viernes, 6 de mayo de 2011

El viaje
















CAPITULO 2



Kevin dispuso un cuarto para mí en su mansión para descansar, pero no hice más que cerrar los ojos por un par de minutos (al menos esa sensación tuve) cuando ruidos de disparos y gritos llegaban a mis oídos de forma lejana, de pronto la puerta de mi habitación se abrió y entró Grayson bastante nervioso.

-¡Zombies!, cientos de ellos tienen la mansión rodeada!- me dijo desde la puerta.-¡Rápido, un helicóptero nos vendrá a buscar dentro de 10 minutos!

Le seguí como pude hasta la azotea aún semi-dormido, mi cabeza no comprendía del todo lo que estaba sucediendo. Cuando llegamos a la azotea de la mansión pude ver en efecto que una horda de personas infectadas provenientes de la ciudad y aldeas vecinas habían llegado hasta la mansión de Grayson, el paisaje era verdaderamente dantesco. De pronto varios de ellos lograron alcanzar la azotea, eran trepadores y forzudos, y lo que era peor… muy listos.

-¡Kevin!- le grité a la distancia, ya que se había parado arriba de una cornisa.- ¿en cuanto rato más dices que llegará el helicóptero?

-¡Como en 10 minutos!- me contestó a través de la fuerte brisa nocturna.

Los zombies ya estaban arriba y yo me encontraba totalmente desarmado. De pronto todos ellos me vieron desde el otro extremo y vinieron corriendo a mi encuentro.

-Oh-oh…- me dije en voz baja. Luego me volví hacia Kevin.-¡¿Y cómo diablos se supone que aguantaremos?!













Mercenario!- me gritó Kevin a todo pulmón arrojándome una metralleta automática con mira.- ¡acaba con la mayor cantidad de “ganado” mientras llega el helicóptero!

Recibí la metralleta y esbocé una peculiar sonrisa en mi rostro, casi podría decir que me brillaron los ojos…

No sé que clase de éxtasis se apoderó de mí en ese instante, pero la vibración de la metralleta en mis manos mientras abría fuego contra todo lo que se me venía encima, sumado al inconfundible sonido de huesos rompiéndose, cráneos partiéndose, pieles podridas atravesadas por balas cual cuchillo hundiéndose en la carne provocó una nueva y casi insana sensación que mis 5 sentidos no podían captar en su totalidad. Tan hundido y ocupado me encontraba en la sangre que derramaba gracias al frío acero que sostenía en mis manos que no oí al helicóptero llegar, fue Grayson quien me advirtió con un grito para que fuera junto a él a abordarlo. Una vez a bordo del helicóperto y lejos de todo el caos y de la masacre de la azotea Kevin me ofreció una toalla para limpiarme toda la sangre salpicada que había saltado en mi ropa y parte de mi cara.

-Eso fue intenso ¿eh?, límpiate la barbilla… no vaya a ser cosa de que te caiga una gota a la boca y te contagies…- me dijo.

Bueno, hasta el momento no he contado lo que Kevin Grayson me pidió a cambio de haberme salvado la vida en aquella cabaña de la muerte. Se trataba ni más ni menos que de ir en búsqueda de un libro extraño… así es, este orate tenía tanto tiempo libre que al parecer el último tiempo se había dedicado a estudiar y a investigar toda clase de temas ocultos y un libro en particular había llamado su atención, uno que hacía pocos días habían robado del museo de Praga… Grayson gracias a su satélite pudo localizar fácilmente su paradero y me había pedido ayudarle en su rescate, “nada más fácil” pensé yo… sin embargo, de haber sabido lo que vendría… me hubiese lanzado del helicóptero al vacío ahí mismo…

-Grayson ¿Cuánto falta?- pregunté desde la parte posterior del helicóptero casi acostado encima de la banca, me encontraba muy cansado.

-Exactamente 15 minutos… - me contestó con sus audífonos puestos haciendo de copiloto en la cabina..- Por qué ¿tienes algo que hacer muy urgente?

-Además de dormir… creo que nada.- le dije con una sonrisa hipócrita.- pero es probable que cuando todo esto termine… desee torcerte el cuello.

-Jajajaja- rió.- Amigo mío, es probable que cuando esto termine… habrás deseado no haber tenido nunca ojos para ver…

-Asegúrate de despertarme para ver eso tan espectacular…, idiota.- le dije bajando la voz y dándome vuelta para intentar dormir algo en esos pocos minutos que quedaban.

Finalmente llegamos al lugar. El helicóptero aterrizó a orillas de un lago y nos dispusimos a ir rápidamente hacia donde se encontraba el libro robado, Kevin, dos hombres más y yo acudimos armados hacia una casa abandonada, tenía un curioso aspecto ancestral que evocaba viejas historias de terror, esto se acrecentó un poco más al descubrir que no había nadie en su interior. Aseguramos todo el perímetro y tal como había dicho: el lugar estaba vacío, mas en un cuarto cerrado se encontraba aquel dichoso y extraño libro. Me sorprendió su aspecto ancestral, mas o menos sabía que era antiguo, pero no pensé que lo fuera tanto… sus hojas eran meros pergaminos unidos a dos extrañas tapas de cuero por medio de cuerdas, y su portada sugería unos raros dibujos de origen y significado totalmente desconocidos.

-Bravo, ahí está el libro.- dije sintiéndome un tonto pues Grayson podría haber hecho lo mismo sin mi ayuda.- es hora de ir a descansar. Mañana lo puedes devolver al museo.- Algo habré dicho mal, pues Kevin estalló en carcajadas apenas terminé de hablar.

-Jajajaja… chicos, está todo bien… ya saben lo que tiene que hacer.- dijo a los dos hombres que nos acompañaban. Estos se retiraron y pude oír como luego de abandonar el cuarto cerraban la puerta por fuera dejándonos a Kevin y a mí encerrados.

-¿Es mi idea… o le acabas de pedir a tus súbditos que se fueran y que nos dejaran encerrados?- pregunté sin entender nada de lo que sucedía.

-Así es, Leon. No vinimos hasta aquí para devolver este terrible libro escrito por el árabe loco Abdul Alhazred al museo de Praga donde manos y ojos de hombres ignorantes se posan diariamente sobre él. El hombre que ha robado este libro se entregó a las autoridades hace dos días en un estado lamentable… había perdido el habla y la razón, y su cabello se había tornado completamente blanco. Sin duda fue testigo de un horror incomprensible para las mentes humanas… y los dioses antiguos fueron misericordiosos con él al arrebatarle solamente su cordura. Pero nosotros estamos aquí para ir donde ningún hombre ha llegado antes jamás, descubriremos el origen y el final del universo… haremos un viaje jamás antes visto, Leon…

-Wooo… un momento.- dije alejándome un par de pasos.- No me importa lo que hagas con tu vida, Kevin. Pero no me gusta que hables en plural… yo no iré a ningún lado contigo… ¿no ordenaste a tus amigos que nos dejaran encerrados?, ¿como esperas salir de aquí entonces, genio?

Kevin Grayson no me contestó ninguna palabra. Solo se desnudó de la cintura para arriba dejando ver un montón de cicatrices que jamás sospeché que tenía. Luego depositó el libro abierto en una página específica en medio de aquel antiguo y quejumbroso cuarto. Algo raro estaba sucediendo… ante mis ojos no estaba el Kevin Grayson que yo conocía…, no estaba aquel asesino sicótico de personalidad infantil y a veces absurda, sino que se encontraba un hombre obsesionado, un hombre serio que creía absolutamente en lo que hacía… luego desde la oscuridad de la habitación me miró directo a los ojos…

-Prepárate para el viaje, Leon…- me dijo.


Yo me pregunté porqué en aquel momento sentía tanto temor…




Próximamente CAPITULO FINAL



A veces la ignorancia nos guarda y protege de terrores ocultos e inimaginables...

LEON S. KENNEDY, 02:36 A.M.


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lunes, 2 de mayo de 2011

El viaje


















Capitulo 1





St. Louis.


02:21 de la madrugada


Era el infierno…



Un hombre de edad avanzada, un soldado raso y su superior me acompañaban en el interior de una cabaña que en un abrir y cerrar de ojos se vio rodeada por una horda de infectados, debo destacar que se trataba de una derivación extraña de virus… pude reconocer algo de las plagas, ya que estos corrían y mostraban una fuerza totalmente contraria al estereotipo común de zombies lentos y torpes, sin embargo no podría estar seguro sobre la verdadera identidad del agente contaminante. Ocurrió mientras dormíamos, no sé como pude cometer aquel fatal error de confiarme, supongo que han sido los años de haber estado alejado de este tipo de situaciones.

-¡Las ventanas!, ¡corran los muebles y séllenlas!- gritaba a quien fuera que me estuviera oyendo mientras me ocupaba de disparar a la mayor cantidad de infectados posible a través de una de las paredes. Uno a uno iban cayendo al compás de la escopeta recortada que rompía el sepulcral silencio nocturno de aquella zona tan aislada. El hombre mas viejo (no recuerdo su nombre en este instante) fue el único que me hizo caso y como podía intentaba correr una pesada biblioteca para cubrir una de las ventanas cuyos vidrios ya habían sido quebrados por un zombie desesperado por entrar. “Demonios”, pensé al notar como la situación pasaba de haber estado serena durante la noche a estar a punto de mandarnos al diablo. Lo peor vino cuando la puerta de entrada cedió y vi con el rabillo de mi ojo cómo se abría lentamente. Corrí como loco hacia ella y la empujé hacia atrás para cerrarla apoyando mi espalda, los infectados se habían dado cuenta de la oportunidad de oro que el destino les había regalado y no tardaron en dejarse caer sobre mi espalda unos duros golpes y empujones que me hacían retroceder varios centímetros.

-No estoy listo para morir aún…- le dije en ese momento a Dios mientras intentaba con todas mis fuerzas mantener la puerta cerrada.- por favor… no estoy listo aún…- repetí.

El soldado de alto grado vio la dificultad en la que estaba y se acercó a mi lado para disparar con su metralleta a quienes empujaban la puerta, por unos segundos la presión se acabó, pero no tardaron en aparecer más y esta vez él tuvo que ayudarme en contener la puerta pues desde afuera todos habían descubierto la brecha que les permitiría entrar.

-No puedo manejarlo… ¡no puedo con esto, capitán!- gritó el soldado desde un rincón a su superior. Luego metió el cañón de su pistola en su propia boca y jaló el gatillo para volarse la cabeza.

-¡Maldito idiota!...- exclamó el capitán que me ayudaba a contener la puerta.-¡esa bala nos hubiera servido!

El hombre de edad mayor nos quiso ayudar, pero era totalmente inútil, desde afuera una legión de monstruos empujaba la puerta y nos hizo retroceder por completo, a esto se sumó una sucesión de ventanas que se rompían una a una a nuestras espaldas, los infectados ya estaban adentro.

-Ha sido un gusto pelear junto a ustedes…- dijo el anciano ya resignado a morir. Yo no contesté… no sé si porque tenía temor a morir o porque aún estaba esperanzado en que saldría vivo, al parecer no había errado mi vocación.

El techo estalló provocando una humareda de proporciones y desde el forado descendieron tres militares encapuchados asidos a un arnés.

-Vamos, ¿qué esperan?- nos preguntó uno de ellos en medio del sofocante humano. No tardamos en abrazarnos a ellos y de un tirón salimos los tres disparados hacia arriba. Un planeador nos esperaba sobre la cabaña,… dulce ángel de la guarda.

Una vez arriba el avión nos llevó hacia un complejo militar ubicado a solo kilómetros de la zona de desastre, durante el trayecto fui testigo de cómo una ciudad entera caía frente a la infección. El planeador se suspendió en el aire y deslizó una escalera de cuerdas sobre el complejo militar antes mencionado al llegar, primero descendió el hombre de edad avanzada, luego hicieron descender al capitán. Cuando se suponía que era mi turno, uno de los encapuchados me detuvo.

-Tú no. Tú vienes con nosotros.- me dijo.

Sin decir más, obedecí. Me encontraba demasiado feliz y agradecido por haber salido con vida de la cabaña como para ponerme en actitud agresiva. El viaje duró apenas y unos 15 minutos cuando finalmente aterrizamos sobre una suerte de helipuerto privado que se erguía junto a una casona aislada en medio de dos montañas. Me hicieron descender rápidamente y abordamos un jeep que nos condujo hacia la casona. A medida que nos acercábamos pude ver que no se trataba de una casona cualquiera, sino más bien de una mansión equipada con alta tecnología de seguridad.”¿quién se suponía que me había mandado a buscar?”, ¿me iban a condecorar por algo?” pensaba con un particular buen humor, tal como había dicho… estaba simplemente feliz de respirar. Pero, tal como una vez dijo el escritor Howard Phillips Lovecraft: “La satisfacción de hoy, es la ruina de mañana” y en mi caso esa ruina no tardaría en llegar.

Mis escoltas me dejaron en el interior de la mansión, mas específicamente en una enorme y lujosa sala llena de candelabros con la orden de esperar a alguien. Me entretuve un buen rato observando los pintorescos y extraños cuadros que decoraban el lugar hasta que de pronto apareció él… desde un rincón, como si hubiera estado desde un buen rato observándome en silencio,… era él… no estaba seguro porque nuevamente había cambiado su aspecto, pero su fisonomía, sin duda era él, se fumaba un cigarrillo…, el maniático, asesino y genocida más excéntrico que haya visto jamás… conocido con una identidad falsa como Adam Raynolds.



















La última vez supe que vivía sus días en Europa disfrazado de mujer haciéndose pasar por una intrigante condesa, pero ahora estaba ahí… con pinta de estrella de rock maltratada, tal parecía que le había llegado una golpiza, o algo así... pues tenía cicatrices y hasta manchas de sangre.

-Buenas noches, Leon…- me dijo a través de sus anteojos oscuros.- lamento haberte hecho esperar tanto rato.

-No te preocupes…- le contesté mientras me acercaba a él con prisa.- toda esta espera ha valido la pena.- y sin advertencia alguna le dí un puñetazo en la cara que lo tumbó al suelo de inmediato.- Eso fue por haberme llevado a Silent hill, maldito orate… y si no te he matado aún es porque me pongo en tu lugar y sé que te debe doler haber perdido a tu hermano allí…

-Ciertamente no conoces lo que es la palabra gratitud, ¿verdad?- me contestó desde el suelo mientras acariciaba su mejilla.- ¿Quién crees que acaba de salvar tu trasero yankee hace poco, eh?... me crees un debilucho, pero te equivocas.

Sorprendentemente desde el suelo me contestó con una patada directa al pecho que me lanzó hacia una mesa llena de vasos y de loza fina que cayó al suelo. Raynolds se puso de pie y luego adoptó una estúpida pose de karateka, había olvidado que todo en su personalidad es infantil y estúpido.

-¿Cómo diablos sabias que me encontraba en esa ciudad y en esa cabaña?- pregunté sobándome el pecho del dolor.

-Me enteré por casualidad que andabas haciendo un trabajo por esta zona, por cierto qué pésimo trabajo… toda la ciudad infectada… , bueno, lo demás fue solo seguirte con mi satélite y voalá… ahí estabas en esa cabaña a punto de llorar…

-¿Tú satélite?... ¿desde cuando los idiotas tienen satélites privados?- pregunté incrédulo.

-Un idiota con dinero puede tener uno ¿no te parece? Está en órbita desde hace 5 meses…, tu gobierno me debe muchos favores, tal como tú ahora me debes uno… jejeje

-Mira, Raynolds… si es por haberme sacado vivo de esa…

-No,no. Ya no soy Adam Raynolds, ahora soy Kevin Grayson… ese es mi nombre actual.

-Bien… Adam… Grayson, te decía que agradesco mucho el que me hayas salvado la vida recién. Ciertamente te debo una, pero ahora estoy muy cansado… deben ser ya casi las 4 de la mañana y debo volver a un hotel o algo así, en serio… mañana podemos charlar.

-No te pediré nada como lo de Silent hilll…- me dijo Grayson con ojos de loco.- esto es algo mucho más terrible…





Con Kevin Grayson nada se sabe...

LEON S. KENNEDY 01:12 A.M.


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jueves, 28 de abril de 2011

¿Jugamos?

Historia enviada por Karen Wolmurth desde México (Gracias Karen ^^)
















Antes solían gustarme los juegos… ahora los aborrezco…


A ella le encantaban los juegos…


Me encontraba en un cyber revisando unos informes de unos asesinatos por petición de un amigo de la policía, todo parecía tan común… tan normal, tan cotidiano…, de pronto por la pantalla del ordenador divisé una silueta de alguien que al parecer se había puesto justo atrás de mí para espiarme, sin embargo al darme vuelta… ví que no había nadie, “¿habrá sido mi imaginación?”, pensé, “de seguro estoy muy cansado”. Cobijándome en ese último pensamiento, continué con mi tarea frente al computador dejando de lado cualquier clase de paranoia. Luego, una chica pasó rápidamente junto a mí y me dejó una servilleta junto al teclado, quise detenerle, pero ya había salido a la calle y se había mezclado con la multitud. Regresé a mi asiento y no tuve más remedio que leer lo que había en la servilleta:

“¿Juegas?... resuelve esto en menos de 5 minutos o lo lamentarás…
¿Qué se vuelve apestoso y se lo llevan en un abrir y cerrar de ojos?
Ve hacia ello y salvarás tu trasero.”

Me levanté de la silla otra vez y salí del café hacia la calle. Miré para todos lados mientras intentaba encontrarle algo de lógica a lo que estaba sucediendo, pero me sobrepasaba, no entendía nada. De pronto en la esquina un camión de basura estaba vaciando los botes en el contenedor, corrí hacia él y le enseñé mi identificación de agente federal a los operadores y les pedí que por favor me ayudaran a revisar en la basura algo extraño, ni siquiera yo sabía que estábamos buscando, el resultado tal como mas o menos lo sospechaba fue nulo. Me sentí como un completo idiota… casi tanto como cuando un niño me embaucó con 80 dólares, pero esa sensación no duró demasiado al ver cómo el cyber en donde minutos antes me encontraba trabajando explotó en mil pedazos causando una gran conmoción en plena calle…

Los pensamientos iban y venían… tengo muchos enemigos como para poder atribuirle esto a alguno de ellos, bien podían tratarse de todos juntos. Esto era algo personal, había salvado mi trasero gracias al mensaje en la servilleta, pero tristemente muchas vidas perecieron en el lugar… eso último me enfureció por completo, ¿qué culpa tiene la gente inocente de los problemas o enemigos que yo pueda tener? Los candidatos que podían estar tras esto eran mucho, pero me quedé solamente con dos, uno de ellos podía ser la monstruosa asesina ligada a B.L.O.O.D. inc. Llamada Lilith, pero ella me creía muerto…, la otra posibilidad era Adam Raynolds, el excéntrico genocida que acostumbraba cambiar de identidad, este último tenía más chance de ser. Como sea que fuere, la posterior llamada que habría de recibir me disiparía todas las dudas… y es que en estos casos siempre, absolutamente SIEMPRE existe una llamada de alguien jactándose por el atentado cometido.

Anochecía cuando recibí la tan esperada llamada:

-Diga…- contesté.

-¿L-Leon?...

-Si,… ¿Quién habla?

-Leon, por favor ayúdame… soy yo… Ángela… ¿me recuerdas?- me decía entre sollozos. La única Ángela que se me vino a la mente fue una chica de la secundaria con la cual compartimos una linda amistad, pero que luego por sus incursiones en el satanismo y cultos diabólicos nos dejamos de ver.

-¿Ángela?... pero… ¿qué… que ha pasado?- pregunté golpeado por la confusión.

-Hola, Leon… ¿qué te parece si jugamos un poquito?- me preguntó de pronto una voz chillona y evidentemente fingida que irrumpió en la charla.

-¿Quién diablos eres?

-Soy quien te ha salvado el trasero esta tarde… como ves me gusta mucho jugar….- me contestó.- Tengo un lindo juego para ti, si ganas me entrego y ya no habrán más victimas inocentes, entre ellas… Ángela, y si yo gano pues… jejeje…

-Ahórrate tu teatralidad y dime exactamente que quieres.

-En la carretera 62, alrededor del kilómetro 124 hay un pequeño bosque… no traigas a la policía porque lo sabré y perderás…- me dijo y posteriormente colgó.

Tal como era de suponerse no dudé en pedir refuerzos para exactamente 45 minutos después de yo haber llegado al lugar, no me gustan los psicópatas y jamás sentiré simpatía por ellos, pero sería muy feliz estando 5 minutos a solas con este… mano a mano.

Llegué al lugar de madrugada y mi desconfianza aumentó a un 200% al divisar de forma tan fácil a un muchacho tirado en el suelo con sangre en su cuello y a unos pocos metros más allá a Ángela amarrada a un árbol con una mordaza en su boca. Intentó hablarme, pero la mordaza se lo impedía


Le hice un gesto de “silencio” mientras me acercaba pistola en mano al chico que yacía moribundo en el suelo. Al estar lo bastante cerca lo moví con mi mano izquierda y pude ver una cicatriz horrible en su cuello, tal parecía que había muerto degollado. Sin embargo, había caído en la trampa más absurda del mundo… el chico no estaba muerto y de una patada arrojó mi arma lejos para luego intentar clavarme una cuchilla en mi pecho, por suerte estoy entrenado, solo mis reflejos me salvaron de una muerte segura y logré esquivar el mortal filo del arma blanca. Retrocedí unos pasos para recuperarme de la impresión, pero el chico no me dio tregua y volvió a abalanzarse sobre mí lleno de ira.

-¡Muereee!- gritó, pero esta vez le recibí con una llave y un fuerte golpe en la nuca que lo durmió por completo.

-¿Cuántos son?- le pregunté a Ángela mientras la desamarraba y le quitaba la mordaza.

-¡Dos!, ¡es él y una muchacha!... por favor, Leon… ¡ayúdame!... me han ocupado para llegar a ti… no sé que quieren…

-Ni yo lo sé…- respondí desanudando las sogas.- a este ni siquiera le conozco, para cuando despierte tendrá que responderme muchas preguntas.


Iba a utilizar la soga para amarrar al muchacho que yo creía inconsciente, pero nuevamente me confié demasiado y se dio vuelta rápidamente para apuntarme con una pistola desde el suelo. Era el fín, iba a morir en manos de un desconocido y lo que es peor, sin saber porqué… a lo lejos las sirenas de unas patrullas le distrajeron y aproveché esa fracción de segundo para irme con todo sobre él.

-¡Llamaste a la policía!... ¡ha hecho trampa!- gritó el muchacho a su cómplice que debía estar oculta por algún lado.

-¡Ángela corre!- grité y ella obedeció al instante, yo mientras tanto me encargaba de neutralizar al agresor.- y tú, vil pedazo de mierda… ¡dime quien eres!

-Jajajaja…. De todas formas vas a morir…jajajaja… tú y tu amiga…- me contestó dándome a entender que la muerte esperaba a Ángela en medio del bosque y yo prácticamente le había ordenado ir hacia ella.

-¡Maldito!- exclamé y le cerré la boca con un golpe que le voló un par de dientes, ahora sí podía estar tranquilo…, lo até con las sogas y esperé a que los primeros policías llegaran al lugar para entregarlo.

-¡Leon!, ¿estás bien?- me preguntó uno de ellos.

-Sí, llevense a este, hay una mujer más por ahí armada y puede ser peligrosa. Tengan cuidado- les advertí.- voy por una civil secuestrada.

Anduve unos minutos por el bosque hasta que me topé nuevamente con Ángela quien permanecía acurrucada junto a un árbol con cara de loca y en actitud de “escucha”.

-Trampas… trampas… - repetía una y otra vez.

-¿Ángela?...- pregunté acercándome a ella.

-Ssshhhht- me dijo.- Escucha…

Me quedé en silencio y al cabo de unos segundos una explosión llegó a nuestros oídos, luego supe que el chico a quien había amarrado estaba cargado con un explosivo bajo sus ropas, había volado en mil pedazos llevándose con él a una decena de policías que había llegado al lugar. Logré recuperarme del susto y tomé a Ángela del brazo.

-Vamos, debemos irnos. Quien sabe cuantas trampas hay en este lugar- le dije llevándomela.

Alcanzamos a avanzar dos metros y Ángela no pudo contener más su risa, estalló en carcajadas que retumbaron en medio del silencio de la noche.

-¿Qué te ocurre?, ¿te han drogado o qué?- pregunté.

-Jajajajaja… no…jajaja

-Entonces cierra la boca, ¿no has dicho que había una chica junto al psicópata ese?

-Si, soy yo.- me dijo con un tono de voz que me heló la sangre.

A esas alturas yo esperaba que fuera a volar en pedazos tal como el muchacho, pero en vez de eso me apuntó con una pistola mientras intentaba calmar su sonrisa nerviosa.

-Jejeje… como ves, Leon…. Las terapias psicológicas no funcionaron muy bien conmigo…jejeje, pero siempre quise volverte a ver, desde aquella vez en el antiguo cementerio, ¿recuerdas?

-Como olvidarlo…- le contesté.- yo también esperaba verte algún día, pero no de esta forma.

-Alex Astromonov me habla por las noches, ¿sabes? Y me pide venganza… y qué mejor venganza que esta…

Si no se me ocurría nada, iba a morir y la verdad es que nada se me ocurrió asi que lleno de ira y de rabia contenida por estar metido en jueguitos como este me fui contra ella, disparó dos veces y una de las balas me dio en el brazo derecho. Pero ya era tarde para ella, logré quitarle el arma y descargue toda mi furia apretando de su cuello, apreté con todas mis fuerzas, sus ojos me observaban aterrados y algo me quería decir, pero yo no le dejaba, estaba cegado.

-¡Mueree!,¡ todos estos años planeando esto!, ¡muere de una vez!

De pronto unas manos me jalaron hacia atrás, habían llegado al lugar los demás policías e intentaron controlarme, finalmente lo hicieron. Me senté sobre un tronco mientras los demás policías iban a esposar a Ángela, en ese momento lo recordé…
-¡Esperen!, ¡tiene explosivos!- grité.

Y en efecto, la muchacha solo alcanzó a descubrir su blusa antes de activar la bomba, ya que el certero disparo de un policía novato le voló la tapa de los sesos a Ángela… la dulce, extraña y única Ángela.


No lo recuerdo muy bien, pero creo que esa noche lloré… ¿Quién iba a decirme en secundaria que una de mis mejores amigas iba a morir 17 años después frente a mis ojos?


Adiós, Ángela.







Otro oscuro día en la aldea global...

LEON S. KENNEDY 02:22 A.M.

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lunes, 25 de abril de 2011

El fin del principio

Historia envíada por Lady Bateman desde Argentina (Gracias, Lady!)




















Desde niño mi madre solía decirme que yo iba a llegar a hacer algo grande y que estuviera desde donde estuviese, se sentiría orgullosa… un mes después ella murió.
Papa era bueno conmigo, si me portaba bien, salíamos a matar animales. Una vez mate a un conejo, blanco, con un rabo peludo y con forma de Pompon. Decidí llamarlo así… Pompon. El era una buena mascota, pero era muy perezosa, casi ni se movía, y odiaba esas vetas rojas que tenia. Papa decía que no podría tenerlo por mucho tiempo, que no seria bueno para la higiene de la casa… así que esa misma noche la cocino para mi, la acompaño con una buena cacerola de verduras… esas que te hacen fuerte y activo, según decía mi madre.

Pero el tiempo pasó, yo me sentía encerrado, enjaulado como un animal de circo. Le dije a papa que me iría de casa pronto… el no lo tolero. Trato de retenerme, pero cuando me di cuenta, el terminó igual que Pompon. Acostado de lado, con esas mismas vetas asquerosas y deformadas que tanto detestaba.Lo arroje al bosque… y luego de cenar, tome mi mochila y me fui.

Al llegar al asilo, una niña que caminaba por el borde de una barandilla fue lo primero que vi. Se veía tan indefensa, sabia que iba a caer, así que la sujete de un brazo y le dije que estaba mal lo que hacia. Ella me tomo de la mano y me dijo que la acompañara en su juego.Las hamacas me resultaron un reto muy divertido y peculiar, las constantes subidas y bajadas me daban la ilusión de que podía volar… eso me gustaría… volar.Se hizo tarde y la niña debía partir hacia a su casa, la acompañe y cuando llegamos al umbral de la puerta comenzó a llorar. Le tendí un regalo, lo único que me quedaba de Pompon, su pata exhumando vetas rojas. Ella lo tomo feliz y pronto se desvaneció en la noche.

Me dirigí a la parte mas baja del abismo y divisé muy a lo lejos, un edificio, enorme, casi parecía tocar las nubes. Entre sin apuro, salude a un amable caballero de traje que esperaba junto con su difunta mujer contemplando su vacío ataúd. Apenas lo vi, tome el primer elevador que se abrió.Un timbrazo anuncio mi llegada al fin del mundo, el frío me calaba los huesos, pero no se sentía mal… de hecho curaba las múltiples heridas que aun supuraban esa tibia sangre.
Mi madre me llamo apenas toque el borde, mire hacia arriba, a pocos metros mío, una sombra radiante de luz me observaba… alcé una mano, pero no la alcanzaba… madre, por que te alejas de mi?. Volví hacia atrás, tal vez algo de impulso me ayudaría a llegar hacia ella. Corrí con todas mis fuerzas, sintiendo como el frío y el viento me cortaban la cara y al llegar al borde salte como nunca antes, estirando los brazos para llegar hacia ella… pero… no pude tocarla, sus manos se apartaron de las mías con asco… por que mama?. Será por que yo fui el que curo tu sufrimiento?, el me dijo que lo hiciera… tu sufrías y yo quería verte bien.
Mama… por que me dejas?.Mi cuerpo flotaba sobre un paraíso de nubes, donde pequeñas hormigas lo habitaban. El fuerte viento casi me dejaba desnudo, hasta que algo duro y firme me detuvo. Se sentía tan bien… la sangre tenia un gusto delicioso y la textura de ella en mis dedos era mas que extasiante.Mama me llamo esa misma tarde, su rostro estaba empapado en lagrimas. Se sentó junto a mí y me dijo que había sido un mal hijo y que allí me iban a curar de la enfermedad que asesino a mi padre… “perteneces aquí”, me dijo antes de desvanecerse entre la horrible sombra del sombrerero.

Al llegar a mi habitación, me recosté sobre la suave pared de terciopelo rojo, pase mis dedos por ella, no se sentía como el terciopelo fresco… era mucho mas áspero, mas coagulado, hasta mi lengua lo siente distinto. Me pare y me dirigí a la ventana enrejada, que esta a lo alto del piso, apenas pude sentir el calor proveniente de la chimenea, donde dicen que dios quema a sus muertos. Allí la vi a mama, caminando lentamente hacia las llamas. No quería verla sufrir, así que lleve mi uña del dedo anular a mi ojo y me lo arranque… la risa de mama se opacaba con los gritos del infierno.Pase mi mano por mi rostro… era suave, su textura era casi orgásmica. Caí de rodillas al techo con placer… Pero ese día no morí, por que aunque lo intente una y otra vez, el sombrerero no me lo permite.



La enfermera me dijo que ya no lo intentara, por que Pompon se volvería a enojar conmigo.


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jueves, 21 de abril de 2011

Un bebe recién nacido apuñalado 44 veces y arrojado por la ventana

Sin nombre, ni créditos.




















Hacía varios días que deseba un tiempo para descansar y finalmente sucedió. Recuerdo haber salido de la escuela una hora más temprano que de costumbre un extraño día de otoño hace varios años atrás, me encontraba particularmente agotado aquella vez. Al andar un par de cuadras pude notar que alguien me seguía… solo ví a través del rabillo de mi ojo que se trataba de un hombre de mediana estatura con abrigo largo y negro, casi sacado de alguna película de misterio. Comencé a apurar el paso y me abrí camino a través de la gente que a esas horas infestaba las calles. Corrí y corrí hasta que logré llegar a casa sano y salvo. Fui hasta mi habitación y decidí cambiarme de ropa para antes de cenar, sin embargo tuve que quedarme con las ganas ya que justo un perro con alas me observaba desde afuera por la ventana hacia dentro…
… opté por ignorarle así que baje nuevamente para cenar y mi esposa ya me tenía el plato servido en la mesa, todo bien, supongo pero a la mitad de la cena a ella no le gustó que yo reclamara por la falta de sal en la sopa así que se puso bastante violenta conmigo e intentó golpearme… por poco lo logra, sin embargo logré clavarle un destornillador en el cuello antes de que la cosa pasara a mayores. Luego la enfermera vino y se enojó conmigo por haber dejado tal desastre en el salón y se puso a limpiar la sangre que salía del cuerpo de aquella desconocida….

Mientras limpiaban el piso me senté a esperar para que me atendieran así que me instalé junto al antipático perro con alas que momentos antes observaba mi desnudez a través de la ventana de mi cuarto… mientras esperábamos jaja… jajaja… me contó un chiste muy gracioso jajajajaja…

… esperen jajaja… era… era algo así como “¿saben que le dijo a su mamá un bebé recién nacido apuñalado 44 veces arrojado por la ventana….?” Jajaja

Jajajaja ¿no saben lo que le dijo?... jajajajaja jajajajajajajaja jajajajaja

Jajajajajajajaja…






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SIN NOMBRE, NI HORARIO.


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viernes, 15 de abril de 2011

Fool me once...

Historia envíada por Mery Grimm desde Argentina (gracias ^^)
















Acostumbro redactar los hechos más relevantes de mi vida (aunque a veces tan sólo garabateo lo que me pasa por la mente al momento de tomar el bolígrafo), pero en ésta ocasión recordé casi por casualidad una de los días más bizarros de mi existencia. Pocas veces me he sentido un completo imbécil… y ni que decir que me suceda en dos oportunidades durante el mismo día. Así que paso a contar cómo fue que me recibí de Mr. Arrebatado sin ningún motivo…

Había pasado poco más de un mes desde el incidente de Raccoon City y, aunque me avergüenza un poco admitirlo, no se me daba muy bien cuidar de Sherry. En un principio Claire había decidido quedarse con ella, pero debido a su contienda interminable para encontrar a su hermano me había pedido de favor que tomara bajo mi custodia a la niña hasta dar con sus familiares lejanos. Motivos más que suficientes, si me preguntan, para justificar que tuviera la cabeza en cualquier lado: es sorprendente que pueda patearle reiteradas veces el trasero a un zombie pero no pueda recordar que una pequeña debe alimentarse al menos cuatro veces al día.

De todas maneras creo que cualquier persona en su sano juicio implementaría todas sus facultades mentales (y, de hecho, físicas) en medio de una misión, así que en mi defensa diré que mi concentración era admirable aquella noche. Si hubiera sabido lo que me aguardaba… Creo que aún así hubiera ido hacia Winter’s Wood. Soy estúpido e inevitablemente impulsivo y tengo el complejo del héroe, lo reconozco. Así que cuando me llegó el dato de que allí se estaban llevando a cabo pruebas biológicas con niños ya estaba andando antes de acabar de atar mis borceguíes. Sabía que los científicos de White Umbrella habían sido inmundamente creativos a la hora de erigir sus monstruos y de sólo imaginar a pequeños angelitos mutando en…

Y aquel pensamiento me hizo voltear el rostro hacia atrás antes de salir de mi apartamento. En medio de mi sofá estaba durmiendo Sherry. La promesa que le había hecho a Claire era de suma importancia para mí, la pequeña era pura y exclusiva responsabilidad de Leon Scott Kennedy, pero aún así…

-Hey, hey –le susurré a Sherry mientras le acariciaba el hombro-… Despierta.

-¿Qué…?

-Escucha, tengo… unas… cosas que hacer ésta noche, así que…

-Puedo quedarme sola –me respondió tragando saliva, pero con la voz firme.

-Sé que sí, pero no es necesario –me encogí de hombros-. Te dejaré en la jefatura de camino. Iré por ti antes de que te des cuenta, lo prometo.


Sherry me observó dubitativa por unos segundos pero entonces reconoció la prisa en mi mirada. Independiente y autosuficiente como siempre había demostrado ser se acomodó la ropa y tomó una pequeña mochila antes de asentir con el rostro indicándome que ya estaba lista. Y en menos de quince minutos había detenido el coche en frente de la comisaría. Era cerca de la medianoche y allí no había mucho movimiento, pero le encargué a casi todos en el edificio, en especial a mi compañero Ryan, que tuvieran un ojo puesto en ella porque era muy hábil para escabullirse.

La misión era peligrosa en más de un sentido. En primer lugar nadie más que yo sabía la ubicación de Winter’s Wood, una pequeña villa en las afueras de la ciudad (qué conveniente, ¿verdad?) que en realidad por ahora eran varias hectáreas colmadas de materiales de construcción y maquinaria pesada destinados al proyecto de un empresario acaudalado que pretendía crear una metrópolis. Desconocía la identidad del mencionado en aquellos momentos, pero tiempo después me enteré de que no era otro que Ozwell Spencer. Sí, mi vida está llena de ironías obvias. La obra había comenzado hacía poco tiempo por lo que todavía no había cobertura para mi teléfono y era muy probable que ninguno de los empleados de Spencer quisiera prestarme su laptop para enviar un e-mail de emergencia si necesitaba back-up. Así que estaba solo.

El sólo hecho de conducir mi coche hasta allí hubiera sido un poco reconfortante, pero en su lugar tomé una motocicleta que había sido confiscada de la estación de policía. Llevaba días reconsiderando mi profesión como un simple poli, pero qué va, no tenía nada mejor que hacer por el momento. Bueno, a excepción de misiones secretas en las que meterme puerilmente en la boca del lobo era la figurita repetida. Así que en cuanto avisté los tractores y demás máquinas de excavación a medio kilómetro aparqué y comencé a peregrinar hacia allí con paso sigiloso. Con lo rápido que había sucedido todo a penas había recordado tomar mi arma, así que sonreí levemente al comprobar que el cargador estaba lleno. De todas maneras hubiera deseado llevar puesto mi chaleco de Kevlar, pero supongo que todo en la vida no se puede.

Me tomó algunos minutos recorrer el camino empedrado hasta adentrarme en la villa, pero eso me dio tiempo de evaluar mi entorno. No había ningún sonido particular que evidenciara lo que supuestamente estaba sucediendo allí, pero tampoco reinaba el silencio sepulcral que me hubiera alertado. Cada grillo acompañaba mi caminata con su canto melancólico y la ventisca noctámbula me despeinaba el flequillo con sumo cuidado. Todo era completamente uniforme, lo que me hizo considerar que tal vez había sido más impulsivo de lo normal. Después de todo inclusive a Umbrella debía parecerle atroz realizar experimentos biológicos en niños… Aún así ya estaba allí, así que no me costaba nada echar un vistazo por los alrededores.

La luz que desprendía la luna era suficiente como para reconocer las siluetas de los artilugios y las montañas de material… Pero en general no hallé nada que pudiera contener un laboratorio. Aquello realmente estaba en construcción y aunque la tentadora opción de que hubiera algún compartimiento secreto que llevara a un subsuelo me daba vueltas por la cabeza decidí ser prudente y sensato por una vez. ¿Cuáles eran las chances de que saliera con vida por mi cuenta de allí si la cosa se ponía seria? Lo mejor era trazar un plan, comprobar las fuentes, tomar mi chaleco antibalas antes de salir…

Así que enfundé mi arma y desanduve el camino hasta donde había dejado la motocicleta, pero cuando llegué hasta allí mi vehículo ya no estaba. Lo que implicaba que definitivamente había al menos una persona más que yo en la penumbra. Antes de tragar saliva volví a sacar el arma y apunté hacia todos lados, presa de la confusión. Pero era inútil, si lo que querían era liquidarme estaba a su merced.

-Señor Kennedy –me habló una voz masculina que no reconocí-… No se ha tardado nada.

-¿Quién eres, maldita sea? –me enfurecí- Enséñame tu rostro.

-No creo que sea necesario, tan sólo soy el mandatario. Además no confío en lo que lleva entre las manos, sabrá disculparme.

-¿Mandatario de quién? –pregunté intentando mantener la calma y forzando la vista a mi alrededor.

-Tampoco es necesario que lo sepa –respondió la voz y ésta vez sonó más cerca de mí, lo cual me puso algo nervioso.

-¿Entonces, qué? –le quité el seguro a la pistola en señal de amenaza.

-Entonces, nada –se rió-… Como habrá visto la villa está vacía. Así que su presencia aquí no es necesaria.

-Devuélveme mi motocicleta y me iré con gusto –declaré.

-Me temo que no será posible… Pero le deseo un buen viaje de regreso hacia la comisaría… Adiós.

-¿Hacia la…? ¿Cómo sabes que…?

No tenía idea de a quién pertenecía la voz de mi interlocutor, ni el paradero de la motocicleta… y francamente no me importaba. Había caído en la trampa de quien fuera que estuviera detrás de la farsa de Winter’s Wood por culpa de mi arrebato. Mi complejo de héroe volvía a jugarme una mala pasada.

Ya no sentía calor y la transpiración se había vuelto imperceptible en mi cuerpo para cuando aquel coche se detuvo en la carretera. Había estado corriendo más de cinco kilómetros y era la primera señal de vida con la que me encontraba. El conductor era un hombre adulto que se sorprendió un poco cuando le enseñé mi placa y le pedí que me llevara hasta la jefatura de la ciudad, pero sin emitir sonido dejé en claro que llevaba un arma, así que no lo pensó demasiado y en menos de una hora llegué a destino. No hizo falta adentrarme en las oficinas para darme cuenta de que allí había sucedido algo. Desde lo de Raccoon City había desarrollado un sexto sentido que me anunciaba el peligro… y aunque allí ya había sucedido lo peor, había algo en el aire que me hacía fruncir el entrecejo. Mi chofer piso el acelerador y desapareció a la vuelta de la esquina sin que pudiera darle las gracias, y apenas puse un pie dentro de la jefatura tuve un dejá vù. Me sentí nuevamente en mi primer día como policía. Frente a mis ojos todo lucía como si un torbellino hubiera devastado todo el amoblado y había papeles que todavía volaban por los rincones por la insistencia de los ventiladores de techo. Había varias manchas de sangre derramada recientemente en el suelo y aquel silencio sepulcral que tanto me había sugerido mi cerebro desde hacía rato como prueba de que algo andaba mal. Di algunos pasos hacia la habitación en la que había dejado a Sherry y tan sólo avisté su pequeña mochila sobre el escritorio de uno de mis compañeros, Ryan Palmer. Y para mi sorpresa él también estaba allí, en posición fetal detrás del reclinatorio.

-Ryan, ¡Ryan! –vociferé acercándome a toda prisa y chequeando sus signos vitales. Aún tenía pulso, pero muy débil- ¡Ryan, vamos, vamos! –lo tomé entre mis brazos manchando de sangre mi chaqueta y pantalón, ya que tenía varias heridas de balas alrededor del chaleco de Kevlar.

-Leee-ee-on –a penas abrió los ojos pero fue suficiente para que tomara el teléfono de mi bolsillo y llamara a una ambulancia.

-Descuida, Ryan, la ayuda viene en camino –mentí-, ¿qué ha sucedido?

-La… la-a-a niña-a-a –y entonces tosió sangre.

-¿Dónde está Sherry? ¡¿Dónde?!

-Era u-u-u-una tram-m-m-mpa, Le-e-e-on.

-Lo sé, ¡maldito teléfono! –me enfurecí porque daba ocupado- ¡¿No tienen otra línea en un sucio hospital?!

-Ken-ken-kentu-tu-tucky –balbuceó antes de perder el conocimiento.

-¿Kentucky? ¡¿Qué hay en Kentucky?! –grité y entonces Ryan volvió a abrir los ojos.

-Cum-cumberland Mounta-ta-tains… Spen-n-n-n-ncer…

Y entonces dejé de sentir el pulso de Ryan. Nada de lo que había dicho tenía sentido para mí, pero parecía tenerlo para él… lo cual ameritaba que le prestara atención. Al fin respondieron del hospital y en menos de cinco minutos varias ambulancias arribaron a la comisaría. En total había cinco oficiales muertos, incluyendo a Ryan, y dos novatos que estaban cubriendo sus horas como cadetes. El reporte oficial dijo que dieron batalla pero el enemigo era superior en número, lo cual confirmé en cuanto fui por el video de la cámara de seguridad. En los trajes de cada uno de los hombres enmascarados que habían llevado a cabo aquella masacre estaba dibujada una pequeña sombrilla roja y blanca y no tuvieron ninguna duda a la hora de asesinar a quemarropa a todos los que se interpusieron en su camino hasta Sherry. Y entre gritos, disparos y blasfemias… oí a uno de los mercenarios mofándose sobre el renacer de Umbrella en la mansión Spencer. En respuesta Ryan decía que la mansión había explotado, pero entonces, y luego de descargar un cartucho entero de balas en él, el agente volvió a reír mencionando a Cumberland Mountains.

Luego de una búsqueda rápida en Google di con la ubicación de las montañas, al este de Kentucky, y haciendo algunas llamadas se me confirmó la sospecha de que allí sucedía algo extraño. Desde Europa algunos de los ex miembros de S.T.A.R.S. continuaban con sus investigaciones para acabar con Umbrella y por pura suerte tenía en mi poder el teléfono de Jill Valentine. No creí que respondería, pero tres tonos después oí su voz. Ella me confirmó que el doble agente Albert Wesker aún necesitaba muestras del G-virus y se corría el rumor de que la hija del difunto Birkin podía conservar en ella un embrión… Así que me envió los detalles por fax y me deseó suerte antes de cortar la comunicación. Pero que un mercenario de Umbrella cometiera la estupidez de soltar la lengua en un lugar colmado hasta la coronilla de cámaras era algo inaudito… Aún así si había la más mínima posibilidad de que hubieran llevado a Sherry hacia donde él había dicho era mi deber comprobarlo. ¿El complejo de héroe otra vez? ¿O más bien la culpa del cuasi héroe? Todo había sido una trampa desde el principio para secuestrar a la niña cuando yo estuviera fuera del radio… ¿Ahora querían que fuera a Kentucky? Con mucho gusto. Engáñame una vez, ¡qué vergüenza por ti!; engáñame dos veces…

Iban a ser las cinco de la madrugada en cuanto me subí al coche y comencé a conducir en dirección a la universidad. A penas me había percatado de que estaba lloviendo. Me había prometido que no volvería a poner en peligro a nadie por culpa de mis errores, pero esto excedía mi autosuficiencia… Claire tenía que saber lo que había sucedido. Así que le envié un mensaje de texto poniéndola en aviso, pero unos minutos después me llamó por teléfono y acordamos encontrarnos a mitad de camino. No estaba seguro de cuál sería su reacción cuando me viera, en especial porque las cosas entre nosotros habían quedado algo extrañas, pero lo más importante por el momento era encontrar a Sherry.

Estaba hablando por teléfono con Kevin Ryman, un viejo amigo, en cuanto avisté la motocicleta de Claire por la carretera. Y unos momentos antes también había telefoneado a la persona más confiable para mí en todo el mundo. Algo me decía que íbamos a necesitar toda la ayuda que pudiéramos conseguir…





¿El peor enemigo de un escritor?... el sueño.

LEON S. KENNEDY, 04:33 A.M.


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lunes, 11 de abril de 2011

Navideath















El asesino Navideath llevaba matando desde el día 05 de diciembre.


Asesinó a 3 familias completas, compuestas generalmente por ambos padres y un niño, los escabrosos detalles que se filtraron a la prensa no ayudaron para nada a controlar el alarmante grado de temor que se había desatado entre los habitantes de la ciudad. El asesino actuaba disfrazado de santa claus y en vez de traer un saco lleno de juguetes traía una metralleta oculta con la cual asesinaba a sus víctimas. No parecía seguir un patrón determinado lo que vino a hacer más difícil aún las cosas para la policía.

Ya se acercaba el 25 de diciembre y la policía había hecho un comunicado público en donde para la semana de dicha fecha se prohibía cualquier acto, servicio o tarea en la que cualquier persona se disfrazara de santa claus. La paranoia y el terror era absoluto, todo esto alimentado por la mastodóntica campaña en los medios sobre su persona y los crímenes, mas el auge que la prensa le estaba otorgando al asesino Navideath. Todos imaginaban un monstruo, nadie podía dar con algún retrato hablado coherente dado por testigos, nadie podía dar con su identidad, nadie podía detenerle…

No sabría describir muy bien el sentimiento que me hizo salir de casa para ir en busca del asesino, muchos podrán haber pensado que se trataba meramente de autocomplacencia, o de querer demostrarle algo a alguien, etc. Pero yo estaba seguro de que el día 25 de diciembre por la mañana Navideath volvería a matar… no podría resistirse a la ocasión.

Con la policía en alerta máxima supuse que el escenario más propicio para el asesino sería un sector mas bien modesto, ubicado en los suburbios de la ciudad, lugar que lamentablemente no cuenta con la misma atención ni protección policial que en los sectores mas acomodados, al menos así lo pensé poniéndome en el lugar del enigmático asesino. La nieve caía sin mayor consideración aquella gris mañana de navidad…, eran ya las 6 de la mañana y me encontraba camuflado con un grueso abrigo blanco con gorra sobre un destartalado edificio en construcción. Los binoculares me ofrecían un nítido panorama de lo que sucedía alrededor mientras los copos de nieve cada vez se hacían más gruesos. De pronto, un leve ruido llegó a mis oídos desde abajo, me acerqué a la orilla y miré hacia la calle y fue ahí que vi a santa claus deslizarse con mucha dificultad a través de la nieve bajo aquel frió y gris paisaje. Una brisa helada caló hondo en mi corazón, estaba completamente seguro que se trataba de él, mi corazonada había sido correcta, no habían policías cercas… éramos solo él y yo.

Al fin tenía a aquel monstruo frente a mí...

-¡Hijo de puta!- grité arrojándome desde la altura sobre él. Caímos sobre la nieve y no le di chance alguna de darse cuenta de lo que ocurría hasta no dejarle inconsciente. Sin embargo, le subestimé por un segundo y me respondió con el mortal filo de un puñal oculto bajo sus guantes, y yo completamente desarmado. Mal, Leon, muy mal.


-¡¿Quién diablos eres?!- exclamó mientras intentaba pararse, yo jadeaba apenas con el dolor del corte recibido en mi mejilla izquierda.


-Soy Santa claus y vengo a darte tu regalo.- le respondí conectándole un gancho en la mandíbula que lo volvió a arrojar al suelo, en ese momento comenzó a hurguetear en el saco que había caído junto a él, en busca de su arma y solo alcanzó a dar tres disparos con su metralleta antes de que me arrojara encima para intentar arrebatársela.


Mientras forcejeábamos en medio de la espesa nieve comencé a reflexionar que esta no era la navidad que los niños de aquel barrio merecían tener… todo era un maldito círculo vicioso de violencia y de tiros que se repetía una y otra vez de forma constante…, a la distancia pude ver a un pequeño de 5 años que nos observaba pelear desde la ventanita de su habitación en el 2do piso de una casa, seguramente los tiros de la metralleta le habían despertado. Intenté terminar lo antes posible con Navideath, quien gracias a su precaria condición física cedió ante mis golpes y pude noquearlo al cabo de unos segundos.

Ya no había más monstruo…

Ya no había más Navideath…

Ante mi solo tenía el cuerpo inconsciente de un hombre flacucho y desquiciado, disfrazado de santa claus, que por llevar quizás que clase de vida había decidido truncar la de los demás. Sin embargo aún no terminaba la historia, me quedaba algo por hacer… algo para salvar la navidad y mantener la ilusión de quienes eran inocentes.

La familia ya había bajado al primer piso cuando santa claus tocó a la puerta aquella mañana de navidad, una mujer abrió.


-Feliz navidad, dulce señora.- le saludó santa.- por favor no tema usted, he aquí que soy el verdadero santa claus y he venido a regalarle este caramelo al pequeño de la casa.


El niño que momentos antes se había asomado por la ventanita de su cuarto a ver la pelea ahora con curiosidad se acercaba a la puerta. Le regalé los caramelos, mis binoculares y él a cambio me dio su sonrisa y una nueva esperanza.







No recibí regalo alguno aquel día de navidad...

LEON S. KENNEDY, 00:02 A.M.

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