miércoles, 2 de abril de 2014

Cuando el hambre entra...


La ciudad ya no era una ciudad, no quedaba nada… salvo los hambrientos. Liquidé a varios hasta la entrada del edificio donde según me habían informado podía buscar algunas provisiones. Allí en la entrada despaché a dos, hombre y mujer respectivamente. Corrí hasta los ascensores solo para darme cuenta que no funcionaban. “Mal, muy mal, Leon” pensé. Fue muy idiota pensar siquiera en la idea que funcionaran aun cuando el apagón de electricidad ya llevaba varios días. Corrí por las escaleras hasta los pisos superiores solo para toparme con otro hambriento, sin pensarlo mucho lo liquidé con un certero disparo en la nuca…. Jamás supo que fue lo que le pasó.

Llegué hasta el piso más alto, caminé por el largo pasillo sigilosamente en dirección a la puerta que contenía el preciado tesoro, cuando de pronto y desde una puerta oculta en la oscuridad que había a mi derecha sale uno de ellos… a atacarme con un hacha. Solo mis reflejos y mi entrenamiento me salvaron de una muerte segura. Logré esquivar el ataque de forma exitosa y gracias a mi arma pude neutralizar al agresor. Comprobé mi munición y me tranquilicé al percatarme que podía seguir garantizando mi seguridad…

Llegué finalmente a la puerta, la abrí de una sola patada, apunté, y allí habían dos hambrientos… habían encontrado las provisiones.  Hombre y mujer… nuevamente…. Niño y niña. La pequeña andrajosa me miró asustada, sonrió y me dijo:

-Hola.

El mundo ya no es el mismo. Los apagones han desquiciado a las personas. Todo se ha ido al demonio y el caos reina en las ciudades. Hubiese preferido un holocausto zombie a esto. Tantos años evitando el holocausto zombie… y heme aquí… lidiando con el remordimiento. El remordimiento de haber asesinado a tantas personas por comida.

Jalé el gatillo y le volé la cabeza a los dos niños, luego me llevé las provisiones.




Cuando el hambre entra por la puerta… todo lo demás sale por la ventana.




LEON S. KENNEDY     00:00  A.M.



Gracias por haber leído esta entrada. La última entrada del blog. Han sido 5 años geniales y es hora de que el buen Leon S. Kennedy descanse y comience a soñar todo de nuevo. Te invito a que eches un vistazo al calendario del blog y descubras historias más antiguas. Si te ha gustado el blog, compártelo. No olvides visitar la página de Facebook:
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domingo, 9 de febrero de 2014

M-134




El lugar era caótico, y yo necesitaba tomar un poco de té helado. Cientos de infectados babeando por las calles mientras que las balas iban derecho a sus cabezas tapizando el suelo con trozos de cráneo y sesos. Los zombies eran decenas y noté que debido a una muy mala jugada anticipada nos estaban comenzando a acorralar en un callejón.

-¡Leon, más vale que nos movamos!- me gritó Sussman descargando un certero balazo sobre un anciano maloliente.-¡pide el helicóptero ya!, ¡la chica a la que viniste a rescatar debe estar en otra zona!

-¡Negativo!- contesté recargando mi magnum.-ordenes son ordenes…  ella está acá, en algún lugar,… lo sé.

Descargamos otra ráfaga de tiro y liquidamos a algunos cuantos infectados, pero su número crecía y nos estaban cercando… la verdad era que la situación se estaba volviendo preocupante. De pronto miré un tacho de basura y este servía perfectamente como escala para alcanzar el techo de un minimarket. Le hice el gesto a Sussman para que me siguiera, cogi el pesado bolso de equipamiento y finalmente gracias a una ágil maniobra logramos ponernos a salvo sobre el techo del minimarket… ahora todos los zombies comenzaban a agolparse bajo nosotros.

-Muy bien… por ahora.- me dijo Sussman exhausto.- basta de idioteces, pide el helicóptero ahora mismo.

-Nada de eso.- contesté observando con los binoculares para poder encontrar a quien debíamos rescatar.- Estoy seguro que ella está por aquí…

-¿Te volviste loco?, ¿Cómo puedes estar tan seguro de que está en esta zona? Y de ser así… ¿cómo estás tan seguro que ella aún…

-¡Bingo!- exclamé feliz de la vida.- te lo dije, allí está… mira.

Sussman observó a través de los binoculares, pero no pudo encontrar a nadie.

-Allí, junto a un lamborghini azul.- le señalé con mi mano.- ¿La ves?, es rubia y tiene delantal médico.

Sussman volvió a examinar el lugar y tras comprobar la información que le había dado lentamente se volvió hacia mí.

-Ahmm… eso es un zombie, Leon. ¿Te diste cuenta, verdad?

-Si, claro que sí.

-¿Vinimos a rescatar a… un infectado?- me preguntó mi amigo aún incrédulo.

-Son tiempos extraños, Sussman. Un rescate es un rescate.

-¿Te dieron esta misión hace un par de días atrás y me llamaste a mi residencia para invitarme a cenar, luego cenamos, pagaste la cuenta, me hablaste de este rescate, me dijiste que había buen dinero… y me convenciste de venir solo para rescatar a un puto zombie!?, ¿te volviste loco?

-No sé de qué te quejas.

-¿Y si algo sale mal?, ¿has pensado en ello acaso?- me preguntó Sussman encolerizado.

-Sabes, noto vibras muy negativas viniendo de ti en este momento. Lo que menos queremos es negativismo así que mejor empieza a a pensar en buena onda.

Sussman revolvió los ojos y finalmente se calló la boca. Había ubicado el objetivo, pero aún no era suficiente… debíamos hacer que viniera hacia donde estábamos nosotros. Me puse a pensar, el zombie miraba para todos lados deambulando lentamente sin embargo aún no se percataba de nuestra presencia sobre la azotea.

-¡Hey!, ¡tú, la idiota vestida de blanco!- gritó Sussman de pronto.-¡Hey, por acá!

Pero su estrategia  fue inútil, apenas y nos oía desde donde estaba. En ese momento comprobé el barril de carga de mi magnum, quedaban 4 balas. Apunté hacia la mujer infectada, más específicamente a su brazo izquierdo y jalé el gatillo… el impacto le voló la mitad del brazo.

-¡Demonios!- exclamé.- no creí que fuera a volarle el brazo…

Pero de todas formas la jugada surtió efecto y la mujer comenzó a acercarse hacia nosotros.

-Vaya… por fín.- dijo Sussman aliviado, pues la enorme horda de zombies que se agolpaba al minimarket para tratar de alcanzarnos ya le estaba preocupando.

-Ok, ahora debemos abrirle paso a nuestra chica.- le dije y comenzamos a montar la ametralladora indolora M134 sobre el trípode. Al cabo de unos segundos la monstruosa arma de aniquilamiento ya estaba lista para ser accionada.

-Oh,… Kennedy, es perfecta. La amo, la adoro, y si me cediera los honores me casaría con ella…- me dijo Sussman acariciando los 6 cañones giratorios de la ametralladora.

-Ya lo creo. ¿Haces los honores?

A Sussman le brillaron los ojos cual chiquillo que recibe un regalo genial para navidad. Se ubicó tras el arma y se ajustó los guantes.

-¡¡¡HEDIONDOOOOOOOOOS!!!!- gritó iracundo y luego la maquiavélica arma de guerra comenzó a girar su cañones produciendo un sonido casi apocalíptico.

Es difícil describir el espectáculo sangriento que vino a continuación. Las balas de la M134 eran verdaderos proyectiles de casi 10 centímetros de largo que atravesaban, ropa, piel podrida, huesos descubiertos y sangre coagulada. Masacraban todo a su paso. Mientras Sussman se divertía de lo lindo yo me tomaba al fin la taza de té helado junto a él. Las balas eran tan poderosas que decapitaron a una anciana de forma despiadada y abrieron el pecho de un niño de 10 años a casi la mitad triturando sus costillas.

-No es necesario que los mates apuntándoles a la cabeza…- le dije.- basta con que los alejes y le despejes el camino a nuestra nena.

Pero Sussman creo que ni siquiera me oyó pues gritaba como un verdadero energúmeno descargando toda su ira a través de la poderosa arma, la escena logró arrancarme una carcajada.

Los zombies eran alejados con violencia, algunos hasta salían expulsados a tres metros de distancia a causa del impacto de los proyectiles, mientras que el objetivo a rescatar avanzaba de forma torpe e indiferente hacia nuestra posición en el minimarket. Al cabo de pocos minutos finalmente la mujer llegó justo bajo nosotros. Le hice una señal a Sussman para que se detuviera, pero no fue tan fácil… me costó un poco traerlo de regreso a la realidad.

-Disculpa… es que… wow, me sentí genial.- me dijo volviendo en sí.

-Si ya lo noté, ahora debemos hacer subir a la chica.

Saqué una cuerda reforzada del bolso de equipamiento y le hice un lazo como el de los vaqueros, era la única forma de poder subir a la infectada.

-Bien, vamos a ver.- dije y me asomé al borde de la azotea. Abajo se encontraba la infectada gruñiendo y mirandonos con odio. Casi pude adivinar sus pensamientos. Arrojé la cuerda un par de veces intentando lacearla, pero fueron intentos infructuosos.

-Pfff… como vaquero te mueres de hambre.- me dijo Sussman.- Deja intentarlo yo.

-Espera, solo una vez más.- contesté y finalmente al tercer intento el lazo le rodeó el cuello.- ¿Ves?, ahora ayudame a jalar.

Lamentablemente algo no había previsto y fue que cuando jalamos la cuerda con Sussman, esta le rompió el cuello a la infectada.

-Ugh, eso se oyó feo… - me dijo.

-Parece que le torcimos el cuello… no importa, sigue jalando. El zombie gruñía de forma espantosa, realmente quería hacernos pedazos.

Una vez que llegó arriba pudimos comprobar lo del cuello, pero ya no había mucho que hacer. Con agilidad le cubrí la cabeza con una capucha negra y luego nos encargamos de derribarle. Mientras pedía el helicóptero, Sussman le ataba las manos a la espalda. Y allí quedó en el suelo mientras esperamos…. Desesperada, ciega, y gruñendo bastante enfadada.

 Posteriormente y ya de regreso en Washington me llegó el reto por  lo del cuello roto. Según supe necesitaban a esa infectada en particular ya que se trataba de una doctora… y algo querían hacer con ella, experimentar con algo. Pero, honestamente hice pocas preguntas aquella vez e igualmente les sirvió aún sin el brazo izquierdo y con el cuello roto.

 

Qué diablos, si no les gusta para otra oportunidad que vayan ellos…






















Y Sussman se quedó con la M-134.... vaya idiota.


LEON S. KENNEDY 00:23   A.M.








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domingo, 12 de enero de 2014

El inocente




Muchas veces tuve que resguardar zonas de catástrofe en espera a que Boys-scouts del gobierno llegaran a examinar y a realizar planes de levantamiento. Focos de infección aislados y totalmente inhóspitos pueden llevar a un grupo de hombres a un aburrimiento anormal, un aburrimiento que nos fue interrumpido abruptamente y de una forma horrible para mí… resulta que durante una noche de relevo mientras hacíamos la guardia al parecer un infectado me había mordido en la mano derecha, no lo noté hasta el otro día cuando mis compañeros de armas me hicieron ver la herida.

-Es… es imposible, hubiese despertado ¿Quién diablos estaba de guardia anoche?, ¿no eras tú, Jack?- pregunté alarmado por la mordida.

-Lo siento, Leon… creo que… me dormí…- me contestó el atolondrado chico.

-¿Te dormiste?... ¿¡te dormiste, hijo de perra!? ¡Pudimos haber muerto!

Iba a arrojarme sobre él para estrangularlo, pero Kobrich se interpuso deliberadamente en medio y me apuntó con su pistola justo a mi cabeza, los otros 3 soldados me desarmaron. Lo que seguía solo era parte del procedimiento… debían hacer lo que debían hacer… y eso era darme un balazo en la cabeza en un lugar alejado del campamento. No opuse resistencia en lo absoluto, simplemente caminé unos pasos frente a mi ejecutor (Kobrich) en dirección a ese lugar alejado del campamento. Apenas y podía comprender lo que estaba sucediendo, ¿cómo?, ¿porqué?... no podía morir ahí en ese lugar.

-Kobrich, la mordida ni siquiera duele… no lo sé, es posible también que lo haya hecho un animal…- dije de pronto acariciando la mordida que tenía en mi mano derecha.

-Leon, en esta ciudad el virus alcanzó un nivel de contagio por sobre el 90%... hasta un animal puede tener el virus.- me dijo tranquilamente y sin inmutarse.

Caminamos largos minutos hasta que llegamos a un llano desolado, era creo ya casi mediodía el cielo era gris y nublado…. Creo sin temor a equivocarme que se trataba del día más feo que había visto en mi vida.

-Demonios, Leon. Jamás creí que iba a tener que hacer esto.- me dijo de pronto Kobrich examinando su arma.

-Y no tienes porqué hacerlo…, amigo, ésta mordida puede ser de cualquier cosa… ¿porqué nadie más está herido?

-No lo sé, pero tú sabes que no podemos correr riesgos… de verdad lo lamento mucho.

-Kobrich, espera… por favor, hombre… dame una chance… esperemos un rato a ver si me convierto en zombie, dame ese beneficio.

-Es muy peligroso, Leon… y tú lo sabes, ¿porqué ahora estás tan acobardado?

-Porque antes no se trataba de mi maldita vida, por eso.

Me encontraba suplicando por mi vida a unos 3 metros de donde estaba Kobrich con su arma. Mi cabeza trabajaba a mil pensamientos por minuto pensando en cómo zafarme de ésta, arrojarme sobre él y noquearlo, moverlo a compasión y derribarlo de improviso… pensaba también si algo podía salir mal uno de los dos terminaría muerto, y si yo sobrevivía… debía huir del resto de los soldados en el campamento. Definitivamente no quería morir ahí en ese lugar y mucho menos de una forma tan ilógica, tampoco sentía que iba a morir… era todo tan extraño.

-Bueno, no alarguemos más esto…- me dijo y me apuntó al fin con el arma. Yo sudaba y mis labios apenas podían moverse.

-Kobrich… piensa un maldito segundo… ¿porqué aún no me convierto en zombie?, si la mordida fue durante la noche… ¿porqué aún no me ocurre nada?

-No lo sé, Leon. ¿Tu metabolismo quizás?... es igual.

-¡Kobrich!- exclamé para intentar remecer su consciencia.-¿Quieres dinero?... ¿qué puedo hacer por ti?, dímelo.

-No me interesa el dinero… me interesa la seguridad del campamento y ya falta poco para irnos, no jodas.

Guardó silencio y volvió a apuntarme.

-Kobrich, maldición… ¡dime qué diablos quieres!, ¡por favor no jales el gatillo!

 De pronto comenzó a reflexionar, se quedó mirándome por un segundo  y bajó el arma. Yo respiré profundamente creo que estaba a punto de darme un infarto.

-Bueno, creo que hay algo que puedes hacer…-me dijo al fin y echó una mirada al campamento.

-Lo que sea…- contesté aliviado.- ¿Qué es?

-Pero debemos ir a un lugar un poco más alejado…

-¿Porqué?, ¿qué es?

-No te preocupes no es la gran cosa… solo para desahogarme…  ya sabes.

-No, creo que no…- le dije confundido. Palabra no tenía idea que quería.

-Vamos, llevamos varios días acá totalmente aislados… y todos tenemos una necesidad física básica… digamos que libera endorfinas y qué se yo…. ¿me sigues no?

-Kobrich, por favor, se más específico ¿de qué diablos hablas?- pregunté al fin sin rodeos.

-Una “rapidita”… y eso es todo.

-¿Qué es eso?

-Una “rapidita”, ya sabes… yo saco mi espada, tú te pones de rodillas… la limpias, la acaricias… ¿cazas la onda?

¿Qué demonios le estaba sucediendo a Kobrich?, ¿en verdad me estaba pidiendo lo que yo creo que me estaba pidiendo?.... Por un momento todo pareció detenerse, hasta mi corazón. Esto no podía estar pasando era tan surrealista y absurdo, casi parecía una broma de….

…si, lo era, ahí me di cuenta…. Recordé que era 28 de diciembre….

-¡Kobrich, hijo de perra… hoy es dia de los inocentes!- le dije furioso.

De pronto unas carcajadas salieron de un escondite a mi izquierda, los soldados del campamento estaban allí ocultos. Todos me habían jugado una broma de dia de los inocentes, durante la noche mientras dormía me hicieron la mordida falsa en la mano.

-Jajajaja, eres una inocente palomita, Leon.- me dijo Kobrich y guardó su arma muerto de la risa.

-Hijos de perra… no puedo creerlo- exclamé y de pronto una sonrisa brotó de mis labios.- ¿sabes qué es lo peor?... que si hubieras insistido un poco más creo que hubiera terminado haciéndote la “rapidita”.

 Las risotadas de los demás duraron varios minutos y yo, bueno… finalmente feliz de que todo al final había sido una estúpida broma.

Una broma del día de los inocentes.














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domingo, 22 de diciembre de 2013

Nos patina el coco


 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Fue una solución parche. Algo apresurado e improvisado para saber qué demonios había pasado con nosotros.

Nos enviaron de urgencia a un monitoreo psiquiátrico y yo esperaba mi turno junto a dos hombres más en la salita de espera. Fue todo tan rápido que ni siquiera nos dio tiempo para cambiarnos, llevábamos puestos trajes de combate y aún portábamos nuestras armas. La secretaria del loquero nos miraba de vez en cuando de reojo y asustada seguramente preguntándose “¿qué demonios hacen estos tipos aquí?” , en cambio a mí me preocupaba más la hora…, Sussman, uno de nuestros compañeros, ya llevaba más de 20 minutos con el psiquiatra.

-Oh, Dios… ¿porqué diablos tarda esto tanto?- pregunté finalmente llevándome ambas manos al rostro.- ¿No nos pueden dar vacaciones y ya?

-Sussman debe estar intentando convencer al psiquiatra.- me contestó Dwight.- Creo que tenemos al menos para una hora.

Acto seguido la puerta del despacho se abrió y apareció Sussman, ya había terminado su entrevista.

-Es su turno ahora, señor.- me dijo de pronto la secretaria.

Me levanté con prisa y me dirigí al despacho, me crucé con Sussman pero él ni siquiera levantó la vista… parecía estar muy ofuscado. Entré y me recibió el doctor quien me invitó a recostarme sobre un largo sofá, no pude evitar sonreír por la escena, ah pero antes me pidió dejar mis armas sobre una mesa.

-Bien, Apellido y nombre.

-Leon… Kennedy.- respondí.

-¿Su apellido es Leon y su nombre es Kennedy?

-No, disculpe… Ahm… Kennedy… Leon Scott.

-¿Edad?

-25 años.

-¿Consume drogas?

-¿Se refiere a drogas ilegales?

-Sí, drogas duras.

-Hmmm…. Nop.

-Ajá, ¿hay algún historial de enfermedades psicológicas en su grupo familiar?- me preguntó.

-¿Cuál grupo?

-¿Disculpe?

-Digo… no, la verdad no.

-Bueno, cuénteme entonces ¿qué fue lo que ocurrió?

-Bien….. mis compañeros y yo nos encontrábamos en Raccoon City, creo que usted ya ha oído hablar de esa ciudad, y estábamos de lo mejor cumpliendo con nuestras obligaciones… liquidando a una que otra persona zombificada cuando en un callejón lo ví.

-¿En un callejón lo vió?- me preguntó incrédulo.

-Así es, lo ví bajo un farolito. Estaba allí… mis compañeros luego también lo vieron y lo incluimos posteriormente en el informe. ¿Es de locos, no?

-Ya lo creo, ¿y qué estaba haciendo?

-Ahí estaba de nuevo parado bajo el farolito con una pistola en la mano y se ocultaba de unos infectados…

-¿Entonces tenía manos?- me preguntó el doctor.

-Sí, y dos piernas. ¿Fue lo que le dijo Sussman, no?

-Si, si… ahora bien, usted ha dicho “ahí estaba de nuevo”, ¿Qué acaso lo vio antes en alguna otra oportunidad?

-Ooh si.

-¿Cuándo?

-Cuando estuve por primera vez en Raccoon City, el año 1998.

-¿Me podría decir como fue esa experiencia?

-Horrible, pero en cuanto a lo que nos convoca debo decir que fue hasta gracioso. No me lo esperaba ¿sabe? Y fue una sorpresa hilarante, pero modificó por completo mi dieta…

-¿A qué se refiere?

-A que después de ese encuentro jamás volví a probar el tofú.

 
 
 
... es cierto, no he vuelto a probar el tofú y me dieron vacaciones.
Leon S. Kennedy, 01:12 AM.


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sábado, 2 de noviembre de 2013

5 años del blog








El blog cumple este mes cinco años de vida, así es, y en la página de Facebook haremos un recuento con lo mejor de las historias del señor Kennedy además de un repaso a los personajes que aquí hemos conocido. Visiten el link:

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Saludos!    :)

miércoles, 16 de octubre de 2013

Ruidos molestos


Escucho ruidos… eso es todo.

Ruidos molestos si es que alguien me pide ser más específico…

Hoy los adolescentes suelen llamarle “música”. ¿En qué punto los ruidos molestos pasaron a llamarse música? Supongo que en el mismo punto en que los adolescentes pasaron a dominar el mundo… pasaron a controlar el mercado. Bien lo sé por Sarina Torres, adolescente de 15 años estrella de pop para jovencitos. Hoy está dando un concierto para 65 mil personas en recinto semi-cerrado.  Es una locura, durante un año de gira por los EEUU esta chica ha ganado más dinero que yo en todos mis años de vida… contando también las veces en las que mi trasero ha estado corriendo peligro. Bueno, qué más da… soy un hombre de mediana edad del cual nadie se preocupa… este mundo es así, y se pone peor cuando el dinero escasea. A propósito de dinero… me faltan 5 centavos para poder comprar una gaseosa en la máquina expendedora, creo tener unas monedas en algún bolsillo de mi chaqueta.

-¡Kennedy!, ¿qué diablos estás haciendo aquí?... ¿porqué no estás en tu puesto?- Me interrumpe de pronto la voz de Jackson, el supervisor de los guardaespaldas de Sarina. Es un negrote de casi 2 metros de altura con alma de general de ejército.

-¿Qué no lo ves, Jackson?... quiero una gaseosa, por cierto… ¿no tienes 5 centavos que te sobren?

-Oh, ¿te crees muy listo, verdad?- me dice acercándose un par de pasos desde el pasillo.- Sí, debes serlo si a tus treinta y tantos años debes aún estar buscando trabajo… y para colmo lo único que consigues es tener que cuidarle la espalda a una chica que en una noche gana más dinero que tú en una década.- el tipo me odia, pero no me preocupa porque es un sentimiento mutuo, y él lo sabe.- ¿Eh?, ¿qué sucede?... ¿callado?

-Me duele la cabeza.- le digo y con alivio encuentro al fin los cinco centavos en uno de los bolsillos de mi chaqueta.- Ese ese ruido, ¿sabes?... eso que canta Sarina. ¿Has escuchado “Purple rain” de Prince? Esa es una buena canción, buenos tiempos… lo de hoy la verdad es que no me va.

 Jackson baja la cabeza y esboza una leve sonrisa. Me va a cortar, lo sé. Francamente no me importa… no aguanto un día más de gira.

-Como quieras, perdedor.- me dice.- Tomate tu gaseosa y luego cubre tu puesto. Trabajas solo hasta hoy… buena suerte cuando estés en la fila de desempleados.

Se va, y la gaseosa sale de la expendedora. Fría, inerte… húmeda. La destapo y llevo su contenido a mis labios. De fondo sigue ese ruido y la voz chillona de Sarina haciendo que sus fans caigan en éxtasis. Con toda la calma del mundo regreso tras el escenario solo para que me paguen el día y no sea un despido justificado.

Desde mi posición tengo una vista privilegiada. Sarina y sus bailarines dando un gran espectáculo para otros chicos casi de su misma edad quienes gritan, cantan, lloran y se desmayan. Un mar adolescente se extiende por el recinto bailando y coreando ritmos envasados y letras que no dicen absolutamente nada. Me pregunto si yo en mi adolescencia fui igual, lo más probable es que sí.

Falta 1 hora para que el show de Sarina Torres termine, seguramente será la hora más larga de mi vida. He tenido muchas de esas, parado, bajo la lluvia… o muerto de calor, completamente solo o con la más tediosa de las compañías, ¿porqué si he tenido tantas siento que esta será tan tortuosa?, ¿porqué esta será tan condenadamente maldita? Casi deseo que algo suceda… que algo me salve del…

 

 


 

 

Entonces sucede…

 

Me costó distinguir los alaridos de éxtasis de los alaridos de horror… una a una las caras fueron transformando su alegría en muecas terroríficas. El rojo carmesí de la sangre fue salpicando cuerpos y esa mancha fue creciendo considerablemente entre la masa del público. Los pobres chicos no sabían hacia donde arrancar… comenzó el caos, la música se detuvo…

Sarina Torres por fin se calló la boca.

En el escenario los bailarines huyen, todo el mundo corre tras bambalinas, pero yo avanzo… firme y decidido. Salgo de mi posición y camino hacia el escenario preguntándome cómo y porqué… preguntas estúpidas, pero que por una extraña razón nunca me he dejado de hacer.  Aquí estoy, en el escenario… dueño del show, saco mi revolver y voy hacia el borde para enfrentarme al público, miles de chicos infectados… muy pronto lo entiendo:

Los infectados… los zombies… la muerte es mi público, y yo….

Yo soy la estrella.





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jueves, 15 de agosto de 2013

Leoncio el Leon

















Epílogo de "Pistolas & Espadas" escrito por Graham Bacon





Ajá, bueno… me han pedido cerrar y escribir el epílogo final entre la pelea de Dante y mi Leon ocurrida hace ya algún tiempo, ¿quieren saber quién ganó finalmente? Bueno, el resultado es bastante obvio, pero debo aclarar que tuve mucho que ver en la victoria del poli. No es de mayor sorpresa enterarse de que la pelea entre Dante y Leon iba a ser ganada por Leon.

Un Angel-Demonio y un poli con mucha suerte peleándose por mí… eso jamás lo esperé, me sentí como princesa durante un rato. Pero, he de aclarar que Leon la tuvo bastante difícil allí en el cementerio. Así es, luego de la persecución en motocicleta fuimos a dar a un cementerio. Las tumbas volaban, las cruces iban y venían… los ataúdes fueron rotos y huesos fueron desparramados, todo terminó hecho un macabro desastre. Ahora bien, sí es verdad, todo fue  causa de mí… cuando anduve por Limbo City (en la época donde yo viajaba por el universo a mi antojo) se me ocurrió contar un chiste sobre la madre de Dante y bueno, éste llegó a oídos de él… y desde ahí que me buscaba para arrancarme la cabeza. Luego de eso yo volví a casa, perdí mis poderes… la ONU aprovechó para arrestarme, Leon me estaba escoltando y ¡puf! Apareció Dante para cobrarse venganza a causa del chiste aquel.

A Leon lo estimo bastante, el hecho de que yo sea un asesino y él sea un boy-scout no es razón para que no haya querencia. Aunque estemos en los extremos opuestos siempre nos ha conectado algo. Asi es, y agradesco infinitamente de que se haya roto 3 costillas, su brazo izquierdo y su pierna para salvar mi trasero europeo en ese cementerio… pensándolo bien, Leon Scott Kennedy es uno de los pocos yankees que aprecio. Bueno, ya dije quien fue el ganador y como acá no hay chocolate entonces me borro, ah, pero  antes me gustaría aclarar un par de cosas que se han dicho de mí y son un poco exageradas:

1-NO SOY TRAVESTI: Sí, es un mito que me gustaría aclarar desde ya… a ver, quienes han asesinado a muchas personas saben que no se puede llegar a matar mucha gente sin que las autoridades te empiecen a molestar y te busquen. Bueno, yo tuve que disfrazarme de mujer muchas veces para poder moverme en europa, caracterizarme de condesa, etcétera, ya saben… para burlar a los polizontes, pero eso lo hago solo cuando tengo que evadir, no es que me pase todos los días vestido con pantaletas.

2-TAMPOCO ASESINÉ A MEDIO MUNDO:  Soy un genocida, sí, pero tampoco es que me haya despachado a un continente entero. En verdad, fue algo así como haber liquidado a dos países, pero dos países pequeños. Digo, y tampoco lo hice por maldad ¿no les ha pasado que a veces anhelan algo con todas sus fuerzas y no faltan los que se interponen en el camino? Pues así ha sido, un pequeño accidente nada más.

Bien, ya dije quien ganó la pelea, ya aclaré lo que quería aclarar y ahora me voy pues mi celda acolchada me espera, la ONU me ha confinado un lugar bastante cómodo para mi encierro…

 

Cerdos, después de que me pedían favores cuando tenía mis poderes… pero ya llegará mi hora nuevamente.

Algún día volveré a viajar por la galaxia, por planetas desconocidos con sus civilizaciones repugnantes y terribles, por soles mellizos… donde mundos con cielos color verde y océanos de cristal guardan abominables secretos…. Sí, iré más allá del cosmos… más allá de la nada misma, más allá de lo ilógico… ¡ y los dioses condenados volverán a favorecerme y me otorgarán sus poderes nuevamente!

 

No contaban con mi astucia   u.u

 
 




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