jueves, 8 de noviembre de 2012

El panóptico




















SEGUNDA PARTE Y FINAL



 Todo en este lugar apesta, hasta respirar lo hace.

 Llevo ya dos días enfermo producto de un resfriado. El guardia me ha quitado las frazadas y ando desnudo de la cintura para arriba. No he podido dormir casi nada producto del frío… ni tampoco he comido. Los pasos de quien nos vigila a través de la mirilla sobre mi cama cada vez se han hecho menos frecuentes, los volví a sentir hasta hace un rato.

-¡Por favor!- exclamé casi cayéndome de la camilla.- seas quien seas… te pido por favor que me des abrigo… una manta… algo, por favor.

  Los pasos se detuvieron justo frente al orificio sobre mi camilla, como si quien estuviera del otro lado hubiese querido pensarlo durante unos segundos, pero luego simplemente me ignoró y continuó alejándose. Allí me quedé, acurrucado en un rincón junto a una fría pared de cemento de mi celda. De pronto vino el acabose… pasaron varios minutos, luego justo sobre mi celda se abrió una compuerta y dejó asomar un enorme boquete del cual cayó un enorme chorro de agua helada. Quedé completamente empapado al igual que mi colchoneta, paredes y todo el piso alrededor. “¿Qué clase de castigo enfermo es este?”, pensé totalmente abatido y sumido en el más grande de los desconsuelos. Mi situación era aterradora…, me encontraba, enfermo, hambriento y con insomnio y por si fuera poco además debía lidiar con la humedad total de mi celda.

  Unos gritos me despertaron. Había logrado conciliar el sueño, pero los gritos de unos niños me volvieron a la realidad, luego le siguió el sonido del agua cayendo al suelo en distintas celdas alrededor de la mía. Cada chorro que golpeaba el suelo era acompañado por el aterrador alarido de infantes, niños apenas cuya edad no podía comprobar. Supuse que yacían desnudos en las mismas precarias condiciones que las mías y eran torturados de la misma forma con el agua helada.

Por más que lo pensaba, no se me podía ocurrir como alguien pudo construir un lugar tan extraño y siniestro. El hambre me obligó a alejar mi mente de suposiciones tan desalentadoras,… temblando me acerqué a mi colchoneta y con asco volví a masticar más pedazos para ir tragando poco a poco…




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 Desnutrido, golpeado, mojado y sin poder dormir. Realmente verme así fue verdaderamente terrible y esta extraña pesadilla me sigue asombrando hasta el día de hoy… es por ello que la he apuntado aquí en mi diario. ¿Cómo y porqué fue que llegué a un lugar así de extraño?, ¿porqué alguien tendría niños encerrados allí?

Jamás lo supe y jamás lo sabré… así son los sueños, indescifrables.









LEON S. KENNEDY 00:21 A.M.


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El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.

viernes, 2 de noviembre de 2012

El panóptico




Mi cuerpo duele… apenas y puedo respirar…

Cada inhalación produce una insoportable dolencia en mi pecho… y cada exhalación un sufrimiento aún peor…

Todos los días un guardia enmascarado saca a un prisionero de su cuarto y lo lleva a un frío patio de concreto donde le aporrea hasta el cansancio, y hoy fue mi turno. Por una estúpida razón creía que jamás me tocaría a mí, pero este lugar se ha encargado de derribar cualquier idea esperanzadora. Me encontraba débil y sediento en la camilla de mi miserable cuarto, arropado hasta las orejas tratando de aliviar de cualquier forma la fiebre provocada por la fatiga… cuando de pronto los cerrojos se abrieron y entró él… la enorme mole que tenemos por guardia. Demasiado débil como para defenderme no hice más que aferrarme a la sucia colchoneta, pero fue inútil… él no tuvo problemas para arrastrarme de una pierna hasta afuera del cuarto. Recorrimos los pasillos circulares de esta extraña prisión en un trayecto que se me hizo casi eterno a causa de la indolencia y el silencio que guardaban las demás celdas cerradas, hasta que por fin y tras varios días,… incluso semanas, la luz del día se dejó caer sobre mí. Era un día gris, sin sol en el exterior… pero de igual forma la visión hirió mis ojos.

  Aún semi-aturdido por el trayecto que recorrí siendo arrastrado, intenté ponerme de pié, pero fue inútil… las fuerzas no me acompañaban. El guardia me quitó la sucia camiseta enumerada de la prisión dejando mi cadavérico torso totalmente expuesto y desnudo. No supe cuando fue que los azotes comenzaron, pero cada uno de ellos era como un beso que me daba la muerte… cada golpe lo recibían directamente mis huesos y deseé haber perdido el conocimiento desde el primer segundo, pero hasta eso aquí se me era negado. Luego, tras una eternidad de dolor y sufrimiento, sentí que los golpes cesaron y me quedé en el suelo inerte, apenas respirando pues esto me era terriblemente doloroso…

Finalmente fui nuevamente arrastrado por los pasillos de aquel enigmático infierno hasta mi cuarto, mi sucio, angosto y miserable cuarto… pero en ese instante ese era el único lugar en el que quería estar. El guardia se ha llevado mi frazada y no me ha devuelto mi camiseta, seguramente como una suerte de castigo por algo.

Llevo ya casi media hora intentando tragar pedazos de mi sucia colchoneta… para apalear el hambre. Los dolores en el estómago que vienen después son horribles, pero intento no pensar en eso ahora.

Nuevamente oigo pasos sobre mi cuarto, tengo la sensación de que alguien a través de una mirilla nos observa cuarto por cuarto, siempre se detiene por unos segundos en alguno y luego se aleja… tengo la sensación que me observa por sobre mi camilla, pero aún no puedo identificar el lugar preciso. Esto me ha dado pistas que este lugar es una suerte de panóptico o algo por el estilo…






















Lentamente me incorporo y me siento en la camilla… a mis oídos llega el terrible llanto de un niño, seguramente de una celda cercana a la mía. A veces temo olvidar quien soy, por eso suelo recordármelo a menudo…


 Mi nombre es Leon Scott Kennedy, tengo 35 años de edad… y tengo miedo de morir aquí…



¿Qué es este lugar?




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Allí puedes ayudar a Leon a recuperar su memoria, escribiendo porqué es que se encuentra en un lugar como este.






domingo, 28 de octubre de 2012

La muerte






















CAPITULO FINAL


Ya habían pasado 10 horas desde que el caos se había desatado en la ciudad. La terrible y falsa alarma de que un virus se había propagado llenaba los noticieros e informes de prensa haciendo que la gente temiera por sus vidas y provocaran un colapso sin precedentes. El estado iba a enviar a los militares, pero esto era sinónimo de más personas, por ende mas posibilidades de muertos, y todo eso daba como resultado a más títeres de Spencer Grimm. Aún malherido, salí de mi habitación del hospital y fui por ayuda, en ese momento… la única ayuda a la cual podía acudir.

 Hunter Headen es un extraño caso de bipolaridad y trastorno de personalidad.severo. El FBI tiene 10 páginas sobre él y su caso es digno de ser lo más parecido a Hulk. Un tranquilo e inteligente hombre alberga en su cerebro a un ser enajenado y descomunal que clama por liberación y por sangre. Según los antecedentes, este otro grotesco personaje asesina y bebe sangre humana para no deteriorar los órganos internos de su cuerpo… también podría tratarse de un singular caso de vampirismo, pero mientras Hunter Headen no permita que su sanguinario “otro yo” salga a la superficie, todo en su vida es color rosa.

-Lo lamento, Leon… pero no puedo ayudarte. Tú sabías eso antes de venir acá.- me dijo Headen tras escuchar mis requerimientos.

-Si no eres tú, ¿entonces quien?- pregunté.- Nos hicimos buenos amigos… sé que puedo confiar en ti, pero… por enésima vez en mi vida no sé que hacer, esto realmente me supera…

-Lo sé…- me dijo con amabilidad mientras guardaba ropa en su maleta, pues estaba a punto de marcharse de la ciudad.- Pero si libero a “tu sabes quien”, solo tendrás un espectáculo grotesco y totalmente inútil en estas circunstancias. Necesitas a alguien que sea más que un caso de bipolaridad, ¿comprendes? Ahora dime… ¿esto se trata de un virus nuevo? Al menos eso dicen por TV.

-Si, pero no,… no es un virus. Un sujeto desquiciado controla las células muertas, ¿puedes creerlo? Justo cuando creía que no podíamos ser más idiotas, venimos y creamos nuestra propia pesadilla. Los muertos, tanto animales como personas se están levantando y atacan a los vivos, si estos mueren, pasan a ser parte de aquel ejército…, por cada tipo que muere, se suma uno más a la horda de zombis… lindo, ¿eh?

-Interesante…- me dijo Headen pensativo.- ¿Qué es de aquel sujeto… Adam Raynolds? ¿Aún es una especie de Dios cósmico?

-Raynolds se cambió de nombre hace bastante tiempo, ahora se llama Kevin Grayson…- contesté.- En lo personal no quiero saber nada de ese orate, sería la última persona a la cual acudiría, y ni aún así…

-Pero, este problema es serio… Leon...

-Hunter, olvídalo. Dejemos a Kevin Grayson fuera de esto.- sentencié.

    La cosa se estaba poniendo fea. El tiempo estaba en nuestra contra y la única forma de parar esto era encontrando a Spencer. Aún estaba en la ciudad, pues su habilidad psíquica solo respondía hasta cierta distancia, si se encontraba al otro lado del mundo el desmadre se hubiese detenido. Hunter Headen abandonó la ciudad, así que con Sussman y otro oficial llamado Ferchetti solo pudimos hacer una sola cosa: Llegar hasta Spencer siguiendo los pasos de la vieja escuela. Para ello decidimos comenzar en el origen de todo este problema: Jonás. Gracias al caos en la ciudad no fue gran problema tener acceso a su celda en la cárcel del condado, allí se encontraba escondido como una rata bajo la camilla vistiendo ese pintoresco uniforme naranjo común en todos los reos.

-Hola… ¿nos extrañaste?- le dije a través de los barrotes.

  Sacamos a Jonás arrastrándolo sin mayor consideración de su celda y los llevamos hasta el sector de baños. El tipo no sabía que diántres sucedía y solo gritaba por ayuda. Finalmente lo senté sobre un sucio retrete.

-Escúchame, quiero que quede claro que no me importas en lo absoluto.- le dije.- Pero me vas a decir que fue lo que le dijiste a Spencer allá en el cuartel, si eres listo… hablarás.

-Oh, ya entiendo…- dijo con una singular sonrisa.-todo esto es por el desmadre de ese fenómeno desquiciado…

 Saqué mi arma y presioné el cañón fuerte en su cabeza.

-Si no quieres formar parte de sus títeres, entonces habla… ¿Dónde está Spencer?

-No sé nada, Leon… lo juro.

-¡Respuesta equivocada!- acto seguido golpeé su rostro con el mango de mi arma y fracturé su tabique nasal. Lo cogí de sus ropas y le obligué a agacharse frente al retrete para hundir su rostro en el fondo de toda la porquería y el agua. Luego cuando creí que habían pasado los segundos suficientes… lo saqué rápidamente.

  Su rostro estaba cubierto de excremento, cayó al suelo tosiendo y tomando grandes bocanadas de aire.

-Te lo repito, Jonás… no me importas en lo absoluto. Si no cooperas simplemente te liquido y busco a otro que sea un poco más listo que tú.- le dije y desenfundé mi arma nuevamente, esta vez con decisión.

-Espera, espera…- me dijo mientras botaba agua sucia por la boca.- ese monstruo va a asesinar a su hermano, todo es parte de un plan… solo dame un segundo…

-¿Cuál plan?, maldito miserable.

  En cosa de segundos Jonás nos contó de qué se trataba todo aquello. Jonás y Alexander Grimm colaboraban juntos en una operación criminal. Alexander iba a rescatar a su “socio” en la cárcel aprovechando la confusión por el caos desatado por Spencer, sin embargo… Jonás tenía planeada una segunda jugada y esta era traicionar a Alexander Grimm. Fue por ello que le contó a Spencer sobre su hermano para que este le asesinara una vez reunidos, así Jonás se libraría de Alexander Grimm sin siquiera ensuciarse las manos. 

-Hmmm… una jugada muy viva, ¿no, Jonás?- le comenté mientras a nuestros oídos llegaba el inconfundible sonido de las hélices de un helicóptero.- Utilizar a Spencer para liquidar a tu socio Alexander Grimm… y de paso enviaste esta ciudad al infierno solo por tus entupidos intereses.

-Hey… le dije al grandulón que se cobrara venganza, pero no creí que armaría un embrollo como este.- contestó Jonás mientras el helicóptero ya se escuchaba muy cerca.- de todas formas puedo persuadirlo, ese es el helicóptero de Alexander  que me viene a rescatar… no te preocupes, lo convenceré.

-Tú no irás a ningún lado, rata.- sentencié.

  Dejamos a Jonás atado cómodamente dentro del baño de la prisión y ocupamos su lugar en  el rescate. La escalera fue tendida en la azotea de aquel recinto penal y los hombres de Alexander no supieron a quien rescataban hasta que abordamos el helicóptero y vieron nuestras credenciales. Les obligamos a que nos llevaran donde Alexander tal como si el plan de Jonás hubiese continuado regularmente. Al cabo de unos minutos llegamos a una lujosa instalación, en una de sus habitaciones se encontraba Alexander Grimm esperando por Jonás. Se trataba de un hombre de unos treinta años, cabello rubio vestido elegantemente,… observaba con impaciencia a través de un gran ventanal hacia fuera, sin embargo no esperaba  nuestra presencia.

-Hola, Alexander…- le saludé al entrar en la habitación junto a mis compañeros.- soy Leon S. Kennedy y ellos son Ferchetti y Sussman, ambos oficiales del FBI.

-¿Eh?... ¿Dónde está Jonás?- preguntó confundido.

-Está cómodamente maniatado en prisión, cual debiera de ser. Relájese… no hemos venido a arrestarle, sino a protegerle.

-¿Porqué?, ¿qué diablos sucede?

-Usted no ve los noticieros, ¿eh, Alexander?- le dije acercándome unos cuantos pasos a él.- su hermano Spencer Grimm está furioso, sabe que usted vive, sabe donde se encuentra y en este momento viene para acá a asesinarle…

-¡Demonios!- exclamó.- se suponía que el gobierno no iba a dejar que esto sucediera.

-Lo sé, pero a veces estas cosas pasan… no contábamos con que Jonás le traicionaría y le contaría toda la verdad a Spencer.

-Ese infeliz hijo de perra…

-Bueno, Alexander.- le interrumpí bruscamente.- nos podemos quedar aquí maldiciendo toda la vida o podemos sacarle de aquí, le advierto que será enviado a una corte de justicia…

-Está bien… larguémonos.

    Mas en ese instante una ruidosa explosión sacudió los cimientos de la instalación. A un costado, una pared se derrumbó y de allí emergió la imponente figura de Spencer… en sus manos sostenía un arma.

-Temo que nadie irá a ningún lado…- dijo con su voz reptante.- Alexander, ¡cuánto tiempo! Seguramente has de ser un zombie… como yo, pues supe que estabas muerto…

-Spencer… qué, ¿qué diablos han hecho contigo?- preguntó Alexander aterrado.

-Tan solo me ejecutaron y luego me revivieron, ¿lindo no?... pero basta de sandeces, he venido a salvarte, hermanito.- Acto seguido Spencer apuntó con su arma a un secuaz de Alexander y le asesinó. Al cabo de unos segundos su cadáver se levantó del suelo y se paró junto a Spencer tal como lo haría una mascota entrenada.- ¿Ven?, una vez muertos todos serán tan obedientes y productivos como él…

 Era horrible. Si moríamos en aquel momento ni siquiera podíamos contar con el consuelo de descansar y ya no ser parte de todo esto, sino que además pasaríamos a ser esbirros de Spencer, es decir, ni la muerte podría salvarnos. De pronto una fuerza extraña entró en la habitación y golpeó con violencia a Spencer azotándolo contra uno de los muros dejándolo muy malherido. Pude distinguir una figura femenina aparecer por la improvisada entrada que había hecho Grimm momentos antes, se trataba de Caroline Bateman.

-Hola, no hay tiempo para explicar… vayan al helicóptero ¡rápido!- nos dijo.

  Antes de huir… Spencer sonreía desde el suelo, al pasar junto a él llevó su mano a su garganta y pasó su dedo índice por ella, haciendo el gesto de “morirás”. Luego en el trayecto al helicóptero comprendí que le había ordenado a su legión de cadáveres ir hacia nuestra posición, era cosa de minutos para que aparecieran. Una vez a bordo comencé a pensar en cómo detener todo esto y la única forma era que Spencer lo deseara… miré hacia el edificio y antes de que pudiera siquiera reaccionar, este estalló en mil pedazos en medio de una estruendosa explosión, algo lo había hecho estallar, ¿pero quien…?, ¿Caroline? A los pocos segundos llegó ella al helicóptero y le pregunté sobre la explosión y cómo nos había encontrado.

-Fui por ayuda…- me dijo secamente y me hizo un gesto para que mirara hacia atrás, al asiento trasero que hasta ese instante no me había percatado. Allí vi a un niño de unos 13 años que me costó reconocer, luego… con un escalofrío recorriendo mi espalda supe que se trataba de Joseph, el niño solitario que lleva a cuestas un ángel destructivo.

   Supusimos que Spencer había muerto definitivamente pues la horda de cadáveres se detuvo y todos, absolutamente todos cesaron su avance y cayeron desplomados en el lugar en el que fueron sorprendidos por el deceso de su amo y señor. Alexander Grimm fue llevado a salvo y posteriormente fue encarcelado, pero dudo que reciba sentencia alguna… hay muchos intereses que le protegen. Los verdaderos criminales no pagan, sino que dictan leyes y ordenan experimentos abominables y terribles tal como el proyecto GRIMM. Spencer a las finales solo ha sido un sujeto al cual se le negó su muerte para convertirle en una criatura repugnante., ¿pero que culpa ha tenido él? Hasta por un lado entiendo su soledad y su sed de venganza. Sin embargo hasta el día de hoy ruego para que al fin haya desaparecido de este mundo… y es que tras la explosión en aquel edificio… no pudieron encontrar el cadáver de Spencer.










... y nuevamente Caroline desapareció antes de que pudiera agradecerle...

LEON S. KENNEDY 00:01   A.M.



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sábado, 6 de octubre de 2012

La agonía


Es raro…

Ahora que lo pienso, no deja de extrañarme como los desastres más grandes comienzan a veces con situaciones bastante puntuales y casi anecdóticas. Todo comenzó con un sujeto llamado Jonás.

Jonás estaba en la lista de los más buscados por el FBI. Los chicos de la Casablanca llevaban casi 12 años intentando armar un caso en su contra, pero la tarea resultaba demasiado difícil… evidencia insuficiente, testigos que se negaban a cooperar y muchos que misteriosamente desaparecían, muchas cortinas de humo, cuentas bancarias fantasma, etc. Pero no hizo más que meterse en el campo bacteriológico para que nuestro departamento comenzara también a seguirle la pista. Junto al FBI unimos fuerzas y urdimos un plan que nos proporcionara la suficiente evidencia como para darle la cadena perpetua. De traficar armas, Jonas pasó a vender el suero del “Super-Zombie” a gente de Europa, era cosa de estar en el lugar y momento preciso de alguna transacción para que esta larga historia llegara a su fin y gracias a un doble agente, lo logramos.

  Oaklam es una pobre y  pequeña isla caribeña que llevaba un mes de alerta bacteriológica. Dado sus pocos recursos económicos las autoridades poco y nada podían hacer para solucionar la propagación del virus, el 92% de la población estaba ya infectada, el lugar era un desastre,… era un caos, era el infierno,… era perfecto. La jugada maestra de Jonás era esa: hacer la transacción más importante en un lugar perdido, peligroso y al que nadie nunca querría ir… una isla con el virus propagado. Suerte que nuestro doble agente nos proporcionó esa información varios días antes y pudimos actuar a tiempo. La transacción se había materializado en una sucia bodega ubicada cerca del puerto..

-Dinero fácil, Caroline…- le dijo Jonás a Caroline Bateman mientras observaba a los supuestos compradores irse en una pequeña barcaza hacia el mar abierto.- A este ritmo nos podremos comprar la mitad del mundo en pocas semanas… al vender el suero del Super-zombie estamos vendiendo también inmortalidad.

-Ahora veo que se pueden hacer muchas más cosas en un lugar que se ha salido de desmadre como éste…- replicó Caroline refiriéndose a la isla.- Tenía entendido que poderosos millonarios solían sobrevolar pueblos e islas infectadas para robar niños desamparados, supongo que esto ha de dejar mucho más dinero.

-Más del que imaginas…- contestó Jonas cerrando los maletines.

-¿Sobra algo para mí?- pregunté mientras lentamente salía de mi escondite en la oscuridad. Jonás me miró asombrado.- Pero qué pregunta hago, por supuesto que también alcanza para mí.

-Leon Scott… Kennedy, ¿verdad?- me preguntó de forma pausada.- ¿Es esta una emboscada?

-Temo que sí, buen Jonás. Tus días de gloria han llegado a su fin.- contesté.

  Jonas rápidamente iba a sacar su arma, pero Caroline Bateman siempre va un paso más adelante en todo, bastó solo una fracción de segundo para que ella le apuntara a él con su Mágnum 44 en pleno rostro.

-Ehmm… Caroline, ¿qué diablos se supone que estás haciendo?- preguntó confundido.

-¿Qué no se nota?, te estoy traicionando.

 El rostro de Jonás apenas y movió un solo músculo producto del asombro. Caroline Bateman fue nuestra doble agente.

-Oh,… debí suponerlo… maldita perra estúpida…- maldijo Jonás lleno de frustración.

-Gracias.- replicó Caroline.

-Pero, hay algo que no me explico…- dijo Jonás sopesando la situación.- estamos mirando desde aquí al mar abierto y no hay botes ni barcos, por las calles el pueblo está infestado de zombies, ¿cómo se supone que te abriste paso tú solo para llegar hasta aquí tan fácil?

-Porque… no vine solo.- contesté.
























 Afuera y a 8 cuadras de aquella sucia bodega se encontraba el apoyo policial y militar sobre una azotea de un edificio, desde allí Spencer Grimm podía dar órdenes a los zombies a su antojo mediante su evolucionada proyección mental. Las hordas de infectados se alejaban cada vez más de las calles antes abarrotadas para dar paso a un amplio espacio vacío y solitario.

-Wow… podrías pedirles que vayan por unas pizzas…- dijo de pronto el alto oficial Sussman sorprendido por el espectáculo que se desarrollaba ante él.

-Buena idea, pero no tengo hambre ahora…- contestó Grimm con su cadavérica voz.

   Trasladamos a Jonás de regreso a América aquella misma noche. A nuestra llegada a los EEUU Caroline Bateman sencillamente desapareció. Lamenté mucho no haber podido darle las gracias, es una mujer muy inteligente y hábil, ya anteriormente habíamos colaborado en una operación de rescate. Tiene una fuerza realmente admirable, lamentablemente su personalidad refleja marcadas tendencias suicidas… tenemos archivado su perfil psicológico…

 Jonás fue llevado a un cuartel militar para ser interrogado, necesitábamos sacarle nombres, muchos nombres… el suero del Super-Zombie debía ser erradicado por completo de las organizaciones criminales o no autorizadas… al menos esas eran las órdenes “de arriba”. En aquel punto fue donde cometimos un grave error, un error fatal y realmente terrible…., Spencer Grimm quedó a solas con Jonás por un instante, subestimamos por completo a Jonás.

Spencer Grimm fue un gran amigo mío que por designios del destino y de la vida erró el camino y propició varias matanzas a nivel global, el año pasado fue juzgado por sus crímenes y le dieron la pena de muerte. Su hermano, Alexander Grimm había pactado un silencioso acuerdo con el gobierno para que aplicaran en él el suero del Super-Zombie, bajo el nombre de proyecto GRIMM, una vez que este falleciera. Así sucedió… tras haber permanecido muerto por horas, Spencer Grimm volvió a la vida con el virus progenitor corriendo por sus venas, me ha costado creer que es la misma persona, su piel grisácea, sus ojos muertos, su voz de ultratumba, etc. Todo compensado por una fuerza descomunal y una asombrosa capacidad que tiene para controlar a voluntad a los demás infectados. Mientras Spencer se convertía en una horrible arma que trabajaba para nosotros, su hermano Alexander moría en un trágico accidente aéreo cerca de las Bahamas… y con ello la venganza y el rencor de Spencer para con su hermano llegaba a su fín.

  Sin embargo, esto estaba a punto tomar un dramático giro

-…así que Alexander está vivo….- me dijo Spencer una vez reunidos en una sala de recreación de aquel cuartel.- ¿porqué me lo ocultaste?

-Spencer, yo no te he ocultado nada…- contesté.- solo sabía lo mismo que tú, que tu hermano había muerto en aquel accidente aéreo. Y si me lo preguntas… creo que esa es la verdad. Jonás no es de fiar, te pudo haber dicho eso solo para confundirte…

-No, no me parece…- me contestó con su gruesa y a la vez lánguida voz.- siempre he sentido que él está vivo, ¿sabes?... es una sensación rara, de familia, somos gemelos, los gemelos reconocen ese tipo de cosas…

-Lo sé, Spencer… pero no sé que podemos hacer ahora, quizás reabrir la investigación…- le dije.

-¿Para qué?, ¿para seguir oyendo tus mentiras una y otra vez?- me dijo con un tono de voz que me causó escalofríos.

-Somos amigos, Spencer… tú sabes que no te mentiría. Nunca lo he hecho.

-¿Amigos?, ¿la clase de amigos que permiten que hagan experimentos con tú cadáver?- me preguntó con esa rara voz de ultratumba.

-Trata de entender…- insistí.- Jonás no es de fiar, quizás ha inventado eso de que Alexander está vivo para confundirnos y para provocar precisamente esto.

 Luego de una breve pausa, Spencer Grimm volvió a abrir la boca:

-Hay dos cosas que me molestan en sobremanera…- dijo.- Una de ellas es que el gobierno esté queriendo proteger a Alexander de mí, ya que él ha invertido mucho dinero para sus investigaciones, Por ello inventaron luego lo de su muerte en las Bahamas para que yo me quedara tranquilo. La otra cosa que me molesta… es verte a ti, Leon actuando como si no supieras nada…

  Acto seguido, recibí un golpe en el pecho que casi tritura mis costillas, salí expulsado varios metros hacia atrás. Gracias a la divina providencia unos oficiales justo entraron en el cuarto cuando Spencer iba a darme el golpe de gracia. Sacaron sus armas al instante y abrieron fuego contra la enorme mole, pero Spencer fácilmente desnucó a uno de ellos… luego advirtiendo que iba a perder demasiado tiempo eliminándonos a todos, optó por huir saltando por la ventana de aquel séptimo piso en el que nos encontrábamos.

  Estuve cerca de una semana en recuperación por el golpe en mi pecho. Debía permanecer un mes, pero las circunstancias obligaron a un drástico cambio de planes. Spencer Grimm se encontraba prófugo, todo el servicio de inteligencia y tecnología de punta fueron utilizados para capturarlo, pero los días pasaban y no había resultados. Mi amigo Sussman fue con dos oficiales más del FBI a mi cuarto del hospital para comunicarme una estremecedora noticia.

-Muy bien, Kennedy…no has visto TV por estos días, así que te traje algo para que veas…- me dijo Sussman mientras acomodaba un visor portátil frente a mi para enseñarme una grabación.- Llegó anoche a nuestras dependencias, te advierto que no es nada muy alentador…

  Reprodujo el video y allí se encontraba Spencer, sobre un fondo del cual colgaba una bandera negra. Pésimamente iluminado, evidencia de una grabación amateur, y mirando fijamente a la cámara Spencer dijo estas palabras:

-El gobierno norteamericano recibirá una sopa de su propia medicina… han jugado con la mortalidad e inmortalidad tal como lo haría un niño con un soplador de burbujas. Han jugado a ser dioses por muchos años, ahora entonces… finalmente se enfrentarán a un dios. Recibirán una gran dosis de inmortalidad…

 Terminó por decir con su escalofriante voz de ultratumba. La cinta se acabó.

-¿Cómo es que no se les ocurrió ponerle un chip a Spencer en el cerebro para apagarlo a distancia?- pregunté abatido.

-Poco a poco vamos aprendiendo…- me contestó Sussman.- Por lo pronto necesitamos saber que fue lo último que conversaste con él, ¿qué quiso decir con esta amenaza?

-No tengo la más remota idea.- contesté.- Spencer cree que su hermano gemelo está vivo, y cree también haber sido victima de un elaborado engaño en cual yo también estoy involucrado…, pero juro desconocer si su hermano vive o no.

-Vive…- me dijo Sussman con resignación.- la historia que contó Jonás ha sido ratificada y es así. Algunos agentes del estado sabían, pero era peligroso que Spencer se enterara de ello, es por eso que hicieron el montaje del accidente aéreo en Bahamas…

   Me llevé las manos a la cabeza, a final de cuentas Spencer tenía razón, pero cómo explicarle que yo no tuve jamás algo que ver con esa conspiración de intereses. En ese momento daba lo mismo, la amenaza de Spencer Grimm y su odio para con todos era mucho más preocupante que cualquier otra cosa… mientras debatíamos con los demás oficiales en aquel cuarto del hospital mi mirada involuntariamente se posó sobre el monitor de la TV, un aviso de “EXTRA” parpadeaba en la pantalla mientras la locutora hablaba. No sé porqué me quedé un instante allí observando… imágenes de un contacto en directo desde un lugar familiar de la ciudad, pero no identificaba cual era… luego supe que se trataba del cementerio, había mucha agitación en pantalla y llegaba la policía…

-¡Hey, guarden silencio!- exclamé de pronto y subí el volumen del monitor.

 Fue el comienzo del fin, centenares de cadáveres en el cementerio se abrían paso a través de la tierra y salían a la superficie. La dantesca e infernal imagen se repetía simultáneamente en todos los demás cementerios. Cientos y cientos  de muertos volvían a la vida. Absortos por lo que se desarrollaba en la pantalla de TV, no nos dimos cuenta de los alaridos que se producían en el hospital donde nos encontrábamos… en el subterráneo, más específicamente en la morgue, los cadáveres volvían a la vida para atacar a los vivos. Spencer Grimm no solo tenía poder sobre los infectados con los derivados del virus progenitor… también tenía potestad y dominio sobre toda carne, hueso y entidad biológica muerta que existiese a su alcance. Él era la muerte, él ordenaba a los muertos


 Me levanté de la cama y me acerqué a la ventana, desde allí con los demás oficiales vimos como la ciudad se estaba yendo al infierno….



























Concluye en el siguiente capitulo






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sábado, 8 de septiembre de 2012

La inyección letal




Jamás lo pude entender…

Spencer alguna vez fue un gran sujeto… un hombre de bien, pero en algún punto erró el camino.

La noche antes de su ejecución tuve horribles pesadillas. Un amigo, alguien cercano a mí iba a ser ajusticiado por actos genocidas en Asia. Usé todas mis influencias para intentar evitar aquel desgraciado destino y así salvar al amigo a quien alguna vez quise, pero fue inútil… sus actos depravados e inhumanos ya habían sellado su perdición. Fue condenado a la inyección letal un crudo día de invierno del presente año.

La cámara de ejecución se encontraba poco concurrida, asistieron Sussman y Herb (ambos amigos del FBI) más el director del comité de justicia del estado mayor, quien hacía de testigo de fe. Nos sentamos en primera fila, cuales adolescentes que van a presenciar el estreno del verano al cine. Todo era muy raro para mí… he lidiado con la muerte casi toda mi vida, pero aquella vez me sentía demasiado temeroso y nervioso por lo que iba a suceder. Al cabo de unos minutos entraron unos guardias armados, señal de que el “hombre muerto caminando” había comenzado. Por fin Spencer entró a la habitación blanca tras el otro lado del vidrio, venía esposado y se encontraba extremadamente pálido y en ningún momento levantó la vista.

-Descuida, Leon…- me dijo de pronto Sussman al verme tan afectado.- Todo saldrá bien.

  Spencer fue amarrado a la camilla con forma de cruz y una vez estuvo listo, lo inclinaron en forma vertical para que nos pudiera ver de frente… para decirnos sus últimas palabras. No dijo nada, pero olvidándome de todo protocolo me levanté de la silla y me acerqué al vidrio… los guardias no tardaron en reducirme y me advirtieron que me sentara o me arrestarían. En ese instante Spencer levantó la vista y con sus ojos llenos de lágrimas habló:

-Solo quiero decir… que merezco morir…- dijo con la voz quebrada.- soy culpable de la masacre en Asia, pero pido perdón…. Les pido perdón a todos ellos y a tí, Leon… sobre todo a ti…

  Acto seguido volvieron a bajar la camilla y comenzaron a administrarle el veneno a través de una jeringa en su brazo. Jamás pude entender como Spencer se convirtió en un genocida si lo tenía todo, absolutamente todo…. Era millonario, dueño de varias empresas transnacionales…, nos habíamos hecho amigos hacía ya varios años y compartíamos la misma afición por la literatura… y todo se había arruinado, su ambición por más dinero y más poder le hicieron asociarse con la gente equivocada, a cometer actos equivocados… para cuando se dio cuenta… ya lo estaban ejecutando.

Finalmente y tras 35 minutos desde la primera inyección, Spencer había exhalado por última vez… murió a las 2 de la madrugada de aquel día de invierno. Ahora venía lo peor… lo realmente terrible, lo que me tenía nervioso y preocupado, aquello por lo cual la noche anterior tuve amargas y terribles pesadillas. Sussman se comunicó por móvil y dio luz verde a la operación GRIMM. La sala ya se había desocupado, los guardias se fueron como así también todo el personal de gendarmería y los asistentes de la ejecución. Al cabo de unos minutos entró un nuevo personal médico con escafandras blancas y el símbolo del gobierno de los EEUU en su pecho, nos hicieron un saludo y comenzaron a trabajar en Spencer quien ya a esa altura llevaba 50 minutos clínicamente muerto en la camilla. A través del cristal vimos toda la operación,  hicieron que su corazón comenzara a bombear otra vez gracias a un dispositivo hidráulico artificial mientras toda su sangre era reemplazada por una repugnante sustancia verde que contenía el virus progenitor… el maldito virus progenitor. Gracias a un catéter ese trabajo fue concluido de forma impecable…

-Ya te lo dije, Leon… descuida… todo saldrá bien.- me repitió Sussman al verme tan descompuesto.

Hasta el día de hoy sigo batallando con el infame dilema moral que significa negarle a un hombre el derecho a morir. Spencer ya estaba muerto, ejecutado, fue ajusticiado según la ley de la constitución de los EEUU. Pero a razón de un misterioso y secreto pacto entre el gobierno y el hermano gemelo de Spencer decidieron aplicar en él el macabro proyecto GRIMM. Lo único que sé es que este programa viene de varios años tratando de dar con el anhelado Super-humano, creo que Spencer estuvo involucrado también en dichas investigaciones, patrocinando matanzas a nivel mundial.

  Pasaron 20 minutos y través del cristal vimos las primeras convulsiones manifestarse en el cadáver de Spencer, comenzó a retorcerse hasta que de pronto se levantó de la camilla asfixiado, no podía respirar, estaba completamente morado, sus ojos casi se salieron de sus cuencas… los médicos lo sujetaron para que no se hiciera daño y lo arrojaron al suelo. Spencer abrió la boca y dio un terrible grito de horror…

Se encontraba aterrado de haber vuelto a la vida….


 Pasaron las semanas y Spencer fue llevado a una hermética instalación de seguridad del gobierno, la cual ni siquiera los satélites tienen autorización de monitorear. Allí me enteré de que se había vuelto loco, no podía concebir la idea de haber regresado de la muerte… mató a tres militares y a dos enfermeras con sus propias manos. Pasó la mayor parte del tiempo inconsciente gracias a la extracción de cierta cantidad del líquido verde que corría por sus venas y que contenía el virus progenitor. Al cabo de un mes y medio logró entrar en razón y sus ataques de pánico fueron cada vez más esporádicos. Uno de esos días pude entrevistarme con él, tuve acceso a la instalación de seguridad y me dieron unos minutos para poder charlar con él. Fue un encuentro ingrato, en una oscura sala húmeda y fría, él se encontraba sentado bajo la tenue luz de una lamparilla que reafirmaba de manera asquerosa su piel grisácea, su voz… su voz era cadavérica…

-Leon… ya estoy bien…- me dijo casi susurrando.- estuve muerto, pero volví… trabajaré para el gobierno.

-Es lo que oí.- le contesté.- yo… lamento mucho que esto te sucediera, amigo mío…

-¿Por qué?- me contestó con una sonrisa que dejó ver sus deteriorados dientes amarillos.- He muerto, y he resucitado… soy muy fuerte, ¿sabes?, y cada vez soy más veloz… - en ese punto se puso de pié y pude ver que en su espalda llevaba una especie de mochila pequeña incrustada en su columna.

-Comprendo… -le dije.- te has convertido finalmente en el super-hombre… ¿no es así?

-No, Leon… estás muy equivocado…-me dijo y sus ojos brillaron con una malignidad que difícilmente voy a olvidar.- ellos me han convertido en un Super-Zombie… han experimentado muchas cosas conmigo y entre ellas la de manipular a los infectados, ellos obedecen mis ordenes, Leon… soy su amo y señor…

-Vaya… eso es una muy buena noticia, Spencer… grimm…- contesté con cierto nerviosismo.- eres muy valioso para nosotros.

-Lo sé… lo sé… - repitió con esa voz susurrante y fúnebre.


  Ese fue todo el encuentro con Spencer Grimm. Me despedí y ya no le he vuelto a ver. He oído rumores de que lo pondrán a cargo de una misión en Africa, espero no tener que toparme con él… siento que aquella cosa con la que me entrevisté ya no era mi amigo. Lo último que supe es que lo del Super-Zombie se lo ha tomado muy en serio... y hasta se ha tatuado el rostro.












Desde ayer han vuelto mis pesadillas...

LEON S. KENNEDY, 02:45  A.M.



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miércoles, 15 de agosto de 2012

Mi perseguidor




























El desierto africano…


Raras fueron las circunstancias que me obligaron a ir a ese lugar a causa de una razón militar, ligada naturalmente a un incidente bacteriológico desatado en una pequeña aldea de nombre extraño, tan extraño que ya no lo recuerdo. Una serie de hechos desafortunados y lamentables habían acabado con mi munición de armas y suministros de agua, me encontraba totalmente abatido e indefenso, sin contar también el hecho de que una herida producida por una esquirla de granada había roto mi rodilla… por lo cual no podía caminar, sino que a duras penas solo podía arrastrarme.

 Lejos de la aldea, y de todo contacto con algo medianamente “motorizado”, arrastrarme por la tierra, por el lodo, el follaje y la arena era todo lo que me quedaba por hacer, sin embargo… la vida me ha enseñado que todo siempre PUEDE SER MUCHO PEOR, así que ya el hecho de poder arrastrarme lo agradecía infinitamente. Me encontraba recostado bajo un árbol seco típico de la sabana africana cuando una llamada por radio me alertó, mi contacto y en ese entonces mejor amigo de infanteria me tenía una escalofriante noticia: La situación en la zona se había salido de desmadre y la orden desde los EEUU era retirar a todo el personal militar que había ido a la zona, no podían ir a recogerme, aún tras enterarse de mi paupérrimo estado, pero el helicóptero de mi amigo podía esperarme hasta 48 horas desde su posición a unos 20 kilómetros más al norte desde donde yo me encontraba. Así que sin perder más tiempo emprendí el agónico camino hasta el helicóptero, eran cerca de las 9 de la mañana y calculaba que a mi ritmo podía llegar poco antes del anochecer.

  A eso del mediodía salí de la agobiante humedad que me ofrecía la zona de árboles y abundante vegetación desde donde partí para encontrarme cara a cara con un desolador paisaje desértico. Comencé a arrastrarme por la arena y debí luchar contra toda clase de fantasmas que surgían en mi cabeza, todos ligados a la desesperación y al fracaso. En ese momento deseé haber aceptado la oferta de recibir entrenamiento de boina negra, pero ahora que lo pienso… para alguien que solo quería ser policía, y que duró un solo día en el puesto… como tal era mi caso, me reconfortó el hecho de salir airoso de varias situaciones igual de duras y extremas en el pasado. A eso de las tres de la tarde sentía que literalmente me estaba cocinando, me detuve y bebí un poco de agua de mi cantimplora, miré hacia atrás y pude ver el rastro que dejé con mi cuerpo al arrastrarme por la arena… me consoló el hecho de no ver la pequeña selva desde donde había partido, eso quería decir que había avanzado más distancia de la que yo imaginaba. Iba a reanudar mi marcha cuando un punto atrás a mi derecha llamó mi atención… me quedé mirándolo fijamente por unos minutos hasta que pude darme cuenta que se trataba de un hombre, un hombre que venía a mi encuentro. “Tengo dos opciones”, pensé, “esperar un poco más para ver si es alguien que me pueda ayudar… o perder minutos preciosos de escapatoria si es que se trata de un infectado”. Obviamente, me incliné por lo segundo, si se trataba de alguien normal correría hacia mí o me gritaría algo.

Fingiendo que no vi nada, reanudé mi camino y comencé a arrastrarme nuevamente. No fue hasta unos 15 minutos después que giré mi cabeza para mirar hacia atrás y allí, con horror descubrí que se trataba de un infectado, se había acercado cientos de metros… caminaba de forma torpe y lenta, pero aún así era más rápido que yo arrastrándome. Lo que más llamó mi atención fue que el infectado no era ningún desconocido, se trataba del piloto del avión que nos había llevado a la aldea… su apellido era Dwight, y habíamos charlado un poco sobre deportes, me contó que había hecho una fortuna apostando en un juego de los Lakers. Un golpe de terror impactó mi pecho y comencé a arrastrarme, esta vez redoblando mis esfuerzos para ir más rápido. Cada tanto iba mirando hacia atrás y comprobé que a ese nuevo ritmo podía mantener la distancia entre el zombie y yo, que eran unos 35 metros aproximadamente. Aún ante lo realmente terrible y trágica que era mi situación… no pude evitar sonreir un par de veces, era hasta cierto punto cómico verme a mi mismo escapando de un infectado a paso de tortuga, arrastrándome en el desierto. Al cabo de unas horas, y al sentirme un tanto cansado me detuve y decidí regalarle a Dwight un par de metros. En ese momento hice algo que de un comienzo supe que no resultaría, pero no podía dejar escapar la chance de experimentar…

-¡Hey, Dwight!- grité.- ¿Me recuerdas?... ¡soy Leon!, ¡Leon Scott Kennedy!

  El infectado continuaba acercándose a un temible paso lento.

-¡Dwight!, ¿recuerdas que me hablaste de los Lakers?- volví a insisitir-¡Por favor, no me comas, hombre!, ¡soy tu amigo Leon!

Pero era inútil, el infectado continuaba su marcha con una mirada perdida, reflejo de la muerte misma y una bilis repugnante chorreando de su boca.

-¡Como quieras!... pero te aseguro que no te va a ser fácil atraparme…, maldito idiota.- dije y comencé de nuevo a arrastrarme por la arena.

   Contrario a lo que la gente quizás pueda pensar, las noches en el desierto africano son igual de calurosas que en el día, sin embargo la luz del sol ya no me quemaba ni dañaba mis ojos, eso ya era bueno. La noche había llegado, y allí bajo la luna… yo luchaba por mi vida arrastrándome por la arena huyendo de un zombie, totalmente desarmado y malherido no podía darme el lujo de detenerme para regalarle más metros a Dwight. Obviamente erré mis cálculos, quizás durante la mañana lograría llegar al helicóptero, pero para ello no debía detenerme ni un solo segundo. Era ya entrada la madrugada y el cansancio no me daba tregua, sin embargo era mi vida la que estaba en juego así que solo debía preocuparme de no bajar tanto el ritmo.

-¿Hasta donde me piensas seguir?- grité de pronto hacia atrás.-Te tengo malas noticias, Dwight… estoy seguro que me ves y se te hace agua la boca por probar este bistec, pero tengo otros planes… y en esos planes no estoy incluido yo como plato de fondo.

Finalmente llegó el día otra vez. La distancia entre el infectado y yo se había acortado, pues forzosamente tuve que detenerme en algunas ocasiones para descansar y con ello Dwight avanzaba algunos metros… quedamos a unos 20 metros de distancia. A eso de las 10 de la mañana pude ver una edificación de baja altura en el horizonte, esa visión fue como un bálsamo para mi espíritu…. Continué arrastrándome con más fuerzas aún hacia ella. Al cabo de dos horas la distancia entre el zombie y yo era poco menos que de 10 metros… ya no me quedaban fuerzas, apenas y podía seguir arrastrándome. Mi mente estaba intacta, pero mi cuerpo… sobre todo mis brazos ya no daban abasto… más de 24 horas llevaban ya librando una dura batalla para mantenerme con vida. De pronto el sonido de un vehículo motorizado llegó a mis oídos, del recinto militar al cual yo arribaba, enviaron un jeep en mi auxilio…. Tardó solo segundos en llegar hasta donde yo estaba, yo me detuve, no tenía ya más fuerzas… hundí mi rostro en la arena. No me había percatado de cuan cerca se encontraba el infectado a mis espaldas, solo sentí un disparo y Dwight cayó a mi lado.

-Hola, Leon… ¿feliz de vernos?- me dijo mi amigo bajando del jeep con un rifle. Él había eliminado al infectado.

-Solo denme agua… luego vendrán los agradecimientos.- contesté dándome vuelta en la arena.

-Te vimos con los binoculares, ¿Cuánto tiempo llevabas huyendo del zombie?

-Lo suficiente como para tener pesadillas con él durante una semana…

-OK, ¿qué te pasó en la rodilla? No me digas que te mordieron… si es así el protocolo dice que debo balearte aquí mismo.- me dijo con cierto dejo de ironía.

-Muy gracioso…- contesté mientras me depositaban sobre una camilla.- lo recordaré, para cuando me convierta serás tú el primero al que voy a morder… después de tu esposa.



  Ese mismo día regresamos a EEUU. Aún me estoy recuperando de la rodilla, uso bastón, pero al menos no debo arrastrarme.





… todo siempre puede ser mucho peor.

LEON S. KENNEDY, 00:27 A.M.


lunes, 2 de julio de 2012

No debí estar allí
























SEGUNDA PARTE Y FINAL



 Unos cuchicheos me despertaron en medio de la oscuridad absoluta, poco a poco la palabra llegó con claridad a mis oídos, se trataba de mi nombre:”Leon”. Alguien me estaba llamando. Me erguí sutilmente desde donde estaba recostado y por la básica noción que uno pude tener del espacio reducido en la oscuridad pude comprobar que dos hombres se habían arrimado muy cerca de mí.

-Tranquilo, soy yo… Charles.- me dijo la silueta que estaba frente a mí.- no he encendido la lámpara pues no quiero despertar al muchacho, ¿lo oyes roncar verdad?

  Efectivamente, a mis oídos llegaron unos débiles ronquidos desde unos cuantos metros más adelante.

-Hey, te presento a Erich… no hemos tenido la oportunidad de charlar los tres.- me dijo de pronto Charles.

-Hola…- me saludó la silueta que tenía a mi izquierda. Era todo muy raro, por unos segundos dudé de haber despertado pues la escena parecía sacada de un mal sueño.

-¿Qué sucede?- pregunté al fin.

-Debemos hacer algo con respecto a nuestra situación.- me contestó Charles.- Vamos para el 5to día sin alimento ni agua, y para como va el asunto… es altamente improbable que algo vaya a cambiar. Pero… yo no quiero morir, ni Erich tampoco, ni ese muchacho que duerme tampoco, y estoy seguro que tú Leon… tampoco.

-Lo sé, pero es mejor no pensar en ello, créanme, no se concentren tanto en la muerte…- contesté.- he estado en situaciones igual de terribles y esa clase de pensamientos no ayudan en nada.

-Es que ese es el punto, tú estás entrenado para sortear condiciones extremas, y nosotros no… para nosotros esto es el doble o el triple de intolerable que para ti. Esta situación es muy oscura y tétrica, Leon… por ende las medidas que podemos tomar han de ser irremediablemente igual de tétricas...

  No me gustaba. No sé si era por la oscuridad, o por haber despertado de mal humor, o por encontrarme rodeado de dos siluetas en un espacio muy reducido, el punto es que me sentía demasiado incómodo y esa charla no me estaba gustando.

-Bien, ¿y esas medidas son?- pregunté.

-Seamos realistas, debemos comer algo…- me dijo Charles desde la oscuridad absoluta.- he pensado en ir y tratar de deslizarme por entre los escombros a ver si encuentro algún camino a la superficie o algo así, pero estamos muy débiles…y debemos comer.

-Bueno, de ser por eso yo puedo ir y hacer ese intento ya que me siento menos débil que ustedes…- respondí.

-¿Y si no regresas?...- preguntó de pronto la voz de Erich quien hasta entonces se había mantenido al margen.- ¿Si vas, encuentras una salida y huyes?, ¿o si un escombro te cae encima y te aplasta la cabeza? O lo más probable: ¿si vas y no hay ninguna obertura y vuelves sin nada? El problema de la comida sigue para nosotros.

-No comprendo, ¿qué es lo que quieren decir?- pregunté un poco confundido.

-Necesitamos comer, Leon…- me replicó Charles.- Ya sea para poder movernos o para sobrevivir unos días más, el mandato es el mismo: debemos comer si o sí.

-¿Y piensan pedir una pizza?- pregunté con tono sarcástico.- Estamos enterrados varios metros más debajo de la superficie, ¿qué no se han dado cuenta?

-Sí que nos hemos dado cuenta, Leon… eres tú el que aún parece no darse cuenta.- me volvió a insistir Charles desde la penumbra.- Tú estás entrenado, nosotros no y no queremos morir… hay solo una solución para nuestro espantoso padecimiento y debemos resolverlo de la forma más madura posible… uno de nosotros debe sacrificarse por el resto, ¿entiendes? Uno de nosotros deberá morir y ser la fuente de alimento para los demás. La forma más justa de decidirlo es mediante un sorteo…

  Rápidamente los latidos de mi corazón comenzaron a golpear mi pecho, la sangre volvió a circula por mi cuerpo y me puse en alerta, dirigí mi mano derecha a mi espalda para sacar mi cuchillo, pero con horror pude notar que no estaba… lo habían sustraído.

-No te molestes…- me dijo Erich, la otra silueta.- Te hemos desarmado mientras dormías… nada personal, solo precaución.

-Escúchenme bien, par de idiotas…- dije atolondrado por el miedo, las palabras se tropezaban en mi boca.- ¡no podemos hacer esto!, debe haber otra manera… ¿no se dan cuenta que arriba está sucediendo lo mismo?, gente se está comiendo a otra gente y ustedes… ¿ustedes quieren hacer lo mismo?

-Piénsalo con la cabeza fría…- me insistió Charles.- Tú quieres sobrevivir y nosotros también… la forma más justa es dejarlo al azar y hacer un sorteo, todos debemos estar de acuerdo, TODOS.

-Así es, pero si sigues negándote… quizás no sea  necesario realizar ningún sorteo.- Concluyó Erich.

  Esas últimas palabras bastaron para dejarme petrificado y sin habla. Las dos siluetas se alejaron y se reubicaron en sus anteriores posiciones. Tenían razón, yo también quería sobrevivir, yo también me negaba a morir, yo también estaba muriendo de hambre, pero… ¿acaso era el único que albergaba un poco de sentido común?, ¿Qué iba a decir Samuel cuando se enterara? Por un momento sentí que el destino nos estaba empujando a todos a la locura…y a veces también sentía que el plan no dejaba de tener sentido. Mas valía que tuviera sentido para mí, pues tal como dijo Erich… si yo continuaba negándome y desafiándolos ¿Qué les impediría matarme y comerme a mí? Espero que quien lea estos pensamientos que he dejado en mi diario no se apresure en juzgarme de mala forma, pues de partida debería antes saber lo que se siente estar en una situación tan extrema y espantosamente horrible como la mía en aquel momento. No quise volver a dormirme… tenía miedo. De pronto pensé que sería buena idea hacerles ver que estaba de su lado lo antes posible.

-Hey, Charles…- llamé desde la oscuridad.

-¿Qué pasa?- me preguntó.

-Está bien, cuando se despierte Samuel le diremos y veremos que sucede…- dije.

-Bien.- me contestó secamente.


  Nuevamente me volví a dormir.


 Reitero que para quien no sepa lo que es pasar 6 días sin comer absolutamente nada, encerrado a oscuras varios metros bajo tierra, sin posibilidades de escapar, le va a ser muy difícil entender a cabalidad como funciona la psicología humana en momentos tan adversos, y también será muy difícil que juzgue nuestros actos con total objetividad… he mencionado ya mi desesperación, mis miedos, el dolor insufrible de mi ojo derecho, cada uno de ellos grandes cargas que reposaban sobre la débil espalda del sentido común…. Lamentablemente si pones demasiado peso encima, éste simplemente se quiebra. Con ello no busco justificarme, tan solo intento poner en el contexto adecuado a quien alguna vez tenga la oportunidad de leer estas líneas de mi diario, y no se deje sorprender  en demasía por la serie de hechos que siguieron a continuación.

Samuel fue puesto en aviso apenas hubo despertado, el muchacho lloró amargamente durante varios minutos y luego perdió por completo el habla. En medio de la penumbra deliberamos con Charles y Erich sobre cuál sería el mejor método para sortear el desgraciado y macabro juego que determinaría la muerte de uno de nosotros, claro está que yo no puse demasiado entusiasmo en la labor. Finalmente optamos por el juego de la “varilla más corta”, unos trozos de plástico de un pasamano servirían para dicho propósito. Una vez más insistí, con mi voz quebrada a postergar el terrible sorteo… pedí que me dieran tiempo para intentar buscar una salida del averiado vagón y luego alguna vía que condujera al exterior, pero fue imposible razonar y llegar a un punto de acuerdo…

Finalmente el momento llegó, encendimos la lámpara y poco a poco nuestros rostros volvieron a hacerse visible… mi ojo derecho apenas podía tolerar la débil y tenue luz de la lámpara de aceite. Charles se veía mucho más demacrado que el día anterior y la comisura de sus labios sangraba, supuse que el hambre le había hecho querer probar un pedazo de su propia boca. Erich apenas pestañaba, tenía una mirada profunda y una barba desaliñada que a veces, producto de la angustia y del nerviosismo no dejaba de arrancarse, allí supe que tenía tanto miedo como yo de participar en el macabro sorteo. Samuel, quien había caído en estado crepuscular luego de no poder asimilar la situación, volvió su rostro hacia la lámpara y noté que estaba mucho más participativo… es más, me atrevería a decir que no tenía miedo y deseaba comenzar el sorteo lo antes posible. Aquello me descolocó, por un momento me vi solo… absolutamente solo, rodeado por tres extraños salvajes. Sin embargo, no tardé en verme contagiado por el mismo éxtasis de la desesperación. El miedo se hace tan intolerable que suele derivar en estados de euforia y de rabia. Finalmente, tras mutuo acuerdo determinamos que yo sostuviera los 4 trocitos de plástico y los fuera ofreciendo. En este punto, al verme ya a apunto de comenzar… nuevamente el horror se apoderó de mí y pensé en arrodillarme y suplicar para que me dejaran fuera del juego, pero finalmente y quizás para mi desgracia… pude contenerme. El primero en sacar una varilla fue Erich, su rostro permaneció inmutable al notar que la estatura no era ni muy pequeña ni tampoco muy grande, pero el sudor que recorría su frente era evidente. El siguiente fue Charles, su varilla resultó ser más larga que la de Erich, y lentamente la tensión de su cara se fue relajando. A continuación fue el turno de Samuel, quien con mirada desafiante no demoró mucho en sacar una varilla, era corta, más corta que la de Erich y la de Charles. El muchacho palideció  Fue mi turno, solo me quedé con una varilla en mi poder…abrí mi mano y con un extraño alivio comprobé que era del mismo tamaño que la varilla de Erich.

El designio ya estaba hecho. No mentiré, me sentí aliviado de librarme de la desgracia de ser muerto a manos de aquellos desconocidos, pero no pude sentirme indiferente a lo de Samuel. El chico estaba pálido… temblaba mucho y luego vomitó un par de veces. Erich y Charles querían que yo llevara a cabo la labor de quitarle la vida a lo cual me negué de forma irrefutable, de hecho, tampoco accedería al sangriento y macabro festín que sucedería a continuación, apenas solamente acepté participar del sorteo. Samuel lloraba mucho y yo lloré con él durante largo rato. Finalmente el chico se encomendó a Dios y con determinación admirable pidió él mismo quitarse la vida. Así fue… le sugerí cortarse las venas de sus muñecas, eso sería el equivalente a solamente quedarse dormido, pero él insistió en que no quería desangrarse lentamente hasta morir, sino que prefería que fuera rápido. Entonces la mejor opción era una estocada al corazón, con esa idea en mente el muchacho se sentó y ubicó mi cuchillo de servicio en su pecho. Yo sabía que una puñalada en el corazón duele mucho y la muerte no es tan instantánea… es decir, pasan de 3 a 6 segundos hasta antes de morir, lo suficiente para sufrir una agonía espantosa. Sigilosamente me ubiqué tras él y cogí un pedazo de tubo de pasamano…. Sé que el acto que pasaré a describir a continuación muchos lo reprobarán, pero por mi cabeza solo pasó la idea de hacer que Samuel sufriera lo menos posible, el chico alzó su brazo y justo antes de enterrarlo en su pecho, yo le di un certero golpe en la nuca que lo dejó inconsciente al instante. Aterrado, me fui a un rincón… no podía dejar de temblar. Charles y Erich me observaron detenidamente por unos segundos y luego comprendieron entonces que había dejado en ellos la tarea de quitarle la vida al muchacho, la chance de que el cargo de consciencia no les permitiera seguir adelante fue solo un fugaz espejismo, pues Erich no tardó en coger el cuchillo… alzarlo en el aire y luego, acompañado con un desgarrador grito salvaje, lo dejó caer una y otra vez en el cuerpo del desafortunado chico. Apagué la lámpara… no quería ver, y luego me tapé los oídos para no escuchar el salvaje jadeo que emitían ambos hombres al desvestir y al comenzar a desollar aquel blando y aún tibio cadáver…

  No fue hasta 5 días después que una explosión sacudió el vagón en donde nos encontrábamos atrapados. Un contingente militar buscaba un pasadizo oculto para llegar a un sector impenetrable de la ciudad y se toparon con los escombros que nos habían tenido cautivos, las explosiones remecieron parte de nuestra “jaula” y logramos ser oídos por ellos. A veces pienso si hubiésemos soportado estar esos 11 días sin comer hasta ser encontrados de casualidad por los militares, pero no puedo ni tampoco quiero creer que la muerte de Samuel fue en vano. También pienso qué hubiese pasado si la varilla más corta me hubiese tocado a mí… de tanto pensar a veces he llegado a las conclusiones más extrañas, sórdidas y siniestras que alguna vez cruzaron por mi cabeza y la verdad… he desistido de hacerlo. Solo sé que mi vida se la debo a Samuel. Y es que difícilmente yo hubiera sobrevivido esos 11 días sin llevarme algo a la boca…

Por ello es que pedí apartarme algo especial…

Solamente quise su corazón…






Leon S. Kennedy   23:39  P.M.




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