viernes, 18 de febrero de 2011

Las plagas















CAPITULO 2




-¿Redfield?- pregunté estrechándole mi mano.- ¿eres el hermano de Claire?


-Así es, ella me ha hablado de ti a menudo. Le has salvado la vida en más de una ocasión y no sabes cuánto te lo agradezco.


-Es recíproco…- le contesté con sinceridad.- ella ha salvado la mía muchas veces, creo que mi deuda es el doble de grande.


-Kennedy, ¿ya te han informado de lo que sucede en este lugar?- me preguntó Chris dirigiendo su mirada al mapa desplegado sobre la mesa.


-Una pandemia relacionada con Las plagas… hay que encontrar a una niña llamada Rose, hija del primer ministro. Les confieso que no me siento en condiciones de poder realizar esta labor…, y mucho menos tras haber sido “secuestrado” hasta aquí.


-Leon, ha sido mi culpa…- me dijo el capitán Stype.- he sabido que ya no deseas seguir lidiando con cosas como ésta y te respeto. Ha pasado mucha agua bajo el puente desde Raccoon City, y ya estás en una edad en la que las cosas simplemente no son como antes, pero eres indispensable para el éxito de esta misión. Sobre todo en una como esta en donde está en juego la vida de millones de personas…

El capitán Howard Stype no pudo continuar con su diálogo, una bala le atravesó la garganta y cayó al suelo retorciéndose de dolor. Todos quienes estábamos en la tienda nos agachamos rápidamente y buscamos refugio. Stype no dejaba de sacudir sus piernas y brazos mientras intentaba gritar, pero se ahogaba en su propia sangre, el pobre hombre estaba agonizando de una forma verdaderamente espantosa… y no podíamos ayudarle.

-¿De donde vino eso?- preguntó un oficial.


-Un francotirador ha logrado penetrar el campamento…- contestó Redfield apagando la luz de la lámpara.- ¡Francotirador activo!, ¡cuidado!- gritó hacia fuera.

Decenas de soldados comenzaron a correr para buscar refugio y pude ver como algunos de ellos eran alcanzados por el enemigo invisible. El caos fue terrible por algunos segundos hasta que varios de ellos lograron atrincherarse en el interior del campamento. Bastaron solo unos pocos segundos más para que el recinto volviera a ser atacado, un camión en llamas irrumpió derribando uno de los débiles muros y tras él una impresionante cantidad de civiles armados ingresó al campamento en un evidente estado de alucinación… por un momento pensé que era un ataque terrorista, pero al ver mujeres, adolescentes y uno que otro niño… comprendí que la realidad era un poco más ilógica y desquiciada.

Salimos de la tienda y se abrió un terrible fuego cruzado entre los soldados y los civiles infectados que habían irrumpido en el campamento. Una bala rozó mi tobillo y caí al suelo adolorido, pero Chris Redfield me agarró del brazo con rapidez y me arrastró desesperadamente hacia un jeep. Una vez junto a él me subió ayudado por un militar a la parte posterior del vehículo con la intención de salir del lugar, en primera instancia no comprendía porqué, pero luego me percaté que el número de infectados era desproporcionadamente superior al de soldados en el campamento y si de pensar frío se trata, si nos quedábamos… moríamos.

Una explosión junto al jeep me dejó un agudo silbido en mi oído izquierdo que duró varios segundos mientras el humo y el polvo me envolvían, para cuando se hubo despejado pude ver con una horrible claridad que entre mis piernas había caído la cabeza decapitada de un niño pequeño. Invadido por el espanto y por el asco arrojé la cabeza lejos y deseé despertar pronto de lo que yo consideraba no podía ser más que una oscura y horrible pesadilla, afortunadamente Redfield logró hacer andar el jeep y este avanzó a toda velocidad por el campamento en busca de una salida. Un soldado venía corriendo detrás de nosotros y nos gritaba por ayuda, que nos detuviéramos, pero se tropezó con el cadáver de un compañero caído y un infectado armado le dio alcance… rematándolo en el suelo de varios disparos.

Finalmente Chris dio con una valla endeble que no opuso mayor resistencia al paso del jeep y logramos huir del lugar acompañados de un oficial y seguidos por otro vehículo militar con tres soldados en su interior. Llevábamos alrededor de tres horas y aún no podía asimilar los hechos que he descrito y que marcaron mi bienvenida a esa ciudad, ninguno de los que íbamos a bordo del jeep cruzó palabra alguna hasta que Redfield rompió el silencio.

-Se está acabando el combustible, estamos avanzando solo con la reserva del estanque…


-No podemos ir a una estación de bencina, debemos alejarnos de los lugares poblados…- le contestó el oficial que iba con nosotros.


-¿Específicamente cual es la situación de esta ciudad?- pregunté inclinándome en mi asiento hacia delante.


-La ciudad ha sido declarada zona de catástrofe.- me contestó Chris con su vista clavada en el camino.- El porcentaje de contaminación total es del 92 %. Las plagas sufrieron una mutación extraña al mezclarse con una célula desarrollada por la compañía Tricell que operaba en un ex laboratorio de Umbrella, esto ha provocado que el virus alcance a hombres, mujeres y niños por igual. Esta ciudad es el “chernobyl” del desastre bacteriológico,… una segunda Raccoon City si prefieres.


-¿Qué hay sobre la niña Rose?, ¿alguien la ha visto con vida?, ¿la tienen secuestrada?- pregunté advirtiendo lo complejo que se estaba volviendo todo.


-Una señal de GPS transmitió su posición en el lado Este de la ciudad hace 96 horas atrás, luego la señal se desvaneció. La niña llevaba el dispositivo en un colgante.

Posteriormente cuando el gris y horrible amanecer comenzaba a hacer su aparición llegamos a una estación de bencina ubicada junto al solitario camino que recorríamos, se veía abandonada y presentaba varias señales de saqueos.













-Kennedy, ¿cómo está tu tobillo?- me preguntó Chris Redfield deteniendo el jeep a unos cuantos metros de distancia de la estación.


-Ya estoy bien, necesito un arma… quiero sentirme útil.

Chris me aventó un revolver 44 que cogí en el aire, pocas veces me había sentido tan a gusto rozando el frío acero de una pistola. Temo volverme adicto a aquella sensación…

El jeep que nos seguía con los tres soldados mencionados anteriormente aparcó solo a unos cuantos metros detrás de nosotros, el conductor se quedó tras el volante mientras que los dos soldados se acercaron sigilosamente a nuestra posición, cualquier voz, ruido o señal humana podía llamar la atención de algún infectado escondido así que Redfield expresándose a través de gestos militares dio instrucciones a los soldados para que se dispersaran hacia los escondites más cercanos para así posteriormente cubrirnos. El oficial que iba con nosotros cogió una piedra y la arrojó hacia los surtidores de combustible esperando que el sonido provocara la reacción de algún civil infectado, lo que me pareció mala idea.

-Escuchen…- dije en voz baja.- no estamos enfrentándonos a personas estúpidas o a animales a los que podríamos engañar…, los infectados con este derivado del virus de las plagas son seres altamente inteligentes que saben manejar armas y que saben tender trampas. No caerán en el truco de la piedra, debemos asegurar el lugar de algún modo para poder acercarnos al surtidor de combustible.

Pedí dos granadas a los soldados que estaban con nosotros y me dirigí con mucha cautela hasta un automóvil abandonado que se encontraba muy próximo a la casa tras los surtidores de combustible.

-¿Quién vive?- pregunté en voz alta considerando la mínima posibilidad de ser oído por algún sobreviviente escondido en el interior de la casa. Sin embargo pasaron los segundos y no hubo mayor respuesta.

Finalmente arrojé ambas granadas con violencia hacia una de las ventanas, al cabo de unos segundos estallaron haciendo trizas todos los cristales de la casa. Esperamos cerca de tres minutos y no hubo reacción alguna desde el interior, el lugar estaba limpio. Nos acercamos hacia los surtidores de combustible y grande fue mi decepción al ver que Redfield comprobaba que se encontraban completamente vacíos.

-Nada. Están secos…- dijo sacudiendo una de las mangueras.- seguramente han tomado el combustible para fabricar explosivos caseros como bombas molotov.


-Qué listos son…- comentó el oficial que iba con nosotros.

En ese momento un intercomunicador se activa en el cinturón de Chris Redfield y contesta una llamada, luego de un breve intercambio de palabras me otorga el intercomunicador a mí.

-Leon, es para ti…- me dice ofreciéndome el aparato.

Grata y enorme fue mi sorpresa al ver una vez más el rostro de Hunnigan.














-Vaya, creía que jamás te volvería a ver.- le dije.-… curiosamente ha vuelto a ser en otra situación compleja y difícil.


-[Leon, ¿te estás desquitando conmigo por no haber aceptado tu invitación a salir?]


-No, no soy rencoroso… solo si nos ayudas a todos a salir de ésta vivos y de una pieza.


-[Rose se encuentra aún en el lado Este de la ciudad, para llegar allí es necesario atravesar un sector residencial ubicado más allá del puente Lightfall, es peligroso pero es el trayecto más corto]


-Lo consideraremos…- respondí no muy convencido de la idea.- quizás no estamos en condiciones de sacrificar nuestra seguridad por un par de horas menos.


-[Leon… el tiempo apremia…]- me indicó Hunnigan.-[Las autoridades han programado un bombardeo nuclear en la ciudad para las próximas horas….]






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martes, 15 de febrero de 2011

Las plagas















CAPITULO 1




No suelo ser muy hábil en los videojuegos.

Iba en un bote acompañado de dos hombres en dirección a una ciudad europea mientras pasaba el rato ocupado en una consola portátil de última generación, al cabo de unos cuantos minutos me aburrí y la dejé de lado para luego cruzarme de brazos y echarle un vistazo a la imponente bóveda nocturna que se alzaba sobre nosotros.

-Jeje, ¿no te gustan los videojuegos, Kennedy?- me preguntó Frank, hombre corpulento que era capaz de fumar hasta tres cigarrillos en tan solo media hora.


-Algo, es solo que comenzó a dolerme la cabeza…


-¿Por qué no nos cuentas algo sobre ti, Kennedy?- me preguntó el hombre que conducía el bote a motor.- ¿cómo es la vida de un mercenario?, estoy seguro que te han sucedido muchas cosas en tu vida.


- Cosas buenas y malas….- contesté con una sonrisa sin dejar de mirar a las estrellas.- quizás me han pasado tantas cosas como a cualquier persona en el mundo.


-¿Alguna que destaque por sobre otras?


-Pues, hace unos años fui a un lugar llamado Arkleys para liberar a un preso que en su cuerpo llevaba tatuada una información muy relevante para el gobierno de mi país. Aún recuerdo esa travesía como si hubiese sido ayer… y a los amigos que perdí.


-¿Arkleys?... no conozco esa cárcel.- comentó Frank


-Nadie la conoce. Allí no existen los derechos humanos, es un infierno…


-¿Alguna otra experiencia similar?


-Varias…- respondí acomodándome en el suelo del bote.- No sé si conocen a un tal Adam Raynolds…


-Yo sí, es un asesino, ¿no?- contestó quien iba al mando de la nave.


-Sí, es uno de los genocidas más peligrosos de la última década… a cambio de un trato debíamos ir a rescatar a su hermano a un pueblo verdaderamente aterrador.- hice una pausa en ese momento para recordar más detalles de aquel lugar, pero preferí no profundizar mucho.- lamentablemente las cosas no salieron como esperábamos y su hermano,… bueno, estaba muerto…. También tuve la oportunidad de conocer a un niño con una sorprendente y extraña capacidad mental, asesinó a casi 20 personas él solo… actualmente el gobierno lo tiene cautivo bajo observación en un complejo militar desconocido.


-Uff, pues vaya que sí te ha tocado duro…


-Lo sé, y esa vez pude haber muerto… - contesté tomándole por primera vez el peso a esas palabras.- ¿Porqué no me hablan de la ciudad a la que voy?


-No podemos, Kennedy. Quien ha organizado esto te recibirá y te contará todo una vez lleguemos al puerto, de hecho se han producido muchos problemas para poder realizar esto de una forma legal… es por ello que te llevamos en este botecito y a estas horas de la madrugada.


Volví a observar las estrellas y a la enorme luna llena que se alzaba triunfante por sobre aquel mar oscuro y gigantesco, la horrible y conocida sensación de muerte me invadía una vez más.

Al cabo de unas horas pude ver tierra a la vista, no tenía la más remota idea de donde me encontraba ni hacia donde me dirigía, solo sabía que hasta hace un par de días me fueron a buscar a mi apartamento unos agentes federales que posteriormente me trasladaron hasta la costa en helicóptero, la orden esta vez no venía desde arriba sino mas bien de un grupo de personas influyentes. Llegamos finalmente al muelle y amarramos el bote a uno de los pilares.


-Si esto es un secuestro, debo decir que ustedes dos, muchachos, han sido los captores más simpáticos que he podido conocer.- dije estirando mis piernas ya sobre el piso del muelle.


-Jeje… cuidado, que a lo mejor luego podrías desear haber sido secuestrado…


-¿Sí?, ¿porqué?


No me contestaron, sin duda conocían mas detalles de lo que verdaderamente pasaba y sabían que se trataba de un lío gordo. Por un momento creí que debía eliminar al presidente de algún país europeo, o asesinar a un dictador… estaba pensando en esto cuando oí que unos pasos se acercaban hacia nuestra posición, era un tipo de bigotes y llevaba un uniforme militar de los EEUU.

-¿Leon Scott Kennedy?- preguntó con voz amable.- soy el capitán de infantería de los Estados Unidos Howard Stype. Lamento mucho haberte traído a este lugar de forma tan clandestina, reconozco que no ha sido la forma más ortodoxa, pero tengo mis razones.


-Está bien, capitán.- le contesté devolviéndole el saludo.- me entretuve mucho con el videojuego de Frank aquí presente cuando veníamos hacia acá.


Abordamos un jeep y del muelle nos trasladamos por unas estrechas y solitarias calles hacia otro punto el cual yo desconocía por el momento. El capitán conducía a toda velocidad.

-Leon, estamos entrando ya a la ciudad. El lugar ha sido declarado zona de catástrofe, ya te darás cuenta porqué…, el asunto es que en medio de todo este infierno debemos sacar con vida a una niña pequeña, hija del primer ministro… su nombre es Rose.


-¿Cuántas probabilidades hay de que se encuentre con vida?- pregunté considerando que si la respuesta era menos de un 20 % entonces la misión podía simplemente naufragar.


-Altas, digamos que un 60 %. Escucha… no irás solo.


Finalmente llegamos a un campamento protegido por altas murallas, seguí al capitán hasta una tienda en donde un grupo de militares revisaba un mapa. Me sorprendió ver en aquel lugar tanto ajetreo, contrastando con la soledad que momentos antes pude ver en el camino hasta ahí.

-¿Conoces Las plagas?- me preguntó el capitán mientras ingresábamos a la tienda.


-¿Es una broma?- le contesté.- cómo podría olvidarlo…


-Bien, Tricell ha llegado a este continente y más específicamente a esta ciudad con el virus maldito, escúchame bien… aún no sabemos cómo, pero los niños y mujeres no son inmunes como antes. La inteligencia y el nivel de violencia con el que actúan los infectados es verdaderamente anormal. Discúlpame que te hable tan rápido, pero es que el tiempo apremia… ¿hay algo que quieras decirme?


-Muchas cosas…- le dije.


El grado de nerviosismo que mostraba el capitán y los demás hombres me asombró muchísimo y terminó por contagiarme. Sin duda esto no iba a ser un paseo por el campo, pero… ¿Qué les hacía suponer a ellos que yo estaba aceptando la misión?


-Leon, te presentaré a quien irá contigo….- me dijo el capitán justo cuando un grandulón entraba a la tienda.- su nombre es Chris, Chris Redfield.


















-Kennedy… he oído hablar mucho sobre ti. Es un gusto poder verte a la cara.- me dijo Chris.










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sábado, 5 de febrero de 2011

Machinna
















En medio del desierto sudamericano una célula de la compañía Tricell trabajó arduamente durante meses en unos fármacos producidos a través de una exótica planta ubicada por aquellas regiones del continente, sin embargo algo salió mal y una llamada de auxilio nos alertó de que se había desatado en el complejo científico el brote de un virus cuyo nombre no recuerdo en estos momentos, pero que los síntomas eran ya bastante familiares para mí y para los demás hombres que acudimos en el rescate del Dr. Davis Pealee.

Aquel complejo “farmacéutico” quedaba bien adentrado el desierto y tardamos alrededor de 1 día y medio en llegar al lugar. Decidimos detener el jeep a unos 200 metros de distancia y recorrer el trayecto faltante a pié para asegurar de mejor forma el perímetro. El lugar lucía como un bunker militar abandonado, algunos de mis compañeros (que no estaban muy al tanto de las últimas operaciones de esta compañía) se vieron sorprendidos ante el hecho.

-Hey, Leon…- se acercó a mí un agente de apellido Roosevelt.- ¿conoces al sujeto que venimos a rescatar? El tal Davis Pealee…


-No, no le conozco.- contesté mientras seguíamos avanzando.- es probable que esté muerto o infectado, al final es lo mismo. De todas formas puede haber algún sobreviviente.


-Te recuerdo que las instrucciones fueron bien claras al ordenarnos que solamente debíamos preocuparnos por ese tal Davis.


-Roosevelt… eres un buen tipo, pero esta es tu primera misión de rescate.- Le dije.- Créeme que no podrás dejar abandonado a un sobreviviente que te suplica directo a los ojos, aún cuando no se trate de quien vas a rescatar.


Continuamos avanzando bajo el implacable calor del desierto hasta que nos topamos frente a frente con la entrada del complejo militar, se trataba de un enorme portón de hierro abollado que dificultaba su apertura. Entre los seis hombres hicimos fuerza y tras varios intentos finalmente cedió y ante nosotros se dejó ver la oscuridad absoluta del interior del bunker. Guardamos silencio por alrededor de 5 minutos y no podíamos oír nada salvo el silbido del viento, no habían señales de vida o movimiento de personas infectadas.

-Bien, vamos a entrar.- dijo Travis quien estaba al mando de la misión.- Leonard, Smith y Moore se quedan acá cuidando la entrada, Kennedy y Roosevelt bajarán conmigo.

A medida que nos adentrábamos en aquel lugar iban apareciendo cadáveres por el suelo, fuimos revisándolos uno por uno para ver si alguno se trataba del Dr. Pealee, y pude notar que ninguno de ellos presentaba rasgo de infección o de mordeduras, más bien podría decir con total certeza que su deceso fue causa de una anemia aguda ya que todos los cadáveres habían perdido gran cantidad de sangre.

-Uh, ¿se imaginan uno de estos se levanta y comienza a gemir?- dijo de pronto Roosevelt mientras caminábamos entre los cadáveres.- me orinaría en los pantalones antes de jalar el gatillo.


-Hasta el momento todo va bien… no seas pájaro de mal agüero, Roosevelt- le contestó Travis.

Finalmente llegamos a la entrada de un laboratorio principal que se abría mediante una tarjeta electrónica que debíamos pasarla por un visor,… típico.

-No tenemos la maldita tarjeta, ¿será que alguno de los cadáveres la tenga en uno de sus bolsillos?


-Aléjense…- ordené, y le dí dos tiros al visor electrónico. El cortocircuito arruinó el cerrojo y la puerta se abrió.- Listo, es un truco que aprendí tras años de tener que buscar llaves y tarjetas como un idiota.


-Bien, Leon… ahora entremos.

Entramos al laboratorio principal, era una enorme estancia decorada con cuerpos y miembros mutilados por doquier, buscar al Dr. Pealee se transformaba en una verdadera lotería y bajaba considerablemente ya las chances de que se encontrara con vida. Nos separamos y comenzamos a chequear los rostros de cada uno de los cadáveres para ver si coincidía con la fotografía que llevábamos del Dr. Davis Pealee, sin embargo era inútil. De pronto me fijé en un bulto que había en un rincón y me fui acercando con el máximo de cautela, al llegar a los dos metros de distancia le apunté con mi escopeta creyendo que se trataba de un infectado, pero grande fue mi sorpresa al darme cuenta que era ni más ni menos que Davis Pealee. Se encontraba en agachado como escondiéndose de algo y repetía una palabra en voz baja de forma desesperada.

-Machinna…. Machinna… machinna….


-Dr. Davis, ¿se encuentra bien?, somos del gobierno norteamericano y hemos venido a rescatarle.


-Machinna…. Machinna….- continuaba repitiendo de forma incomprensible.


-¡Muchachos!, ¡le he encontrado, por acá!- exclamé y al instante Roosevelt y Travis llegaron a mi lado.


-Doctor, es usted muy afortunado…- le dijo Travis.- Venga, se acabó… hemos venido a rescatarle, por cierto ¿Qué ha pasado?, ¿qué ha matado a toda esta gente?


-Ma… chinna….


Roosevelt, Travis y yo nos miramos confundidos sin acabar de comprender nada en absoluto.


-Doctor Pealee, ¿que es eso de Machinna?


El doctor apuntó con su dedo flaco y tembloroso hacia una estructura que yo momentos antes había confundido con una suerte de amueblamiento, pero en ese instante se reveló ante mí y ante mis compañeros un ser enorme que articulaba todo su exo-esqueleto a modo de disfraz y que había permanecido oculto ahí todo ese rato. Su rostro era horrible y ahora al recordarlo creo que su extraña mueca se trataba de una sonrisa. Aquella mole de 3 metros de altura se irguió ante nosotros y nos dejó ver la colección de cabezas que sostenía en uno de sus brazos robóticos.


-¿Qué demonios?… ¿qué es eso?...- preguntó Roosevelt boquiabierto ante la terrorífica escena, pero ninguno de nosotros pudo contestarle al muchacho.


De pronto abrió su boca y chilló de una forma tal que rompió todos los cristales a unos 10 metros a la redonda, nosotros nos cubrimos los oídos hasta que el grito se apagó. Apenas y el armatoste guardó silencio cogimos al Dr. Pealee y lo trasladamos hacia la puerta de entrada con la intención de huir de ahí, sin embargo la puerta se cerró de golpe amputando el brazo izquierdo de Travis. Su grito desgarrador hizo que aquel androide se viniera contra nosotros, me llevé al Dr. Pealee tras un escritorio mientras que Travis se quedó descargando toda la munición de su metralleta de servicio, pero increíblemente las balas no alcanzaban a llegar a su objetivo… como si un invisible campo de fuerza las hiciera rebotar centímetros antes de llegar a él. Aquella cosa cogió a Travis de su cráneo y lo levantó a 1 metro del suelo, el agente le arrojó su metralleta vacía mientras maldecía y pateaba en el aire a lo que el ser pareció responder con una sonrisa, luego simplemente le reventó el cráneo al cerrar su mano cibernética.


-¿Has visto eso?... ¿ha… has visto eso?- me preguntó Roosevelt abriendo sus enormes ojos.


-Así es, esa cosa ha asesinado a Travis… al parecer seguimos nosotros.


-¡N-no digas eso!… ¡no quiero morir!


-Tranquilízate, Roosevelt…debemos idear un plan mientras esa cosa parece estar ocupada.- Y en efecto, se entretenía desmembrando el cuerpo del pobre Travis como si hurgueteara para ver de qué estaba relleno.- Nuestras armas no le hacen daño, ya vimos que las balas le rebotan…


-¡Tengo una granada!,¡le… le arrojaré una granada!- exclamó mientras se ponía de pié para lanzar el proyectil.


-¡No lo hagas, le rebotará!- grité, y en ese instante aquel androide se fijó en nosotros.

Roosevelt arrojó su granada y tal como lo supuse, ésta rebotó a centímetros del ser y se devolvió hacia nosotros justo antes de estallar. La explosión fue terrible y la luz me cegó por unos segundos antes de salir disparado hacia atrás agarrado del brazo del Dr. Pealee, a Roosevelt se le incrustaron cientos de esquirlas en su rostro y por un instante cayó inconsciente al suelo. Yo tardé en recuperarme de la sordera y la ceguera temporal, apenas logré hacerlo agarré a Davis Pealee y lo puse a salvo bajo un escritorio, luego temí por mi vida… no encontraba la manera lógica de derrotar a ese “monstruo” ya que nuestras armas no le dañaban en lo absoluto, hasta que se me vino a la cabeza la idea de que mi única alternativa era un combate cuerpo a cuerpo, pues si al parecer había matado y desmembrado a todas esas personas con sus manos entonces cabía la posibilidad de un contacto físico. La idea era absurda y peligrosa, pero mi vida corría verdadero peligro y no me podía quedar sin hacer nada, la enorme mole caminó de forma lenta y robótica hacia el inconsciente Roosevelt con la intención de liquidarlo y fue ahí cuando corrí a sus espaldas con un extintor en mis manos y acompañado de un grito para darme valor y fuerzas, solo logré darle un contundente golpe y el extintor saltó lejos al chocar con su estructura de hierro, aquel ser se dio vuelta y me observó sonriendo.

-¡Machinnaaaaaaaaaaaa!- gritó y de un manotazo me aventó contra un muro, ahí fue donde me rompí dos costillas al caer.


Escupí sangre y pude distinguir a aquel extraño armatoste robótico venir a mi encuentro.


-¡Roosevelt!... ¿estás bien, chico?...- pregunté apenas logrando hacer que mi voz saliera.


-Kennedy… mi rostro… no siento mi rostro…


-Parece que hasta aquí llegamos…, nunca entenderé qué fue lo que acabó conmigo…


-No digas eso, Kennedy…-Roosevelt se había puesto de pié y comenzó a dispararle al robot de forma inútil con su pistola de servicio. El ser pareció enfadarse mucho pues esta vez se dirigió corriendo hacia Roosevelt y de una patada lo arrojó contra un estante de productos químicos.


-Jajajajajajaja… Machinna….. Jajajajajaja- parecía reír el armatoste mientras se dirigía al cuerpo del agente caído.


Al llegar junto a él, lo cogió por sus ropas y lo elevó a la misma altura que al pobre Travis, creo sin temor a equivocarme que llegué tan solo a una fracción de segundos antes que le desnucara, corrí por detrás y no encontré nada mejor que subirme por su espalda y taparle el rostro con mi remera, increíblemente la estrategia surtió efecto y la criatura se vio cegada a partir de ese instante, soltó a Roosevelt y comenzó a dar manotazos al aire para intentar deshacerse de mí.


-¡Machinnaaaa!, ¡Machinaaaaaaa!- era lo único que gritaba con su voz metálica mientras yo luchaba por mantenerme firme en su lomo.


-¡Roosevelt, despierta!, ¡Roosevelt!, ¡lo podemos derrotar!- gritaba yo desesperado sin saber cuanto más podía resistir, pero el agente no reaccionaba. De pronto el Dr. Davis se asomó de su escondite y contemplaba la escena asombrado.


-¡Dr. Pealee!, ¡ayúdeme!, ¡salga de ahí y venga a ayudarme!

El Doctor, quien evidenciaba ya cierto trastorno nervioso a causa de la experiencia vivida como único sobreviviente, salió de su escondite y se acercó a mí. Le pedí que cogiera una de las granadas que quedaban en el cinturón de Roosevelt y la envolviera en su bata de doctor, si estaba en lo correcto el campo invisible del androide podía repeler cualquier tipo de proyectil lanzado a gran velocidad, como las balas, misiles, o bien granadas, pero si se la acercaba camuflada y empuñada en mi mano, entonces tenia una oportunidad. Y así fue, el doctor me pasó la granada envuelta en la bata blanca y le quité el seguro con mis dientes, claro que para poder recibirla tuve que soltar un lado de mi remera y el ser aprovechó para cogerme de una de mis piernas, antes de caerme de su espalda incrusté la granada activada entre sus múltiples articulaciones a la altura de su cuello robótico. La enorme mole estaba verdaderamente enfadada, no alcanzó a arrojarme lejos ya que la granada explotó antes de que lo hiciera y salí despedido por los aires con su brazo incrustado en mi pierna, caí sobre un montón de vidrio molido recibiendo todas las esquirlas de la granada en mi pecho de forma directa ya que me encontraba sin remera.


No sé cuanto tiempo estuve inconsciente ahí abajo, pero recuerdo que volví a despertar a bordo del jeep en pleno desierto.

-Kennedy, no te levantes… tranquilo, amigo… todo está bien- me dijo Leonard, luego me fijé que quien conducía el jeep era Moore, sin duda los muchachos que quedaron cuidando la entrada bajaron luego tras las explosiones a ver que sucedía.

Incliné mi cabeza un poco y luego deseé no haberlo hecho, vi mi pecho totalmente destrozado rodeado por unas improvisadas vendas, estaba empapado en sangre. A mi lado se encontraba Roosevelt inconsciente aún y junto a él estaba el doctor Pealee, quien como un niño solo me observó con una sonrisa y para variar me dijo: “Machinnaaa”.

Luego volví a desmayarme.




Hace una semana estoy en recuperación en el hospital militar, hace tres días me sacaron de cuidados intensivos y según me han dicho pasado mañana me darán el alta, al menos ya puedo mover mis brazos y una de mis piernas. Le he pedido a mi viejo amigo Kevin que averigüe sobre Tricell y su división de ingeniería robótica, pero nada ha arrojado alguna pista sobre aquella mole de 3 metros, ni siquiera en Google sale algo referente a Machinna. Me siento obsesionado con descubrir la verdad y el origen de todo esto… y cuando lo haga lo pondré aquí en mi diario.




Odio los robots....

LEON S. KENNEDY, 23:43 PM.


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sábado, 29 de enero de 2011

Viajando con el diablo

















Todo me parecía extraño el día en el que junto a Susan volamos hacia Washington, desde su extravagante corte de cabello hasta el clima en general, quizás era uno de esos días en los que uno se despierta y presiente que durante las siguientes horas algo sucederá pero nunca se sabe bien qué. Abordamos el avión a eso de las 8 de la mañana y yo andaba con humor medio raro producto de que la noche anterior no había conseguido dormir del todo bien, Susan se percató de eso al instante.


-Créeme que si de mí hubiera dependido, habríamos viajado un poco más tarde…- me dijo una vez estando sentados a bordo como si adivinara mis pensamientos.


-Está bien.- le contesté esforzándome por sonreír.- ¿se nota demasiado en mi rostro que desperté con el pié izquierdo?


-Pues… tú no eres muy bueno para disimular las cosas. Es solo que tu evidente incomodidad me hace sentir culpable.


-Oh, está bien…- dije adoptando una actitud más dicharachera.- no me hagas caso, es solo que me duele un tanto la cabeza, pero no es nada.

Finalmente vinieron las azafatas a recordarnos lo de los cinturones de seguridad y tras una leve vibración más unos avisos en letreros luminosos despegamos rumbo a Washington. Suele suceder que la mitad de los pasajeros están acostumbrados a volar y la otra mitad que no lo está tiende a ponerse un poco… nerviosa. No llevábamos más de 20 minutos en el aire cuando una mujer madura sentada atrás de nosotros comenzó con un raro monólogo a media voz.


-Dios mío dame fuerzas, no dejes que se acerque… Dios mío dame fuerzas, no dejes que se fije en mí… mantenlo apartado por favor, señor… por favor, mantenlo alejado….


Susan y yo nos observamos con una sonrisa cómplice, pues la situación aún siendo fuera de lugar no dejaba de tener una cuota de humor. La mujer continuó por unos minutos más su enajenado ruego hasta que sin tener mayor consideración con los demás pasajeros elevó su voz a un nivel alarmante. Un sujeto de traje se acercó a ella para preguntarle qué le sucedía.

-Señora, disculpe… ¿le ocurre algo?, ¿puedo ayudarle?- le preguntó.


-El diablo viaja con nosotros….- contestó ella aferrándose a un rosario.- Está aquí arriba… con nosotros…


En ese momento no puede evitar darme vuelta y entrometerme en lo que estaba sucediendo.

-Hola, disculpe… acabo de oír lo que está diciendo y me parece que es buena idea que venga la azafata ¿no le parece?


-No hace falta…- me contestó el sujeto de traje.- está nerviosa de seguro por el vuelo, ¿es primera vez que viaja en avión, señora?

La mujer no contestó. Simplemente se quedó callada y besó el rosario al que se aferraba.


-No debe tener miedo…- continuó el hombre animándola.- Hay muchas más probabilidades de tener un accidente abajo en tierra que arriba de un avión. He viajado montones de veces y le doy mi palabra que no tiene nada que temer.


-… al diablo hay que temerle y él está aquí y me observa… algo planea hacer… estoy segura.


-Señora, ¿Dónde está el diablo?, ¿puede usted verle?- le pregunté al ver que insistía con su extraño tema, y de pronto vino el acabose.


-¡Tú!... ¡tú eres el diablo!- exclamó a viva voz apuntándome con el dedo.-... ¡aléjate de mí!... ¿me oíste?, ¡aléjate!

Yo me dí vuelta y me volví a sentar, Susan me observaba boquiabierta mientras la mujer continuaba vociferando.


-P-pero… ¿Qué está diciendo?- me preguntó confundida.


-Creo que ya la oíste.- le respondí .- Sabía que hoy iba a ser un día extraño… solo espero que lleguemos luego a Washington.- cogí los audífonos frente a mi asiento y me dispuse a escuchar música para olvidarme del asunto. Sin embargo la singular anécdota estaba lejos de acabar...

La mujer había insistido tanto con su idea que cuando llegaron las azafatas con el asistente del piloto quisieron hablar conmigo.


-Señor disculpe, ¿conoce usted a esta mujer?- me preguntó una de ellas.

Yo volví a girarme un poco fastidiado y ahí estaba ella observándome directo a los ojos con un odio irracional.


-No, no la conozco en lo absoluto.- contesté.


-Pues, algo ocurre porque ella lo está acusando a usted de algo… ¿porqué entonces lo hace?


-¿Y cómo demonios voy a saber?... ¿oyó usted de lo que me está acusando? De que soy el diablo… ¿Cómo sugiere usted que debo tomarme eso?


-Señor, lo entiendo perfectamente… pero la señora está poniendo nerviosos a los demás pasajeros, entonces si usted puede hacer algo para ayudarnos… no sé, hablarle para que se tranquilice.


Acepté convencido de un total fracaso, sin embargo la situación gradualmente se podía ir tornando espesa y era conveniente cortarla desde ya.


-Señora…- comencé a hablarle en un tono conciliador.- mi nombre es Leon Scott Kennedy y le puedo dar mi palabra de que yo no soy quien usted dice, creo que está cometiendo un error y es importante que usted se calme porque está asustando a los demás pasajeros… incluyéndome a mí.

Apenas terminé de hablar y recibí un escupitajo en la cara. La extraña señora seguía convencida de su delirante idea y no se le ocurrió nada mejor que escupirme y seguir vociferando, yo me limpié el rostro con la manga de mi chaqueta y luego observé a la azafata.


-¿Contenta?- le pregunté mientras volvía a sentarme hacia delante.


Pasó un buen rato hasta que cambiaron a la señora unos asientos más atrás para así evitar que mi presencia le provocara y la estrategia dio resultado temporalmente, sin embargo continuaba cuchicheando sobre mí y de que yo tenía una clase de “poderes sobrenaturales”, etc. Lo que siguió a continuación fue aún más extraño porque vino a coronar lo que hasta entonces yo había bautizado como “un día de porquería” y fue que el sujeto de traje (aquel que se acercó a la mujer en primera instancia para ver que ocurría) se levantó de su asiento y quiso caminar hacia mí…, supongo que deseaba preguntarme algo, pero no alcanzó a hacerlo ya que comenzó a tambalearse de forma bastante brusca y de un momento a otro se desplomó sobre mí. La pelotera que se armó fue enorme y el personal de la línea aérea no podía hacer reaccionar a aquel sujeto ni tampoco tenía idea de qué era lo que le había pasado, para colmo de males la mujer desde el fondo del avión comenzó a culparme a mí del desvanecimiento de ese hombre atribuyéndolo a un acto de “poder sobrenatural”. Tras Los atentados del 9/11 cualquier medida de seguridad que se tomara en los aviones era considerada poca y había una ley que ejercía tolerancia cero para quienes amenazaran la seguridad de un vuelo, no me sorprendí cuando el asistente del piloto me pidió en tono amable (pero no por ello menos severo) que continuara mi viaje en la cámara de sospechosos – lugar que consistía en un reducido cubículo aislado del resto de los pasajeros - . En el momento no tuve mayor ánimo de discutir sobre el injusto trato que estaba recibiendo y accedí a ponerme bajo las ordenes del personal del avión, total en cosa de minutos ya estaríamos aterrizando en Washington.


Hay días en los que uno con tan solo poner un pié fuera de la cama sabe que algo sucederá… quizás algo malo, o algo bueno, algo extraño o misterioso,… de repente las cosas simplemente suceden sin tener una mayor razón de ser, y vaya que tengo muchos ejemplos de eso en mi vida. Nunca supe el nombre de la mujer que estaba convencida de que yo era el diablo, de no haber abierto su boca jamás se me hubiera pasado por la mente que era alguien con una especie de trastorno mental, tampoco supe si viajaba sola o acompañada o qué iba a hacer a Washington… todas esas interrogantes me hacen dudar sobre las coincidencias…

Sobre el sujeto que se desmayó encima mío, terminé por descubrir que es del FBI. Volvió en sí al llegar a Washington y charlamos un buen rato en la fila del control de metales, creo que su nombre era Norman Jayden.















… según me dijo le venían esos mareos a menudo y estaba luchando para intentar controlarlos sin tener que recurrir a su medicina que lo estaba convirtiendo en un fármaco-dependiente.



¿Coincidencias?


Jamás olvidaré el día en que me apuntaron con el dedo acusándome de ser el diablo.









... reconozco que los siguientes dos días no me gustaba mirarme en el espejo.

LEON S. KENNEDY, 00:55 A.M.


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lunes, 24 de enero de 2011

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CAPITULO FINAL




Un inesperado cielo gris cubre la ciudad, Leon no deja de extrañarse ante tal hecho pues el servicio meteorológico había pronosticado buen clima para todos esos días, “¿será un augurio?” piensa de repente mientras espera sobre la azotea de un edificio su encuentro con la asesina más buscada del país de los últimos días: Lilith. Al notar que el frío se intensifica echa una ojeada a su reloj para ver que hora es y luego se ciñe su chaqueta. Finalmente la espera se acaba… Lilith aparece tras él.

-Que decepcionante…- dice la chica observándole directo a los ojos.- ningún policía me detuvo antes de acercarme al edificio, no hay señales de una emboscada tampoco… ¡es un insulto!, ¿acaso me estás subestimando?


-Te dí mi palabra de que estaría solo.- Contestó Leon.- tal cómo lo acordamos por teléfono ¿recuerdas?, si te entregas de forma voluntaria y tranquila, tu amigo Scott será liberado.


-Acordamos de que Scott estaría aquí contigo… pero no lo veo, tú sabes que no puedo confiar en ti… ¿Dónde está?


-El está a salvo en uno de los pisos de más abajo…


-Jejeje… eres hombre, la vida me ha enseñado a no esperar nunca nada bueno de los hombres… quiero verlo.


Leon saca de uno de los bolsillos de su chaqueta un diminuto teléfono móvil y se dispone a llamar a alguien.


-Scott, soy Leon ¿porqué no subes a la azotea?... tu amiga Lilith está aquí.


Leon guarda el teléfono móvil y se queda observando a Lilith, el sentimiento de sospecha que tiene la mujer se puede oler a kilómetros de distancia. “Esto está saliendo demasiado fácil”, “debo tener cuidado con este Leon Kennedy… sé que algo trama”


-Sabes…- dice de pronto Lilith.- ustedes los federales son unos conspiradores por naturaleza, ¿qué te hace pensar que confío ciegamente en ti y no traigo un as bajo la manga?


-Es simple, asesinaste a gente del gobierno para poder liberar a Scott de unos mafiosos… ese muchacho parece importarte demasiado como para que hayas decidido hacerlo. Los mafiosos que le secuestraron lo sabían y por ello organizaron su secuestro, tomando en cuenta tu alto grado de peligrosidad.


-Eso de que Scott me importa puede ser tan cierto como de que el 2012 se acabará el mundo.- contesta la chica.- A mi me encanta matar y si crees que voy a sacrificar un tiempo en la cárcel por el idiota ese pues piénsalo dos veces… dime, ¿qué me costaría asesinarte y huir con Scott una vez que él esté aquí?


-Supongo que nada…- responde Leon.- pero creí que eras una mujer de palabra.


En ese instante Scott sube a la azotea finalmente llevando en sus brazos un oso de peluche que le fue regalado por el cuerpo de la policía.


-¡Hola, Lilith! Mira este oso que me regaló el señor de lanzacohetes… ¿te gusta?


-¿Eh?, ¿y porqué te lo han regalado?- le pregunta Lilith una vez estando junto a él.


-Me dijeron que si me quedaba callado me regalaban un juguete, ¡está super lindo!


Lilith observa a Leon y puede ver en su rostro una expresión fría que le recuerda una vez más que está hablando con un agente federal. En ese mismo segundo logra advertir la trampa que le estaban tendiendo. La mujer coge el oso de peluche y lo arroja lejos por la azotea hacia el vacío.


-Fuiste muy sutil, Leon. Ha sido un buen intento porque casi no lo pillo… jejeje, en cosa de segundos una explosión se oirá y cundirá el pánico abajo en las calles.- dice Lilith en medio de las protestas de Scott que reclama su peluche.


Leon enmudece, solo se queda observando a la chica con una frustración gigantesca. “¿Cómo diablos ha podido sospecharlo?”, “pero no cantes victoria aún, Lilith… hay más sorpresas”. De pronto tal como anunció la mujer se deja oír una estruendosa explosión abajo en las calles y el grito de la multitud no tarda en hacerse oír, el peluche era en realidad un artefacto explosivo.


-Jajajaja… ¿lo ves, Scott?.. tu amigo “señor del lanzacohetes” no es más que un títere del sistema, por poco y nos asesina a ambos. Ese peluche era una bomba.


-¡No es cierto!, ¡quiero mi peluche!- exclama Scott hundiendo su rostro bajo el brazo de Lilith.


-Y bien, Leon…- dice Lilith volviéndose hacia él.- ¿hay algo que quieras decir antes de morir?


-Sí…- contestó el agente con una sonrisa.- estás arrestada por el asesinato de 3 miembros del senado más una lista de homicidios que en estos momentos se están investigando.


De pronto un dardo lanzado desde quién sabe donde se entierra en el cuello de Lilith, la chica consigue quitárselo haciendo un gran esfuerzo y luego lo observa aterrada sin comprender.


-¿Qué demonios ha sido esto?...- pregunta.


-Sedante universal… como para rinocerontes, preciosa.- responde Leon.- esto te pondrá a dormir antes de que puedas decir “pastel de moras”.


-Jajajajaja… jajaja ¡los sedantes no tienen ningún efecto sobre mí!, ¡tu amigo francotirador ha perdido su tiempo!


Diciendo esto, la mujer se abalanzó sobre Leon como una verdadera fiera y logró provocarle una herida en su rostro gracias al mortal filo que sostenía en sus manos emulando ser varios dedos. En aquel momento un total de 5 hombres aparecieron en la azotea armados con órdenes de tirar a matar, pero increíblemente Lilith pudo evadir el rango de tiro gracias a una extraordinaria y casi sobrenatural agilidad. La chica no pudo haberse sentido más feliz.


-¡Me comeré todos vuestros sesos!- Lilith arrojó los mortales filos que traía en su mano y con una precisión impecable se clavaron uno a uno en las gargantas de cada agente. Leon observaba todo a unos cuantos metros y pudo comprobar esta vez con sus propios ojos sus sospechas de que Lilith era la muerte personificada. No había en ella un solo ápice de humanidad, todo parecía haber sido reemplazado por una violenta monstruosidad sedienta de sangre y terror, por cada poro de su piel parecía bullir la blasfemia y el odio…, solo quedaba una salida para el agente.


Leon disparó su pistola y erró el tiro, hiriendo a Lilith en su brazo, pero ella apenas y lo sintió. Sin embargo al hacer eso el policía delató su posición y la chica corrió hacia él dando grandes saltos. Leon al ver que ella se aproximaba tomó una actitud de resignación y arrojó su pistola lejos para luego inflar su pecho y recibir casi como si se tratara de un premio el mortal filo de un puñal que le atravesó sus ropas como la mantequilla… un chorro de sangre empapó por completo el rostro de Lilith mientras que Leon S. Kennedy finalmente cayó muerto al suelo.


-Jejejejeje… creía que eras mas duro… bueno, me equivoqué…


Lilith finalmente se vio totalmente sola en medio de la masacre que había propiciado en la azotea de aquel edificio. De pronto una canción llegó a sus oídos, se trataba de Scott quien de su escondite tras una de las chimeneas tarareaba una melodía mientras se tapaba los oídos.


-¿Qué diablos haces ahí?- preguntó Lilith enfadada.


-¿Ya terminaste?, tú sabes que no me gusta oír cuando matas a la gente ¿podemos ir ya por mi peluche?


- Oh, por Dios… no te imaginas cuantas veces quise matarte…- dijo Lilith de pronto fastidiada al máximo.- no tienes idea todas las veces que planeé torturarte de las formas más dolorosas posibles y cortar de una vez por todas tus malditas idioteces. Me pregunto que clase de cosas pueden haber pasado por la cabeza de Carol cuando accedió a ser tu novia,… pero… ahora te miro y me resultas… simpático.- terminó de decir Lilith con una sonrisa.- alégrate, se acabó todo… nos vamos.


Diciendo esto, Lilith puso de pié a Scott dándole una fuerte patada en el trasero.



Ambos se encuentran ahora en la carretera a punto de abordar una nueva motocicleta que Lilith ha robado, sin embargo Scott no se decide aún a subir.

-¿Qué diablos te pasa ahora?- preguntó la mujer escupiendo al suelo.


-Es que… me gustaría ver a Carol… la echo de menos porque tengo hambre, ella siempre me cocinaba hamburguesas cuando a mí me daba hambre.- contestó él.


-Ah pues… lo lamento, pero ya no te quiere.


-¿Eh?, ¡ay, Lilith no mientas porque no es verdad!


-Es cierto, el tarado de George me lo dijo el otro día, ahora de prisa súbete.


-¡Mientes con tus amarillos dientes!


-Bueno… dijo que ya no me querían ver a mí, pero eso es lo mismo que decir que a ti tampoco te quieren.


Scott no se animaba a subir a la motocicleta y observaba a Lilith como un niño que reclama su postre después de haberse tomado toda la sopa.

-Está bien, sube… vamos a ver a Carol y a George, si te callas durante el camino te compro un helado, ¿vale?


-¡Trato hecho!- gritó Scott subiéndose a la motocicleta para luego abrazar fuertemente a Lilith. La chica hizo arrancar la motocicleta y sonrío con una expresión tan siniestra, pero tan hermosa a la vez… mientras que por el radio sonaba a todo volumen “Demonoid Phenomenon” de Rob Zombie.





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En la azotea de aquel edificio Kevin ayudaba a incorporarse a los agentes y al mismo Leon S. Kennedy quienes parecían estar muy cansados.

-Todo salió como la mierda…- dijo Leon descubriéndose el pecho dejando ver así la almohada con sangre artificial que traía bajo sus ropas.


-Muchachos, ya pueden quitarse las prótesis plásticas de sus cuellos…- ordenó de pronto un oficial a los demás agentes quienes habían participado en la pelea contra la mujer asesina.


-¿Cómo es posible que ninguno de los dos primeros planes resultara?- preguntó Kevin incrédulo ante los hechos.


-No lo sé… a veces pasa…- contestó Leon bebiendo un poco de agua embotellada.- el plan A consistía en eliminar a Lilith con una bomba camuflada en un oso de peluche, si fallaba, estaba el plan B que era mucho más sutil y consistía en sedarla. Y como fallaron ambos tuve que echar mano al plan C que era simular mi muerte y dejarle ir para que acabara con sus homicidios temporalmente…


-¿Crees que podamos alguna vez capturarla?


-Absolutamente.- contestó Leon alejándose de la escena de los hechos.- pero no seré yo quien lo haga. En este preciso instante comienzan mis vacaciones… esto de las historias de universos alternativos y personajes que se cruzan suelen dejarme bastante cansado.










FIN



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jueves, 20 de enero de 2011

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PENULTIMO CAPITULO




Ya han pasado 4 días desde los últimos acontecimientos en la ciudad. Lilith se ha convertido en prioridad nacional y muchos afiches han infestado sus muros en donde se expone el rostro de la chica, la fotografía fue tomada por la policía cuando registraron su apartamento. A esto se sumó una agresiva campaña en los medios de comunicación en donde se recompensaba a quien aportara cualquier clase de información para su captura.

-Si esto no resulta podemos ir buscando otro empleo…- comentó Kevin a Leon S. Kennedy mientras llegaba con un café a su despacho en el centro de inteligencia.


-No te preocupes… en 24 horas la capturaremos.- contestó Leon.- Ella tiene un reducido grupo de amigos y lo más probable es que en estos momentos les esté visitando…y ellos le darán la espalda…



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Lilith llevaba cerca de una hora escondida tras un depósito de basura en el callejón que hay junto al apartamento de George… su novio. En un minuto determinado finalmente este llegó a casa, la mujer se levantó de su escóndite.

-¡George!- le llamó a media voz.


-¿Eh?, ¿Lilith?...- preguntó él confundido.


-Así es… no levantes la voz…


George se acercó al contendor de basura y pudo ver el demacrado rostro de su novia, tal parecía que no se había alimentado durante días y su pestilente mal olor indicaba que tampoco se había aseado.


-¿Me veo hermosa, no es así? Jeje- preguntó ella ironizando sobre su situación.


-¿Cuántas veces te lo dije?... ¡¿eh?!- preguntó de pronto George con violencia.- Algún día iba a suceder esto, te dije que pararas de matar, pero tú eres demasiado terca, demasiado orgullosa como para recibir un maldito consejo, ¿no es así?


-Son federales…- contestó ella entre dientes.- no es lo mismo que la imbécil policía local… sé que estoy metida en un lío gordo ahora…, pero lo hice para salvar a Scott. Se lo prometí a Carol…


-Carol ya no quiere saber nada de ti.- dijo George de forma seca.


-¿Eh?, ¿Cómo dices?


-Tal como oyes, nos hemos enterado que la policía tiene a Scott… parece que te odia por haberlo permitido.


Lilith sintió un agudo y punzante dolor en su pecho, luego supo que estaba a la altura de su corazón… por su cabeza pasó el sentimiento de que quizás se sentía dolida por lo que George acababa de decirle, y no pudo evitar sonreir.


-Jajajaja… jajajaja…


-¿Mmm?, ¿qué es lo gracioso?


-Jajaja solo que ustedes dos par de idiotas se enojen conmigo… cuando todo lo que hago es por ustedes… jajaja


-Nunca nos escuchas, Lilith… todo siempre se ha tratado de ti y de nadie más que ti, quizás sea bueno que…- George se detuvo, pues no se atrevió a completar la frase.


-Jajajaja…¿Qué qué?, vamos, dilo jajaja…- Lilith no podía contener su risa, se veía como un desquiciado y sucio animal salvaje.


-Pues quizás sea bueno que pases un tiempo en la cárcel.- sentenció finalmente George furioso ante la actitud de Lilith.


-Jajajaja…- Lilith estalló en unas extrañas carcajadas.- oh, mon amour… jajaja ¿de veras me deseas eso?... jajajajaja


-Yo no sé de que te ríes, pero ya me he cansado de todo esto. En un comienzo creía que tus asesinatos se justificaban porque se trataban de hombres inescrupulosos, algunos asesinos, violadores, etc. Pero ahora te miro y… me resultas…


Las diabólicas carcajadas de la mujer se elevaron a un nivel estrepitoso y George comenzó a sentir miedo de la “criatura” que estaba ahora enfrente de él y que hasta unos días era su novia. Finalmente optó por darse la media vuelta e irse. Pasaron unos segundos hasta que Lilith al verse a solas de nuevo se recostó junto al contenedor de basura.

“Al fín sola, esa es la historia de mi vida”, pensó mientras que de su traje de cuero negro sacó un visor digital elaborado con una innovadora tecnología. “Pero qué digo, si te tengo a ti, ¿no es cierto, LEON SCOTT KENNEDY?

En la pantalla de aquel diminuto visor apareció el rostro de Leon S. Kennedy mas una información detallada sobre cada paso que ha dado en su vida. “Jejeje… tengo mis contactos y sé muy bien quien eres y que tú estás detrás de mí”, continuó pensando la chica,”en este preciso instante debes pensar que tienes todo bajo control, ¿no es así?, jeje pues mas vale que así sea… quiero que pienses que todo está saliendo como quieres y que estás apunto de atraparme jejeje”


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Mientras que en la central de inteligencia, Kevin y Leon S. Kennedy aguardaban a Scott, a quien habían enviado por una pizza.


-Fue buena idea pedirle a Scott que nos fuera a comprar.- dijo Kevin mientras chequeaba unos documentos.- sus idioteces me estaban produciendo jaqueca.


-Sí, a mi también… creo que cuando todo esto acabe lo echaré de menos.- contestó Leon.


-Yo solo espero que esto acabe bien, no quiero morir tan joven jajaja.


-No te preocupes…- le contestó Leon acercándose a una ventana para contemplar la ciudad.- Si alguien muere, es probable que sea yo.


-¿Mmm?, ¿porqué dices eso?- preguntó Kevin perplejo.


-Porque Lilith ya sabe quien soy, y que soy yo el que está a cargo de arrestarle. Hoy por la mañana de B.L.O.O.D. Inc. me han hecho saber que estuvo obteniendo información sobre mí…, pero nada puede salir mal mañana… tengo todo planeado. Seguramente ella cree que tiene todo bajo control y está confiada, eso me conviene…


De pronto la puerta del despacho se abre de par en par y aparece Scott sosteniendo una pizza.














Próximamente CAPITULO FINAL.


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sábado, 15 de enero de 2011

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CAPITULO 2




Al día siguiente Lilith se dirigió en su motocicleta directo al muelle, faltaban pocos minutos para el mediodía y debía encontrarse con quien había charlado por teléfono el día anterior. Hacía calor en la costa y mucha gente paseaba por el lugar… la mujer no pudo evitar sentir que podrían estar tendiéndole una trampa.


“Hmmm… ¿realmente Scott vale la pena?”, “¿Qué es lo peor que sucedería si vuelvo sin él a casa?”


Mientras la chica aguardaba junto a su motocicleta estacionada cerca del muelle, llegaba también al lugar una caravana de oficiales.


-El lugar está repleto… debemos evitar que esto se salga de madre.- comentó Kevin a Leon S. Kennedy quien venía en el mismo vehículo.


-Ya lo creo. Por ahora solo debemos esperar y ver con quien Lilith se reúne.


El tercer asesinato había ocurrido en la mansión del concejal Clark Derleth, la policía descubrió su cadáver durante la madrugada y esta vez el lugar sí contaba con cámaras de vigilancia operables más un circuito cerrado de micrófonos, aquel sistema de seguridad permitió a los federales obtener información sobre la mujer y su nombre. El seguimiento había durado gran parte de la mañana hasta el mediodía y les había guiado hasta el muelle. En aquel momento una camioneta negra llegó al lugar y se estacionó a unos cuantos metros de Lilith, la chica se quedó observándola por un instante hasta que de ella descendió un hombre alto y robusto quien le hizo un gesto para que se acercara.


-Ven con nosotros, no podemos estar seguros en este lugar…- le dijo el hombre a Lilith cuando esta se le acercó.


-¿Ir con ustedes?... ¿adonde?- preguntó la mujer.


-Donde sea menos aquí… la policía pudo haberte seguido, no lo sabemos…. Pero no correremos ese riesgo.


-Necesito saber si Scott está con vida, o bien no voy a ningún lado.


En ese momento un sujeto de ojos azules y cabello castaño se asomó a la ventana de la camioneta con una estúpida sonrisa.


-¡Eee hola, Lilith! ¡gracias por rescatarme!


-Mmmfff… lo está.- suspiró la chica con una cierta cuota de fastidio.- Bien, pero ando con mi motocicleta, será mejor que ustedes vayan por delante y yo les siga.


-No es necesario. Cabe en la parte posterior de la camioneta si la metemos… y así nos aseguraremos de que tú no hagas nada “extraño”.


Lilith escupió al suelo y respondió solo con una desafiante sonrisa. Finalmente el corpulento hombre metió la motocicleta en la parte posterior de la camioneta y luego se subió junto con Lilith en el asiento trasero, allí aguardaba Scott con sus manos atadas.


-¡Mira, Lilith me ataron las manos igual que en las películas!- le dijo apenas la vió.


-Ya veo… supongo que no alcanzaron a matarte como en las películas…


-¿Eh?, ¿me iban a matar?... ¿es verdad eso?- preguntó Scott al tipo que manejaba la camioneta.


-¡Cierra la boca!- exclamó de pronto el copiloto dándose vuelta.- he aguantado tus idioteces todos estos días… créeme que si no estás muerto es solo porque el jefe no ha dado la orden.


-Ay, entonces ya no le interrumpiré más “señor mafioso”.- contestó Scott cruzándose de piernas.


-Bueno… ¿adonde se supone que vamos ahora?- preguntó finalmente Lilith.


-Nuestro jefe desea charlar contigo, dice que eres buena en esto y quiere que hagas más trabajitos para él.


-Mmm… no, no…- contestó la mujer.- matar es divertido, pero si lo convierto en un oficio ya no volverá a ser lo mismo… además no trabajo para nadie…


-Pues no tienes otra opción ¿o sí?- le preguntó el hombre corpulento con una sonrisa.


-De hecho podría matarlos a todos ahora mismo e irme…- contestó Lilith tranquilamente.


Los tres hombres que viajaban en la camioneta estallaron en carcajadas.


-Jajajaja, vaya que sí eres divertida… pues a ver, muéstranos como lo haces…


-Más que un honor… será todo un placer para mí…-contestó la chica sacando cuidadosamente un diminuto cuchillo que traía bajo su guante derecho.


-¡Hey!, ¡ la policía nos sigue!.- alertó de pronto el conductor de la camioneta.- nos vienen siguiendo… son muchos ¡ es una maldita caravana!


El hombre corpulento se asomó para ver y efectivamente pudo comprobar que la policía les venía siguiendo, así que sacó una metralleta corta que traía oculta bajo el asiento y la sacó por la ventana… en un momento dado comenzó a disparar.


-¡Nos disparan!- gritó Kevin agachándose en su asiento.- ¡aumentemos la velocidad y respondamos al fuego!

Una espectacular balacera se produjo en medio de la autopista a plena luz del día cuando los oficiales intentaban detener el vehículo donde iba Lilith y los demás hombres, tras unos segundos la carretera tomó un camino desierto en donde ya no se veían más automóviles ni civiles.

-¡Maldición, se escapan!- gritó Kevin.


-¡Aún no!- contestó Leon S. Kennedy asomándose por el techo del vehículo blindado con un lanzacohetes en mano.

Preparó la mira y cuando pudo fijar el blanco finalmente jaló del gatillo. Un cohete diminuto salió disparado y dio en una de las ruedas posteriores de la camioneta provocando su volcamiento en uno de los costados de la carretera. El vehículo rodó por una llanura hasta que se detuvo al chocar contra un árbol. Lilith fue la primera en volver a abrir los ojos… se encontraba de lado con el cadáver del hombre corpulento encima de ella, haciendo un gran esfuerzo logró apartarlo y lentamente comenzó a salir de la destrozada camioneta.


-¿Scott?, ¿estás bien?,… debemos irnos,… ¿Scott?- preguntó Lilith acercándose al cuerpo de Scott quien sólo se encontraba desmayado a unos cuantos centímetros del vehículo. La mujer vio que a unos metros de distancia estaba su motocicleta que seguramente salió disparada en el volcamiento. La fue a buscar con la intención de llevarse en ella a Scott y finalmente salir de ahí, sin embargo al llegar a ella pudo ver que por la llanura se acercaban ya los oficiales de policía así que se ocultó tras unos arbustos por unos segundos, pero al ver que ellos eran demasiados, y que cerraban el perímetro, y que peor aún, se quedaban con Scott… optó por huir del lugar a pié.


Más tarde en el cuartel de policía los oficiales interrogaban a Scott para intentar obtener alguna información sobre quién era Lilith y saber a quién se estaban enfrentando.


-Lilith es una muy linda amiga, a veces sale a comer pizza los fines de semana y me lleva con ella… si me porto bien me deja comer un pedazo. Una vez se enojó conmigo porque según ella dice que no paro de hablar, pero yo creo que más bien el problema es de ella ya que le gusta ser media ermitaña. Una vez se me ocurrió desearle una feliz navidad ¿y saben que me contestó?, bueno no les puedo decir porque es una palabra muy fea y a mi no me gusta decir palabras feas… bla… bla… bla

En aquel momento entra al cuarto de interrogación Leon S. Kennedy, Scott pareció asustarse mucho.


-¡eeekkkk! ¡el señor del lanzacohetes!


-¿Qué información útil ha dicho el sospechoso?- preguntó Leon ignorando por completo a Scott.


-Pues además de un posible parentesco sanguíneo contigo… lo demás ha sido detalles de su relación con Lilith.- contestó Kevin aburrido.


-¿Qué parentesco sanguíneo?


-¿No te has mirado al espejo?... eres igual al sospechoso, ¿estás seguro que no tienes un hermano perdido?


Los demás oficiales presentes comenzaron a reír a carcajadas ante el evidente parecido físico entre Scott y Leon S. Kennedy. Este último no se lo tomó muy buena manera.


-Muy gracioso… sigamos perdiendo el tiempo con chistes mientras la mujer asesina continua libre por ahí. Scott, ¿Dónde vive Lilith?, ¿nos puedes llevar ahí?


-¡Sí , señor!- exclamó Scott poniéndose de pié emulando el saludo militar.


Más tarde los oficiales se encontraban en el apartamento donde Lilith había estado viviendo el último tiempo. El lugar tenía muchos elementos perturbadores que contribuían a formar un perfil sobre la muchacha, tales como gustos musicales, peliculas, libros, etc. Leon se dirigió a la cocina y comenzó a examinar los muebles que allí habían… Kevin le acompañó en la inspección.


-Hay indicios de que uno o más crímenes pudieron haberse cometido aquí ¿no te parece?- preguntó Leon observando unas manchas de sangre seca que había cerca del lavabo.


-Te apuesto 10 a 1 que en el refrigerador encontraremos algo escabroso…


Leon observó a Kevin y asintió, ambos se dirigieron al refrigerador y lentamente Kevin comenzó a abrir el congelador… pero simplemente nada había.


-Créeme que no me hubiese sorprendido ver una cabeza congelada ahí dentro…- dijo Kevin cerrando el congelador otra vez.

De pronto un oficial les llamó desde la sala principal, en sus manos traía un cuaderno con apuntes y cosas escritas.

-Lo encontré en la habitación de la chica… es como un diario de vida o algo así… escuchen esta se llama… “Falsch Liebhaber”, dice…

"¿Alguna vez escuchaste lo que te cantaba?
¿Alguna vez leíste lo que te escribía?
¿Alguna vez me dejaste entrar al mundo donde te escondías?
Eras todo lo que adoraba
Pero ahora el telón se levanta ante tus pies,
La muñeca cobra vida ante el público ignorante
Con ironía les sonríes, cruel amante
¿Desplegarás tu verdadero arte arrancándoles la piel?."


… está lleno de cosas así, pensamientos, canciones… etc.


-Bah, es una chica que pide atención y punto… seguramente la dejó el novio y anda por ahí diciendo “¡mirenme!, yo también existo”- comentó ofuscado uno de los oficiales.


-No, Svenson…- respondió Leon S. Kennedy deteniéndose en una singular pintura que había colgada en una de las paredes.- esta vez nos enfrentamos a algo verdaderamente complejo y malvado… esa chica no tiene reparos en matar a quien se le antoje.


-¡No hablen mal de mi amiga! >.< - exclamó de pronto Scott.





Próximamente capitulo 3




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