sábado, 8 de septiembre de 2012

La inyección letal




Jamás lo pude entender…

Spencer alguna vez fue un gran sujeto… un hombre de bien, pero en algún punto erró el camino.

La noche antes de su ejecución tuve horribles pesadillas. Un amigo, alguien cercano a mí iba a ser ajusticiado por actos genocidas en Asia. Usé todas mis influencias para intentar evitar aquel desgraciado destino y así salvar al amigo a quien alguna vez quise, pero fue inútil… sus actos depravados e inhumanos ya habían sellado su perdición. Fue condenado a la inyección letal un crudo día de invierno del presente año.

La cámara de ejecución se encontraba poco concurrida, asistieron Sussman y Herb (ambos amigos del FBI) más el director del comité de justicia del estado mayor, quien hacía de testigo de fe. Nos sentamos en primera fila, cuales adolescentes que van a presenciar el estreno del verano al cine. Todo era muy raro para mí… he lidiado con la muerte casi toda mi vida, pero aquella vez me sentía demasiado temeroso y nervioso por lo que iba a suceder. Al cabo de unos minutos entraron unos guardias armados, señal de que el “hombre muerto caminando” había comenzado. Por fin Spencer entró a la habitación blanca tras el otro lado del vidrio, venía esposado y se encontraba extremadamente pálido y en ningún momento levantó la vista.

-Descuida, Leon…- me dijo de pronto Sussman al verme tan afectado.- Todo saldrá bien.

  Spencer fue amarrado a la camilla con forma de cruz y una vez estuvo listo, lo inclinaron en forma vertical para que nos pudiera ver de frente… para decirnos sus últimas palabras. No dijo nada, pero olvidándome de todo protocolo me levanté de la silla y me acerqué al vidrio… los guardias no tardaron en reducirme y me advirtieron que me sentara o me arrestarían. En ese instante Spencer levantó la vista y con sus ojos llenos de lágrimas habló:

-Solo quiero decir… que merezco morir…- dijo con la voz quebrada.- soy culpable de la masacre en Asia, pero pido perdón…. Les pido perdón a todos ellos y a tí, Leon… sobre todo a ti…

  Acto seguido volvieron a bajar la camilla y comenzaron a administrarle el veneno a través de una jeringa en su brazo. Jamás pude entender como Spencer se convirtió en un genocida si lo tenía todo, absolutamente todo…. Era millonario, dueño de varias empresas transnacionales…, nos habíamos hecho amigos hacía ya varios años y compartíamos la misma afición por la literatura… y todo se había arruinado, su ambición por más dinero y más poder le hicieron asociarse con la gente equivocada, a cometer actos equivocados… para cuando se dio cuenta… ya lo estaban ejecutando.

Finalmente y tras 35 minutos desde la primera inyección, Spencer había exhalado por última vez… murió a las 2 de la madrugada de aquel día de invierno. Ahora venía lo peor… lo realmente terrible, lo que me tenía nervioso y preocupado, aquello por lo cual la noche anterior tuve amargas y terribles pesadillas. Sussman se comunicó por móvil y dio luz verde a la operación GRIMM. La sala ya se había desocupado, los guardias se fueron como así también todo el personal de gendarmería y los asistentes de la ejecución. Al cabo de unos minutos entró un nuevo personal médico con escafandras blancas y el símbolo del gobierno de los EEUU en su pecho, nos hicieron un saludo y comenzaron a trabajar en Spencer quien ya a esa altura llevaba 50 minutos clínicamente muerto en la camilla. A través del cristal vimos toda la operación,  hicieron que su corazón comenzara a bombear otra vez gracias a un dispositivo hidráulico artificial mientras toda su sangre era reemplazada por una repugnante sustancia verde que contenía el virus progenitor… el maldito virus progenitor. Gracias a un catéter ese trabajo fue concluido de forma impecable…

-Ya te lo dije, Leon… descuida… todo saldrá bien.- me repitió Sussman al verme tan descompuesto.

Hasta el día de hoy sigo batallando con el infame dilema moral que significa negarle a un hombre el derecho a morir. Spencer ya estaba muerto, ejecutado, fue ajusticiado según la ley de la constitución de los EEUU. Pero a razón de un misterioso y secreto pacto entre el gobierno y el hermano gemelo de Spencer decidieron aplicar en él el macabro proyecto GRIMM. Lo único que sé es que este programa viene de varios años tratando de dar con el anhelado Super-humano, creo que Spencer estuvo involucrado también en dichas investigaciones, patrocinando matanzas a nivel mundial.

  Pasaron 20 minutos y través del cristal vimos las primeras convulsiones manifestarse en el cadáver de Spencer, comenzó a retorcerse hasta que de pronto se levantó de la camilla asfixiado, no podía respirar, estaba completamente morado, sus ojos casi se salieron de sus cuencas… los médicos lo sujetaron para que no se hiciera daño y lo arrojaron al suelo. Spencer abrió la boca y dio un terrible grito de horror…

Se encontraba aterrado de haber vuelto a la vida….


 Pasaron las semanas y Spencer fue llevado a una hermética instalación de seguridad del gobierno, la cual ni siquiera los satélites tienen autorización de monitorear. Allí me enteré de que se había vuelto loco, no podía concebir la idea de haber regresado de la muerte… mató a tres militares y a dos enfermeras con sus propias manos. Pasó la mayor parte del tiempo inconsciente gracias a la extracción de cierta cantidad del líquido verde que corría por sus venas y que contenía el virus progenitor. Al cabo de un mes y medio logró entrar en razón y sus ataques de pánico fueron cada vez más esporádicos. Uno de esos días pude entrevistarme con él, tuve acceso a la instalación de seguridad y me dieron unos minutos para poder charlar con él. Fue un encuentro ingrato, en una oscura sala húmeda y fría, él se encontraba sentado bajo la tenue luz de una lamparilla que reafirmaba de manera asquerosa su piel grisácea, su voz… su voz era cadavérica…

-Leon… ya estoy bien…- me dijo casi susurrando.- estuve muerto, pero volví… trabajaré para el gobierno.

-Es lo que oí.- le contesté.- yo… lamento mucho que esto te sucediera, amigo mío…

-¿Por qué?- me contestó con una sonrisa que dejó ver sus deteriorados dientes amarillos.- He muerto, y he resucitado… soy muy fuerte, ¿sabes?, y cada vez soy más veloz… - en ese punto se puso de pié y pude ver que en su espalda llevaba una especie de mochila pequeña incrustada en su columna.

-Comprendo… -le dije.- te has convertido finalmente en el super-hombre… ¿no es así?

-No, Leon… estás muy equivocado…-me dijo y sus ojos brillaron con una malignidad que difícilmente voy a olvidar.- ellos me han convertido en un Super-Zombie… han experimentado muchas cosas conmigo y entre ellas la de manipular a los infectados, ellos obedecen mis ordenes, Leon… soy su amo y señor…

-Vaya… eso es una muy buena noticia, Spencer… grimm…- contesté con cierto nerviosismo.- eres muy valioso para nosotros.

-Lo sé… lo sé… - repitió con esa voz susurrante y fúnebre.


  Ese fue todo el encuentro con Spencer Grimm. Me despedí y ya no le he vuelto a ver. He oído rumores de que lo pondrán a cargo de una misión en Africa, espero no tener que toparme con él… siento que aquella cosa con la que me entrevisté ya no era mi amigo. Lo último que supe es que lo del Super-Zombie se lo ha tomado muy en serio... y hasta se ha tatuado el rostro.












Desde ayer han vuelto mis pesadillas...

LEON S. KENNEDY, 02:45  A.M.



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El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Mi perseguidor




























El desierto africano…


Raras fueron las circunstancias que me obligaron a ir a ese lugar a causa de una razón militar, ligada naturalmente a un incidente bacteriológico desatado en una pequeña aldea de nombre extraño, tan extraño que ya no lo recuerdo. Una serie de hechos desafortunados y lamentables habían acabado con mi munición de armas y suministros de agua, me encontraba totalmente abatido e indefenso, sin contar también el hecho de que una herida producida por una esquirla de granada había roto mi rodilla… por lo cual no podía caminar, sino que a duras penas solo podía arrastrarme.

 Lejos de la aldea, y de todo contacto con algo medianamente “motorizado”, arrastrarme por la tierra, por el lodo, el follaje y la arena era todo lo que me quedaba por hacer, sin embargo… la vida me ha enseñado que todo siempre PUEDE SER MUCHO PEOR, así que ya el hecho de poder arrastrarme lo agradecía infinitamente. Me encontraba recostado bajo un árbol seco típico de la sabana africana cuando una llamada por radio me alertó, mi contacto y en ese entonces mejor amigo de infanteria me tenía una escalofriante noticia: La situación en la zona se había salido de desmadre y la orden desde los EEUU era retirar a todo el personal militar que había ido a la zona, no podían ir a recogerme, aún tras enterarse de mi paupérrimo estado, pero el helicóptero de mi amigo podía esperarme hasta 48 horas desde su posición a unos 20 kilómetros más al norte desde donde yo me encontraba. Así que sin perder más tiempo emprendí el agónico camino hasta el helicóptero, eran cerca de las 9 de la mañana y calculaba que a mi ritmo podía llegar poco antes del anochecer.

  A eso del mediodía salí de la agobiante humedad que me ofrecía la zona de árboles y abundante vegetación desde donde partí para encontrarme cara a cara con un desolador paisaje desértico. Comencé a arrastrarme por la arena y debí luchar contra toda clase de fantasmas que surgían en mi cabeza, todos ligados a la desesperación y al fracaso. En ese momento deseé haber aceptado la oferta de recibir entrenamiento de boina negra, pero ahora que lo pienso… para alguien que solo quería ser policía, y que duró un solo día en el puesto… como tal era mi caso, me reconfortó el hecho de salir airoso de varias situaciones igual de duras y extremas en el pasado. A eso de las tres de la tarde sentía que literalmente me estaba cocinando, me detuve y bebí un poco de agua de mi cantimplora, miré hacia atrás y pude ver el rastro que dejé con mi cuerpo al arrastrarme por la arena… me consoló el hecho de no ver la pequeña selva desde donde había partido, eso quería decir que había avanzado más distancia de la que yo imaginaba. Iba a reanudar mi marcha cuando un punto atrás a mi derecha llamó mi atención… me quedé mirándolo fijamente por unos minutos hasta que pude darme cuenta que se trataba de un hombre, un hombre que venía a mi encuentro. “Tengo dos opciones”, pensé, “esperar un poco más para ver si es alguien que me pueda ayudar… o perder minutos preciosos de escapatoria si es que se trata de un infectado”. Obviamente, me incliné por lo segundo, si se trataba de alguien normal correría hacia mí o me gritaría algo.

Fingiendo que no vi nada, reanudé mi camino y comencé a arrastrarme nuevamente. No fue hasta unos 15 minutos después que giré mi cabeza para mirar hacia atrás y allí, con horror descubrí que se trataba de un infectado, se había acercado cientos de metros… caminaba de forma torpe y lenta, pero aún así era más rápido que yo arrastrándome. Lo que más llamó mi atención fue que el infectado no era ningún desconocido, se trataba del piloto del avión que nos había llevado a la aldea… su apellido era Dwight, y habíamos charlado un poco sobre deportes, me contó que había hecho una fortuna apostando en un juego de los Lakers. Un golpe de terror impactó mi pecho y comencé a arrastrarme, esta vez redoblando mis esfuerzos para ir más rápido. Cada tanto iba mirando hacia atrás y comprobé que a ese nuevo ritmo podía mantener la distancia entre el zombie y yo, que eran unos 35 metros aproximadamente. Aún ante lo realmente terrible y trágica que era mi situación… no pude evitar sonreir un par de veces, era hasta cierto punto cómico verme a mi mismo escapando de un infectado a paso de tortuga, arrastrándome en el desierto. Al cabo de unas horas, y al sentirme un tanto cansado me detuve y decidí regalarle a Dwight un par de metros. En ese momento hice algo que de un comienzo supe que no resultaría, pero no podía dejar escapar la chance de experimentar…

-¡Hey, Dwight!- grité.- ¿Me recuerdas?... ¡soy Leon!, ¡Leon Scott Kennedy!

  El infectado continuaba acercándose a un temible paso lento.

-¡Dwight!, ¿recuerdas que me hablaste de los Lakers?- volví a insisitir-¡Por favor, no me comas, hombre!, ¡soy tu amigo Leon!

Pero era inútil, el infectado continuaba su marcha con una mirada perdida, reflejo de la muerte misma y una bilis repugnante chorreando de su boca.

-¡Como quieras!... pero te aseguro que no te va a ser fácil atraparme…, maldito idiota.- dije y comencé de nuevo a arrastrarme por la arena.

   Contrario a lo que la gente quizás pueda pensar, las noches en el desierto africano son igual de calurosas que en el día, sin embargo la luz del sol ya no me quemaba ni dañaba mis ojos, eso ya era bueno. La noche había llegado, y allí bajo la luna… yo luchaba por mi vida arrastrándome por la arena huyendo de un zombie, totalmente desarmado y malherido no podía darme el lujo de detenerme para regalarle más metros a Dwight. Obviamente erré mis cálculos, quizás durante la mañana lograría llegar al helicóptero, pero para ello no debía detenerme ni un solo segundo. Era ya entrada la madrugada y el cansancio no me daba tregua, sin embargo era mi vida la que estaba en juego así que solo debía preocuparme de no bajar tanto el ritmo.

-¿Hasta donde me piensas seguir?- grité de pronto hacia atrás.-Te tengo malas noticias, Dwight… estoy seguro que me ves y se te hace agua la boca por probar este bistec, pero tengo otros planes… y en esos planes no estoy incluido yo como plato de fondo.

Finalmente llegó el día otra vez. La distancia entre el infectado y yo se había acortado, pues forzosamente tuve que detenerme en algunas ocasiones para descansar y con ello Dwight avanzaba algunos metros… quedamos a unos 20 metros de distancia. A eso de las 10 de la mañana pude ver una edificación de baja altura en el horizonte, esa visión fue como un bálsamo para mi espíritu…. Continué arrastrándome con más fuerzas aún hacia ella. Al cabo de dos horas la distancia entre el zombie y yo era poco menos que de 10 metros… ya no me quedaban fuerzas, apenas y podía seguir arrastrándome. Mi mente estaba intacta, pero mi cuerpo… sobre todo mis brazos ya no daban abasto… más de 24 horas llevaban ya librando una dura batalla para mantenerme con vida. De pronto el sonido de un vehículo motorizado llegó a mis oídos, del recinto militar al cual yo arribaba, enviaron un jeep en mi auxilio…. Tardó solo segundos en llegar hasta donde yo estaba, yo me detuve, no tenía ya más fuerzas… hundí mi rostro en la arena. No me había percatado de cuan cerca se encontraba el infectado a mis espaldas, solo sentí un disparo y Dwight cayó a mi lado.

-Hola, Leon… ¿feliz de vernos?- me dijo mi amigo bajando del jeep con un rifle. Él había eliminado al infectado.

-Solo denme agua… luego vendrán los agradecimientos.- contesté dándome vuelta en la arena.

-Te vimos con los binoculares, ¿Cuánto tiempo llevabas huyendo del zombie?

-Lo suficiente como para tener pesadillas con él durante una semana…

-OK, ¿qué te pasó en la rodilla? No me digas que te mordieron… si es así el protocolo dice que debo balearte aquí mismo.- me dijo con cierto dejo de ironía.

-Muy gracioso…- contesté mientras me depositaban sobre una camilla.- lo recordaré, para cuando me convierta serás tú el primero al que voy a morder… después de tu esposa.



  Ese mismo día regresamos a EEUU. Aún me estoy recuperando de la rodilla, uso bastón, pero al menos no debo arrastrarme.





… todo siempre puede ser mucho peor.

LEON S. KENNEDY, 00:27 A.M.


lunes, 2 de julio de 2012

No debí estar allí
























SEGUNDA PARTE Y FINAL



 Unos cuchicheos me despertaron en medio de la oscuridad absoluta, poco a poco la palabra llegó con claridad a mis oídos, se trataba de mi nombre:”Leon”. Alguien me estaba llamando. Me erguí sutilmente desde donde estaba recostado y por la básica noción que uno pude tener del espacio reducido en la oscuridad pude comprobar que dos hombres se habían arrimado muy cerca de mí.

-Tranquilo, soy yo… Charles.- me dijo la silueta que estaba frente a mí.- no he encendido la lámpara pues no quiero despertar al muchacho, ¿lo oyes roncar verdad?

  Efectivamente, a mis oídos llegaron unos débiles ronquidos desde unos cuantos metros más adelante.

-Hey, te presento a Erich… no hemos tenido la oportunidad de charlar los tres.- me dijo de pronto Charles.

-Hola…- me saludó la silueta que tenía a mi izquierda. Era todo muy raro, por unos segundos dudé de haber despertado pues la escena parecía sacada de un mal sueño.

-¿Qué sucede?- pregunté al fin.

-Debemos hacer algo con respecto a nuestra situación.- me contestó Charles.- Vamos para el 5to día sin alimento ni agua, y para como va el asunto… es altamente improbable que algo vaya a cambiar. Pero… yo no quiero morir, ni Erich tampoco, ni ese muchacho que duerme tampoco, y estoy seguro que tú Leon… tampoco.

-Lo sé, pero es mejor no pensar en ello, créanme, no se concentren tanto en la muerte…- contesté.- he estado en situaciones igual de terribles y esa clase de pensamientos no ayudan en nada.

-Es que ese es el punto, tú estás entrenado para sortear condiciones extremas, y nosotros no… para nosotros esto es el doble o el triple de intolerable que para ti. Esta situación es muy oscura y tétrica, Leon… por ende las medidas que podemos tomar han de ser irremediablemente igual de tétricas...

  No me gustaba. No sé si era por la oscuridad, o por haber despertado de mal humor, o por encontrarme rodeado de dos siluetas en un espacio muy reducido, el punto es que me sentía demasiado incómodo y esa charla no me estaba gustando.

-Bien, ¿y esas medidas son?- pregunté.

-Seamos realistas, debemos comer algo…- me dijo Charles desde la oscuridad absoluta.- he pensado en ir y tratar de deslizarme por entre los escombros a ver si encuentro algún camino a la superficie o algo así, pero estamos muy débiles…y debemos comer.

-Bueno, de ser por eso yo puedo ir y hacer ese intento ya que me siento menos débil que ustedes…- respondí.

-¿Y si no regresas?...- preguntó de pronto la voz de Erich quien hasta entonces se había mantenido al margen.- ¿Si vas, encuentras una salida y huyes?, ¿o si un escombro te cae encima y te aplasta la cabeza? O lo más probable: ¿si vas y no hay ninguna obertura y vuelves sin nada? El problema de la comida sigue para nosotros.

-No comprendo, ¿qué es lo que quieren decir?- pregunté un poco confundido.

-Necesitamos comer, Leon…- me replicó Charles.- Ya sea para poder movernos o para sobrevivir unos días más, el mandato es el mismo: debemos comer si o sí.

-¿Y piensan pedir una pizza?- pregunté con tono sarcástico.- Estamos enterrados varios metros más debajo de la superficie, ¿qué no se han dado cuenta?

-Sí que nos hemos dado cuenta, Leon… eres tú el que aún parece no darse cuenta.- me volvió a insistir Charles desde la penumbra.- Tú estás entrenado, nosotros no y no queremos morir… hay solo una solución para nuestro espantoso padecimiento y debemos resolverlo de la forma más madura posible… uno de nosotros debe sacrificarse por el resto, ¿entiendes? Uno de nosotros deberá morir y ser la fuente de alimento para los demás. La forma más justa de decidirlo es mediante un sorteo…

  Rápidamente los latidos de mi corazón comenzaron a golpear mi pecho, la sangre volvió a circula por mi cuerpo y me puse en alerta, dirigí mi mano derecha a mi espalda para sacar mi cuchillo, pero con horror pude notar que no estaba… lo habían sustraído.

-No te molestes…- me dijo Erich, la otra silueta.- Te hemos desarmado mientras dormías… nada personal, solo precaución.

-Escúchenme bien, par de idiotas…- dije atolondrado por el miedo, las palabras se tropezaban en mi boca.- ¡no podemos hacer esto!, debe haber otra manera… ¿no se dan cuenta que arriba está sucediendo lo mismo?, gente se está comiendo a otra gente y ustedes… ¿ustedes quieren hacer lo mismo?

-Piénsalo con la cabeza fría…- me insistió Charles.- Tú quieres sobrevivir y nosotros también… la forma más justa es dejarlo al azar y hacer un sorteo, todos debemos estar de acuerdo, TODOS.

-Así es, pero si sigues negándote… quizás no sea  necesario realizar ningún sorteo.- Concluyó Erich.

  Esas últimas palabras bastaron para dejarme petrificado y sin habla. Las dos siluetas se alejaron y se reubicaron en sus anteriores posiciones. Tenían razón, yo también quería sobrevivir, yo también me negaba a morir, yo también estaba muriendo de hambre, pero… ¿acaso era el único que albergaba un poco de sentido común?, ¿Qué iba a decir Samuel cuando se enterara? Por un momento sentí que el destino nos estaba empujando a todos a la locura…y a veces también sentía que el plan no dejaba de tener sentido. Mas valía que tuviera sentido para mí, pues tal como dijo Erich… si yo continuaba negándome y desafiándolos ¿Qué les impediría matarme y comerme a mí? Espero que quien lea estos pensamientos que he dejado en mi diario no se apresure en juzgarme de mala forma, pues de partida debería antes saber lo que se siente estar en una situación tan extrema y espantosamente horrible como la mía en aquel momento. No quise volver a dormirme… tenía miedo. De pronto pensé que sería buena idea hacerles ver que estaba de su lado lo antes posible.

-Hey, Charles…- llamé desde la oscuridad.

-¿Qué pasa?- me preguntó.

-Está bien, cuando se despierte Samuel le diremos y veremos que sucede…- dije.

-Bien.- me contestó secamente.


  Nuevamente me volví a dormir.


 Reitero que para quien no sepa lo que es pasar 6 días sin comer absolutamente nada, encerrado a oscuras varios metros bajo tierra, sin posibilidades de escapar, le va a ser muy difícil entender a cabalidad como funciona la psicología humana en momentos tan adversos, y también será muy difícil que juzgue nuestros actos con total objetividad… he mencionado ya mi desesperación, mis miedos, el dolor insufrible de mi ojo derecho, cada uno de ellos grandes cargas que reposaban sobre la débil espalda del sentido común…. Lamentablemente si pones demasiado peso encima, éste simplemente se quiebra. Con ello no busco justificarme, tan solo intento poner en el contexto adecuado a quien alguna vez tenga la oportunidad de leer estas líneas de mi diario, y no se deje sorprender  en demasía por la serie de hechos que siguieron a continuación.

Samuel fue puesto en aviso apenas hubo despertado, el muchacho lloró amargamente durante varios minutos y luego perdió por completo el habla. En medio de la penumbra deliberamos con Charles y Erich sobre cuál sería el mejor método para sortear el desgraciado y macabro juego que determinaría la muerte de uno de nosotros, claro está que yo no puse demasiado entusiasmo en la labor. Finalmente optamos por el juego de la “varilla más corta”, unos trozos de plástico de un pasamano servirían para dicho propósito. Una vez más insistí, con mi voz quebrada a postergar el terrible sorteo… pedí que me dieran tiempo para intentar buscar una salida del averiado vagón y luego alguna vía que condujera al exterior, pero fue imposible razonar y llegar a un punto de acuerdo…

Finalmente el momento llegó, encendimos la lámpara y poco a poco nuestros rostros volvieron a hacerse visible… mi ojo derecho apenas podía tolerar la débil y tenue luz de la lámpara de aceite. Charles se veía mucho más demacrado que el día anterior y la comisura de sus labios sangraba, supuse que el hambre le había hecho querer probar un pedazo de su propia boca. Erich apenas pestañaba, tenía una mirada profunda y una barba desaliñada que a veces, producto de la angustia y del nerviosismo no dejaba de arrancarse, allí supe que tenía tanto miedo como yo de participar en el macabro sorteo. Samuel, quien había caído en estado crepuscular luego de no poder asimilar la situación, volvió su rostro hacia la lámpara y noté que estaba mucho más participativo… es más, me atrevería a decir que no tenía miedo y deseaba comenzar el sorteo lo antes posible. Aquello me descolocó, por un momento me vi solo… absolutamente solo, rodeado por tres extraños salvajes. Sin embargo, no tardé en verme contagiado por el mismo éxtasis de la desesperación. El miedo se hace tan intolerable que suele derivar en estados de euforia y de rabia. Finalmente, tras mutuo acuerdo determinamos que yo sostuviera los 4 trocitos de plástico y los fuera ofreciendo. En este punto, al verme ya a apunto de comenzar… nuevamente el horror se apoderó de mí y pensé en arrodillarme y suplicar para que me dejaran fuera del juego, pero finalmente y quizás para mi desgracia… pude contenerme. El primero en sacar una varilla fue Erich, su rostro permaneció inmutable al notar que la estatura no era ni muy pequeña ni tampoco muy grande, pero el sudor que recorría su frente era evidente. El siguiente fue Charles, su varilla resultó ser más larga que la de Erich, y lentamente la tensión de su cara se fue relajando. A continuación fue el turno de Samuel, quien con mirada desafiante no demoró mucho en sacar una varilla, era corta, más corta que la de Erich y la de Charles. El muchacho palideció  Fue mi turno, solo me quedé con una varilla en mi poder…abrí mi mano y con un extraño alivio comprobé que era del mismo tamaño que la varilla de Erich.

El designio ya estaba hecho. No mentiré, me sentí aliviado de librarme de la desgracia de ser muerto a manos de aquellos desconocidos, pero no pude sentirme indiferente a lo de Samuel. El chico estaba pálido… temblaba mucho y luego vomitó un par de veces. Erich y Charles querían que yo llevara a cabo la labor de quitarle la vida a lo cual me negué de forma irrefutable, de hecho, tampoco accedería al sangriento y macabro festín que sucedería a continuación, apenas solamente acepté participar del sorteo. Samuel lloraba mucho y yo lloré con él durante largo rato. Finalmente el chico se encomendó a Dios y con determinación admirable pidió él mismo quitarse la vida. Así fue… le sugerí cortarse las venas de sus muñecas, eso sería el equivalente a solamente quedarse dormido, pero él insistió en que no quería desangrarse lentamente hasta morir, sino que prefería que fuera rápido. Entonces la mejor opción era una estocada al corazón, con esa idea en mente el muchacho se sentó y ubicó mi cuchillo de servicio en su pecho. Yo sabía que una puñalada en el corazón duele mucho y la muerte no es tan instantánea… es decir, pasan de 3 a 6 segundos hasta antes de morir, lo suficiente para sufrir una agonía espantosa. Sigilosamente me ubiqué tras él y cogí un pedazo de tubo de pasamano…. Sé que el acto que pasaré a describir a continuación muchos lo reprobarán, pero por mi cabeza solo pasó la idea de hacer que Samuel sufriera lo menos posible, el chico alzó su brazo y justo antes de enterrarlo en su pecho, yo le di un certero golpe en la nuca que lo dejó inconsciente al instante. Aterrado, me fui a un rincón… no podía dejar de temblar. Charles y Erich me observaron detenidamente por unos segundos y luego comprendieron entonces que había dejado en ellos la tarea de quitarle la vida al muchacho, la chance de que el cargo de consciencia no les permitiera seguir adelante fue solo un fugaz espejismo, pues Erich no tardó en coger el cuchillo… alzarlo en el aire y luego, acompañado con un desgarrador grito salvaje, lo dejó caer una y otra vez en el cuerpo del desafortunado chico. Apagué la lámpara… no quería ver, y luego me tapé los oídos para no escuchar el salvaje jadeo que emitían ambos hombres al desvestir y al comenzar a desollar aquel blando y aún tibio cadáver…

  No fue hasta 5 días después que una explosión sacudió el vagón en donde nos encontrábamos atrapados. Un contingente militar buscaba un pasadizo oculto para llegar a un sector impenetrable de la ciudad y se toparon con los escombros que nos habían tenido cautivos, las explosiones remecieron parte de nuestra “jaula” y logramos ser oídos por ellos. A veces pienso si hubiésemos soportado estar esos 11 días sin comer hasta ser encontrados de casualidad por los militares, pero no puedo ni tampoco quiero creer que la muerte de Samuel fue en vano. También pienso qué hubiese pasado si la varilla más corta me hubiese tocado a mí… de tanto pensar a veces he llegado a las conclusiones más extrañas, sórdidas y siniestras que alguna vez cruzaron por mi cabeza y la verdad… he desistido de hacerlo. Solo sé que mi vida se la debo a Samuel. Y es que difícilmente yo hubiera sobrevivido esos 11 días sin llevarme algo a la boca…

Por ello es que pedí apartarme algo especial…

Solamente quise su corazón…






Leon S. Kennedy   23:39  P.M.




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viernes, 29 de junio de 2012

No debí estar allí


























Mi ojo derecho dolía condenadamente. Íbamos para el 4to día de aislamiento sin agua y sin comida atrapados a 20 metros de la superficie  de la ciudad. En total éramos 4 sobrevivientes, dos hombres y un chiquillo herido en su pierna. No contábamos con balas, ni armas de ningún tipo, solo un par de cuchillos. La bomba nos sorprendió huyendo por las alcantarillas de aquel holocausto zombi que se desataba en la zona. Finalmente habíamos quedado atrapados en un estrecho vagón de metro rodeado de escombros, tal como dije antes sin alimento, sin agua… y mi ojo derecho dolía condenadamente.

-Encenderé la lámpara por un momento… no me gusta estar tanto rato a oscuras…-dijo de pronto uno de los hombres en medio de la penumbra.

 Poco a poco la débil luz de la lámpara de aceite comenzó a iluminar nuestros rostros. “Así está mejor”, dijo aquel hombre una vez hubo encendido la lámpara, se sentó junto a ella. Más atrás se encontraba el otro sujeto dormido o intentando dormir un poco y enfrente de él, recostado sobre los asientos estaba el joven muchacho palpando con temor la fea herida de su rodilla. Cuando la tenue luz me permitió ver mis manos otra vez, levanté una de ellas y suavemente acaricie la sien del lado derecho de mi cabeza, mi ojo me dolía demasiado. Cada parpadeo era una tortura.

-¿Te golpeaste muy duro?- me preguntó el sujeto junto a la lámpara.

-Más o menos…- contesté de forma distraída.- caí inconsciente y al despertar este dolor no me ha dejado en paz, quizás me enterré algo pequeño…

   A la distancia podía oír el apagado y lejano sonido de disparos y una que otra explosión que acontecía en la superficie, casi podía ver a las tropas del ejercito irrumpiendo y librando una cruda batalla contra los infectados que eran miles… y yo me encontraba allí abajo, atrapado. No sé si me deprimía más el hecho de no estar allá arriba, rescatando a alguien, siendo útil,… o el hecho de encontrarme atrapado en un lugar que se convertiría en mi inminente tumba. Es extraño, uno siempre desea vivir… aún en la situación más terrible y desoladora… aún allí la desesperación por vivir se imponía, y eso era lo realmente terrible… el deseo de vivir en una situación así es lo espantoso.

-¿Oyes eso?- preguntó de pronto el sujeto junto a la lámpara en voz baja.- todos esos disparos… la deben estar pasando lindo arriba disparándole a gente enferma, ¿eh?- ironizó

-Justo directo a la cabeza…- contesté con una débil sonrisa.

-Por cierto mi nombre es Charles…- me dijo.- llevamos 4 días atrapados y apenas hemos hablado entre nosotros.

-Mi nombre es Leon…- contesté solo por corresponder de forma absurda.

-Leon, bien… por cierto, por tu atuendo ¿puedo suponer que perteneces a alguna fuerza especial?

-Así es, vine a recatar a un grupo de médicos… es una larga historia, sin embargo creo que fallé la misión. Ellos deben ya estar babeando y comiendo carne humana, y yo aquí… enterrado ya en mi tumba.

-¿Sabes de que va lo de arriba?, ¿tiene que ver con la droga “sales de baño”?- me preguntó de pronto.

-No lo creo…

-¿Porqué estás tan seguros?

-Cuando llegué… una niña de 10 años se abalanzó sobre mí cuando buscaba provisiones en un minimarket, y no era precisamente para saludarme. Su bilis asquerosa chorreaba de entre sus dientes hasta su estómago, su aliento fétido susurraba en mi oído. En tan solo una fracción de segundos la condenada estuvo a punto de morderme, ¿y sabes lo que hice?... le torcí el cuello, se lo rompí, tal como le rompes el cuello a una gallina…

-¿Qué?- preguntó incrédulo.-…, pero ¿Cómo fuiste capaz de hacerle eso a una niña?

-No tuve tiempo de sacar mi arma.- contesté.

   El sujeto me miraba asombrado, sus ojos brillaban en medio de la tenue luz encendida.

-La niña cayó al suelo…-continué narrando.- y allí se quedó por unos 5 segundos, luego volvió a ponerse de pié…. ¡de pié!, ¿sabes lo loco que puede sonar eso? No creo, no creo que lo sepas… pero allí estaba ella caminando de forma torpe hacia mí, con la mitad de su cabeza colgando hacia abajo. Esta vez si pude sacar mi arma a tiempo y la liquidé de un certero disparo directo a su cerebro. Sus sesos volaron. Por eso sé que no tiene nada que ver con “sales de baño”, los drogadictos no pueden volver a levantarse después que les rompiste el cuello, ¿verdad?

El hombre no me contestó, solo se quedó mirándome con la boca abierta. Por un instante me arrepentí de haber aniquilado su buen estado de ánimo.

-Charles…- le dije de pronto.- ¿puedes volver a apagar la lámpara? Mi ojo derecho duele menos sin la luz, y así podemos intentar dormir.

  En tan solo un instante, todo volvió a ser oscuridad.

  Tuve un sueño, un horrible y amargo sueño… una mano gigante taladraba mi ojo y con un tirabuzón intentaba arrancarlo. Yo gritaba y clamaba por piedad, pero era inútil, la enorme mano giraba el tirabuzón cada vez con más y más fuerza. Al cabo de un instante ya no rogaba por clemencia, es más, deseaba que se lo llevara y terminara con la tortura de una buena vez. Sin embargo caí en cuenta que precisamente ese era su propósito, la mano gigante solo daba vueltas el tirabuzón para atormentarme con el dolor y no hacía ningún intento por arrancarlo de mi cara. Con esta horrible revelación desperté bañado en sudor en medio de la oscuridad. A unos cuantos metros oí unos ronquidos, no pude determinar de quien se trataba, pero me hizo pensar que era el único despierto en aquel momento. Mi ojo me dolía demasiado, unos débiles quejidos salían a veces de mis labios producto solo de la terrible agonía. Ya no podía aguantar más… de pronto, la idea de mi sueño se me cruzó por la cabeza. Allí pude comprender a quienes a veces se quitaban la vida o preferían la muerte antes de seguir soportando una terrible tortura, una vez leí que un hombre atormentado por los terribles dolores de su pierna, fue y se recostó sobre las vías del tren para que este al pasar le arrancara su extremidad. La desesperación es poderosa y de temer, más aún lo son las peligrosas ideas que salen de esos instantes, pero yo estaba dispuesto a dar el siguiente paso. Tras meditarlo durante una media hora totalmente solo, en medio de la más incómoda y espantosa oscuridad, me decidí a llevar a cabo el terrible acto. Cogí mi cuchillo de servicio e hice un breve ensayo para acercarlo a mi ojo ya que no veía absolutamente nada. Dejé pasar unos minutos para darle una chance al dolor, sin embargo este parecía desafiarme a seguir adelante. Alcé el cuchillo con mi mano derecha y con mi mano izquierda me aseguré de abrir mis parpados, respiré hondo….

-No lo hagas…- me dijo de pronto una voz débil.- No lo hagas…

  Bajé mi cuchillo y observé hacia la oscuridad que tenía enfrente.

-¿Charles?- pregunté.

-Soy yo… el muchacho de la pierna herida- me contestó desde la penumbra.- mi nombre es Samuel.

-Samuel…- repetí de forma automática.- ¿cómo es que puedes verme?- pregunté desistiendo de la idea, al menos por aquel instante.

-Desde acá un reflejo de luz me permite observar algunas sombras y movimientos, es casi imperceptible… no he podido dormir, y te he escuchado quejarte durante mucho rato, al notar que levantabas tu brazo supuse que ibas a arrancarte el ojo.

.-Sí…- contesté sintiendo un poco de lástima por mi mismo.- ¿Cómo está tu pierna?

-Mientras no la mueva, no me duele…

   Pasó un breve lapso de silencio, ambos no volvimos a cruzar palabra alguna durante unos 10 minutos más o menos, luego de un rato quise volver a intentar dormir.

-Samuel, intentemos dormir…, prometo no seguir quejándome.- le dije.

No obtuve respuesta.





Próximamente SEGUNDA PARTE Y FINAL

miércoles, 6 de junio de 2012

Posibilidades




















Sábado por la noche, a bordo del transporte público. Un hombre de campera amarilla sentado 4 asientos más adelante llamó mi atención poderosamente, distrayéndome por completo de la charla que mantenía con mi buen amigo Phoenix.

-¿Qué sucede?- me preguntó Phoenix al notar mi poco interés en su charla.

-Ese hombre… el pelirrojo de campera amarilla.- le contesté sin quitar mi vista del sujeto.- ¿Va muy abrigado, no?

-¿Eh?, puede ser… también el cielo es azul y el agua es mojada…-me contestó con cierta ironía.- ¿porqué?

-Pues es una noche particularmente calurosa, pleno verano… ya sabes. Mira a tu alrededor, todos llevan remeras y ropa más bien ligera.

-Yaaa…- me dijo con un dejo de incredulidad.- prosigue…

-¿Porqué no se quitará la campera?- pregunté finalmente.

-Porque a lo mejor tiene frío, a lo mejor debajo va desnudo, a lo mejor lleva una remera que le avergüenza mostrar, o a lo mejor es un idiota, etcétera… ¿quieres más explicaciones?

-Phoenix, ¿sabes porqué llegué a ser amigo del actual presidente de EEUU?...

-No.

-Te aseguro que no fue por ser un tipo ingenuo y bien pensado de todo.

-Sí que te lavaron el cerebro los federales, ¿eh? Ponerte a la defensiva por una maldita campera… está de moda, ¡todo el mundo lleva campera!

-No en una noche de verano,… hay 29 grados…

-Espera, espera… ¿estás bromeando o qué? Aaahh… jajaja, ya había olvidado tu extraño sentido del humor, casi me.... haces caer.

  Phoenix congeló su sonrisa y se quedó observando mi rostro impávido, casi parecía que lo llevaba tallado en roca, absolutamente nada me hacía reír y esa vez hablaba muy en serio.

-Jesús…- exclamó Phoenix dándose cuenta que no bromeaba.- ¿Vas a arrestar a ese hombre solo porque lleva campera?

-No, también porque suda bastante y ha tosido de forma compulsiva durante los últimos 20 minutos.

-Está resfriado…

-Resfriado o…- continué su frase.- puede tratarse de algo un poco más serio que eso.

-Estás loco…- me dijo con los ojos desorbitados, advirtiendo de inmediato lo que quise decir.

-Son posibilidades, posibilidad de que un hombre resfriado viaje en autobús una noche de verano, llevando una campera color amarillo:88 %. Pero no olvides las variables… este hombre ya se encontraba aquí cuando abordamos el autobús, autobús que viene de la Terminal de Anchor, la que queda cerca de Tall Oaks, zona de la cual corre un rumor bastante feo…

-¿Cuál rumor?- me preguntó Phoenix.

-Hace unos días me presentaron a Helena Harper, hubo una charla breve sobre un suceso que podía estar desarrollándose en Tall Oaks, un suceso del tipo… bacteriológico.

-Leon, hoy íbamos a ver unas películas y a  beber algo en mi apartamento.- me interrumpió de súbito Phoenix.- ¿Puedes darle a la paranoia al menos una noche de descanso?

-Posibilidad de que este hombre no sufra precisamente un resfriado: 16%. ¿Sabias que en Tall Oaks la mayor parte de población es pelirroja?, no en su totalidad, pero gracias a la inmigración irlandesa de hace 40 años un buen número de habitantes tiene su cabello rojo… Hombre pelirrojo, a bordo de un autobús proveniente de una Terminal situada junto a Tall Oaks, posibilidades de que este hombre sea oriundo de Tall Oaks: 24%

-Lo tuyo se llama paranoia, eso es tratable…

-Mira esa campera con detenimiento, no es una campera de corte informal, es amarilla como las que usan los auxiliares del servicio de emergencia. Posibilidades de que ese hombre esté huyendo de una emergencia en Tall Oaks: 29%

-Leon, ¿estás escuchando lo que te estoy diciendo?, estás paranoico…

-Yo debí haber muerto hace mucho tiempo, Phoenix, Gracias a la paranoia es que aún sigo vivo…-le contesté secamente.- Fíjate bien en su color de piel, ese sujeto está realmente pálido y no es precisamente un reflejo del color de la campera… el resfrío produce tos, sudoración y sofocamiento, sus mejillas evidencian cualquier cosa menos sofocamiento. Está enfermo, ¿pero resfriado común?, Posibilidades de que sea un hombre de Tall Oaks, huyendo de una emergencia, contagiado por un virus más serio que un simple resfriado: 35%..... y eso basta para mí.

  Me puse de pié y Phoenix solo se limitó a mirarme con la boca abierta, pasaron un par de segundos hasta que reaccionó.

-Hey, ¿qué diablos piensas hacer?- me preguntó aún aturdido.

-Acercarme, presentarme y pedirle que baje del autobús… nada del otro mundo. Procedimiento de rutina, sígueme.

-Pobre sujeto…- se lamentó Phoenix mientras con desgano se ponía de pié.- no debió haberse puesto una campera amarilla hoy día.

   Nos acercamos al sujeto, en el trayecto hasta su asiento volvió a toser un par de veces más, tos rasposa y seca… luego gimió como si le doliera el pecho. Finalmente llegamos a su lado.

-Buenas noches, señor. Mi nombre es Leon Scott Kennedy, agente del gobierno de los EEUU, él es mi compañero Arthur Phoenix…- ambos le enseñamos nuestras credenciales.- Temo que debamos hacerle algunas preguntas, ¿nos acompaña a descender del autobús?

-¿Eh?, ¿qué es esto?... yo no he hecho nada, ¿qué quieren?

-Solamente hacerle algunas preguntas, va para largo, por favor, descienda del autobús.

-No, no bajaré del autobús… ¿Quiénes son ustedes?, lárguense y ya no molesten.- contestó enfadado.

  El sujeto prefirió hacerlo difícil, finalmente me acerqué al conductor y le pedí que detuviera el autobús pues necesitábamos hacer un procedimiento policial, ese hombre iba a ser arrestado y nos iba a acompañar. El sujeto se puso como loco y comenzó a gritar que éramos unos cerdos, que sus derechos civiles, que él no había hecho nada, que era un abuso, etc. Finalmente descendimos y lo llevamos caminando a un sector relativamente aislado de aquel barrio en el que nos encontrábamos.

-Solo te queremos hacer unas preguntas, idiota-. Le dijo Phoenix un poco harto con todo lo sucedido.- así cuando terminemos le podré meter una bala en la cabeza a este otro idiota que es mi amigo.

-Guarda silencio.- le ordené a Phoenix, luego me dirigí al sujeto de la campera.- Bien, estamos monitoreando un suceso ocurrido en Tall Oaks, al parecer ha habido un desmadre y un alto oficial de gobierno se encuentra allí, ¿tiene usted conocimiento si es que algo ha sucedido en esa zona?

-¿Eh?, ¿¿y qué diablos tengo que ver yo con eso para que me bajen del autobús??, ¿Por qué no van a averiguarlo allá mismo ustedes, par de genios?

-Por favor, limítese a contestar la pregunta.-le indiqué.

-No tengo la menor puta idea de lo que están hablando…- el sujeto volvió a toser fuertemente.- esto es ridículo, ¿Cómo diablos voy a saber yo eso?

-¿Y esa tos?, ¿se encuentra resfriado?- le pregunté.

-Sí, estoy enfermo y necesito irme a casa a descansar, pero aquí estoy respondiendo a preguntas idiotas.

-¿Hace cuanto está resfriado?- le pregunté.

-Jajaja ¿ahora son médicos?- nos preguntó riéndose.

-Escuche, necesitamos que coopere… - le dije de forma bastante seria.- Tenemos suficientes pruebas para creer que usted se encuentra contagiado con un virus mortal, que no es precisamente un resfriado. De ser así, el protocolo indica que deberá acompañarnos a un lugar donde permanecerá en cuarentena…

   El sujeto se me quedó mirando con la boca abierta. Luego le habló a Phoenix.

-Oiga, ¿este tipo habla en serio o es una broma?

-Leon…- me dijo Phoenix con tono conciliador.- creo que ya es suficiente.

-No, esto no va a quedar así… ¡esto no puede quedar así!- exclamó el sujeto de la campera indignado y ofendido al máximo.- ¡Quiero sus nombres!, ¿me oyeron?, ¿Quiénes se creen que son para venir a tratarme así?

   De pronto y sin mayor aviso, su mandíbula se abrió unos 30 centímetros y desde su interior una masa tentacular se abrió paso ante nuestros ojos. El sujeto aún estaba vivo y consciente, agitaba sus brazos de forma desesperada, pero luego su cabeza estalló y una masa amorfa se puso en su lugar, en ese momento Phoenix se desmayó de la impresión. Rápidamente cogí mi arma de servicio y apunté, no sin antes observar detenidamente este nuevo y extraño engendro que se presentaba ante mis ojos, la viscosa masa tentacular se movía de un lado a otro hasta que de súbito se lanzó hacia a mí… dos disparos bastaron para bajarle. El cuerpo del hombre cayó al suelo, y también con él la repugnante y asquerosa forma de vida que albergaba en su interior.

   Pasaron unos segundos hasta que me decidí a buscar en el bolsillo de sus pantalones y me encontré con su identificación, su nombre era Joseph Craig, nacido el 2 de junio de 1978 en Tall Oaks.  Entre otros papeles me encontré con una tarjeta de seguridad de su trabajo, allí comprobé que era auxiliar del personal de la morgue…

   Me puse de pié nuevamente y supe de inmediato que aquella ciudad me estaba esperando…




....solo era cosa de posibilidades.

LEON S. KENNEDY    01.03   A.M.

lunes, 28 de mayo de 2012

La decepción


Historia enviada por Francisco Alexander Sagastizado de El Salvador






























Segunda parte y final




-Te irás mañana?- me pregunto con los ojos llorosos.

-Sí, pequeña, mañana partiré porque mi trabajo habrá terminado...

-pero todavía no has atrapado al demonio.

-Los demonios no existen, pequeña, las personas que los inventan para asustar a niñas bonitas
como tú, ellos son los demonios.

-pero, yo he visto sus ojos, él es real.

-¿Ojos?, donde los viste?

-En mi ventana...

Lo que dijo la niña me perturbo bastante, pero el tiempo se acababa e iba retrasado. Tome una
sombrilla maltrecha del estante y salí corriendo como el carajo en medio de la lluvia hacia la
comisaria. Cuando llegué, el sheriff me recibió con nuevas noticias.

-Encontramos una muda de piel bastante grande en la cascada, Creo que debe ser de la bestia
porque es muy grande.

Vi la muda y, si, era grande pero no tenía una forma definida por lo que la guardamos como
evidencia inconclusa. No dejaba de llover, tuve que hacer actividades fuera de mi jurisdicción, como socorrer personas que quedaron atrapadas por los deslaves de lodo y piedra. Los dos ríos aledaños al pueblo nos dejaron temporalmente deshabilitados e incomunicados. La sorpresa nos llegaría mas tarde,
la bestia atacó a un grupo de niños en una familia, fuimos a toda marcha en el Jeep del sheriff
sin importar la lluvia y los caminos resbaladizos, escapamos a chocar varias veces y una casi
nos vamos a un barranco. Al llegar a la casa la escena era aterradora y el olor era repugnante,
parecía que los cadáveres hubiesen estado allí varios días, no lograba distinguir un cuerpo en
concreto, habían extremidades por todos lados, sangre coagulada por todas las paredes
como si el asesino hubiera deseado dejar una macabra pintura, para mostrar su prodigioso
talento...

Todo concuerda con el móvil, los niños habrían sido asesinados en la madrugada, pero no fueron
muertos aquí, habrían sido traídos de otra parte, tal vez de otro pueblo. Del asesino, ni rastro
como siempre, pero seguiremos con el peritaje. A eso de las cinco de la tarde, paro de llover.

-Leon, el remplazo que enviaron para sustituirte está por llegar

-Enhorabuena, creo que hoy terminaré temprano, si no te molesta.

-Claro. Ve y tomate un buen chocolate.

Después de ese día tedioso, llegue a la casa para prepararme para partir al día siguiente y lo que
vi me sorprendió bastante, el señor Shweder estaba puliendo una escopeta, él no era el tipo de
persona que pensaría en usar un arma, además, desde el día anterior andaba muy extraño.

-No sabía que tenía un arma-le pregunte con un tono serio.

-la guardo... por los niños.

-¿Quiere que le ayude?

-No... Vaya a dormir, lo veo cansado

Vi en sus ojos algo que ocultaba, algo siniestro. Prácticamente me aviso que se preparaba para
matar y yo no le tome importancia, creía que un hombre tan bueno jamás usaría un arma para
quitarle la vida a otro ser, mas tarde me arrepentiría… Me recosté y al poco rato me dormí sin tomar mayor importancia al caso...

Tres escopetazos me despertaron de repente tan desorientado y con un intenso dolor de cabeza.
Tome mi arma, me puse mis zapatos y salí precavidamente del cuarto apuntando a cada
sombra que veía cuando de repente un nuevo disparo proveniente de la planta de abajo me
exalto, me apresure a bajar y vi sangre, me asome lentamente con el arma lista, allí estaba...
La abuela con la cabeza partida en dos con sus sesos desparramados por toda la cocina, no
lograba salir de mi asombro, ¿como alguien tan bueno puede morir de esa manera? Vi por la
ventana una figura que corría a lo lejos que parecía llevar una escopeta. La furia y la adrenalina
corría por todo mi cuerpo dándome una determinación incalculable, atraparía a ese bastardo...
Corrí con todas mis fuerzas hacia el bosque pero no tarde en quedarme sin rumbo, por suerte
un nuevo disparo me oriento a tiempo corrí atreves de aquel denso bosque esquivando ramas,
agujeros y rocas que aparecían de la nada, hasta que encontré al maldito verdugo apuntando a
la pequeña Mary, preparándose para reunirla con su desdichada abuela, por su propio padre...

-Martin, maldito hijo de perra, suelta el arma o te juro por dios que te vuelo los sesos!!!-

-Porque decir el nombre de dios en vano, Leon, es que no le tienes temor?

-Porque, la mataste, si era tu madre??? Qué demonios te sucede???

-No te diste cuenta verdad? No te diste cuenta cierto?...también mate a mi amada esposa e hijo
con el mismo amor que le tuve a mi madre...

Sus palabras me Shockearon aun mas... no me moleste en revisar las habitaciones.

-Mataste a toda tu familia, maldito desquiciado, porque???

-por ella........-Me señaló a Mary.

-Que tiene que ver ella en esto???

-Ella lo controla.

-A quien controla??? A que te refieres??

-al demonio, ella controla al demonio, la he oído hablar con el... Ella lo manda a matar.

"Este sujeto ya no tiene remedio, tendré neutralizarlo para siempre... Nos vemos en el infierno" pensé, luego
Jale el gatillo con tanto gusto que la sorpresa al no oír detonación fue más grande.

-Qué diablos!!!...-

Saque el cargador y en ella no había balas. (?)

-Piensas que deje todo al azar?, tú eras mi último objetivo, justo después de purificar a la familia,
pero ahora tendré que matarte antes de Mary, gracias Leon.

Martin dirigió la escopeta hacia mí. Pude ver en sus ojos la firme determinación de matarme,
misma que yo tenía hace unos segundos.

-Supongo que ya no hay nada que decir, hoy partiremos todos.

-Así es, el trato que hice con Dios fue ese, purificar a la familia, incluyéndome. Esto no hubiera
sido así si esta bastarda no hubiera jugado con el demonio y manchara con la sangre de más de
una docena de nuestros amigos. La iglesia quedara muy sola.

Martin, cargo el disparo y se propuso a matarme, objetivo que no lograría a cumplir. Mary se le
abalanzo a su pierna y lo mordió con todas sus fuerzas haciendo que errara el disparo dándome
la oportunidad de neutralizarlo. Me le abalance con patada a la cara seguido de una treintena de ganchos al hígado, le tome de pelo y le estrelle la cabeza en un árbol luego en una roca dejándolo moribundo, luego tome su escopeta y le vacié las últimas cuatro balas en su cara, la escena era perturbadora prácticamente
le deshicela cabeza, quede lleno de sangre y restos de masa encefálica, por suerte Mary tapo
sus ojos en todo momento..........................

Es lamentable cuando un Hombre ciego en sus creencias ve en sus familias objetos de culto.

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-Esperen!!!!- irrumpe mi abogado.

-la niña está decidida a hablar a favor de mi defendido, debe dársele la oportunidad de contar su
versión recuerden que es la vida de un hombre la que está en juego, un hombre que ha servido
a su patria en innumerables ocasiones...

Mary? Ella no habla desde lo ocurrido.

El caso se reordeno las pruebas fueron nuevamente expuestas, nuevos testigos fueron
presentados, Mary conto todo lo que vio y escucho. Tres juicios más tarde soy liberado bajo
fianza, fianza que pago ni más ni menos que el propio presidente. No sé qué fue de Mary, ni sé
si atraparon a la bestia, demonio o lo que fuera, solo sé que después de todo esto siento que el
vacio en mi es más grande...

Una extraña figura humanoide de piel escamosa se alza en aquella montana, me ve con sus
grandes ojos negros como abismo vacío...