la conclusión de que la respuesta no la tenemos nosotros, es decir, míranos… un montón de hediondos con piel grisácea que se pelea por un poco de carne tibia. Eso es todo lo que hacemos…, sin embargo, los de “carne tibia” parecen tener una mejor idea de lo que está pasando. Ellos tienen la respuesta y quizás la solución de todo, pero apenas nos ven huyen despavoridos… no los culpo, ¿sabes? Pero si tan solo hubiera una forma de que nos puedan escuchar…

-Es difícil… - le contesto con pesadumbre.- todos salen huyendo, y los que no… pues, es difícil no resistirse la carne tibia. Los que no huyen terminan convirtiéndose en cena.

De pronto un sonido familiar llega a mis oídos, algo que apenas puedo reconocer. Como en cámara lenta me fijo que una por una las demás personas van cayendo al suelo heridos y otros sencillamente muertos por algo invisible que los golpea en sus cuerpos y cabezas. Al instante reconozco que se tratan de balas, me abalanzo sobre Peter y lo empujo al suelo para salvarle.

-¿Eh?, ¿pero qué sucede?- me pregunta confundido.

-Nos están disparando balas. No me preguntes, pero sé que son peligrosas… ven, escondámonos.

Con Peter me escondo tras unos barriles que hay junto al estacionamiento del bar. La ráfaga de tiro continúa siendo disparada contra nosotros.

-¿Esas balas nos matan?- me pregunta sin comprender.

-Temo que sí, no sé aún porqué, pero las reconozco.- le respondo mientras observo a otras personas igual que yo caer inertes al suelo.- Son los “carne tibia”… han venido a vengarse, nos hemos comido a muchos de ellos.

-Leon, ¿sabes qué significa esto?- me dice de pronto Peter entusiasmado.- Es nuestra oportunidad… debemos intentar comunicarnos con ellos. Ponme atención, tú no te ves tan mal… de no ser por tu ojo izquierdo te verías igual que un “carne tibia”, solo que estás más hediondo y con un color de piel más gris. ¿Tienes con qué taparte ese ojo?

-Sí… creo que sí… unos anteojos oscuros- le respondo con nerviosismo.

-Perfecto. Debes ser valiente, sé que tú puedes… debemos aprovechar que aún conservamos cierta inteligencia. Te pones esos anteojos y sales del escondite con tus manos en alto, debes fingir que eres uno de ellos… ¿entiendes?

 Los disparos no cesan, el sonido me marea, me da náuseas… apenas y puedo entender el plan de Peter.

-Leon, por favor, ¿entiendes lo que te digo?- me vuelve a preguntar con exasperación.

-Sí… está bien… lo haré a la cuenta de tres…- le contesto invadido por el temor.

Peter asiente, yo me pongo los anteojos oscuros y comienzo a contar….
 


























proximamente CAPITULO 3








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sábado, 23 de marzo de 2013

El día anterior (Evil Leon)






 
Finalmente mi día ha llegado…

La muerte está sentada en un rincón de esta bodega… me mira y me sonríe, yo solo le devuelvo el gesto…

 

Llevaban ya dos días con sus dos respectivas noches golpeándome de lo lindo. Respirar me duele demasiado… es una tortura inflar mi pecho y luego exhalar. Nick Miller y sus matones me secuestraron y me llevaron a una bodega en medio del desierto, querían a cualquier costo que les diera el nombre del delator infiltrado en su banda, pero no tenía idea de quien era… hubo un momento en que les di cualquier nombre para que se detuvieran, pero no se lo tragaron y más duro me dieron: Me rompieron ambas piernas.

Estando inválido recibí una buena tunda en el suelo, pero no tan dura como para quedar inconsciente… eso hubiera sido un premio. Mientras me encontraba postrado en el suelo y los matones descansaban un poco para recuperar el aliento comencé a pensar porqué todo tuvo que salir tan mal… este no era más que un simple procedimiento policial como cualquier otro en el que presté colaboración, solo que aquí saqué la peor parte. Nick es un peligroso traficante que tiene como manía tratar de judío a todo el mundo, suele usarlo como un insulto. Es increíble que me encuentre en esta situación.

-Van dos malditos días y este poli de cuarta no quiere hablar…- dijo enfadado Nicky a uno de sus sicarios.- ¿De verdad quieres verme enojado, maldito judío de mierda? ¡Vas a ir a la prensa de acero!, ¡Frank!, ¡Marcos! Llévenlo a la tornamesa.

Dos matones jalaron de mis brazos y me arrastraron desde un cuarto cubierto de sangre hasta esta tornamesa con una prensa de acero, creo que vomité durante el trayecto. Me han subido a la tornamesa y luego acomodaron mi cabeza dentro de la prensa, arriba puedo ver mi reflejo en los cristales del techo contra el cielo nocturno. Mi rostro se encuentra asquerosamente hinchado producto de la golpiza, parece una verdadera pelota de basketball.

-Leon, ¿me oyes bien?...-me dice Nick acercándose a mi oreja izquierda.- he metido tu cabeza en una prensa de acero, como no me des un maldito nombre te aplastaré los malditos sesos, ¿entiendes?... vamos, no me obligues a ser malo, sálvate y dime quien es la rata.

No encuentro nada mejor que escupirle en el rostro, mi suerte está echada. He comprendido que no voy a librarme de esta situación… pude burlar la muerte a manos de infectados y criaturas de cualquier clase, pero no pude vencer a un grupo de mafiosos. Nick se limpia la mejilla y luego me mira con asco.

-¿Así que quieres ser mártir, eh?...¡¿quieres ser un puto mártir, judío de mierda?!, ¡hasta aquí llegaste, miserable poli muerto de hambre!- el lunático comienza a dar vueltas la manivela y la prensa de acero apreta cada vez más mi cráneo de forma espantosa.-¡¡Vamos, maldito judío!! ¡¡Comienza a gritar porque aquí viniste a morir y todo por proteger a un sucio colega tuyo infiltrado!!

Un zumbido tapa mis oídos y mi cráneo comienza a crujir lentamente. Un espantoso dolor me hace dar un horrible alarido agónico. Mi ojo izquierdo se hincha, oh Dios… lo voy a perder, siento que se sale de mi cuenca..., finalmente sucumbe ante la presión del acero… como un proyectil se revienta y sale disparado hacia adelante acompañado de un apestoso líquido blanco y algo de sangre, uno de los sicarios se asquea y tiene que mirar para otro lado.

-Leon, dame un maldito nombre…es tu última chance.- me dice Nick a modo de ultimátum.

-Púdrete…- le contesto casi inconsciente por el dolor de cabeza.- Te puedo dar cualquier nombre… en verdad te equivocaste de hombre, yo no sé nada.

-¿Qué me pudra, eh?... ¡polizonte de mierda!, ¡te crees muy duro, eh! Joe… hazle un maldito favor y mátalo ya.

Aquí es,… aquí es donde muero. ¿Realmente esto está pasando?... oh, Dios… en pleno desierto y a manos de un grupo de traficantes de poca monta. El cuchillo de Joe se está acercando a mi cuello… por un momento solo siento el zamarreo bajo mi mentón, no siento dolor… Joe parece disfrutarlo, se mueve afanosamente.

 Me cuesta respirar, siento que me estoy ahogando en mi propia sangre… ¡oh, dios! un ardor, un ardor en mi garganta y no puedo respirar, ¡Joe me está degollando!…. No puedo… no puedo quedarme despierto…

no puedo…. Más…

 

 
 
 

***

 

 
 
 

Despierto con un hambre y un dolor de cabeza espantosos. No puedo coordinar bien mis movimientos. Es como si la voluntad en mi cerebro tardara unos 3 a 4 segundos para llegar a mis músculos. Me levanto lentamente y salgo de la tornamesa… recuerdo lo sucedido, unos tipos me asesinaron a sangre fría, pero ¿por qué ahora están los tres muertos en el suelo con sus extremidades arrancadas?, tienen su cráneos abiertos y a uno de ellos le falta la cabeza completa… el suelo está cubierto de sangre y órganos humanos. No puedo recordar muy bien los nombres de estos sujetos… yo sé que mi nombre es Leon Kennedy y que he muerto hace un rato ¿o hace ya varios días? Es igual… ¿porqué diablos he revivido? Me acerco lentamente a una superficie de aluminio en donde puedo reflejarme de forma nítida. Chico, que aspecto… mi piel está de un color gris asqueroso y mi ojo… si, ya recuerdo, este salió reventado debido a la presión de una prensa en mi cabeza… me falta el ojo izquierdo. Tengo una cicatriz en mi garganta de la cual parece haber brotado mucha sangre, al menos tengo un poco de sangre seca aún allí… y estoy totalmente cubierto de hemoglobina, es la prueba de que me degollaron… eso también lo recuerdo. Sin embargo tengo una fea herida cerca de mi oreja derecha, parece una mordida… ¿pero quién o qué?, ¿un perro? Eso no lo recuerdo… ¿algo me ha mordido mientras estuve muerto?

Me fijo en el resto de la bodega abandonada, hay cristales y vidrios rotos desparramados por todos lados, la mayor parte de las ventanas se encuentran rotas. Algo ha entrado a este lugar y ha traído la muerte… el lugar quedó hecho un caos. Necesito salir de aquí… necesito salir y respirar aire puro.

Un momento… ¿respirar?... acabo de darme cuenta que no lo he hecho en ningún momento, esto sin duda es una mala señal… me duele mucho la cabeza, quizás es producto del hambre… como sea necesito salir y comer algo, cualquier cosa.

Afuera la noche está refrescante, me espera un largo trayecto desde el desierto a una ciudad, pero no puedo llegar así, sin mi ojo… unos anteojos oscuros bastan.

 

Ahhh… la gran ciudad me espera y yo…

 

… yo muero de hambre…




















continúa en el siguiente capitulo







jueves, 14 de febrero de 2013

Corre, Leon, corre










 
 
 
 
 
No sé por qué siempre termino huyendo hacia helicópteros que se encuentran esperándome a decenas de cuadras de distancia… ¿no es más fácil que ellos vengan volando hacia donde yo estoy?

  Llevo 15 minutos corriendo a todo pulmón. Atrás una pandilla de infectados super-evolucionados con no sé que clase de estúpido virus me vienen persiguiendo como si fueran unos atletas de las olimpiadas. Miro hacia atrás y veo niños, mujeres, hombres, un vagabundo y hasta un payaso… cielos, hasta hoy jamás un payaso había querido comerme… espero no sea señal de mala suerte. Cojo mi radio y me comunico por enésima vez con la gente del helicóptero.

-Aquí Leon, aquí Leon… ¿me copian?

-& Fuerte y claro, campeón. ¿Porqué suenas tan cansado?&- me preguntan desde el otro lado del radio.

-¿Será porque estoy huyendo de un montón de hediondos chupa-sangre?, ¿Cuánto tiempo me queda?- pregunto jadeando como caballo moribundo.

-&Menos de 10 minutos… preocúpate de llegar pronto y no llamarnos a cada rato por radio&

-Seeeh… es muy fácil aconsejar desde tu posición, novato come-mocos.- le contesto furioso.- Mantengan la maldita posición… ¡ya casi llego! Cambio y fuera.

  Miro hacia atrás y el panorama no ha cambiado mucho, la misma grotesca y bizarra multitud sigue persiguiéndome a toda velocidad esperando a que tropiece con algo para poder alcanzarme. El margen de distancia no es muy amplio… aún si encontrara un automóvil en mi camino no puedo arriesgarme a hacer nada sin las llaves. Esta ciudad no es para mí, no señor… ni municiones me quedaron, solo debo llegar a tiempo.
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
¿Eh?, ¿qué fue eso?... ¿ladridos? Oh por Dios… ahora se han sumado unos perros. Cinco perros infectados me siguen ¿de dónde han salido?, ni los simpáticos perritos han fallado a su cita zombistica. Sudo como un cerdo, de a poco me voy quitando distinto peso muerto… cinturón, abrigo, y luego mediante un eficaz movimiento de pierna una bota salió volando lejos, luego la otra salió disparada hacia atrás… un perro la alcanzó con sus dientes y la despedazó en tres partes. Ahora si, me siento un poco más liviano, no es la gran cosa… pero ayuda.

Un sonido familiar llega a mis oídos, es gracioso… es como si…  oh, no… aquí no… dos figuras viscosas y coloradas vienen dando grandes saltos, son lickers.
 
 

 
 
 
 
 
 
No sé porqué mierda estoy sonriendo… creo que son los nervios. Muy bien, veamos Infectados corriendo a ultra-velocidad, luego por arte de magia aparecen perros zombis, y ahora de la nada se han sumados dos lickers. Está bien… he estado en situaciones peores, al menos es de noche y no hace tanto calor. Bueno… creo que sin exagerar me doy un 99 % de posibilidades de salir vivo de esta, ¿estaré abusando de optimismo?

-&Atento Leon Scott Kennedy, atento Leon Scott Kennedy&- se escucha una voz por radio.

-Aquí Leon Frank Marshall…- respondo con un sarcasmo que me sale del alma.- ¡ya dije que voy llegando! Me falta poco.

-&Define poco…&

-Novato… estás jugando con fuego, en serio te lo digo…

-&Te podemos esperar solo dos minutos más… la bomba la lanzarán dentro de poco, ¿entiendes? Si no quieres ser recordado como mártir, entonces más vale que te…

  No lo dejé terminar, la bomba atómica sería arrojada en la ciudad en tan solo minutos, ahora sí que estaba preocupado. Peso muerto, peso muerto, peso muerto…. Veamos, pistola fuera. Remera adiós. La maldita radio… la arrojo hacia atrás con fuerza y le doy en la cabeza al zombi-payaso. De pronto un gruñido… no quiero mirar hacia atrás…

¡No quiero!, ¡no quiero!, ¡no quiero!, ¡no quiero!, ¡no quiero!... ¡SI QUIERO!
 
 

 
 
 
 
 
 
 Oh, por Dios… lo que faltaba, un maldito Hunter… esto es surrealista. Alguien debería sacarme una maldita fotografía, yo corriendo semi-desnudo y atrás unos infectados, perros, lickers y un Hunter. Para colmo de males… una bomba atómica puede que me caiga sobre la cabeza… muy bien, creo que sí esta vez puedo considerar darme un 50/50 de posibilidades de salir vivo de esta.

Aleluya, el helicóptero, finalmente y tras correr como un orate lo veo a tan solo metros de distancia. Las hélices están funcionando, el armatoste se mueve…, se eleva,… oh por dios… lanzo un grito de desesperación y con ello un último impulso ayuda a mis piernas a correr más fuerte los últimos 20 metros. El helicóptero despega… doy un salto y logro alcanzar su soporte de aterrizaje, me cuelgo de allí y nos elevamos a toda velocidad. Miro hacia abajo y mis enemigos me miran casi con fascinación. Unos brazos me asisten, me ayudan a subir… es el novato.

 Me reciben como un héroe y solo hay aplausos, yo los observo como si quisiera estrangularlos, pero prefiero solamente dejarme caer en el piso y descansar… solo descansar.



FIN




 

jueves, 24 de enero de 2013

3 A.M.


 

 
 
 
 
 
 
 
Silencio…

Frío…

Hambre…

 Tres pestes que asolan mi ciudad, la ciudad soy yo.

Arriba… las mismas viejas estrellas agonizan eternamente y vuelven a encontrarme una vez más en la misma vieja situación. Acorralado y agazapado en un espacio reducido donde no oigo más que mi propia respiración. Estoy viejo… lo sé por que por cada bocanada de aire que tomo un ataque de tos me sobreviene, antes no me sucedía.

El silencio jamás me ha gustado, he aprendido a odiarlo desde lo sucedido en Raccoon city. Es el preludio de la desgracia, pregona lo terrible que está por acontecer, me pone nervioso… en espera de que algo malo suceda. El frío me paraliza, penetra a través de mis poros como agujas que me impiden reaccionar. Es el aliento terrible, el hálito de la muerte; sopla y acaricia mis cabellos como queriéndome hacer entender que ya no hay esperanza alguna. El hambre se encarga de hacerme la vida un tanto más miserable. Horas de no saborear siquiera un pedazo de pan duro. Totalmente vacío por dentro, adolorido por el deseo y por la necesidad física… tan humana y tan básica

Tan humana…

Tan básica…

Ellos me lo recuerdan. Finalmente irrumpen en escena… con su canto lastimoso. Sus torpes pasos van y vienen, se acercan y se alejan. Antes creía que no podía referirme a ellos como humanos, que solo eran un despojo de lo que antes solían ser. Una sombra de hombres y mujeres que alguna vez vivieron, amaron y soñaron. Ahora pienso en ellos como si fueran solamente nuestra evolución natural, porque ¿qué es lo que sigue luego de morir, sino es convertirnos en asquerosas masas putrefactas, manjar de gusanos? Son nuestro propio reflejo, nos gritan a la cara nuestro propio futuro, y eso… jamás lo he podido tolerar.

 Mientras pienso estas cosas reacciono solo como la vida me ha enseñado a hacerlo,… acaricio el frío acero de mi revolver y los veo venir. La psicosis de haber estado huyendo sin dormir durante 54 horas me hace ver visiones,… varios de ellos parecen sonreírme y yo solo le sonrío de vuelta.

El silencio se rompe, el frío se acaba y el hambre se olvida. Las verdaderas pestes han llegado a la ciudad, la ciudad soy yo… miro mi reloj y son las 3 de la madrugada.


 

viernes, 4 de enero de 2013

La noche de Isaac Leigh

















Era ya creo pasada la medianoche en Wisconsin, y me encontraba saboreando los restos de comida china cocinados ni más ni menos que por Isaac Leigh. De fondo la jovial y entretenida música jazz salida de un tocadiscos animaba la noche en su casa mientras charlábamos de unas fotografías familiares.

-¿Ves a este hombre, Leon?- me dijo mientras me enseñaba a un anciano robusto en una fotografia blanco y negro.- era mi tío Frank Donovan, este hombre era un roca ¿eh?, en serio… así como lo ves el tipo era como “la mole”.

-Así parece, ¿se llevaban bien?- pregunté mientras me chupaba los restos de comida de entre los dedos.

-Mucho, realmente me puso muy triste su muerte.

-Sé lo que se siente. Me ha tocado ver a muchos conocidos y seres queridos partir,  a veces a uno le dan ganas de querer ir también al otro lado.

-Ni que lo digas. No hay un solo día en el cual no piense en ello… ¿Quieres más pollo coreano?

-Sí, por favor… está exquisito.- contesté con timidez.

 Isaac Leigh representa unos 45 años, es un hombre bastante educado, conmigo fue muy amable y por ese entonces era profesor de historia en una universidad bastante reconocida. Lamentablemente ese día y esa noche en particular yo me encontraba trabajando, es decir, para el gobierno. Hay veces en que un hombre sensato, amable y educado se puede volver un peligroso enemigo para el status quo y esta era la ocasión.

  Me condujo por un pasillo repleto de cuadros y fotografías enmarcadas, yo caminaba junto a él sosteniendo mi plato de pollo coreano, mientras él me enseñaba las fotografías yo le oía y comía ávidamente de la merienda… es que aquel día ni siquiera había almorzado.

-Mi tía Angeline, oh… vieja sabia cuánto aprendí de ti- exclamó frente al cuadro de una mujer en una mecedora.- Muchos la tildaban de loca, pero en verdad… tenía solo una personalidad distinta. En eso el gobierno ha hecho bien las cosas ¿eh? En querer inculcar en sus ciudadanos un modelo a seguir para convertirlos en meros zombies descerebrados ya sabes… homogeneizar la sociedad.

-Si que sí. - contesté casi atorándome con un huesito de pollo.- ¿y esa otra fotografia familiar?, se ve bien viejita, ¿de que año es?

-Oh, esa… es del 1892 si mal no recuerdo… allí están mi tío Gorgeus, Louis, Chuk y Estella.

-¿Y usted, Isaac?... ¿no se sacó fotografias en aquella época?- pregunté al fin.

-Algunas, pero no soy tonto… no las puedo colgar en la pared- me contestó con una sonrisa.

  Luego de eso vino el silencio incómodo. Ambos recordamos el porqué de mi presencia en su casa.

-Y dime, Leon… ¿Cuántos hombres hay afuera?- preguntó de pronto.

-Cinco patrullas están en la salida, también hay dos francotiradores… se lo debo advertir por si es que intenta hacer algo estúpido, Isaac. Pero es usted un hombre que ha vivido mucho y por ende es sabio… no necesita advertencias.

-Hmmm… ¿en que clase de mundo vivimos en el cual un hombre que vive muchos años es sinónimo de peligro para un país?- preguntó con un suspiro.

-Solo en este… un mundo de mierda, Isaac.- contesté.- Pero, reconózcalo un hombre de más de 200 años de vida es algo más que extraño… usted ha sido invitado de forma muy cortés en varias ocasiones por las autoridades para asistir a chequeos médicos y a entrevistas científicas, pero se ha negado a todas.

 -Mis razones tengo… mi don debe ser cuidado, y no debe ser sabido por las personas incorrectas… es decir tu gobierno, Leon.

-Sé a lo que se refiere y hasta cierto punto tiene razón…- le dije.- pero ya dejó ser incógnito para el gobierno y ellos ya conocen su caso, les intriga, desean saber, desean conocer qué es lo que sucede con usted. No sea necio y venga con nosotros.

-Dudo mucho que quieran hacer conmigo solo un programa para el Discovery Channel, Leon. Ambos sabemos que es lo que hacen las autoridades cuando ven en alguien o en algo un potencial.

  En ese momento dejé mi plato de pollo coreano a medio terminar sobre un mueble de madera y miré directo a los ojos de Isaac.

-Usted es listo…- le dije.- Y comprenderá que no es posible que viva ya por casi 250 años solo por tener una dieta balanceada… ¿comprende? Necesitamos saber, Isaac… y su negativa no hace más que empeorar las cosas. Hasta donde sé es probable que usted sea portador de algún tipo de virus…

-Tú y tus bacterias, Leon… -dijo de pronto su voz.


  Lo siguientes es lo más escalofriante que he podido experimentar en mi vida. Su voz con esa última frase apenas llegó a mis oídos como un susurro y solo el rabillo de mi ojo me permitió distinguir su silueta evaporarse de la faz de la tierra. Desapareció… Isaac Leigh desapareció literalmente frente a mis narices. Nada de explosiones, nada de risas sarcásticas, nada de una persecución boba y alocada por las calles de la ciudad… simplemente desapareció.

 El caso quedó abierto y la búsqueda de Isaac Leigh ha llegado a ser fundamental para las autoridades, tanto así que fue incluida en la agenda de los 5 puntos más importantes que tiene el gobierno para este año. Isaac Leigh, para muchos un vampiro,… para otros un alien, para otros un hombre enfermo portador de una rara y desconocida alteración genética. Como sea, se ganó una página más de mi querido diario.






Inmortalidad… ¿los zombies saben mucho de eso no?

LEON S. KENNEDY 01:12 A.M.


martes, 18 de diciembre de 2012

William F. Waylong






















CAPITULO FINAL 



La operación “Viaje a las estrellas” ha resultado ser más grande y terrible de lo esperado. Comenzaba a preguntarme porqué habían hombres de Tricell buscándome en el aeropuerto si se supone que yo no había delatado mi paradero, y es que he descubierto que durante mi permanencia en la brigada roja, oficiales del alto mando me implantaron una suerte de chip GPS en mi nuca…

¡Cerdos!

 He llegado finalmente al complejo médico donde según mis averiguaciones mantienen cautivo a Leon Scott Kennedy. Tienen una férrea guardia vigilando la entrada, pero no cuentan con que sé de un oculto pasadizo subterráneo que me deja ni más ni menos que en el interior de una enorme despensa de comida. Felizmente he sorteado de buena forma la mirada atenta de los guardias armados así que he podido entrar en el lugar y llegar hasta la despensa de comida sin ningún problema.

Hace hambre… antes de continuar abro una lata de frijoles y me la devoro lo más rápido que puedo,… el tiempo apremia y debo rescatar a Leon lo antes posible. Con mucha cautela abro la puerta de la despensa y hecho una ojeada al pasillo, no hay nadie… tal parece que la divina providencia está de mi lado. Debo apresurarme… los cerdos de Tricell deben estar monitoreando el chip implantado en mi nuca y quizás no tarden en dar aviso.

De pronto sucede…

Me han descubierto…

Un hombre de bata blanca me mira sorprendido desde un extremo del pasillo. Se acaba el juego. Lentamente levanto mis manos en señal de rendición y aquel hombre sonríe… yo solo le devuelvo la sonrisa…








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Leon Scott Kennedy es escoltado por un guardia y un médico de aquel lugar hasta la celda del joven William F. Waylong. Abren los cerrojos de seguridad y la puerta se abre para que Leon pueda entrar y charlar con él un par de minutos. El lugar es frío y William permanece en camisa de fuerza sentado en un rincón de su celda acolchada.

-Gracias.- le dice Leon al guardia de la puerta una vez que ha entrado en la celda. Posteriormente se acerca un par de pasos a William.- Hola… ¿sabes quien soy, no es así?

-Leon….- susurró William en voz baja.- lo lamento… lo lamento mucho, yo… lo he arruinado todo…

-Está bien, William. Ya no te preocupes por nada.

-Es que… lo he echado todo a perder. Vine a rescatarte y ahora… ahora nos matarán a ambos…- dijo y comenzó a llorar amargamente.

-Eso no sucederá.- contestó Leon con firmeza.- Vine a decirte que estés tranquilo. Tu vida no corre peligro, ni la mía… ¿comprendes? No vuelvas a hurgarte la nuca, no existe tal chip…

-¿Cómo dices…?

-El Dr. Grant me dijo que te hiciste daño en la parte posterior de tu cabeza, escarbabas con tus manos para arrancarte un supuesto chip, te hiciste una fea herida y brotó mucha sangre. No vuelvas a hacerlo, ¿está claro?

-Está bien….- contestó William bajando su triste mirada hacia el suelo.
-Así me gusta.- dijo Leon.- Mira, si te portas bien puedo hablar con el Dr. Grant para que ya no uses camisa de fuerza y puedas luego ir a la sala de TV, ¿te gusta ver TV?, ¿Cuál es tu programa favorito?

-Oh sí, me encanta ver TV, mi programa favorito es “Viaje a las estrellas”… por favor dile al Dr. Grant que me deje ver TV.

-Bueno, solo si te portas bien…- contestó Leon en un tono casi paternal.- Bien, William, debo irme ya. Pronto vendré a visitarte y por favor descuida… yo estoy a salvo y tú también lo estas. Solo obedece las indicaciones del Dr. Grant. ¿Bien?

-Está bien, Leon…- contestó William.

  Leon S. Kennedy abandona la celda y William F. Waylong se queda pensativo unos instantes, luego vuelve a ordenar sus ideas y piensa:”Pobre, Leon…. Está siendo chantajeado de alguna manera y viene a decirme mentiras para intentar calmarme”. “Pero no importa, pronto volveré a escapar y lo rescataré… Tricell no se saldrá con la suya”. Luego vuelve a depositar su mirada en la nada misma que ofrece una blanca pared acolchada.

Afuera Leon abandona el sanatorio mental en compañía del Dr. Grant.

-Ya es tercera vez que William se escapa y regresa con la misma historia… de que tú te encuentras aquí y debe rescatarte.- comenta Grant.- Siempre vuelve y es sorprendido por algún enfermero en los pasillos… es por ello que esta vez te hemos llamado y te pedimos que hablaras con él, ¿Qué te ha parecido?

-Me ha dado un poco de pena, es un muchacho bastante joven. Espero que su desorden mental no se agrave.- contesta Leon.- Tras el incidente del aeropuerto quizás luego venga un delirio más peligroso.

-Lo tendremos bajo observación un par de meses. Sus alucinaciones ya han ido desapareciendo menos mal.

-Bien…- contesta Leon.- Por favor, trátelo bien.


Falta poco para navidad y William F. Waylong la pasará en una celda acolchada







F  I  N





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jueves, 13 de diciembre de 2012

William F. Waylong

















Capitulo 2


Hace mucho frío. Falta poco para navidad y la gente se apresura en hacer los viajes necesarios. El aeropuerto se encuentra abarrotado de gente, demasiada gente… mucha más de la esperada y eso obstaculiza en demasía la misión. Mi contacto del bajo mundo (aquel con el que me entrevisté en el callejón Parknight) me entregó mucha información útil; Más detalles de la operación “Viaje a las estrellas”, fechas, nombres, y lo más importante… la hora y el lugar del primer atentado, y aquí me encuentro en el aeropuerto de la ciudad con la misión de evitar un pandemonium.

Me encontraba en un café ubicado en el segundo piso del aeropuerto, bajo mis pies estaba el control de pasaporte. Según mi contacto del bajo mundo el bío-terrorista presentaba rasgos asiáticos y llevaría una mochila color violeta, tarea nada fácil considerando el volumen de gente en el aeropuerto. Iba ya por mi 3er café cuando lo ví… en un comienzo dudé bastante pues llevaba unos anteojos oscuros y sus rasgos eran difíciles de detectar, sin embargo en un descuido se los quitó y miró a su alrededor…. Casi podía leer la palabra “muerte” en su cabeza. Juraría que el sujeto se me quedó observando fijamente, pero eso no lo podría aseverar. Luego simplemente volvió a ponerse sus anteojos y continuó su camino. Salté de mi asiento sin mucho disimulo y comencé a seguirle intentando no perder su rastro. Por razones de seguridad llevaba mi revolver en un compartimiento de una de mis botas… me preguntaba cuánto tardaría en agacharme para desenfundarla en caso de que algo saliera mal.

Le seguí con prisa por un largo sector del aeropuerto lleno de puestos de comida y pude notar que unos cuantos hombres me seguían también a mí a cierta distancia, “genial”, pensé… “Meredith y Thomasson han enviado apoyo”. Aquel tipo se detuvo en un teléfono público… depositó la mochila en el suelo y se dispuso a sacar unas monedas del bolsillo de su pantalón. ¿”Qué haría Leon en esta situación?” pensé, si me acercaba de una forma descuidad aquel sujeto podría reaccionar de muy mala manera y varias personas del aeropuerto podrían salir heridas, debía conducirlo a un lugar un poco menos concurrido para poder reducirle con éxito.

-Oiga, necesito cooperación…- le dije a un monitor de seguridad de aquel aeropuerto que pasó cerca mío.- ¿Ve a ese hombre de rasgos orientales? Es un peligroso terrorista y debo arrestarle, pero no aquí pues hay mucha gente y sería peligroso… ¿entiende?

 El joven agente de seguridad me miró de arriba abajo.

-No sea idiota.- me contestó secamente.

-Escúchame, estoy trabajando para agentes del FBI, ¿acaso crees que es una maldita broma de cámara escondida?- pregunté iracundo.

-Cierre la boca sino quiere que lo detenga por molestar al personal de seguridad.

 Sorprendido por aquella respuesta retrocedí un par de pasos y luego miré a mi alrededor. Los hombres que momentos antes me seguían se estaban comportando de forma confusa y errática, se mostraban nerviosos y se hacían señas unos a otros… ¿era posible que no fueran en verdad apoyo?, El sujeto asiático me estaba observando fijamente desde el teléfono público,… algo estaba mal en todo esto… la negativa del guardia de seguridad en ayudarme, aquellos hombres que confundí como apoyo del FBI, ese hombre de rasgos asiáticos… ¿acaso era una trampa?, ¿acaso esperaban que me acercara a él para poder acorralarme?...

Oh, por dios, la operación “Viaje a las estrellas” se estaba desarrollando frente a mis narices y me tenía a mí como la siguiente víctima. Desobedeciendo las órdenes llamé desde el teléfono móvil gris a los agentes del FBI, sin embargo fue inútil, no contestaron. Mi integridad estaba en peligro, mi vida corría demasiado riesgo en ese momento así que despavorido corrí hacia la salida, con tan mala suerte que no logré esquivar una mesita de un local de comida rápida y choqué de lleno con ella arrojando todos los platos al suelo. El escándalo fue grande y llamé la atención de casi todo el aeropuerto. Luego me levanté rápidamente y logré huir antes de que varios guardias me bloquearan el paso.

La siguiente hora la pasé escondido en un sector periférico ubicado cerca de la pista de aterrizaje de los aviones. No sabia muy bien adonde ir hasta que de pronto el teléfono color gris comenzó a sonar, eran los oficiales del FBI.

-Hubieron problemas…- dije.- La operación “Viaje a las estrellas” es más grande lo que creí, la he subestimado demasiado…… así es……..  Por poco me agarran. La próxima vez lo haré bien……….. lo sé….. ¡dije que ya lo sé!, muchas cosas dependen de mí, pero no es fácil…………  comprendo.

Frustrado apagué el teléfono móvil y lo guardé en mi chaqueta. “Si tan solo pudiera comunicarme con Leon…” me dije a mi mismo. Tras unos breves minutos emprendí la marcha. Había sido embarcado en un viaje al cual nunca pude negarme, pero nada de eso ya importaba… solo quería salir de esa situación.

Falta muy poco ya para navidad….

Y voy en busca de Leon S. Kennedy… solo él puede ayudarme…




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