martes, 18 de diciembre de 2012

William F. Waylong






















CAPITULO FINAL 



La operación “Viaje a las estrellas” ha resultado ser más grande y terrible de lo esperado. Comenzaba a preguntarme porqué habían hombres de Tricell buscándome en el aeropuerto si se supone que yo no había delatado mi paradero, y es que he descubierto que durante mi permanencia en la brigada roja, oficiales del alto mando me implantaron una suerte de chip GPS en mi nuca…

¡Cerdos!

 He llegado finalmente al complejo médico donde según mis averiguaciones mantienen cautivo a Leon Scott Kennedy. Tienen una férrea guardia vigilando la entrada, pero no cuentan con que sé de un oculto pasadizo subterráneo que me deja ni más ni menos que en el interior de una enorme despensa de comida. Felizmente he sorteado de buena forma la mirada atenta de los guardias armados así que he podido entrar en el lugar y llegar hasta la despensa de comida sin ningún problema.

Hace hambre… antes de continuar abro una lata de frijoles y me la devoro lo más rápido que puedo,… el tiempo apremia y debo rescatar a Leon lo antes posible. Con mucha cautela abro la puerta de la despensa y hecho una ojeada al pasillo, no hay nadie… tal parece que la divina providencia está de mi lado. Debo apresurarme… los cerdos de Tricell deben estar monitoreando el chip implantado en mi nuca y quizás no tarden en dar aviso.

De pronto sucede…

Me han descubierto…

Un hombre de bata blanca me mira sorprendido desde un extremo del pasillo. Se acaba el juego. Lentamente levanto mis manos en señal de rendición y aquel hombre sonríe… yo solo le devuelvo la sonrisa…








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Leon Scott Kennedy es escoltado por un guardia y un médico de aquel lugar hasta la celda del joven William F. Waylong. Abren los cerrojos de seguridad y la puerta se abre para que Leon pueda entrar y charlar con él un par de minutos. El lugar es frío y William permanece en camisa de fuerza sentado en un rincón de su celda acolchada.

-Gracias.- le dice Leon al guardia de la puerta una vez que ha entrado en la celda. Posteriormente se acerca un par de pasos a William.- Hola… ¿sabes quien soy, no es así?

-Leon….- susurró William en voz baja.- lo lamento… lo lamento mucho, yo… lo he arruinado todo…

-Está bien, William. Ya no te preocupes por nada.

-Es que… lo he echado todo a perder. Vine a rescatarte y ahora… ahora nos matarán a ambos…- dijo y comenzó a llorar amargamente.

-Eso no sucederá.- contestó Leon con firmeza.- Vine a decirte que estés tranquilo. Tu vida no corre peligro, ni la mía… ¿comprendes? No vuelvas a hurgarte la nuca, no existe tal chip…

-¿Cómo dices…?

-El Dr. Grant me dijo que te hiciste daño en la parte posterior de tu cabeza, escarbabas con tus manos para arrancarte un supuesto chip, te hiciste una fea herida y brotó mucha sangre. No vuelvas a hacerlo, ¿está claro?

-Está bien….- contestó William bajando su triste mirada hacia el suelo.
-Así me gusta.- dijo Leon.- Mira, si te portas bien puedo hablar con el Dr. Grant para que ya no uses camisa de fuerza y puedas luego ir a la sala de TV, ¿te gusta ver TV?, ¿Cuál es tu programa favorito?

-Oh sí, me encanta ver TV, mi programa favorito es “Viaje a las estrellas”… por favor dile al Dr. Grant que me deje ver TV.

-Bueno, solo si te portas bien…- contestó Leon en un tono casi paternal.- Bien, William, debo irme ya. Pronto vendré a visitarte y por favor descuida… yo estoy a salvo y tú también lo estas. Solo obedece las indicaciones del Dr. Grant. ¿Bien?

-Está bien, Leon…- contestó William.

  Leon S. Kennedy abandona la celda y William F. Waylong se queda pensativo unos instantes, luego vuelve a ordenar sus ideas y piensa:”Pobre, Leon…. Está siendo chantajeado de alguna manera y viene a decirme mentiras para intentar calmarme”. “Pero no importa, pronto volveré a escapar y lo rescataré… Tricell no se saldrá con la suya”. Luego vuelve a depositar su mirada en la nada misma que ofrece una blanca pared acolchada.

Afuera Leon abandona el sanatorio mental en compañía del Dr. Grant.

-Ya es tercera vez que William se escapa y regresa con la misma historia… de que tú te encuentras aquí y debe rescatarte.- comenta Grant.- Siempre vuelve y es sorprendido por algún enfermero en los pasillos… es por ello que esta vez te hemos llamado y te pedimos que hablaras con él, ¿Qué te ha parecido?

-Me ha dado un poco de pena, es un muchacho bastante joven. Espero que su desorden mental no se agrave.- contesta Leon.- Tras el incidente del aeropuerto quizás luego venga un delirio más peligroso.

-Lo tendremos bajo observación un par de meses. Sus alucinaciones ya han ido desapareciendo menos mal.

-Bien…- contesta Leon.- Por favor, trátelo bien.


Falta poco para navidad y William F. Waylong la pasará en una celda acolchada







F  I  N





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El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.

jueves, 13 de diciembre de 2012

William F. Waylong

















Capitulo 2


Hace mucho frío. Falta poco para navidad y la gente se apresura en hacer los viajes necesarios. El aeropuerto se encuentra abarrotado de gente, demasiada gente… mucha más de la esperada y eso obstaculiza en demasía la misión. Mi contacto del bajo mundo (aquel con el que me entrevisté en el callejón Parknight) me entregó mucha información útil; Más detalles de la operación “Viaje a las estrellas”, fechas, nombres, y lo más importante… la hora y el lugar del primer atentado, y aquí me encuentro en el aeropuerto de la ciudad con la misión de evitar un pandemonium.

Me encontraba en un café ubicado en el segundo piso del aeropuerto, bajo mis pies estaba el control de pasaporte. Según mi contacto del bajo mundo el bío-terrorista presentaba rasgos asiáticos y llevaría una mochila color violeta, tarea nada fácil considerando el volumen de gente en el aeropuerto. Iba ya por mi 3er café cuando lo ví… en un comienzo dudé bastante pues llevaba unos anteojos oscuros y sus rasgos eran difíciles de detectar, sin embargo en un descuido se los quitó y miró a su alrededor…. Casi podía leer la palabra “muerte” en su cabeza. Juraría que el sujeto se me quedó observando fijamente, pero eso no lo podría aseverar. Luego simplemente volvió a ponerse sus anteojos y continuó su camino. Salté de mi asiento sin mucho disimulo y comencé a seguirle intentando no perder su rastro. Por razones de seguridad llevaba mi revolver en un compartimiento de una de mis botas… me preguntaba cuánto tardaría en agacharme para desenfundarla en caso de que algo saliera mal.

Le seguí con prisa por un largo sector del aeropuerto lleno de puestos de comida y pude notar que unos cuantos hombres me seguían también a mí a cierta distancia, “genial”, pensé… “Meredith y Thomasson han enviado apoyo”. Aquel tipo se detuvo en un teléfono público… depositó la mochila en el suelo y se dispuso a sacar unas monedas del bolsillo de su pantalón. ¿”Qué haría Leon en esta situación?” pensé, si me acercaba de una forma descuidad aquel sujeto podría reaccionar de muy mala manera y varias personas del aeropuerto podrían salir heridas, debía conducirlo a un lugar un poco menos concurrido para poder reducirle con éxito.

-Oiga, necesito cooperación…- le dije a un monitor de seguridad de aquel aeropuerto que pasó cerca mío.- ¿Ve a ese hombre de rasgos orientales? Es un peligroso terrorista y debo arrestarle, pero no aquí pues hay mucha gente y sería peligroso… ¿entiende?

 El joven agente de seguridad me miró de arriba abajo.

-No sea idiota.- me contestó secamente.

-Escúchame, estoy trabajando para agentes del FBI, ¿acaso crees que es una maldita broma de cámara escondida?- pregunté iracundo.

-Cierre la boca sino quiere que lo detenga por molestar al personal de seguridad.

 Sorprendido por aquella respuesta retrocedí un par de pasos y luego miré a mi alrededor. Los hombres que momentos antes me seguían se estaban comportando de forma confusa y errática, se mostraban nerviosos y se hacían señas unos a otros… ¿era posible que no fueran en verdad apoyo?, El sujeto asiático me estaba observando fijamente desde el teléfono público,… algo estaba mal en todo esto… la negativa del guardia de seguridad en ayudarme, aquellos hombres que confundí como apoyo del FBI, ese hombre de rasgos asiáticos… ¿acaso era una trampa?, ¿acaso esperaban que me acercara a él para poder acorralarme?...

Oh, por dios, la operación “Viaje a las estrellas” se estaba desarrollando frente a mis narices y me tenía a mí como la siguiente víctima. Desobedeciendo las órdenes llamé desde el teléfono móvil gris a los agentes del FBI, sin embargo fue inútil, no contestaron. Mi integridad estaba en peligro, mi vida corría demasiado riesgo en ese momento así que despavorido corrí hacia la salida, con tan mala suerte que no logré esquivar una mesita de un local de comida rápida y choqué de lleno con ella arrojando todos los platos al suelo. El escándalo fue grande y llamé la atención de casi todo el aeropuerto. Luego me levanté rápidamente y logré huir antes de que varios guardias me bloquearan el paso.

La siguiente hora la pasé escondido en un sector periférico ubicado cerca de la pista de aterrizaje de los aviones. No sabia muy bien adonde ir hasta que de pronto el teléfono color gris comenzó a sonar, eran los oficiales del FBI.

-Hubieron problemas…- dije.- La operación “Viaje a las estrellas” es más grande lo que creí, la he subestimado demasiado…… así es……..  Por poco me agarran. La próxima vez lo haré bien……….. lo sé….. ¡dije que ya lo sé!, muchas cosas dependen de mí, pero no es fácil…………  comprendo.

Frustrado apagué el teléfono móvil y lo guardé en mi chaqueta. “Si tan solo pudiera comunicarme con Leon…” me dije a mi mismo. Tras unos breves minutos emprendí la marcha. Había sido embarcado en un viaje al cual nunca pude negarme, pero nada de eso ya importaba… solo quería salir de esa situación.

Falta muy poco ya para navidad….

Y voy en busca de Leon S. Kennedy… solo él puede ayudarme…




Próximamente CAPITULO FINAL



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domingo, 9 de diciembre de 2012

William F. Waylong



Falta poco para navidad… La compañía Tricell ha iniciado una maquiavélica operación genocida y Leon Scott Kennedy ha sido arrestado.








Mi nombre es William F. Waylong, tengo 24 años de edad y pertenezco a la brigada roja de las fuerzas especiales,… bueno, al menos pertenecía a ella hasta antes de que la conspiración de Tricell se pusiera en marcha. Unos oficiales del FBI (amigos cercanos de Leon) me contactaron durante esta tarde. Interceptaron mi automóvil en la carretera y me obligaron a subir a una camioneta negra. Fue el susto de mi vida… después de lo de Tricell no confiaba absolutamente en nadie.

-¿De qué se trata todo esto?... no creo ser tan importante.- dije una vez a bordo.

-William Waylong. Ex-oficial de las fuerzas especiales… si no nos equivocamos ¿desertaste esta mañana, no es así?

-¿Quiénes son ustedes?- insistí. No tenían apariencia de ser fiscales militares.

-Agentes Thomasson y Meredith del FBI. No te preocupes, chico. Estamos de tu lado. Queremos proponerte un trato.

-Después de lo sucedido con Tricell esta mañana… no deseo formar parte de ningún trato, solo quiero largarme lo más lejos posible… cabezas rodarán, ¿entienden?

-Lo entendemos perfectamente… es por ello que te necesitamos a ti.- me contestó uno de ellos.- Un amigo nuestro, Leon Scott Kennedy ha sido arrestado. Necesitamos de tu ayuda.

  No lo podía creer, el asunto de Tricell era aún más espeluznante de lo que mi mente pudo haber concebido hasta el momento. Estaban desbaratando a todos sus principales enemigos y planeaban un ataque bío-terrorista en los principales aeropuertos del país, soltarían una toxina que se alojaría en los organismos de la gente, cualquier turista, de cualquier color de piel, edad y sexo. Luego ellos viajarían a sus respectivos destinos siendo el principal vehículo de contagio. Leon Scott Kennedy trabajaba en el caso juunto a un reducido grupo de oficiales, tenía unos contactos en el bajo mundo y se habían enterado de la primera fase del plan, pero Tricell ya había hecho su movimiento…habían puesto en marcha la operación “viaje a las estrellas” donde miembros importantes del “bando contrario” caerían uno por uno como fichas de dominó. Leon fue el segundo en ser arrestado y enviado a un oculto calabozo. Los demás miembros fueron muertos mientras intentaban huir. No lo pensé mucho, ni tampoco me hice de rogar. Estaba claro desde un principio que al saber del actual estado de Leon mi respuesta sería positiva.

 Finalmente fui a mi departamento, los federales me habían dado un teléfono móvil color gris por el cual se contactarían conmigo. Mis cosas las había dejado en la base militar por lo que solo debía confiarme de lo que poseía en mi departamento. Fui hasta mi cama, levanté el colchón y allí estaba mi revolver calibre 22 envuelto en una tela oscura. Deseé haberme robado algún miserable chaleco anti-balas de las fuerzas especiales, pero no lo hice, jamás siquiera me robé una maldita bala… ¡estúpido!, yo y mi absurda ética moral. Ahora se venía una guerra en mi contra y yo la recibiría en las más precarias condiciones. Deseé llamar a los agentes Thomasson o Meredith para pedirles equipo, pero me detuve al recordar que me prohibieron estrictamente el intentar comunicarme con ellos… serían ellos los que me llamarían. Era ya cerca de la medianoche cuando aquel teléfono gris comenzó a vibrar en la mesita de centro de mi sala.

-Diga.

-A las doce y media, callejón Parknight. Un sujeto mal vestido te estará esperando… estará esperando a Leon.- me dijo la corrosiva voz tras la linea telefónica, luego de eso… simplemente cortó.

Aún un poco atolondrado por la súbita llamada, fui hasta el baño y me mojé el rostro para espantar cualquier asomo de miedo. Me miré directo al espejo.

-Vamos, Will…- me dije mirándome directo a los ojos.- no te acobardes…. todos te necesitan.

  Me puse una gorra y salí de casa cual policía encubierto que va a reunirse con su contacto. El callejón Parknight quedaba no muy lejos de mi departamento así que me apresuré en llegar. Llegar varios minutos antes a una cita peligrosa es una ventaja, sin embargo, al otro sujeto se le había ocurrido lo mismo… yo había llegado 15 minutos antes y él ya estaba allí. El lugar no estaba muy bien iluminado, a medida que me acercaba solo advertí una figura encorvada que encendía un cigarrillo junto a los vapores de la alcantarilla. Caminé y me detuve hasta quedar a unos 10 metros de distancia… luego pensé: “¿qué se supone que debo hacer ahora?”… Afortunadamente él habló primero.

-¿Dónde está, Leon?- me preguntó.

-No pudo venir, hubieron problemas…- contesté.- yo estoy ocupando su lugar…

 El sujeto me observó por unos segundos y luego exhaló el humo de su cigarrillo.

-Esperaba a Leon…- sentenció.

-Deberás conformarte conmigo… Leon ha sido arrestado. Soy un rostro nuevo…

-Demasiado nuevo…- me dijo.




Falta poco para Navidad….

Y aquí estoy… intentando ser un héroe…




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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Página del blog


























Hola, amigos. Bueno ya en la página de facebook di a conocer la dirección de la web de este blog... todos, pero TODOS los créditos habidos y por haber van para mis grandes amigos Danielle Bateman y Adrian Salvatori, quienes hicieron posible este extraño y nuevo lugar:

http://adrianblack03.wix.com/diariodeleon

 Allí habrán cosas más variadas que las que uno podría encontrar en el blog, es un espacio mas por así decirlo "tridimensional". Espero lo visiten y les guste.

Un saludo a todos  :)



lunes, 12 de noviembre de 2012

Afecto





















-Canción favorita… ¿cuál es tu canción favorita?- me preguntó Christine sonriendo.

-Ahh… veamos.- comencé a pensar.- esa está difícil. Me gustan muchas canciones, pero mi favorita… nunca lo he pensado, quizás Purple Rain de Prince.

-Jaja, ¿te gusta Prince? Eso es lindo.

-Lo guardo como una especie de secreto embarazoso…- dije con una sonrisa.- ¿Y tu canción?

-Ah-ah. Espera tu turno, chico guapo. Aún no terminamos.


Había conocido a Christine en el hospital. Ella había tenido un accidente vascular y yo me recuperaba de una lesión bastante fea de una de mis rodillas. Era una chica realmente interesante y atractiva, con una personalidad encantadora. No pasaron muchos días hasta que tras unos correos electrónicos acordamos salir a comer y… finalmente nos encontrábamos allí, en el TRACY’S comiendo sierra ahumada acompañado de un excelente y embriagador vino blanco.

-Sabes, estaba pensando y sin duda esta ha sido una cita interesante,… fuera de lo común.- me dijo de pronto mientras rebanaba un pedazo de pescado.

-Lo dices por la pistola que traigo bajo la chaqueta, ¿no es así?- le pregunté adivinando sus pensamientos.

-Sí… jajaja.- me contestó sin poder aguantar la risa.- es que… me asustan demasiado y no esperaba que bueno… trajeras una.

-De veras lo lamento, Christine. Pero hay cosas que no puedo dejar de hacer, es algo casi automatizado. Supongo que son los años, no lo sé… ¿necesitaré terapia? Jaja.

-Más que terapia… quizás necesitas ya que una chica te diga lo que tienes que hacer…

-Uh, eso está difícil. Seguir las órdenes de una chica no es mi estilo.- contesté sonriendo.

Luego de la cena venía el postre, Christine eso si pidió una menta ya que el pescado no le cayó muy bien. Hasta este punto diría que la química entre ambos era realmente asombrosa, ¿Cómo dos personas podían encariñarse tanto sin siquiera conocerse lo bastante? Supongo que es esa falta de cariño… esa apabullante necesidad que tenemos todos de amar y ser amados, y en mi caso, ya llevaba demasiado tiempo buscando alguien para amar, y Christine, bueno su historia de soledad y desamor era casi tan nutrida como la mía.

-Leon…- me dijo ella de pronto.- te voy a decir algo que jamás he dicho a alguien en mi primera cita, y es que eres un hombre muy interesante. Me gustaría conocerte más a fondo, pero lo que haces… lo que me has contado, pienso que choca demasiado con mi forma de pensar…

-Te entiendo, Christine. Créeme que lo hago. Y yo también quiero que esto funcione y no se desvanezca. Para ello ambos debemos poner de nuestra parte. Mi trabajo para el gobierno es peligroso… lo sé, pero no quiero llegar a los 40 años haciendo lo mismo, no sé si me entiendes. En algún punto eso se tiene que acabar… y espero ser yo quien lo termine y no que sea mi trabajo el que acabe conmigo.

  Christine acarició suavemente mi mano y sintió una enorme necesidad de confesarse.

-Yo estoy dispuesta a dejar  todo de lado para comenzar algo nuevo junto a ti.- me dijo.- No soy precisamente una buena persona, y hay cosas que hago que no están bien, pero te prometo que si me lo pides… lo dejaré de hacer.

-¿Te refieres a tu trabajo de asistente en la farmacéutica?... Christine, yo jamás te pediría que dejaras de…

-No, no me refiero solo a eso…- me interrumpió con un hondo suspiro.- Leon, yo… estoy metida en un problema grave, muy, muy grave. Debo un dinero, se lo debo a un sujeto repugnante e inescrupuloso que desde que me separé de él me ha hecho la vida imposible. Me ha querido arrebatar mi casa, ¡la casa de mi madre! La que ella me heredó antes de morir. Si no pago el dinero, este sujeto me dejará en bancarrota y en la calle, Leon.

-¿Quién es?, dime como se llama.

-No, por favor no interfieras…- me suplicó.- Yo ya le he pagado casi todo, solo me queda menos de la mitad y hoy se acaba todo. Pero para llegar a ello, he debido hacer cosas que no he querido hacer…

-Por Dios, Christine…- le dije acariciando su mano.- ¿Qué es eso que has hecho?

 Ella guardó silencio, no quería contarme. La angustia era más poderosa que todo lo demás.

-Vamos…- le dije con ternura.- seguro puedes contarme. Te aseguro que lo entenderé, y te ayudaré a salir de esto. Si vamos a intentar algo entre los dos debemos tener confianza el uno con el otro….

-Leon, yo…

   No pudo completar la frase, en vez de ello su voz se transformó en un espantoso sonido gutural aletargado, cuyo origen vino desde su garganta. De allí una viscosa extremidad se abrió paso entre hueso, piel y sangre para asomar por su boca. Sus dientes saltaron desparramados sobre la mesa y la sangre salpicó mi rostro. Sus ojos se tornaron completamente blancos antes de salirse de sus cuencas mientras que nariz, frente y boca eran desfigurados por la fuerza imparable de la criatura que se abría paso desde sus entrañas. No oí un solo grito a mí alrededor, pero seguramente habían muchos alaridos de horror provenientes de las demás mesas, de pronto el tiempo se paralizó ante mí y casi no me di ni cuenta cuando mi mano a través de un movimiento involuntario desenfundaba la pistola que tenía bajo mi chaqueta. Temblaba, sudaba y apenas podía respirar, pero mi instinto…, mi instinto ya sabía lo que tenía que hacer. Como un robot saqué mi arma y apunté al cerebro de la cosa que tenía frente a mí. Yo no reaccionaba en lo absoluto, pero mi mano operaba por sí sola… jaló el gatillo 3 veces y el balbuceo infernal de la criatura terminó, luego cayó inerte al suelo. Yo me quedé sentado en la mesa aún varios minutos después de haber dado muerte al monstruo. No supe cuanto rato estuve allí… solo recuerdo que las sirenas de las patrullas en la calle me volvieron a la realidad y cuando me sacaron, el restaurante estaba vacío… todas las mesas absolutamente vacías.

 Pobre Christine, hacía tiempo que robaba muestras del laboratorio farmacéutico donde trabajaba y lo llevaba a personas que pagaban mucho dinero. Alquilaba su cuerpo como transporte y solía tragar ovoides con sustancias verdaderamente peligrosas. Aquella noche iba a recibir una importante suma de dinero, lo suficiente como para no volver a alquilar su cuerpo, lo suficiente como para terminar su deuda con aquel sujeto inescrupuloso, lo suficiente como para poder vivir en paz… una nueva mutación del derivado del virus-X. Ella obviamente nunca supo lo que llevaba en su estómago, hasta que los jugos gástricos y el vino blanco terminaron por corroer el ovoide y en un abrir y cerrar de ojos… su organismo se doblegó ante el huésped maldito.








No lo sé… no sé como dos personas pudieron quererse tanto, sin siquiera haberse conocido lo suficiente.

LEON S. KENNEDY, 02:02  A.M.


jueves, 8 de noviembre de 2012

El panóptico




















SEGUNDA PARTE Y FINAL



 Todo en este lugar apesta, hasta respirar lo hace.

 Llevo ya dos días enfermo producto de un resfriado. El guardia me ha quitado las frazadas y ando desnudo de la cintura para arriba. No he podido dormir casi nada producto del frío… ni tampoco he comido. Los pasos de quien nos vigila a través de la mirilla sobre mi cama cada vez se han hecho menos frecuentes, los volví a sentir hasta hace un rato.

-¡Por favor!- exclamé casi cayéndome de la camilla.- seas quien seas… te pido por favor que me des abrigo… una manta… algo, por favor.

  Los pasos se detuvieron justo frente al orificio sobre mi camilla, como si quien estuviera del otro lado hubiese querido pensarlo durante unos segundos, pero luego simplemente me ignoró y continuó alejándose. Allí me quedé, acurrucado en un rincón junto a una fría pared de cemento de mi celda. De pronto vino el acabose… pasaron varios minutos, luego justo sobre mi celda se abrió una compuerta y dejó asomar un enorme boquete del cual cayó un enorme chorro de agua helada. Quedé completamente empapado al igual que mi colchoneta, paredes y todo el piso alrededor. “¿Qué clase de castigo enfermo es este?”, pensé totalmente abatido y sumido en el más grande de los desconsuelos. Mi situación era aterradora…, me encontraba, enfermo, hambriento y con insomnio y por si fuera poco además debía lidiar con la humedad total de mi celda.

  Unos gritos me despertaron. Había logrado conciliar el sueño, pero los gritos de unos niños me volvieron a la realidad, luego le siguió el sonido del agua cayendo al suelo en distintas celdas alrededor de la mía. Cada chorro que golpeaba el suelo era acompañado por el aterrador alarido de infantes, niños apenas cuya edad no podía comprobar. Supuse que yacían desnudos en las mismas precarias condiciones que las mías y eran torturados de la misma forma con el agua helada.

Por más que lo pensaba, no se me podía ocurrir como alguien pudo construir un lugar tan extraño y siniestro. El hambre me obligó a alejar mi mente de suposiciones tan desalentadoras,… temblando me acerqué a mi colchoneta y con asco volví a masticar más pedazos para ir tragando poco a poco…




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 Desnutrido, golpeado, mojado y sin poder dormir. Realmente verme así fue verdaderamente terrible y esta extraña pesadilla me sigue asombrando hasta el día de hoy… es por ello que la he apuntado aquí en mi diario. ¿Cómo y porqué fue que llegué a un lugar así de extraño?, ¿porqué alguien tendría niños encerrados allí?

Jamás lo supe y jamás lo sabré… así son los sueños, indescifrables.









LEON S. KENNEDY 00:21 A.M.


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viernes, 2 de noviembre de 2012

El panóptico




Mi cuerpo duele… apenas y puedo respirar…

Cada inhalación produce una insoportable dolencia en mi pecho… y cada exhalación un sufrimiento aún peor…

Todos los días un guardia enmascarado saca a un prisionero de su cuarto y lo lleva a un frío patio de concreto donde le aporrea hasta el cansancio, y hoy fue mi turno. Por una estúpida razón creía que jamás me tocaría a mí, pero este lugar se ha encargado de derribar cualquier idea esperanzadora. Me encontraba débil y sediento en la camilla de mi miserable cuarto, arropado hasta las orejas tratando de aliviar de cualquier forma la fiebre provocada por la fatiga… cuando de pronto los cerrojos se abrieron y entró él… la enorme mole que tenemos por guardia. Demasiado débil como para defenderme no hice más que aferrarme a la sucia colchoneta, pero fue inútil… él no tuvo problemas para arrastrarme de una pierna hasta afuera del cuarto. Recorrimos los pasillos circulares de esta extraña prisión en un trayecto que se me hizo casi eterno a causa de la indolencia y el silencio que guardaban las demás celdas cerradas, hasta que por fin y tras varios días,… incluso semanas, la luz del día se dejó caer sobre mí. Era un día gris, sin sol en el exterior… pero de igual forma la visión hirió mis ojos.

  Aún semi-aturdido por el trayecto que recorrí siendo arrastrado, intenté ponerme de pié, pero fue inútil… las fuerzas no me acompañaban. El guardia me quitó la sucia camiseta enumerada de la prisión dejando mi cadavérico torso totalmente expuesto y desnudo. No supe cuando fue que los azotes comenzaron, pero cada uno de ellos era como un beso que me daba la muerte… cada golpe lo recibían directamente mis huesos y deseé haber perdido el conocimiento desde el primer segundo, pero hasta eso aquí se me era negado. Luego, tras una eternidad de dolor y sufrimiento, sentí que los golpes cesaron y me quedé en el suelo inerte, apenas respirando pues esto me era terriblemente doloroso…

Finalmente fui nuevamente arrastrado por los pasillos de aquel enigmático infierno hasta mi cuarto, mi sucio, angosto y miserable cuarto… pero en ese instante ese era el único lugar en el que quería estar. El guardia se ha llevado mi frazada y no me ha devuelto mi camiseta, seguramente como una suerte de castigo por algo.

Llevo ya casi media hora intentando tragar pedazos de mi sucia colchoneta… para apalear el hambre. Los dolores en el estómago que vienen después son horribles, pero intento no pensar en eso ahora.

Nuevamente oigo pasos sobre mi cuarto, tengo la sensación de que alguien a través de una mirilla nos observa cuarto por cuarto, siempre se detiene por unos segundos en alguno y luego se aleja… tengo la sensación que me observa por sobre mi camilla, pero aún no puedo identificar el lugar preciso. Esto me ha dado pistas que este lugar es una suerte de panóptico o algo por el estilo…






















Lentamente me incorporo y me siento en la camilla… a mis oídos llega el terrible llanto de un niño, seguramente de una celda cercana a la mía. A veces temo olvidar quien soy, por eso suelo recordármelo a menudo…


 Mi nombre es Leon Scott Kennedy, tengo 35 años de edad… y tengo miedo de morir aquí…



¿Qué es este lugar?




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Participa en el desarrollo de esta historia yendo a la página de facebook:


Allí puedes ayudar a Leon a recuperar su memoria, escribiendo porqué es que se encuentra en un lugar como este.