sábado, 31 de marzo de 2012

Aquel hombre


















Aquella noche sí que corrí… mi amigo Svenson y yo jamás habíamos corrido tanto en medio de una noche tan tétrica, helada y tan extraña como aquella.

-¡Ya tengo 35 años, Svenson…. No estoy para este tipo de cosas!- le dije mientras a toda velocidad nos metíamos por unas callejuelas desoladas

-Sigue corriendo, Kennedy. Ni un maldito automóvil en 3 cuadras a la redonda ¿puedes creerlo?

Finalmente nuestra alocada carrera nos condujo a una casucha de apariencia abandonada, a lo lejos ya podíamos oír el frenesí de la multitud infectada que venía tras nosotros.

-Por dios, necesito respirar….- dije exhausto mientras contemplábamos la casucha.- No podemos seguir corriendo, escondámonos aquí. ¿Cuántas balas te quedan?

-Solo una, ¿y a ti?- me preguntó.

-Cero. Es probable que hayan hediondos en el interior, así que cuida esa bala.

Entramos a la casucha de madera. Adentro había un aroma muy fuerte a algo que podría describir como amoniaco, sin embargo ya no estoy seguro a estas alturas. Como pudimos corrimos una enorme biblioteca vacía para bloquear la puerta, luego gritamos un par de veces para saber si había sobrevivientes al interior, pero no, el lugar estaba deshabitado. Rápidamente subimos al segundo piso y entramos a una salita que era la única que parecía estar mas limpia en comparación con el resto de la casucha. Había una estrecha litera para descansar, un armario medio desvencijado, una biblioteca de mediana estatura (esta sí se encontraba llena), una enorme ventana que dejaba ver el exterior, una mesa y una lámpara de aceite. Sin cruzar mayor palabra me metí debajo de la litera y Svenson se ocultó dentro del armario,… y allí, en silencio… aguardamos.

Me despertaron unos fuertes y pesados pasos que subían por la escalera de madera, tan cansado había quedado con la huída que inevitablemente me quedé dormido, observé al armario en busca de la mirada alerta de Svenson y éste me respondió el gesto de la misma forma, ambos aguardaríamos hasta no estar seguros de quien o qué cosa entrara a la habitación. Finalmente la puerta se abrió, la figura de un hombre alto, muy alto recorrió la estancia. Llevaba abrigo y un sombrero achatado que le daba un extraño aire a… no sé, a alguien elegantemente misterioso. No dejaba de sorprenderme lo extremadamente alto del sujeto, creo que eso impidió cualquier intento por nuestra parte de hablarle o preguntarle quien era, su cabeza casi rozaba el techo…. Definitivamente algo no andaba bien. Se quitó su sombrero achatado y lo dejó sobre la litera dejando entrever unas orejas estrechas y puntiagudas que en comparación con su cabeza de cabello corto lucían bastante desproporcionadas, no pude verle el rostro muy bien desde mi posición, pero una ojeada a Svenson me permitió comprobar que él sí lo estaba mirando directo a la cara, oculto hay en el armario. El hombre posteriormente se quitó el abrigo y lo dejó también sobre la litera, su figura era delgada y amorfa, pues sus manos eran considerablemente grandes.

El extraño sujeto se quedó observando por la ventana que comunicaba con el exterior por unos instantes y luego dirigió sus firmes y lentos pasos a la biblioteca que se encontraba allí. Sacó un singular libro color púrpura (o al menos ese color me permitió distinguir la oscuridad de la noche) que había en la primera repisa, era un libro bastante singular con pequeños caracteres impresos en oro, y luego lo llevó hasta la mesita donde encendió la lámpara de aceite. Una tenue luz inundó de pronto aquella habitación y con ello otros detalles escabrosos fueron asomando… como por ejemplo las enormes manos de aquel sujeto eran de color azul, del mismo color que adquieren los cadáveres que mueren ahogados. Disparé una mirada a Svenson y éste se encontraba observando detenidamente los rasgos faciales de aquel hombre que yo desde mi posición no podía advertir, le hice una señal y él me contestó con un gesto de “silencio”, dándome la pavorosa sensación de que él estaba observando y notando algo que yo hasta entonces no podía hacerlo. El hombre abrió el enigmático libro sobre la mesa y buscó entre sus páginas amarillas, arrancó una de las hojas y la acomodó junto a la ventana… en aquella hoja se encontraba un retrato monstruoso, era un rostro repugnante y lo que más me estremeció no era el rostro propiamente tal, sino que el retrato parecía mas bien ser una fotografía.

Luego de acomodar aquella hoja comenzó a recitar extrañas palabras extraídas de aquel libro, no puedo reproducirlas porque las he olvidado y aunque las recordara… jamás me atrevería a copiarlas acá en mi diario, bastante me ha costado ya decidirme si debiera o no estar escribiendo lo que estoy contando. Aquel sujeto hablaba con una gruesa y extraña voz… eso no lo he olvidado. En medio de su singular plegaria, fui testigo de cómo las variaciones de colores que provenían de la noche y del exterior iban cambiando a través de la ventana. Colores azules, violetas, rojos, verdes comenzaban a entrar en la habitación, a esta altura no podía imaginar que era lo que estaba sucediendo afuera hasta que de pronto todo pareció cambiar en la atmósfera. Una tenue luz amarillenta se quedó fija afuera en el exterior e iluminaba el cuarto, como si de pronto de un segundo a otro se hubiese hecho de día. Comprendí que la plegaria había terminado y aquel enorme sujeto cerró su libro. Justo cuando iba a mirar a Svenson sobrevino lo terrible, la litera salió volando dejándome totalmente expuesto en mi escondite y aquel hombre amorfo me tomó del cuello y me levantó por los aires, su rostro era extraño… era el de un hombre, pero a la vez se asemejaba con el de los orangutanes. Sus enormes ojos inyectados en sangre me miraron con desprecio y del cuello me acercó a la ventana para observar hacia fuera, y por dios, jamás debí haber observado hacia fuera…

Allí, en el exterior otro mundo se emplazaba en el horizonte. Era una ciudad, pero una ciudad extraña… un mundo totalmente ajeno al que conocemos todos. El cielo estaba infestado de repugnantes seres alados que iban de un lado a otro, acompañados por extraños artefactos voladores de lógica totalmente desconocida. Abajo se erigían tenebrosas torres de piedra hasta lo más alto del cielo, con terrazas infestadas de arbustos color violeta. Y más abajo se encontraban los terribles habitantes de aquella macabra ciudad que reptaban por callejuelas y por caminos pavimentados con extrañas rocas negras. Todo esto se desarrollaba bajo un cielo de triste color amarillo. Comencé a gritar, y a retorcerme en el aire, pero aquel sujeto no me dejaba ir, conseguí mover mi cabeza hacia el armario donde se encontraba Svenson y allí estaba él, pero ya no era Svenson… su rostro se había transformado en el de aquel repugnante ser de la fotografía del libro.


Ahí fue cuando desperté por segunda vez, y esta vez si fue real. Svenson me movía y me anunciaba que los Infectados habían desistido su búsqueda y se habían marchado lejos. Salí de debajo de la litera sin siquiera pensar en zombies, ni en virus, ni en nada de eso, en mi mente todavía tenía el amargo recuerdo de la pesadilla. Cosa rara, jamás por muy cansado que estuviera me hubiese permitido dormir en una situación de escape, digo, jamás lo hice en mi vida hasta aquella única vez. Una vez en casa y a salvo le conté a Svenson sobre la pesadilla y tal como lo suponía… no le prestó mayor interés e importancia, aunque a decir a verdad yo tampoco lo hubiera hecho, de no ser porque meses después tuve muchas ganas de volver a ese pueblito y a esa casucha en particular, y no es que no me hubiese sentido aliviado de que todo resultara ser una pesadilla, pero hay veces en que siempre quedan preguntas…. Sobre todo si tomamos en cuenta que justo cuando Svenson y yo abandonábamos esa habitación, mi mirada involuntariamente alcanzó a posarse sobre la biblioteca de mediana estatura y allí pude distinguir un curioso libro color púrpura con caracteres de oro.










Malas noticias... el pueblito fue "purgado" hace una semana, todo se ha quemado.

LEON S. KENNEDY, 02:26 A.M.




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domingo, 4 de marzo de 2012

El escape




















Todo hombre tiene un punto débil, Kim Sarandale lo sabía y por supuesto que yo también lo sabía…


Temible y sangriento mercenario que mantenía cautivos a un grupo de soldados norteamericanos hacia varios días. Paradójicamente su crueldad iba de la mano con una extraña e irracional superstición propia de los hombres iletrados, tal cual era su naturaleza. La muerte para aquellos soldados cautivos parecía inevitable, pues su captor prescindía absolutamente de ellos y si los mantuvo tanto tiempo con vida creo que fue para demostrarles que en ese lugar él era Dios, dueño de sus vidas y de su suerte… algo así como una singular forma de guerra psicológica.

Todo hasta ahí era mas o menos tolerable, sin embargo, uno de los soldados cautivos profesaba una extraña creencia de origen nativo, que comunicó a sus compañeros de celda para intentar levantar sus ánimos. Ésta consistía en que aún con la muerte la vida continuaba y que su deidad espiritual permitía en muchas ocasiones que un hombre muerto regresara para atormentar a quien actuaba de mala forma. No sé como esto llegó a los oídos de Kim Sarandale, quien mandó a llamar a todos los soldados a la sala de ejecución… una vez allí los golpeó a todos y les escupió en sus rostros, posteriormente le disparó a aquel soldado de origen nativo en la cabeza, pedazos de su cráneo decoraron casi toda la sala. Kim Sarandale ordenó que volvieran a encerrar a todos los soldados junto con el cadáver y les advirtió que durante los próximos días los iría ejecutando de a uno, uno por cada día.

Aquella noche los hombres lloraron, era solo cosa de horas para que otro soldado fuera muerto y no había ya absolutamente nada que hacer. Pero por designios del destino un único rescatista había logrado infiltrarse en la guarida y en el calabozo donde los hombres aguardaban la muerte a través de un ducto de aire, en un par de minutos acabó por enterarse de todo lo sucedido. Comprendiendo que en tan solo unas horas más otro soldado podía morir comenzaron a elaborar la huída de forma inteligente, pues un rescatista pobremente armado no sería mayor obstáculo para Kim y sus hombres.

Finalmente el segundo día de ejecución había llegado, los mismos soldados del día anterior (con su baja) fueron llevados a la sala de ejecución donde el sanguinario Kim esperaba ansioso. Fueron puestos en fila ante el tirano y éste cargaba de forma tranquila y despreocupada su escopeta para liquidar a otro soldado al azar, pero de pronto, 3 fuertes golpes llamaron a la puerta de la sala, uno de los soldados la abrió y petrificado apenas pudo balbucear un par de palabras mientras retrocedía espantado. La puerta terminó de abrirse por completo… y allí en el umbral se erguía la cadavérica figura de aquel soldado muerto, manchado por completo de sangre y con pedazos de sesos colgando de su cabeza herida…

Kim palideció hasta volverse blanco, el soldado nativo venía por él, sus ojos se revolvieron y tras un fatídico suspiro se desplomó cayendo muerto al suelo. Lo que vino después fue una batalla entre los cautivos y los soldados que aún se encontraban paralizados en el interior de la sala de ejecución. Fue fácil bajarlos mientras se encontraban desprevenidos. Posteriormente apoderándose de sus armas aquellos hombres se abrieron paso hasta la zona segura donde el rescatista momentos antes había designado una posición para ser rescatados. Todo había salido a la perfección, durante la madrugada el rescatista se había caracterizado como el soldado muerto, recurrió a sus ropas, su sangre, tomó hasta pedazos de sesos y cráneo para simular su herida en la cabeza, luego mientras los soldados prisioneros se encontraban en la sala de ejecución, él mediante su pistola con silenciador había eliminado a un considerable número de hombres de Kim en los pasillos para luego tocar a la puerta y entregarse a la bizarra representación. Kim Sarandale falleció al instante, nunca antes había visto morir a alguien del susto… y es que yo conocía muy bien a Kim y sabía perfectamente de su obstinada superstición a estos temas…


Jamás podré olvidar el horror en el rostro de Kim en sus últimos instantes de vida, y es que aquel disfraz era perfecto, lo supe apenas pude echar un vistazo en el primer espejo que encontré...












Morir de miedo...

LEON S. KENNEDY 00:57 A.M.


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domingo, 19 de febrero de 2012

Post-Mortem

Eran unos gritos horribles… alaridos perversos y de ultratumba.



Jamás había escuchado unas voces así, tan…tan extrañas y casi demoniacas. Sonidos que nunca antes habían llegado a mis oídos. Detuve mi huir precipitado por unos segundos y me quedé allí… con mis cinco sentidos robados por el asombro. Extraños sonidos guturales cabalgaban por el aire y llegaban a mí de forma asquerosa y horrible, voces que ya no eran voces…

Mi olfato debió haber sufrido tanto como mi vista. Un hedor repugnante hería mi nariz cada vez que intentaba respirar, contuve el aire por unos instantes…. Luego exhalaba por la boca, sin embargo el putrefacto olor se las arreglaba lo más bien para atormentar mis olfato por cualquiera de las dos formas, inundando mis pulmones con aquel venenoso aroma a muerte. Creo que solo la distancia salvó a mi paladar de no alcanzar a percibir algún sabor de lo que acontecía… pues el hedor era tan fuertemente asqueroso que hasta parecía saborearlo. Del tacto no me referiré, pues de solo imaginar el haberme acercado me produce hasta ahora náuseas. ¿Qué mal me han hecho mis manos como para haberlas expuesto a semejante atrocidad?

Mi vista no tuvo tan buena suerte…, un extraño embrujo evitó que cerrara mis ojos y por ende hasta hoy sigo siendo atormentado por mi maldita memoria fotográfica. Jamás debí haberme detenido en mi loca carrera por huir. Una abominación de carne, tejido muerto, sangre coagulada y podrida se combinaba con otros pedazos de piel y huesos rotos. Toda la podredumbre… enfermedad y repugnancia se abrazaban en un asqueroso rito de… ¿amor?

Pude ver gotas de sudor recorrer los asquerosos rostros de los involucrados, aquella cosa que semanas o quizás meses atrás había sido un hombre y la otra que de igual forma hace bastante tiermpo pudo haber sido una mujer, ahora no eran más que pobres y terribles parodias de lo humano. Gusanos recorrían sus pieles y carnes colgantes… indiferentes al horrible jadeo y movimiento de aquellos dos infectados que consumaban allí, bajo la tétrica luz de la luna junto a una capilla… su macabro acto de amor…


Luego de un instante y antes de que se percataran de mi presencia, huí despavorido... dejándolos a solas con su extraño acto sexual post-mortem…
























...son las 2 de la madrugada y afuera la luna está llena...

LEON S. KENNEDY, 02:06 A.M.




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viernes, 10 de febrero de 2012

Los años posteriores

No logro recordar mi nombre...



Hay un punto de inflexión donde no logro recordar más atrás en mis días,solo en mi
memoria tengo almacenados recuerdos de un hambre y una locura espantosa que conducen hasta ahora mis actos...

Lo mejor de todo es que no estoy solo, tengo tres amigos con los que suelo deambular por la ciudad… jamás solemos separarnos demasiado y me tienen mucho respeto,quizás sea miedo… no lo sé, o quizás sea el fuerte olor que tiene mi cuerpo, de toda mi pandilla soy el que mas aroma a muerte trae a cuestas. La escasez de comida es cada vez un problema más grande, considerando que nuestra única fuente de alimento son los “limpios”, personas cobardes, que apenas nos ven salen huyendo gritando aterrados… sus pieles blancas y rosadas, sus mejillas coloradas y su limpieza general son verdaderamente un manjar para nuestros paladares… son distintos, pero a la vez tan familiares e iguales a nosotros…

Recuerdo que los primeros días,… tenía mucha hambre, locura y dolor… me podría
describir a mi mismo como una fuerza imparable de excitación y muerte que buscaba solo placer. Mis primeros ataques a los “limpios” estaban enfocados solamente a las mujeres, no sé… algo me recordaban, quizás algo de ese pasado lejano y perdido que estaba ya muy lejos. Siempre me gustaron, esas dulces y frescas boquitas…que ahora dan alaridos de terror cada vez que me ven. Generalmente ayudado de mis amigos les quitábamos sus ropas y con violencia las devorábamos hasta saciar nuestra hambre… fueron días gloriosos, si señor… y todo ello coronado con un festín, pues sus cuerpos muertos y aún tibios eran realmente deliciosos.

Ahora la realidad es un poco distinta… ya no tengo fuerzas… hasta mis dientes se han ido cayendo. Probablemente todas las heridas que he recibido ya me estén pasando la cuenta…, generalmente los “limpios” me han dado buenos golpes en la espalda y pecho, algunos me han enterrado cuchillos, hay otros que me han apuntado con un pequeño tubo de hierro de los cuales salen disparados pequeñas bolas de metal que penetran mi piel, incrustándose en mis órganos podridos…

Nada de eso realmente me duele la verdad. Estoy desintegrándome, lo sé… las moscas que vuelan a mi alrededor y mi insoportable olor a muerte me dan un status, es cierto, pero también preceden mi derrumbe.

Hasta hace un par de días llegaron a la ciudad más “limpios”, les vimos descender de un gran armatoste volador que se suspendió en el aire gracias a una gigantesca hélice, me resultó tan familiar ese aparato…, son como recuerdos, recuerdos de otra vida. Esto a mis secuaces y a mí nos ha subido mucho el ánimo ya que el hambre por estos días es insoportable y tenemos que alimentarnos si o sí.

Hoy es mi día de suerte… jeje, uno de esos “limpios” se ha aparecido ante mí, y es
una hembra… una hermosa e imponente hembra, vamos a ver si me puedo divertir tanto como antaño…, que bonita figura tiene, perfectamente encajadas en su apretado traje azul… su gorra también es un detalle encantador. Me voy acercando lentamente hacia ella jadeando como un animal herido..., algo ha sucedido, me está hablando cosas que ya no entiendo… palabras que sacuden algún recuerdo de mi cerebro. ¿Está llorando?, ¿de verdad está llorando?... no puedo creerlo, esto es demasiado fácil, a esta la mataré de forma salvaje y luego la devoraré de forma lenta, lenta para que mi paladar saboree el éxtasis que solo brinda la carne blanca y tibia.

De nada sirve que me apuntes con ese tubito de fierro, preciosa, no me hace daño.
¿Ves?, ya has jalado ese gatillo y el impacto solo atravesó mi pecho… de nada te sirve que continúes llorando y diciéndome cosas que no entiendo. Ahora has jalado ese gatillo por segunda vez y lo único que haces es hacerme enfurecer, cómo juguetearé con tu sangre, de verdad ya me estás haciendo enojar…

¿Leon?, ¿porqué diablos me llamas Leon?... oh, preciosa, estás tan asustada y tus
lágrimas en verdad me atraen demasiado, … al fin después de tanto tiempo, creía que estaba todo perdido y tú, tú… ¿Cómo?, ¿tu nombre?, ¿ me dices que tu nombre es Jill…? ¿y que mierda me importa como te llames o como yo me llame?. ¡Deja de llorar, y arrodíllate ante mí!

Ahora me estás apuntando a los ojos, ¿eh?... apunta donde quieras, nada te salvará ... ¿qué?, ¿que lo lamentas?, oh, sí lamentaras venir a hacerte la difícil conmigo, ¡yo soy el rey de este lugar!, ¡yo devoro a todos!, ¡tú eres mía!, ¡MIAAA!


... la muy maldita jaló el gatillo…


... atravesó mi cráneo


... ahora todo es silencio y oscuridad, y mientras caigo... mis pensamientos se
desvanecen... intentando recordar quien diablos fui...



























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lunes, 30 de enero de 2012

Resident Evil 3.5

















Un mal sueño.

Un pseudo-recuerdo.

Una noche de borrachera, llámenlo como quieran.


Pero estoy seguro de que hay una parte de mi vida que me ha sido ocultada. Es raro, he venido recordando esto como algo que viví, pero… no tengo mayores registros de ello en mi cerebro. Ayer fui a hablar con varias personas de las fuerzas especiales y nadie parece saber de lo que hablo. No quiero pensar que estoy en el centro de una conspiración (otra vez), pero las opciones se me están acabando y estas memorias perdidas vienen a mí como algo tan “real”. Comienza así… me veo a mi mismo en medio de un oscuro pasillo, en una oscura casona. Me encontraba de pronto avanzando entre lo que parecían ser armaduras medievales que parecían estar pendientes de cada paso que yo daba. Finalmente, al llegar a la puerta de fondo de aquel pasillo me daba cuenta que debía volver por una llave que momentos antes había divisado junto a un cuadro. Volví tras mis pasos y me apoderé de la llave, luego volví hacia la puerta, pero era distinto… las armaduras habían adoptado una pose de ataque ¿que rayos significaba eso?

Tragué saliva y avancé con mucha cautela depositando toda mi confianza en la débil luz de la linterna que cargaba en mi mano izquierda, avancé por entre las primeras dos armaduras y tal como mas o menos lo sospechaba… la de mi derecha dejó caer con toda su furia un hacha gigante que quedó incrustada en el suelo dándome apenas una milésima fracción de segundo que me bastó para retroceder y salvar mi cabeza, luego toda la armadura se vino abajo.

Mi corazón latía furiosamente, casi se me salía por la garganta. Respiré hondo y volví a avanzar esta vez echando mano de mi arma, no recuerdo muy bien que calibre era. Caminé y me encontré ante las siguientes dos armaduras, bastaron solo segundos para que esta vez la de la izquierda dejara caer el mortal filo de aquella hacha, mis reflejos anduvieron bien una vez más y logré salvarme… posteriormente la armadura se cayó a pedazos. Ya fuera de peligro me dispuse entonces a entrar a la siguiente habitación…

Fue algo extraño, una sensación de “irrealidad” por un momento me asaltó al entrar al siguiente pasillo, pero por lo que recuerdo no duró más allá de 3 segundos. Opté luego por entrar en una puerta que había a mi derecha, allí se abrió un cuarto que resultó ser bastante extravagante… lo primero que vi fueron muñequitos pequeños sobre unas repisas que habían junto a la pared, se encontraban desnudos y algunos carecían de ciertos miembros. Continué avanzando por la singular habitación y pude ver restos de maniquíes amontonados en algunos rincones, allí supe que deseaba salir de ahí lo más pronto posible. Al fondo, sobre un mueble divisé una llave que supuse yo era mi boleto de salida, sin embargo no hice más que cogerla para que la “realidad” nuevamente se… digamos…transformara, o se curvara, no sé como describirlo, la realidad cambiaba su forma y un irritante ruido desgarraba mis oídos. Con ello un ejército de pequeños muñequitos se me vino encima, así es, tal cual lo describo… parecían tener vida propia, reían diabólicamente cuales bebés del infierno y me atacaban. Comprobé que entre mi arsenal andaba trayendo granadas incendiarias (como las amo) y con ellas pude abrirme paso y salir finalmente libre de aquella habitación.

Lo siguiente que recuerdo es estar avanzando por aquella casa del terror con un miedo espantoso, todo parecía querer hacerme daño… una puerta que se abría de golpe casi me hizo gritar, posteriormente la llamarada de una chimenea me atacó al pasar cerca de ella. Todas estas cosas que narro pueden sonar como meras reacciones físicas debido al entorno, pero créanme que en el contexto de estar vagando a la deriva en una casona horrible como la que suelo revisar en mis recuerdos, pues son francamente aterradoras. Finalmente encontré la puerta por la cual debía seguir avanzando, se encontraba al final de un reducido pasillo decorado con pinturas y… bueno, aquí viene lo que el día de hoy me ha hecho preguntarme por todo, absolutamente todo en mi vida, preguntarme por mi nombre, por mi trabajo, mis amigos y enemigos, etc. Y es que lo de Silent Hill lo recuerdo perfecto y no tengo mayor problema en hacerlo porque sé que fue real, pero esto…, pues escapa de mi control. Al pasar junto al cuadro de un hombre colgado, éste personaje salía de la pintura y me atacaba, sí, ahora sé lo loco y desquiciado que se oye eso… imagínense vivirlo Yo me defendía haciendo uso de mi arma, pero este espectro o como quieran llamarlo no moría, me continuaba atacando de forma brutal. Fueron tantos sus golpes y ataques que estuve a punto de morir, realmente quedé mal.

















No fue hasta que dejé de preocuparme por mi munición y descargué todo lo que tenía sobre su fantasmal figura. 18 balas y 2 granadas de luz tuve que ocupar para liquidar a ese extraño enemigo.

Luego pude avanzar hasta la ya mencionada puerta y pasé a través de ella. Lo demás es negro, no recuerdo absolutamente nada.

Tal como he dicho ayer fui a hablar con mis superiores y con algunas personas de confianza que tengo en el FBI. La respuesta de todos ellos es la misma: “estas soñando, Kennedy”, “necesitas vacaciones”, “deja de ver películas de terror”, etc. Pero solo una persona me vio y trató mi caso de forma seria, me dijo que era muy probable que estos pseudo-recuerdos hubiesen sido gatillados por mi subconsciente, que acumuló gran parte del estrés de estos últimos 10 años de mi vida. Se oye bonito, pero no es lo que yo creo…

A veces no dejo de pensar que fui parte de una historia, de un proyecto, de una misión que nunca salió a la luz… en la cual estuve infectado por un virus que ataca la mente. Una vez completé la misión, fui sanado, pero no he podido guardar mayores recuerdos de aquella experiencia y todo el mundo a mi alrededor lo niega...



... dicen que jamás ha ocurrido, pero yo sé que sí.








...yo sé que sí.

LEON S. KENNEDY, 01:42 A.M.


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miércoles, 25 de enero de 2012

Mirrors are more fun than television

Autora - Lady Bateman 
Capitulo 2 - She has dyed her hair red



Me puse a leer el expediente de Jayden mientras este seguía ausente. 37 años, Ex –miembro del FBI, se salió hace ya un par de años luego de terminar con el caso del asesino del origami, destacado en deducción y seguimiento en sus investigaciones, sin mujer ni hijos. Algo tenía que estar ocultando, algo grave.

-         Tú debes ser Kennedy, - exclamo Norman desde detrás mío, extendiendo su mano. – un gusto. –

-         Lo mismo digo. – dije inspeccionándolo con la mirada.

-         Siento haber llegado tarde, tuve un pequeño inconveniente en mi departamento. – dijo preocupado, intentando ocultar una mano temblorosa.

-         No te hagas problema. – murmure llevando una mano a mi barbilla.

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Seis días recolectamos detalles, información, evidencia y mucho cansancio. Jayden parecía nunca dormir y solía ausentarse de vez en cuando para volver aun más desecho de lo que estaba, me preocupaba estar concentrándome más en el enigma de Norman que en el caso en sí.
Estábamos en mi departamento temporal tomándonos unas cervezas en la sala, mientras continuábamos nuestra lectura rutinaria de informes y expedientes sobre Pietilä, pero jamás llegábamos a sumarle nada adicional de lo que ya sabíamos. Eran cerca de las once de la noche y las ventanas ya estaban empañadas en hielo por las grandes nevadas frecuentes de esta época.

-         Esta helando horriblemente – dije intentando limpiar un vidrio con la manga de mi saco. – y tu casa no está nada cerca. Porque no te quedas esta noche?. –

-         Hmmm – dijo con su vista aun clavada en los papeles. – bueno tu sillón parece cómodo, aparte de que no me convendría conducir con este clima. De acuerdo. –

-         Bien, pediré comida china. Tu tomate un descanso, de todos modos esos papeles no irán a ningún lado. – exclame acercándole el control remoto a Jayden. Dios, me sentía muy mamá al hablar así.

El noticiero resonaba por toda la cocina mientras yo pedía la comida. Un asesinato en masa, un violador en serie, varios choques en la autopista, otros policías corruptos que matan a jóvenes inocentes… que bello en mi país. Divague un rato mirando las cartas en la mesada, hasta que me detuve en una carta sin remitente y manchada de algo bordó. “Ella tiño su cabello de rojo” decía en grande en el sobre, lo abrí dejando caer una hoja cuadrada que tenia la marca de un instituto mental llamado Pink Bird. Al reverso me encontré una foto, era una chica joven casi rozando sus veinte años, flotando en una tina rebalsando de sangre y con un certero disparo en la sien.
Corrí a buscar a Norman y le mostré el pequeño y enigmático regalito que me habían dejado. Decidimos cancelar la precaria cena y dirigirnos inmediatamente al tal Pink Bird Mental Institute.

-         Tú conduce. – dijo Jayden lanzándome las llaves de su Chrysler. Tenía el presentimiento de que algo no andaba bien.

Arribamos a un gran edificio bastante derruido, un cartel enorme por encima del mismo mostraba la figura de varios personajes bastante familiares para los dos, entre ellos un gran flamenco con ojos rojos y brillosos. “Address Unknown” se intitulaba el establecimiento. Entramos fácilmente por una puerta de hierro giratoria, enfrente nuestro había una boletería, nos miramos confusos y tomamos el camino de la izquierda, que nos conducía a un túnel lleno de luces giratorias para luego llegar a una mini ciudad, “Noir York”, con coches de cartón a medio pintar y molestos sonidos de calle. Avanzamos hacia una de las puertas donde escuchamos un genérico grito de mujer, ambos alzamos nuestras armas  encontrándonos otra figura de cartón con forma de dama manchado en sangre falsa.

-         Que sitio más estúpido. – replico Norman.

Continuamos el camino de bajada por la ciudad donde nos detuvimos al ver una enorme jaula y nada más allá. Sugerí que nos metiésemos, al hacerlo la misma se cerró y comenzó a bajar mientras varias figuras de cartón pintadas como médicos nos rodeaban por fuera.
 Arribamos al Pink Bird Mental Institute, el cual estaba conformado por un gran salón plagado de muñecos de enfermos mentales exclamando incoherencias.

-         La muerte está llegando, están aquí, están aquí!. Creo que estoy muerta, creo que morí, voy a herirte!, voy a matarte… - exclamaba una figura femenina que se movía de un lado a otro por una pequeña vía debajo de sus petrificados pies.

Una sombra pasó en un destello frente nuestro, la mismo se trabo antes de poder ocultarse, parecía un hombre con sobretodo negro, sombrero y un cuchillo en mano. Nos fuimos por donde el muñeco se trabo, entré primero a lo que parecía un baño unisex con un gran espejo y una ducha en la otra punta. Un flamenco de cartón reemplazaba mi reflejo en el espejo siguiendo mis pasos mientras caminaba y al detenerme a verlo exclamó:

-         She has dyed her hair red… AAARGHHHH. – dijo el pájaro rosado en una voz mecánica mientras la ducha detrás mío se llenaba de sangre falsa.

-         Eso no es lo que decía la carta?. – dijo Jayden analizando la escritura en la pared, “Redrum”.

-         Murder… - murmure.

Me salí por la puerta al otro lado de la habitación, la misma se cerró herméticamente dejándome encerrado en una sala de operaciones completamente roñosa. Una bruma verdosa subía peligrosamente por mis piernas, me pare en la camilla intentado buscar alguna ventilación.

-         Leon!. – grito Norman golpeando el vidrio blindado de la puerta.

Comencé a toser desesperadamente, la neblina quemaba mis ojos y no me permitía respirar, quise disparar a la pequeña rejilla en el techo pero me caí de bruces al piso. Una risa se escuchaba a lo lejos y pronto una de las paredes de la habitación se alzo liberando el gas, revelando una nueva habitación.

-         Estas bien?. – dijo Jayden mientras me ayudaba a levantarme.

-         Mierda, Valkyr. – la marca “V” se mostraba grabada en una de las paredes.

-         Al menos ya sabemos que Pietilä está en esto. -

-         Seh, mejor apurémonos antes de que la droga haga efecto. –

 Un cartelón gigante nos indicaba que estábamos en “El próximo nivel”. Ahora los edificios de la ciudad eran sonrisas malévolas enormes que se burlaban de nosotros, los signos en la calle solo sabían decir “no hay escape” en forma lineal hasta llegar a un teléfono público. Jayden descolgó el tubo.

-         John Mirra?. Este es él, bienvenido al próximo nivel… ah ah AAAHHH ahh ah. –

La caseta se abrió en dos mostrando un enorme salón de espejos.

-         Mirrors are more fun tan television. – se escucho en una voz electrónica.

Ambos desenfundamos nuestras armas preparados para lo que sea. Apoye una mano en el vidrio intentando evitar el punzante dolor en mi cabeza, Norman se alejaba de mi, intente seguirlo pero lo perdí en un instante. Lo llame pobremente solo encontrándome con mi reflejo una y otra vez hasta que comencé a marearme y tuve que agacharme mirando hacia el piso, ya que ese ambiente me daba vueltas la cabeza.

-         The flesh… the flesh. –

Alcé la cabeza para ver una persona en el espejo, era el mismo tipo de la figura de cartón, de sobretodo negro y sombrero, me observaba fijo sin decir nada. Apunte hacia el pero su reflejo se multiplicaba cada vez más rápido, estirándose y agrandándose hasta hacerme ver tan pequeño como un alfiler. Me arriesgue y dispare.

-         Ah! Maldición… Kennedy que mierda te pasa?. –

-         Qué?. –

Había herido a Jayden, pensé que era él, creí, estaba seguro que era el!. Que me sucede?. Tuve suerte de que la bala solo le rozo el brazo, pero sabía que la droga me estaba haciendo alucinar.
Norman me quitó el arma y me arrastro hasta el final del laberinto solo para encontrarnos con otro callejón sin salida.

-         Felicitaciones!. – Pietilä?. – han arribado al último nivel, ahora solo deben encontrarme. –

-         Tal vez si volvemos por donde vinimos podremos buscarlo mejor. – susurro Norman.

Aun más desorientado de lo que estaba, volvimos hasta el principio del laberinto. Cerrado.

-         AHH.- grite dándole una patada al espejo infinito, el cual se comenzó a partir.

-         Eso es. Sigue pateándolo!. –

Jayden pensó bien, el vidrio se termino de romper, detrás de él había una pared acartonada de disfraz, una patada más nos revelo una puerta de metal. Ingresamos en lo que parecía un salón plagado de cámaras y micrófonos, los libros y las escrituras extrañas nos confirmaron que esto era obra de Pietilä.

-         Demian sal de tu escondite cobarde!. – exclame intentando mantenerme de pie.

-         Ese no es mi nombre, rubio. –

El bastardo me sujeto del cabello, poniendo un bisturí sobre mi cuello. Estaba tan débil y aturdido que apenas me di cuenta.

-         Suéltalo o disparo. –

-         Dispara y el agente muere. –

-         Dispara maldita sea!, no le hagas caso!. –

Entre la neblina oscura y los gritos en mi mente, pude notar ese temblor en Norman, el sudor que bajaba de su frente, sabía que eso no lo estaban provocando los nervios.

-         Disfrutare bañándome en tu sangre, Leon. – susurro en mi oído.

Sentía a Jayden maldecir del otro lado del cuarto, debía darle pase libre para que reviente a John… Demian, Quiero decir Demian. Un momento.

-         John Mirra?. –

-         Lo sabes… -

-         Tú eres más divertido que la televisión. –

Dije tomándolo del brazo y tirándolo al piso. El rio descaradamente dándome un tajo en la muñeca, este quiso levantarse a dar su último golpe cuando Norman le pego un tiro en la nuca.

-         Buen trabajo… Norman?. –

Él cayó al suelo convulsionando e intentando desesperadamente agarrar algo de su saco, yo me le adelante sacando un pequeño frasquito con un liquido azul en el… Triptocaina. Jayden de a poco se calmo y sin decir una palabra me ayudo a vendar mi herida.
El era adicto al Tripto. No podía creerlo, pero me comprometí a ayudarlo con su adicción y la mía… Mirra, o mejor dicho Mirror, me hizo caer inconscientemente en el Valkyr. La consumí durante un tiempo de vez en cuando, ahora estoy limpio, pero todavía tengo algunos espasmos o flashes involuntarios. Cada vez que nos vemos con Norman nos reímos de aquello, pero fue el peor horror en el que me metí… alucinar con ser un personaje de videojuego y que tus simples pensamientos sean manejados por alguien más no es algo facil de olvidar.




Odio los espejos.

LEON S. KENNEDY 02:16 A.M.

martes, 3 de enero de 2012

Mirrors are more fun than television

Autor - Lady Bateman
Capitulo 1 - Redrum



-         “RagnaRock”. Pintoresco. –

Me dije inspeccionando con la vista al club nocturno gótico, supuestamente uno de los más famosos en la fría ciudad de Nueva York. Mi compañero, Henry Mason, me ofreció un cigarrillo el cual acepte con gusto, ya extrañaba el amargo gusto del tabaco impregnado de nicotina en mi boca.
Henry parecía un tipo centrado, hacia poco que lo conocía pero solía ser un libro abierto así que no costó mucho saber que escondía detrás de esos lentes cuadrados. El estaba acostumbrado a vestir siempre de traje negro Armani, común entre los polis de “categoría” o mejor dicho los vagos que no mueven un dedo y se quedan con todo el crédito. Esa era la gran molestia para él, siempre me reclamaba que dejara de ponerme las camisas sin corbata y que en vez de jeans negros me pusiera pantalones de vestir con zapatos y no con borceguíes. Pero esas discusiones siempre terminaban en una visita al bar.

-         Hey Kennedy, es hora. – me dijo despabilándome de mis absurdos pensamientos nocturnos.

Entramos al club como si fuésemos otros de los clientes habituales. Grupos como Asphyxia, Neckrosis entre otras bandas industriales resonaban a más no poder por los ridículamente gigantescos parlantes en la pista, el humo de fantasía mas las luces de colores no dejaban ver una mierda aparte de los hermosos y empalidecidos rostros de las chicas que nos aplastaban en un intento de baile sensual.
Henry me señalo una de las puertas “de atrás” que se ubicaban a un lado de la barra, yo me dirigí a aquella mientras que mi compañero tomo las otras puertas que estaban por el otro lado de la pista. Antes de decir nada ya lo había perdido entre el mar de gente.
Torpemente me adentre a la manada con crucifijos e ingrese sin problemas a lo que parecía un largo pasillo oscuro con una habitación llena de bibliotecas. “Necronomicron”, "The age of murder and storm", "Paradise lost" y cientos de otros títulos de la misma semblanza recubrían las gastadas tapas de los libros que yacían en el suelo conjunto de algunas pinturas plagadas con símbolos inentendibles para esta especie.

-         Pietilä i mne nadoeli so svoimi glupymi kulʹta. – ("Pietilä ya me tiene harto con sus estupideses del culto").

-         “La carne de ángeles caídos”. – exclamaban riéndose dos de los matones de Demian Pietilä, un fuerte sospechoso en el embarque de la nueva droga “Valkyr”.

Me escondí detrás de una de las grandes bibliotecas y desenfunde mi arma con tranquilidad.

-         Ya chuvstvuyuprisut·stvie. – ("siento una presencia").

-         Alto! NYPD. – vocifere saliendo de mi escondite.

Ambos hombres alzaron dos escopetas recortadas y no duraron en arremeter contra mí. Me arroje de lleno a la pila de libros que yacía a escasos metros mío, aun sorprendido de que ninguna bala me hubiese atravesado.
Me pare inconscientemente disparando a lo primero que divisaba entre los estallidos de pólvora y los ácaros de los libros que se deshacían en el trayecto. Uno de ellos cayó, el otro gritaba el nombre de su compañero caído, ahora disparando más furiosamente hacia mí. Este no tardo en caer ante las últimas dos balas que me quedaban en la recamara, el todavía arrastrándose intentando alcanzar su escopeta.

-         No sabes en que te metiste al venir aquí, cerdo. – exclamo entre oleadas de dolor, con acento ruso.

Tome su escopeta y la escondí donde no la alcanzara si es que llegaba a levantarse de su charco de sangre. Detrás de lo que parecía una simple mampostería rota y sucia, encontré una reja cerrada con candado la cual no me costó mucho abrir, ahora solo debía llegar hasta donde Pietilä se encontraba y arrestarlo, en el mejor de los casos.

-         Mason, Mason me oyes?. – murmure hacia el obtuso comunicador escondido en mi oído. – Mason!. –

Ni una réplica, espero que se encuentre bien.
Luego de acabar con dos más de los soldaduchos, ingrese en una de las habitaciones en las que hacían guardia, la misma parecía una simple oficina, equipada con uno de los mini bares más repletos que se hayan visto y forrado en armas de grueso calibre. A un costado yacía una pizarra, la cual tenía dibujada en grande un mapa de la sección Este del edificio, plantado justo en el medio había una habitación circular señalada como “habitación Valhalla”. Allí es donde nuestro empresario debía estar, tal vez estaba por caer en una de las trampas más idiotas en el siglo, pero nada se pierde intentando.

-         Eh! americano!. –

Antes de que pudiese llegar a la escalera que me dejaría a escasos metros de mi destino, escuche la voz de uno de los rusos de Pietilä. Cuatro de ellos avanzaron a paso agigantado hacia mí, armados con Kalashnikovs… y yo aquí con una maldita 9 mm.
Me agache apuntando a los tobillos, pude lograr que uno se resbalara y tirase a otro, eso me dio tiempo de quitarle el arma a uno de ellos y esconderme dentro de las habitaciones vacías del recinto.
Uno de ellos se metió de lleno por el umbral apuntándome al rostro, estaba a nada de dispararme y volarme la cara cuando una granada le pasó por debajo de los pies. Corrí y me tire debajo de unos escombros en la otra punta de la habitación, pude escuchar al ruso exclamar “mierda” antes de que la granada lo volara en pedazos. Apenas me salí le dispare en el pecho a uno que creía poder tomarme por sorpresa, otro entro maldiciéndome a diestra y siniestra disparando hacia cualquier dirección. Me deslice tomando uno de los pedazos de cemento del suelo y se lo arroje, el idiota lo agarro en el aire, yo me le adelante disparándole en el hombro y pierna derecha. Ahora solo quedaba uno.
Salí de la habitación con cautela, pero no se encontraba allí, aproveche para irme por la escalera. Con toda confianza llegue al primer descanso cuando divise un cañón rebelde apuntando a la nada, me agache un poco y le di al cuarto ruso en el estomago.

-         No teman!, Demian está aquí. –

Se podía escuchar desde uno de los altavoces de una pista abandonada. Más de 10 soldados salieron disparados de todas las puertas habidas y por haber, todavía recuerdo haberme declarado muerto antes de siquiera empezar a disparar.
En la barra donde me escondí encontré un par de cocteles molotov, espere a que algunos se acercaran y los arroje quemando a tres de ellos, otros dos saltaron por la barra, con la 9 mm. les deshice los sesos antes de que tocasen el suelo. Me pare e hice buen uso de las Kalashnikov en mi poder.

-         Veo que no me equivoque contigo Leon. Por favor, pasa y hablaremos en persona. – escuche por el altavoz luego de que el polvo y la sangre se disipara.

Me dirigí ya agotado y desecho hasta la gran puerta de la habitación Valhalla. Antes de apoyar un dedo en ella, un gorila enorme y pelado tomo mis armas, me esposo y me arrojo al centro de la habitación.

-         Leon!, querido amigo. –

-         No soy tu amigo. – dije incómodamente desde el suelo.

-         Víctor, por favor pon a nuestro amigo en una silla, no quiero que se pierda lo que tengo preparado para él. –

De nuevo el gorila perdón, Víctor, me tomo de los hombros y me sentó en una de las sillas de madera más astilladas que he visto o sentido. Ahora podía distinguir la habitación, era en efecto circular y enorme, tanto como una cancha de tenis. Estaba totalmente vacía, excepto por algunas manchas de suciedad y Valkyr, sin mencionar los símbolos extraños hechos en sangre que recubrían cada centímetro del lugar.
Demian se acerco a mí, vestido con su clásico sobretodo negro de cuero y observándome con esos ojos negros penetrantes.

-         Por fin, el legendario Leon Kennedy!. Debo decir que es un honor que alguien como tu este tras mi pista. –

-         No puedo decir lo mismo. –

-         Jajá, que gracioso. – dijo dándome un bofetazo. – quiero mostrarle algo. Ve esa cortina de allá?. – señalo hacia una cortina roja como las que se usan en el teatro, de medidas estrafalarias. Asentí con la cabeza. – bien, ábranlas!. –

De a poco el telón se abrió, revelando una fuente circular de hierro de unos 5 metros de diámetro y dentro de ella se encontraba Mason.

-         Henry!. Déjalo ir!. –

Pietilä solo rio a carcajadas, se acerco a Henry y lo tomo del rostro. Le dijo algo y ambos me miraron. El retiró de su saco una daga muy fina, de una forma poco convencional y sin dejar de mirarme dijo:

-         La carne de ángeles caídos. –

La fuente pronto se fue llenando de la sangre de Henry y la habitación de mis gritos.


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-         Seguro que quieres seguir con esto?, sabes que podemos traer a otro agente. –

-         Estoy seguro. Quiero ver esto hasta el final. –

-         Bien, te proporcionaremos otro compañero. –

El comisionado Blake me llevo hasta el escritorio de mi nuevo compañero, el cual todavía no había arribado.
Norman Jayden, decía la placa sobre su mesa.






Supongo que esto me llevara un capitulo mas.

LEON S. KENNEDY 03:36 A.M.