jueves, 24 de enero de 2013

3 A.M.


 

 
 
 
 
 
 
 
Silencio…

Frío…

Hambre…

 Tres pestes que asolan mi ciudad, la ciudad soy yo.

Arriba… las mismas viejas estrellas agonizan eternamente y vuelven a encontrarme una vez más en la misma vieja situación. Acorralado y agazapado en un espacio reducido donde no oigo más que mi propia respiración. Estoy viejo… lo sé por que por cada bocanada de aire que tomo un ataque de tos me sobreviene, antes no me sucedía.

El silencio jamás me ha gustado, he aprendido a odiarlo desde lo sucedido en Raccoon city. Es el preludio de la desgracia, pregona lo terrible que está por acontecer, me pone nervioso… en espera de que algo malo suceda. El frío me paraliza, penetra a través de mis poros como agujas que me impiden reaccionar. Es el aliento terrible, el hálito de la muerte; sopla y acaricia mis cabellos como queriéndome hacer entender que ya no hay esperanza alguna. El hambre se encarga de hacerme la vida un tanto más miserable. Horas de no saborear siquiera un pedazo de pan duro. Totalmente vacío por dentro, adolorido por el deseo y por la necesidad física… tan humana y tan básica

Tan humana…

Tan básica…

Ellos me lo recuerdan. Finalmente irrumpen en escena… con su canto lastimoso. Sus torpes pasos van y vienen, se acercan y se alejan. Antes creía que no podía referirme a ellos como humanos, que solo eran un despojo de lo que antes solían ser. Una sombra de hombres y mujeres que alguna vez vivieron, amaron y soñaron. Ahora pienso en ellos como si fueran solamente nuestra evolución natural, porque ¿qué es lo que sigue luego de morir, sino es convertirnos en asquerosas masas putrefactas, manjar de gusanos? Son nuestro propio reflejo, nos gritan a la cara nuestro propio futuro, y eso… jamás lo he podido tolerar.

 Mientras pienso estas cosas reacciono solo como la vida me ha enseñado a hacerlo,… acaricio el frío acero de mi revolver y los veo venir. La psicosis de haber estado huyendo sin dormir durante 54 horas me hace ver visiones,… varios de ellos parecen sonreírme y yo solo le sonrío de vuelta.

El silencio se rompe, el frío se acaba y el hambre se olvida. Las verdaderas pestes han llegado a la ciudad, la ciudad soy yo… miro mi reloj y son las 3 de la madrugada.


 

viernes, 4 de enero de 2013

La noche de Isaac Leigh

















Era ya creo pasada la medianoche en Wisconsin, y me encontraba saboreando los restos de comida china cocinados ni más ni menos que por Isaac Leigh. De fondo la jovial y entretenida música jazz salida de un tocadiscos animaba la noche en su casa mientras charlábamos de unas fotografías familiares.

-¿Ves a este hombre, Leon?- me dijo mientras me enseñaba a un anciano robusto en una fotografia blanco y negro.- era mi tío Frank Donovan, este hombre era un roca ¿eh?, en serio… así como lo ves el tipo era como “la mole”.

-Así parece, ¿se llevaban bien?- pregunté mientras me chupaba los restos de comida de entre los dedos.

-Mucho, realmente me puso muy triste su muerte.

-Sé lo que se siente. Me ha tocado ver a muchos conocidos y seres queridos partir,  a veces a uno le dan ganas de querer ir también al otro lado.

-Ni que lo digas. No hay un solo día en el cual no piense en ello… ¿Quieres más pollo coreano?

-Sí, por favor… está exquisito.- contesté con timidez.

 Isaac Leigh representa unos 45 años, es un hombre bastante educado, conmigo fue muy amable y por ese entonces era profesor de historia en una universidad bastante reconocida. Lamentablemente ese día y esa noche en particular yo me encontraba trabajando, es decir, para el gobierno. Hay veces en que un hombre sensato, amable y educado se puede volver un peligroso enemigo para el status quo y esta era la ocasión.

  Me condujo por un pasillo repleto de cuadros y fotografías enmarcadas, yo caminaba junto a él sosteniendo mi plato de pollo coreano, mientras él me enseñaba las fotografías yo le oía y comía ávidamente de la merienda… es que aquel día ni siquiera había almorzado.

-Mi tía Angeline, oh… vieja sabia cuánto aprendí de ti- exclamó frente al cuadro de una mujer en una mecedora.- Muchos la tildaban de loca, pero en verdad… tenía solo una personalidad distinta. En eso el gobierno ha hecho bien las cosas ¿eh? En querer inculcar en sus ciudadanos un modelo a seguir para convertirlos en meros zombies descerebrados ya sabes… homogeneizar la sociedad.

-Si que sí. - contesté casi atorándome con un huesito de pollo.- ¿y esa otra fotografia familiar?, se ve bien viejita, ¿de que año es?

-Oh, esa… es del 1892 si mal no recuerdo… allí están mi tío Gorgeus, Louis, Chuk y Estella.

-¿Y usted, Isaac?... ¿no se sacó fotografias en aquella época?- pregunté al fin.

-Algunas, pero no soy tonto… no las puedo colgar en la pared- me contestó con una sonrisa.

  Luego de eso vino el silencio incómodo. Ambos recordamos el porqué de mi presencia en su casa.

-Y dime, Leon… ¿Cuántos hombres hay afuera?- preguntó de pronto.

-Cinco patrullas están en la salida, también hay dos francotiradores… se lo debo advertir por si es que intenta hacer algo estúpido, Isaac. Pero es usted un hombre que ha vivido mucho y por ende es sabio… no necesita advertencias.

-Hmmm… ¿en que clase de mundo vivimos en el cual un hombre que vive muchos años es sinónimo de peligro para un país?- preguntó con un suspiro.

-Solo en este… un mundo de mierda, Isaac.- contesté.- Pero, reconózcalo un hombre de más de 200 años de vida es algo más que extraño… usted ha sido invitado de forma muy cortés en varias ocasiones por las autoridades para asistir a chequeos médicos y a entrevistas científicas, pero se ha negado a todas.

 -Mis razones tengo… mi don debe ser cuidado, y no debe ser sabido por las personas incorrectas… es decir tu gobierno, Leon.

-Sé a lo que se refiere y hasta cierto punto tiene razón…- le dije.- pero ya dejó ser incógnito para el gobierno y ellos ya conocen su caso, les intriga, desean saber, desean conocer qué es lo que sucede con usted. No sea necio y venga con nosotros.

-Dudo mucho que quieran hacer conmigo solo un programa para el Discovery Channel, Leon. Ambos sabemos que es lo que hacen las autoridades cuando ven en alguien o en algo un potencial.

  En ese momento dejé mi plato de pollo coreano a medio terminar sobre un mueble de madera y miré directo a los ojos de Isaac.

-Usted es listo…- le dije.- Y comprenderá que no es posible que viva ya por casi 250 años solo por tener una dieta balanceada… ¿comprende? Necesitamos saber, Isaac… y su negativa no hace más que empeorar las cosas. Hasta donde sé es probable que usted sea portador de algún tipo de virus…

-Tú y tus bacterias, Leon… -dijo de pronto su voz.


  Lo siguientes es lo más escalofriante que he podido experimentar en mi vida. Su voz con esa última frase apenas llegó a mis oídos como un susurro y solo el rabillo de mi ojo me permitió distinguir su silueta evaporarse de la faz de la tierra. Desapareció… Isaac Leigh desapareció literalmente frente a mis narices. Nada de explosiones, nada de risas sarcásticas, nada de una persecución boba y alocada por las calles de la ciudad… simplemente desapareció.

 El caso quedó abierto y la búsqueda de Isaac Leigh ha llegado a ser fundamental para las autoridades, tanto así que fue incluida en la agenda de los 5 puntos más importantes que tiene el gobierno para este año. Isaac Leigh, para muchos un vampiro,… para otros un alien, para otros un hombre enfermo portador de una rara y desconocida alteración genética. Como sea, se ganó una página más de mi querido diario.






Inmortalidad… ¿los zombies saben mucho de eso no?

LEON S. KENNEDY 01:12 A.M.


martes, 18 de diciembre de 2012

William F. Waylong






















CAPITULO FINAL 



La operación “Viaje a las estrellas” ha resultado ser más grande y terrible de lo esperado. Comenzaba a preguntarme porqué habían hombres de Tricell buscándome en el aeropuerto si se supone que yo no había delatado mi paradero, y es que he descubierto que durante mi permanencia en la brigada roja, oficiales del alto mando me implantaron una suerte de chip GPS en mi nuca…

¡Cerdos!

 He llegado finalmente al complejo médico donde según mis averiguaciones mantienen cautivo a Leon Scott Kennedy. Tienen una férrea guardia vigilando la entrada, pero no cuentan con que sé de un oculto pasadizo subterráneo que me deja ni más ni menos que en el interior de una enorme despensa de comida. Felizmente he sorteado de buena forma la mirada atenta de los guardias armados así que he podido entrar en el lugar y llegar hasta la despensa de comida sin ningún problema.

Hace hambre… antes de continuar abro una lata de frijoles y me la devoro lo más rápido que puedo,… el tiempo apremia y debo rescatar a Leon lo antes posible. Con mucha cautela abro la puerta de la despensa y hecho una ojeada al pasillo, no hay nadie… tal parece que la divina providencia está de mi lado. Debo apresurarme… los cerdos de Tricell deben estar monitoreando el chip implantado en mi nuca y quizás no tarden en dar aviso.

De pronto sucede…

Me han descubierto…

Un hombre de bata blanca me mira sorprendido desde un extremo del pasillo. Se acaba el juego. Lentamente levanto mis manos en señal de rendición y aquel hombre sonríe… yo solo le devuelvo la sonrisa…








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Leon Scott Kennedy es escoltado por un guardia y un médico de aquel lugar hasta la celda del joven William F. Waylong. Abren los cerrojos de seguridad y la puerta se abre para que Leon pueda entrar y charlar con él un par de minutos. El lugar es frío y William permanece en camisa de fuerza sentado en un rincón de su celda acolchada.

-Gracias.- le dice Leon al guardia de la puerta una vez que ha entrado en la celda. Posteriormente se acerca un par de pasos a William.- Hola… ¿sabes quien soy, no es así?

-Leon….- susurró William en voz baja.- lo lamento… lo lamento mucho, yo… lo he arruinado todo…

-Está bien, William. Ya no te preocupes por nada.

-Es que… lo he echado todo a perder. Vine a rescatarte y ahora… ahora nos matarán a ambos…- dijo y comenzó a llorar amargamente.

-Eso no sucederá.- contestó Leon con firmeza.- Vine a decirte que estés tranquilo. Tu vida no corre peligro, ni la mía… ¿comprendes? No vuelvas a hurgarte la nuca, no existe tal chip…

-¿Cómo dices…?

-El Dr. Grant me dijo que te hiciste daño en la parte posterior de tu cabeza, escarbabas con tus manos para arrancarte un supuesto chip, te hiciste una fea herida y brotó mucha sangre. No vuelvas a hacerlo, ¿está claro?

-Está bien….- contestó William bajando su triste mirada hacia el suelo.
-Así me gusta.- dijo Leon.- Mira, si te portas bien puedo hablar con el Dr. Grant para que ya no uses camisa de fuerza y puedas luego ir a la sala de TV, ¿te gusta ver TV?, ¿Cuál es tu programa favorito?

-Oh sí, me encanta ver TV, mi programa favorito es “Viaje a las estrellas”… por favor dile al Dr. Grant que me deje ver TV.

-Bueno, solo si te portas bien…- contestó Leon en un tono casi paternal.- Bien, William, debo irme ya. Pronto vendré a visitarte y por favor descuida… yo estoy a salvo y tú también lo estas. Solo obedece las indicaciones del Dr. Grant. ¿Bien?

-Está bien, Leon…- contestó William.

  Leon S. Kennedy abandona la celda y William F. Waylong se queda pensativo unos instantes, luego vuelve a ordenar sus ideas y piensa:”Pobre, Leon…. Está siendo chantajeado de alguna manera y viene a decirme mentiras para intentar calmarme”. “Pero no importa, pronto volveré a escapar y lo rescataré… Tricell no se saldrá con la suya”. Luego vuelve a depositar su mirada en la nada misma que ofrece una blanca pared acolchada.

Afuera Leon abandona el sanatorio mental en compañía del Dr. Grant.

-Ya es tercera vez que William se escapa y regresa con la misma historia… de que tú te encuentras aquí y debe rescatarte.- comenta Grant.- Siempre vuelve y es sorprendido por algún enfermero en los pasillos… es por ello que esta vez te hemos llamado y te pedimos que hablaras con él, ¿Qué te ha parecido?

-Me ha dado un poco de pena, es un muchacho bastante joven. Espero que su desorden mental no se agrave.- contesta Leon.- Tras el incidente del aeropuerto quizás luego venga un delirio más peligroso.

-Lo tendremos bajo observación un par de meses. Sus alucinaciones ya han ido desapareciendo menos mal.

-Bien…- contesta Leon.- Por favor, trátelo bien.


Falta poco para navidad y William F. Waylong la pasará en una celda acolchada







F  I  N





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El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.

jueves, 13 de diciembre de 2012

William F. Waylong

















Capitulo 2


Hace mucho frío. Falta poco para navidad y la gente se apresura en hacer los viajes necesarios. El aeropuerto se encuentra abarrotado de gente, demasiada gente… mucha más de la esperada y eso obstaculiza en demasía la misión. Mi contacto del bajo mundo (aquel con el que me entrevisté en el callejón Parknight) me entregó mucha información útil; Más detalles de la operación “Viaje a las estrellas”, fechas, nombres, y lo más importante… la hora y el lugar del primer atentado, y aquí me encuentro en el aeropuerto de la ciudad con la misión de evitar un pandemonium.

Me encontraba en un café ubicado en el segundo piso del aeropuerto, bajo mis pies estaba el control de pasaporte. Según mi contacto del bajo mundo el bío-terrorista presentaba rasgos asiáticos y llevaría una mochila color violeta, tarea nada fácil considerando el volumen de gente en el aeropuerto. Iba ya por mi 3er café cuando lo ví… en un comienzo dudé bastante pues llevaba unos anteojos oscuros y sus rasgos eran difíciles de detectar, sin embargo en un descuido se los quitó y miró a su alrededor…. Casi podía leer la palabra “muerte” en su cabeza. Juraría que el sujeto se me quedó observando fijamente, pero eso no lo podría aseverar. Luego simplemente volvió a ponerse sus anteojos y continuó su camino. Salté de mi asiento sin mucho disimulo y comencé a seguirle intentando no perder su rastro. Por razones de seguridad llevaba mi revolver en un compartimiento de una de mis botas… me preguntaba cuánto tardaría en agacharme para desenfundarla en caso de que algo saliera mal.

Le seguí con prisa por un largo sector del aeropuerto lleno de puestos de comida y pude notar que unos cuantos hombres me seguían también a mí a cierta distancia, “genial”, pensé… “Meredith y Thomasson han enviado apoyo”. Aquel tipo se detuvo en un teléfono público… depositó la mochila en el suelo y se dispuso a sacar unas monedas del bolsillo de su pantalón. ¿”Qué haría Leon en esta situación?” pensé, si me acercaba de una forma descuidad aquel sujeto podría reaccionar de muy mala manera y varias personas del aeropuerto podrían salir heridas, debía conducirlo a un lugar un poco menos concurrido para poder reducirle con éxito.

-Oiga, necesito cooperación…- le dije a un monitor de seguridad de aquel aeropuerto que pasó cerca mío.- ¿Ve a ese hombre de rasgos orientales? Es un peligroso terrorista y debo arrestarle, pero no aquí pues hay mucha gente y sería peligroso… ¿entiende?

 El joven agente de seguridad me miró de arriba abajo.

-No sea idiota.- me contestó secamente.

-Escúchame, estoy trabajando para agentes del FBI, ¿acaso crees que es una maldita broma de cámara escondida?- pregunté iracundo.

-Cierre la boca sino quiere que lo detenga por molestar al personal de seguridad.

 Sorprendido por aquella respuesta retrocedí un par de pasos y luego miré a mi alrededor. Los hombres que momentos antes me seguían se estaban comportando de forma confusa y errática, se mostraban nerviosos y se hacían señas unos a otros… ¿era posible que no fueran en verdad apoyo?, El sujeto asiático me estaba observando fijamente desde el teléfono público,… algo estaba mal en todo esto… la negativa del guardia de seguridad en ayudarme, aquellos hombres que confundí como apoyo del FBI, ese hombre de rasgos asiáticos… ¿acaso era una trampa?, ¿acaso esperaban que me acercara a él para poder acorralarme?...

Oh, por dios, la operación “Viaje a las estrellas” se estaba desarrollando frente a mis narices y me tenía a mí como la siguiente víctima. Desobedeciendo las órdenes llamé desde el teléfono móvil gris a los agentes del FBI, sin embargo fue inútil, no contestaron. Mi integridad estaba en peligro, mi vida corría demasiado riesgo en ese momento así que despavorido corrí hacia la salida, con tan mala suerte que no logré esquivar una mesita de un local de comida rápida y choqué de lleno con ella arrojando todos los platos al suelo. El escándalo fue grande y llamé la atención de casi todo el aeropuerto. Luego me levanté rápidamente y logré huir antes de que varios guardias me bloquearan el paso.

La siguiente hora la pasé escondido en un sector periférico ubicado cerca de la pista de aterrizaje de los aviones. No sabia muy bien adonde ir hasta que de pronto el teléfono color gris comenzó a sonar, eran los oficiales del FBI.

-Hubieron problemas…- dije.- La operación “Viaje a las estrellas” es más grande lo que creí, la he subestimado demasiado…… así es……..  Por poco me agarran. La próxima vez lo haré bien……….. lo sé….. ¡dije que ya lo sé!, muchas cosas dependen de mí, pero no es fácil…………  comprendo.

Frustrado apagué el teléfono móvil y lo guardé en mi chaqueta. “Si tan solo pudiera comunicarme con Leon…” me dije a mi mismo. Tras unos breves minutos emprendí la marcha. Había sido embarcado en un viaje al cual nunca pude negarme, pero nada de eso ya importaba… solo quería salir de esa situación.

Falta muy poco ya para navidad….

Y voy en busca de Leon S. Kennedy… solo él puede ayudarme…




Próximamente CAPITULO FINAL



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domingo, 9 de diciembre de 2012

William F. Waylong



Falta poco para navidad… La compañía Tricell ha iniciado una maquiavélica operación genocida y Leon Scott Kennedy ha sido arrestado.








Mi nombre es William F. Waylong, tengo 24 años de edad y pertenezco a la brigada roja de las fuerzas especiales,… bueno, al menos pertenecía a ella hasta antes de que la conspiración de Tricell se pusiera en marcha. Unos oficiales del FBI (amigos cercanos de Leon) me contactaron durante esta tarde. Interceptaron mi automóvil en la carretera y me obligaron a subir a una camioneta negra. Fue el susto de mi vida… después de lo de Tricell no confiaba absolutamente en nadie.

-¿De qué se trata todo esto?... no creo ser tan importante.- dije una vez a bordo.

-William Waylong. Ex-oficial de las fuerzas especiales… si no nos equivocamos ¿desertaste esta mañana, no es así?

-¿Quiénes son ustedes?- insistí. No tenían apariencia de ser fiscales militares.

-Agentes Thomasson y Meredith del FBI. No te preocupes, chico. Estamos de tu lado. Queremos proponerte un trato.

-Después de lo sucedido con Tricell esta mañana… no deseo formar parte de ningún trato, solo quiero largarme lo más lejos posible… cabezas rodarán, ¿entienden?

-Lo entendemos perfectamente… es por ello que te necesitamos a ti.- me contestó uno de ellos.- Un amigo nuestro, Leon Scott Kennedy ha sido arrestado. Necesitamos de tu ayuda.

  No lo podía creer, el asunto de Tricell era aún más espeluznante de lo que mi mente pudo haber concebido hasta el momento. Estaban desbaratando a todos sus principales enemigos y planeaban un ataque bío-terrorista en los principales aeropuertos del país, soltarían una toxina que se alojaría en los organismos de la gente, cualquier turista, de cualquier color de piel, edad y sexo. Luego ellos viajarían a sus respectivos destinos siendo el principal vehículo de contagio. Leon Scott Kennedy trabajaba en el caso juunto a un reducido grupo de oficiales, tenía unos contactos en el bajo mundo y se habían enterado de la primera fase del plan, pero Tricell ya había hecho su movimiento…habían puesto en marcha la operación “viaje a las estrellas” donde miembros importantes del “bando contrario” caerían uno por uno como fichas de dominó. Leon fue el segundo en ser arrestado y enviado a un oculto calabozo. Los demás miembros fueron muertos mientras intentaban huir. No lo pensé mucho, ni tampoco me hice de rogar. Estaba claro desde un principio que al saber del actual estado de Leon mi respuesta sería positiva.

 Finalmente fui a mi departamento, los federales me habían dado un teléfono móvil color gris por el cual se contactarían conmigo. Mis cosas las había dejado en la base militar por lo que solo debía confiarme de lo que poseía en mi departamento. Fui hasta mi cama, levanté el colchón y allí estaba mi revolver calibre 22 envuelto en una tela oscura. Deseé haberme robado algún miserable chaleco anti-balas de las fuerzas especiales, pero no lo hice, jamás siquiera me robé una maldita bala… ¡estúpido!, yo y mi absurda ética moral. Ahora se venía una guerra en mi contra y yo la recibiría en las más precarias condiciones. Deseé llamar a los agentes Thomasson o Meredith para pedirles equipo, pero me detuve al recordar que me prohibieron estrictamente el intentar comunicarme con ellos… serían ellos los que me llamarían. Era ya cerca de la medianoche cuando aquel teléfono gris comenzó a vibrar en la mesita de centro de mi sala.

-Diga.

-A las doce y media, callejón Parknight. Un sujeto mal vestido te estará esperando… estará esperando a Leon.- me dijo la corrosiva voz tras la linea telefónica, luego de eso… simplemente cortó.

Aún un poco atolondrado por la súbita llamada, fui hasta el baño y me mojé el rostro para espantar cualquier asomo de miedo. Me miré directo al espejo.

-Vamos, Will…- me dije mirándome directo a los ojos.- no te acobardes…. todos te necesitan.

  Me puse una gorra y salí de casa cual policía encubierto que va a reunirse con su contacto. El callejón Parknight quedaba no muy lejos de mi departamento así que me apresuré en llegar. Llegar varios minutos antes a una cita peligrosa es una ventaja, sin embargo, al otro sujeto se le había ocurrido lo mismo… yo había llegado 15 minutos antes y él ya estaba allí. El lugar no estaba muy bien iluminado, a medida que me acercaba solo advertí una figura encorvada que encendía un cigarrillo junto a los vapores de la alcantarilla. Caminé y me detuve hasta quedar a unos 10 metros de distancia… luego pensé: “¿qué se supone que debo hacer ahora?”… Afortunadamente él habló primero.

-¿Dónde está, Leon?- me preguntó.

-No pudo venir, hubieron problemas…- contesté.- yo estoy ocupando su lugar…

 El sujeto me observó por unos segundos y luego exhaló el humo de su cigarrillo.

-Esperaba a Leon…- sentenció.

-Deberás conformarte conmigo… Leon ha sido arrestado. Soy un rostro nuevo…

-Demasiado nuevo…- me dijo.




Falta poco para Navidad….

Y aquí estoy… intentando ser un héroe…




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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Página del blog


























Hola, amigos. Bueno ya en la página de facebook di a conocer la dirección de la web de este blog... todos, pero TODOS los créditos habidos y por haber van para mis grandes amigos Danielle Bateman y Adrian Salvatori, quienes hicieron posible este extraño y nuevo lugar:

http://adrianblack03.wix.com/diariodeleon

 Allí habrán cosas más variadas que las que uno podría encontrar en el blog, es un espacio mas por así decirlo "tridimensional". Espero lo visiten y les guste.

Un saludo a todos  :)



lunes, 12 de noviembre de 2012

Afecto





















-Canción favorita… ¿cuál es tu canción favorita?- me preguntó Christine sonriendo.

-Ahh… veamos.- comencé a pensar.- esa está difícil. Me gustan muchas canciones, pero mi favorita… nunca lo he pensado, quizás Purple Rain de Prince.

-Jaja, ¿te gusta Prince? Eso es lindo.

-Lo guardo como una especie de secreto embarazoso…- dije con una sonrisa.- ¿Y tu canción?

-Ah-ah. Espera tu turno, chico guapo. Aún no terminamos.


Había conocido a Christine en el hospital. Ella había tenido un accidente vascular y yo me recuperaba de una lesión bastante fea de una de mis rodillas. Era una chica realmente interesante y atractiva, con una personalidad encantadora. No pasaron muchos días hasta que tras unos correos electrónicos acordamos salir a comer y… finalmente nos encontrábamos allí, en el TRACY’S comiendo sierra ahumada acompañado de un excelente y embriagador vino blanco.

-Sabes, estaba pensando y sin duda esta ha sido una cita interesante,… fuera de lo común.- me dijo de pronto mientras rebanaba un pedazo de pescado.

-Lo dices por la pistola que traigo bajo la chaqueta, ¿no es así?- le pregunté adivinando sus pensamientos.

-Sí… jajaja.- me contestó sin poder aguantar la risa.- es que… me asustan demasiado y no esperaba que bueno… trajeras una.

-De veras lo lamento, Christine. Pero hay cosas que no puedo dejar de hacer, es algo casi automatizado. Supongo que son los años, no lo sé… ¿necesitaré terapia? Jaja.

-Más que terapia… quizás necesitas ya que una chica te diga lo que tienes que hacer…

-Uh, eso está difícil. Seguir las órdenes de una chica no es mi estilo.- contesté sonriendo.

Luego de la cena venía el postre, Christine eso si pidió una menta ya que el pescado no le cayó muy bien. Hasta este punto diría que la química entre ambos era realmente asombrosa, ¿Cómo dos personas podían encariñarse tanto sin siquiera conocerse lo bastante? Supongo que es esa falta de cariño… esa apabullante necesidad que tenemos todos de amar y ser amados, y en mi caso, ya llevaba demasiado tiempo buscando alguien para amar, y Christine, bueno su historia de soledad y desamor era casi tan nutrida como la mía.

-Leon…- me dijo ella de pronto.- te voy a decir algo que jamás he dicho a alguien en mi primera cita, y es que eres un hombre muy interesante. Me gustaría conocerte más a fondo, pero lo que haces… lo que me has contado, pienso que choca demasiado con mi forma de pensar…

-Te entiendo, Christine. Créeme que lo hago. Y yo también quiero que esto funcione y no se desvanezca. Para ello ambos debemos poner de nuestra parte. Mi trabajo para el gobierno es peligroso… lo sé, pero no quiero llegar a los 40 años haciendo lo mismo, no sé si me entiendes. En algún punto eso se tiene que acabar… y espero ser yo quien lo termine y no que sea mi trabajo el que acabe conmigo.

  Christine acarició suavemente mi mano y sintió una enorme necesidad de confesarse.

-Yo estoy dispuesta a dejar  todo de lado para comenzar algo nuevo junto a ti.- me dijo.- No soy precisamente una buena persona, y hay cosas que hago que no están bien, pero te prometo que si me lo pides… lo dejaré de hacer.

-¿Te refieres a tu trabajo de asistente en la farmacéutica?... Christine, yo jamás te pediría que dejaras de…

-No, no me refiero solo a eso…- me interrumpió con un hondo suspiro.- Leon, yo… estoy metida en un problema grave, muy, muy grave. Debo un dinero, se lo debo a un sujeto repugnante e inescrupuloso que desde que me separé de él me ha hecho la vida imposible. Me ha querido arrebatar mi casa, ¡la casa de mi madre! La que ella me heredó antes de morir. Si no pago el dinero, este sujeto me dejará en bancarrota y en la calle, Leon.

-¿Quién es?, dime como se llama.

-No, por favor no interfieras…- me suplicó.- Yo ya le he pagado casi todo, solo me queda menos de la mitad y hoy se acaba todo. Pero para llegar a ello, he debido hacer cosas que no he querido hacer…

-Por Dios, Christine…- le dije acariciando su mano.- ¿Qué es eso que has hecho?

 Ella guardó silencio, no quería contarme. La angustia era más poderosa que todo lo demás.

-Vamos…- le dije con ternura.- seguro puedes contarme. Te aseguro que lo entenderé, y te ayudaré a salir de esto. Si vamos a intentar algo entre los dos debemos tener confianza el uno con el otro….

-Leon, yo…

   No pudo completar la frase, en vez de ello su voz se transformó en un espantoso sonido gutural aletargado, cuyo origen vino desde su garganta. De allí una viscosa extremidad se abrió paso entre hueso, piel y sangre para asomar por su boca. Sus dientes saltaron desparramados sobre la mesa y la sangre salpicó mi rostro. Sus ojos se tornaron completamente blancos antes de salirse de sus cuencas mientras que nariz, frente y boca eran desfigurados por la fuerza imparable de la criatura que se abría paso desde sus entrañas. No oí un solo grito a mí alrededor, pero seguramente habían muchos alaridos de horror provenientes de las demás mesas, de pronto el tiempo se paralizó ante mí y casi no me di ni cuenta cuando mi mano a través de un movimiento involuntario desenfundaba la pistola que tenía bajo mi chaqueta. Temblaba, sudaba y apenas podía respirar, pero mi instinto…, mi instinto ya sabía lo que tenía que hacer. Como un robot saqué mi arma y apunté al cerebro de la cosa que tenía frente a mí. Yo no reaccionaba en lo absoluto, pero mi mano operaba por sí sola… jaló el gatillo 3 veces y el balbuceo infernal de la criatura terminó, luego cayó inerte al suelo. Yo me quedé sentado en la mesa aún varios minutos después de haber dado muerte al monstruo. No supe cuanto rato estuve allí… solo recuerdo que las sirenas de las patrullas en la calle me volvieron a la realidad y cuando me sacaron, el restaurante estaba vacío… todas las mesas absolutamente vacías.

 Pobre Christine, hacía tiempo que robaba muestras del laboratorio farmacéutico donde trabajaba y lo llevaba a personas que pagaban mucho dinero. Alquilaba su cuerpo como transporte y solía tragar ovoides con sustancias verdaderamente peligrosas. Aquella noche iba a recibir una importante suma de dinero, lo suficiente como para no volver a alquilar su cuerpo, lo suficiente como para terminar su deuda con aquel sujeto inescrupuloso, lo suficiente como para poder vivir en paz… una nueva mutación del derivado del virus-X. Ella obviamente nunca supo lo que llevaba en su estómago, hasta que los jugos gástricos y el vino blanco terminaron por corroer el ovoide y en un abrir y cerrar de ojos… su organismo se doblegó ante el huésped maldito.








No lo sé… no sé como dos personas pudieron quererse tanto, sin siquiera haberse conocido lo suficiente.

LEON S. KENNEDY, 02:02  A.M.