sábado, 5 de mayo de 2012

El creador


Historia enviada por Mery Redfield desde Argentina.









No estaba cansado como en las últimas misiones. No me sentía de ninguna manera en particular:
no tenía hambre, ni sed, ni nada. Puede que, como mucho, estuviera algo nervioso. Algo. Y de todas
maneras aquel nerviosismo no me pertenecía...

Llegué a la dirección que tenía grabada en la cabeza y me encontré con un bar. No parecía una
base secreta pero tampoco una trampa... así que entré. Un ventilador giraba a la velocidad mínima y
una muchacha limpiaba la barra con pesadumbre. La poca iluminación y el hedor a cafeína le daban
a la estancia una tonalidad ambigua que me erizó los vellos de los brazos. Me aclaré la garganta y la
joven me miró de arriba abajo, luego de unos segundos incómodos señaló hacia el fondo del recinto
con un ademán del rostro. No me atreví a cuestionarla, así que caminé hacia allí y me encontré
con una puerta que decía sólo personal autorizado. Volví a mirarla y ella asintió, dándome su
aprobación. Detrás de aquella puerta había una pequeña habitación que nada tenía que ver con un café. Había una pequeña mesa de juegos con cartas de póker desparramadas, fichas y colillas de cigarros. Una
luz tenue enfocaba el centro de la mesa y una silla, el resto estaba en penumbras.

- Siéntate, por favor –me dijo una voz masculina.

- Primero me gustaría saber qué hago aquí –resoplé-, además no me gusta hablarle a la
oscuridad.

- No soy ninguna oscuridad... Simplemente preferiría que no vieras mi rostro –se excusó casi
amablemente mi interlocutor-. Esto es todo lo que conseguirás de mí –sentenció moviendo
su sillón hacia delante, con lo que pude verle las piernas cruzadas y una mano apoyada en el
brazo del asiento, sosteniendo un habano. El resto permaneció a oscuras.

- ¿Debería sentirme más a gusto?

- Deberías –casi rió.

- Digamos que estoy intrigado –me mordí el labio y por fin me senté. Por más que forzara la
vista no se distinguía nada más que el humo que desprendía el tabaco.

- ¡Estupendo! Por ahora estoy más que satisfecho.

- Ve al grano, por favor. ¿Qué hago aquí? ¿Es por una nueva misión?

- No, esta vez no tienes que salvar al mundo... Sino más bien a mí.

- Ni siquiera sé quién eres...

- Por el contrario, yo lo sé todo sobre ti.

- ¿Trabajas para alguna corporación enemiga?

- No, no –rió descortésmente-... Esas fábulas te las dejo a ti. Digamos que van contigo...

- No entiendo –tragué saliva y tomé aire-, tal vez si te presentaras...

- Mi nombre no tiene importancia, pero si tanto quieres saberlo, te lo diré. Soy Marcelo Carter
–ante mi silencio, continuó hablando- y, como dije, mi nombre no te sugiere nada... porque
jamás lo habías oído.

- No –confirmé.

- Ay, Leon –y se regocijó.

- Mi tiempo vale oro, Marcelo Carter. Te sugiero que lo aproveches o me largaré de aquí.

- Esas son patrañas, Leon Kennedy... ¿Y sabes cómo lo sé? Porque de hecho no tienes nada
que hacer... Tú sólo estás aquí porque tienes que, porque no podrías estar haciendo otra cosa
ni aunque quisieras.

- Por favor –murmuré con impotencia cuando caí en la cuenta de que estaba en lo cierto.

- Ya estoy aburrido, así que te diré el motivo por el que te contacté. Pero primero... Acércate a
la luz, por favor. Quisiera verte mejor... –obedecí como un autómata y me incliné debajo de
la lámpara unos segundos- Asombroso. Eres tal y como te imaginaba... No tienes un pelo de
imperfección.

- Explícate.

-¿Nunca te has sentido demasiado... no lo sé, motivado? Siempre listo para una nueva misión,
siempre tan profesional, siempre tan... Leon.

-No sé...

-Sí, sí. No sabes. No entiendes qué sucede porque es la primera vez que estás en el asiento
del conductor. Es la primera vez en toda tu vida que eres el soberano. Resolví darte libre
albedrío para decidir si querías venir a verme o no... y aquí estás.

-Curiosidad.

-Sí, puede ser. Puede que te hayas vuelto curioso... Porque no recuerdo haberte dado esa
cualidad. Tal vez las experiencias te hayan moldeado.

-He vivido mucho.

-Oh, sí. Lo tengo bien claro. Lo sé todo sobre ti –me recordó.

-Lo sé.

-Para este momento ya te has dado cuenta de que no existes, ¿verdad? Eres una bonita
creación de mi mente... y te has vuelto inmortal gracias a los miles de humanos que se han
enamorado de ti. Hay algo en lo que eres que te vuelve irresistible. A cualquiera le interesa
saber sobre tus andanzas.

-¿Son mías?

-Bueno, por supuesto que sí. Tú las llevas a cabo... aunque se originen en mi cabeza. Eres y
haces lo que yo quiero, pero al final eres tú el protagonista, ¿no?

-¿Me concedes tal beneficio?

-Por supuesto. Eres una de mis mejores creaciones. Me has dado demasiadas alegrías...

-Por nada –dije con ironía.

-Ay, Leon, Leon... Que no he venido a pelear.

-¿Entonces? ¿No eres un dios buscando plegarias por aburrimiento? ¿Quieres que haga
sacrificios en tu nombre? ¿Qué ruegue por mi vida?

-Nada de eso. Queda mucho camino para ti. Aún me hace feliz tu existencia... Pero he
perdido la inspiración. Te has enfrentado a todo tipo de monstruos y salido ileso de cientos
de infortunios. Me temo que ya no sé qué hacer contigo.

-¿Me pides ideas... a mí?

-Dile como quieras. Puede que sea la única vez que decidas sobre tu futuro. La próxima vez
que no sepa qué hacer contigo puede que te dé muerte. ¡Es agotador buscarle un sentido a tu
vida!

-En ese caso, quisiera cambiar algunas cosas.

-¿Como qué? –se interesó.

-Tal vez podría formar una familia, tener un perro...

-¡Ay, Leon! ¡Por esto es que Dios no hace caso a los humanos! Las creaciones nunca saben
lo que les conviene... O, en tu caso, lo que vende. A nadie le interesaría verte casándote o
teniendo hijos, Leon. Lo que atrae de ti es que tienes madera de héroe; tu habilidad para
asesinar y salvar el día es lo que te ha vuelto inmortal.

-Hasta que te canses de mí.

-Detalles, detalles...

-Veo que no hay nada que pueda hacer, entonces.

-No me malinterpretes, nunca hubo nada que pudieras hacer. Sólo quería saber si tenías
alguna idea.

-¿Qué sucederá ahora?

-No lo sé, algo se me ocurrirá. Por lo pronto te daré el resto del día para ti, te quedan unas
horas hasta el crepúsculo. Haz lo que te plazca, que mañana volverás a obedecerme. Tal vez
te infiltres en alguna base secreta enemiga o algo así –aunque podía moverme, aunque mi
cuerpo me respondía, me quedé quieto en mi lugar-. ¿Le temes a la repentina libertad, no es
cierto? Has sido una marioneta tanto tiempo que no sabes caminar si te corto los hilos...

-¿Recordaré algo de esto?

-Eso depende, ¿quieres hacerlo? ¿Crees que podrás vivir el resto de... tu vida... sabiendo que
no existes, que no eres nada más que un invento de mi cabeza?

- No creo que pueda. Me volvería loco.

- ¡No mientras YO no lo decida! –se rió con malicia.

- Lo que quiero decir es que... no, no quiero recordarlo.

- Entonces ve y disfruta de tu día de franco. Finge que eres real y no seas el glorioso Leon
Scott Kennedy. Mañana por la mañana volverás a ser el de siempre y no tendrás registro de
todo lo que ahora sabes. No tendrás idea de quién soy.

- Marcelo Carter. Siento que jamás olvidaré tu nombre.

- Tal vez sea porque me debes mucho...

- No te estoy agradecido. No me has dado la mejor vida.

- Es la mejor que se me ocurrió para ti. Y ahora vete, que el tiempo sigue corriendo. Tal vez
algo de lo que hagas hoy me haga cambiar de opinión y te conceda lo que tanto quieres...
Tal vez no. –me tembló la voz y preferí guardar silencio- Ahhh –se quejó-, con tanta
cháchara nos perdimos de jugar cartas.

- No sé jugar al póker –gruñí.

- Si quisiera que supieras...

Me inundé de ira y me incorporé. Nada de aquello tenía sentido... Y de todas maneras sentía que
caminaba por primera vez cuando abandoné la pequeña habitación. Las piernas se me doblaban y
casi perdía el equilibrio, pero me las arreglé para salir del bar. La muchacha seguía limpiando con
desgano las mesas y ni siquiera advirtió mi partida.
Caminé decenas de cuadras y observé todo a mi alrededor, sentí aromas y toqué toda clase de
superficies. Todo me resultaba novedoso, diferente, hermoso. Tomé grandes bocanadas de aire y
corrí hasta tropezar y caer, lo que también se sintió asombroso. Besé a cuanta chica se me cruzó e
inclusive disfruté los bofetones que recibí.

Y ahora, que ya estoy en mi casa a punto de dormir, dejo evidencia en mi diario de que existo.
Soy Leon Scott Kennedy y hoy ha sido el mejor día de mi vida porque sé lo que soy; he respirado
y caminado por mi cuenta, como una verdadera persona. Nadie ha escrito mis pasos ni me ha
comandado con un joystick. Hoy soy. Y de todas maneras me siento agradecido de saber que
mañana no lo recordaré.

-

Buenas noches, Leon...

LEON S. KENNEDY 12:00 AM

domingo, 29 de abril de 2012

El diario de Norman Jayden

Bien amigos, mientras sigue la recepción de fics en el correo del blog de Leon pues he decidido atreverme a dar un gran paso y es que... no solo de Leon Scott Kennedy vive el hombre xD. Norman Jayden es un personaje que ha tenido varios "cameos" y ha sido mencionado en más de alguna oportunidad acá en el blog y en sus historias (cortesía también de mi amiga Lady Bateman) digamos que es un personaje demasiado atractivo como para ignorarle, su "background" es verdaderamente interesante y todos pudimos empatizar con él mientras jugábamos Heavy Rain... y es por ello que doy por inaugurado ni más ni menos que El diario de Norman Jayden, paralelamente crecerá junto a este blog (descuiden, no dejaré este de lado) y pues desde ya invito a todos para que lo sigan, comenten, critiquen y opinen: http://eldiariodenormanjayden.blogspot.com/ Un saludo y espero contar allá con toda su buena onda que me han obsequiado en este blog :)

jueves, 26 de abril de 2012

Hola Chicos! (Aqui Adrián)...

Estoy seguro de que Marcelo me asesinara por abusador jajaja, pero tenia que mostrarles esto.


Es la imagen "Trailer" de una de las proximas historias de Leon. Espero sea lo bastante explicita! xd buenoo.... adios xd

(PD: La imagen sera visible durante un período limitado de tiempo)

domingo, 15 de abril de 2012

Envía tu fic

















Así es, amigas y amigos. Para Mayo se viene la nueva tanda de Fics enviados por ustedes en El diario de Leon S . Kennedy, el correo es amigosdeldiariodeleon@gmail.com ... en la página de facebook hay más detalles =)

lunes, 2 de abril de 2012

Hediondos



















Esta vez ya me cansaron… cierto es, han descubierto nuestro escondite, el mío y el de aquel pobre chico de 16 años quien nada tenía que ver en esto… pero ¿acaso esperan que huya despavorido otra vez?, ¿esperan que siga huyendo, no es así?... temo que esta vez no.Esta vez les tengo nuevas noticias: no soy tan guapo, ni soy tan filántropo, ni soy tan compasivo… ustedes jamás lo han sido, entonces, ¿Por qué yo he de serlo? Asesinaron a mi único amigo, al único amigo que tenía en este miserable rincón de la ciudad durante los 10 días que estuve oculto esperando el rescate. Todos mis amigos por una u otra razón terminan muertos…

La mano lenta e involuntariamente se mueve a la motosierra que días antes habías reparado junto a Tom, aquel pobre chico recién muerto. La coges y tu mano derecha se dirige a la argolla de arranque, déjala, no se lo niegues. Por un momento dudas y piensas si no es mejor ocupar tu arma de servicio… no, no lo hagas, es lento y puede ser impreciso, en cambio la motosierra fue creada para una ocasión como esta, no la desaproveches. Arrancas el motor y los hediondos la escuchan, es novedosa para ellos, te miran con extrañeza… pero el hambre y la enfermedad son más fuertes, se ciernen sobre ti sin medir mayor consecuencia y comienza el baile. Descargas la sierra rumiante con esos dientes filosos y de acero sobre el cuello de una mujer a la que nunca viste en tu vida, pero que paradójicamente ese rostro… ese rostro muerto, amarillo, y sangriento es el que más se ha repetido durante los últimos 20 años. La mujer grita y la sierra corta su garganta como si se tratara de la mantequilla, la cabeza cae finalmente al suelo mientras ella logra dar tres torpes pasos hacia delante y luego se desploma en el suelo. El siguiente en pedir la pieza musical es un payaso, un sujeto vestido y maquillado como payaso. La imagen es de pesadilla, parece un bufón satánico sacado del infierno…. Pero ¿que te hace suponer que los hediondos pertenecen al infierno?, ¿su apariencia eternamente grotesca? ¿Acaso tú no luces grotesco ahora rebanando las piernas del payaso?, la diferencia está en que ellos no pueden discernir, una vez infectados… las opciones entre el bien y el mal, arriba o abajo, el blanco y el negro se acabó para ellos. Solo pasan a ser animales hambrientos y por cierto muy peligrosos,… tan peligroso como tú ahora con esa motosierra, ya has separado las cuatro extremidades de su tronco y sigue babeando en el suelo ¿qué planeas hacer?... oh, ya veo, hundes el mortal filo rumiante en su estómago del payaso y la repugnante erupción de sangre es colosal. Cuidado atrás, se te acerca un hombre de mediana edad, al parecer fue un ex hombre de familia, ¡qué certero golpe! Atraviesas su abdomen con el arma y fácilmente traspasa su espalda alcanzando el pecho de una mujer que fácilmente podría haberse tratado de su esposa, empujas a ambos contra una pared y mueves la hoja de la motosierra hacia arriba, triturando toda clase de huesos, músculos y órganos.

Me gusta esto que haces, parecer disfrutarlo…. De hecho no hay nada más libertador que la rabia y el enojo, pues todo pasa a dar lo mismo ¿te habías dado cuenta?, todo se nubla y no te importa siquiera lo que pueda suceder contigo mismo con tal de mantener el éxtasis y el frenesí de tu ira. Mucho tiempo permaneciste abrazado a la ley, al gobierno, a tu trabajo, a tu imagen, a tu rostro hermoso, a tus fans, a tus seguidoras y seguidores, etc. Pero ¿Qué saben ellos lo que es “quebrarse por completo”? aprovecha esta oportunidad para afearte, vamos… antes que un ser humano fuiste un animal, antes que desperdiciar miles de horas diarias afeitándote frente al espejo, peleaste por tu comida y por tu abrigo… ellos, los hediondos son los que permanecen atados y prisioneros, míralos… pobres y tristes hombres y mujeres homogeneizados sin capacidad de pensar ¿Cuál es la diferencia entre antes de haber sido infectados y ahora?, si me preguntas creo que ninguna… mira, ahí viene un sacerdote ¡duro con él! Certero golpe en el pecho mientras la sangre salpica por todos lados, el descuartizamiento es feroz y sus costillas caen al suelo mientras él, bueno… parece que se ha olvidado de Dios, al menos hoy.

Los hediondos siguen entrando al baile y la exquisita música de tu motosierra lleva el compás de la danza, jamás vi tantos miembros repartidos por el suelo. En la ira no existe discriminación… mujeres y hombres, ancianos y jóvenes, negros o blancos de cualquier creencia u orientación sexual… todos caen y se desbaratan, todos se desploman, todos se desarman frente a la motosierra. ¡Larga vida a la motosierra! Finalmente y tras casi una hora de macabra masacre… notas que queda un solo hediondo en pié, asi es… se trata de Tom, aquel chico con el que habías entablado amistad. Te mira con rabia y lentamente se acerca a ti. Está bien, Leon… está bien sentir pena y llorar, vamos botalo todo, pero no bajes la guardia… es él o tú Leon, él o tú…

Pobre chico, recibió la peor parte de todas. Terminó siendo una masa de carne envuelta en cabello y sangre coagulada, una asquerosa alfombra de piel tendida en el suelo. Finalmente apagas la motosierra y la arrojas al suelo, ahora te sientas temblando acurrucado en una escalera del lugar, apenas creyendo lo que acabas de hacer. Tiemblas y no es por frío… sé que es por otra cosa. Bueno, te dejo tranquilo y a solas, mañana será otro día y volverás a ser el sex-symbol adolescente y juvenil que siempre has sido, digo, este tipo de caídas no tienen porque salir a la luz, ¿verdad? Puedes confiar en mí.

Ahora no respondes, permaneces inmutable y en silencio observando la absurda nada que ofrece una pared blanca, la única que no fue salpicada con la sangre de los hediondos. Te dejo, me pierdo una vez más en tus bajos instintos, y te hago caso, sé que ahora ya no quieres volver a sentirme más.








Creative Commons License
El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.

sábado, 31 de marzo de 2012

Aquel hombre


















Aquella noche sí que corrí… mi amigo Svenson y yo jamás habíamos corrido tanto en medio de una noche tan tétrica, helada y tan extraña como aquella.

-¡Ya tengo 35 años, Svenson…. No estoy para este tipo de cosas!- le dije mientras a toda velocidad nos metíamos por unas callejuelas desoladas

-Sigue corriendo, Kennedy. Ni un maldito automóvil en 3 cuadras a la redonda ¿puedes creerlo?

Finalmente nuestra alocada carrera nos condujo a una casucha de apariencia abandonada, a lo lejos ya podíamos oír el frenesí de la multitud infectada que venía tras nosotros.

-Por dios, necesito respirar….- dije exhausto mientras contemplábamos la casucha.- No podemos seguir corriendo, escondámonos aquí. ¿Cuántas balas te quedan?

-Solo una, ¿y a ti?- me preguntó.

-Cero. Es probable que hayan hediondos en el interior, así que cuida esa bala.

Entramos a la casucha de madera. Adentro había un aroma muy fuerte a algo que podría describir como amoniaco, sin embargo ya no estoy seguro a estas alturas. Como pudimos corrimos una enorme biblioteca vacía para bloquear la puerta, luego gritamos un par de veces para saber si había sobrevivientes al interior, pero no, el lugar estaba deshabitado. Rápidamente subimos al segundo piso y entramos a una salita que era la única que parecía estar mas limpia en comparación con el resto de la casucha. Había una estrecha litera para descansar, un armario medio desvencijado, una biblioteca de mediana estatura (esta sí se encontraba llena), una enorme ventana que dejaba ver el exterior, una mesa y una lámpara de aceite. Sin cruzar mayor palabra me metí debajo de la litera y Svenson se ocultó dentro del armario,… y allí, en silencio… aguardamos.

Me despertaron unos fuertes y pesados pasos que subían por la escalera de madera, tan cansado había quedado con la huída que inevitablemente me quedé dormido, observé al armario en busca de la mirada alerta de Svenson y éste me respondió el gesto de la misma forma, ambos aguardaríamos hasta no estar seguros de quien o qué cosa entrara a la habitación. Finalmente la puerta se abrió, la figura de un hombre alto, muy alto recorrió la estancia. Llevaba abrigo y un sombrero achatado que le daba un extraño aire a… no sé, a alguien elegantemente misterioso. No dejaba de sorprenderme lo extremadamente alto del sujeto, creo que eso impidió cualquier intento por nuestra parte de hablarle o preguntarle quien era, su cabeza casi rozaba el techo…. Definitivamente algo no andaba bien. Se quitó su sombrero achatado y lo dejó sobre la litera dejando entrever unas orejas estrechas y puntiagudas que en comparación con su cabeza de cabello corto lucían bastante desproporcionadas, no pude verle el rostro muy bien desde mi posición, pero una ojeada a Svenson me permitió comprobar que él sí lo estaba mirando directo a la cara, oculto hay en el armario. El hombre posteriormente se quitó el abrigo y lo dejó también sobre la litera, su figura era delgada y amorfa, pues sus manos eran considerablemente grandes.

El extraño sujeto se quedó observando por la ventana que comunicaba con el exterior por unos instantes y luego dirigió sus firmes y lentos pasos a la biblioteca que se encontraba allí. Sacó un singular libro color púrpura (o al menos ese color me permitió distinguir la oscuridad de la noche) que había en la primera repisa, era un libro bastante singular con pequeños caracteres impresos en oro, y luego lo llevó hasta la mesita donde encendió la lámpara de aceite. Una tenue luz inundó de pronto aquella habitación y con ello otros detalles escabrosos fueron asomando… como por ejemplo las enormes manos de aquel sujeto eran de color azul, del mismo color que adquieren los cadáveres que mueren ahogados. Disparé una mirada a Svenson y éste se encontraba observando detenidamente los rasgos faciales de aquel hombre que yo desde mi posición no podía advertir, le hice una señal y él me contestó con un gesto de “silencio”, dándome la pavorosa sensación de que él estaba observando y notando algo que yo hasta entonces no podía hacerlo. El hombre abrió el enigmático libro sobre la mesa y buscó entre sus páginas amarillas, arrancó una de las hojas y la acomodó junto a la ventana… en aquella hoja se encontraba un retrato monstruoso, era un rostro repugnante y lo que más me estremeció no era el rostro propiamente tal, sino que el retrato parecía mas bien ser una fotografía.

Luego de acomodar aquella hoja comenzó a recitar extrañas palabras extraídas de aquel libro, no puedo reproducirlas porque las he olvidado y aunque las recordara… jamás me atrevería a copiarlas acá en mi diario, bastante me ha costado ya decidirme si debiera o no estar escribiendo lo que estoy contando. Aquel sujeto hablaba con una gruesa y extraña voz… eso no lo he olvidado. En medio de su singular plegaria, fui testigo de cómo las variaciones de colores que provenían de la noche y del exterior iban cambiando a través de la ventana. Colores azules, violetas, rojos, verdes comenzaban a entrar en la habitación, a esta altura no podía imaginar que era lo que estaba sucediendo afuera hasta que de pronto todo pareció cambiar en la atmósfera. Una tenue luz amarillenta se quedó fija afuera en el exterior e iluminaba el cuarto, como si de pronto de un segundo a otro se hubiese hecho de día. Comprendí que la plegaria había terminado y aquel enorme sujeto cerró su libro. Justo cuando iba a mirar a Svenson sobrevino lo terrible, la litera salió volando dejándome totalmente expuesto en mi escondite y aquel hombre amorfo me tomó del cuello y me levantó por los aires, su rostro era extraño… era el de un hombre, pero a la vez se asemejaba con el de los orangutanes. Sus enormes ojos inyectados en sangre me miraron con desprecio y del cuello me acercó a la ventana para observar hacia fuera, y por dios, jamás debí haber observado hacia fuera…

Allí, en el exterior otro mundo se emplazaba en el horizonte. Era una ciudad, pero una ciudad extraña… un mundo totalmente ajeno al que conocemos todos. El cielo estaba infestado de repugnantes seres alados que iban de un lado a otro, acompañados por extraños artefactos voladores de lógica totalmente desconocida. Abajo se erigían tenebrosas torres de piedra hasta lo más alto del cielo, con terrazas infestadas de arbustos color violeta. Y más abajo se encontraban los terribles habitantes de aquella macabra ciudad que reptaban por callejuelas y por caminos pavimentados con extrañas rocas negras. Todo esto se desarrollaba bajo un cielo de triste color amarillo. Comencé a gritar, y a retorcerme en el aire, pero aquel sujeto no me dejaba ir, conseguí mover mi cabeza hacia el armario donde se encontraba Svenson y allí estaba él, pero ya no era Svenson… su rostro se había transformado en el de aquel repugnante ser de la fotografía del libro.


Ahí fue cuando desperté por segunda vez, y esta vez si fue real. Svenson me movía y me anunciaba que los Infectados habían desistido su búsqueda y se habían marchado lejos. Salí de debajo de la litera sin siquiera pensar en zombies, ni en virus, ni en nada de eso, en mi mente todavía tenía el amargo recuerdo de la pesadilla. Cosa rara, jamás por muy cansado que estuviera me hubiese permitido dormir en una situación de escape, digo, jamás lo hice en mi vida hasta aquella única vez. Una vez en casa y a salvo le conté a Svenson sobre la pesadilla y tal como lo suponía… no le prestó mayor interés e importancia, aunque a decir a verdad yo tampoco lo hubiera hecho, de no ser porque meses después tuve muchas ganas de volver a ese pueblito y a esa casucha en particular, y no es que no me hubiese sentido aliviado de que todo resultara ser una pesadilla, pero hay veces en que siempre quedan preguntas…. Sobre todo si tomamos en cuenta que justo cuando Svenson y yo abandonábamos esa habitación, mi mirada involuntariamente alcanzó a posarse sobre la biblioteca de mediana estatura y allí pude distinguir un curioso libro color púrpura con caracteres de oro.










Malas noticias... el pueblito fue "purgado" hace una semana, todo se ha quemado.

LEON S. KENNEDY, 02:26 A.M.




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domingo, 4 de marzo de 2012

El escape




















Todo hombre tiene un punto débil, Kim Sarandale lo sabía y por supuesto que yo también lo sabía…


Temible y sangriento mercenario que mantenía cautivos a un grupo de soldados norteamericanos hacia varios días. Paradójicamente su crueldad iba de la mano con una extraña e irracional superstición propia de los hombres iletrados, tal cual era su naturaleza. La muerte para aquellos soldados cautivos parecía inevitable, pues su captor prescindía absolutamente de ellos y si los mantuvo tanto tiempo con vida creo que fue para demostrarles que en ese lugar él era Dios, dueño de sus vidas y de su suerte… algo así como una singular forma de guerra psicológica.

Todo hasta ahí era mas o menos tolerable, sin embargo, uno de los soldados cautivos profesaba una extraña creencia de origen nativo, que comunicó a sus compañeros de celda para intentar levantar sus ánimos. Ésta consistía en que aún con la muerte la vida continuaba y que su deidad espiritual permitía en muchas ocasiones que un hombre muerto regresara para atormentar a quien actuaba de mala forma. No sé como esto llegó a los oídos de Kim Sarandale, quien mandó a llamar a todos los soldados a la sala de ejecución… una vez allí los golpeó a todos y les escupió en sus rostros, posteriormente le disparó a aquel soldado de origen nativo en la cabeza, pedazos de su cráneo decoraron casi toda la sala. Kim Sarandale ordenó que volvieran a encerrar a todos los soldados junto con el cadáver y les advirtió que durante los próximos días los iría ejecutando de a uno, uno por cada día.

Aquella noche los hombres lloraron, era solo cosa de horas para que otro soldado fuera muerto y no había ya absolutamente nada que hacer. Pero por designios del destino un único rescatista había logrado infiltrarse en la guarida y en el calabozo donde los hombres aguardaban la muerte a través de un ducto de aire, en un par de minutos acabó por enterarse de todo lo sucedido. Comprendiendo que en tan solo unas horas más otro soldado podía morir comenzaron a elaborar la huída de forma inteligente, pues un rescatista pobremente armado no sería mayor obstáculo para Kim y sus hombres.

Finalmente el segundo día de ejecución había llegado, los mismos soldados del día anterior (con su baja) fueron llevados a la sala de ejecución donde el sanguinario Kim esperaba ansioso. Fueron puestos en fila ante el tirano y éste cargaba de forma tranquila y despreocupada su escopeta para liquidar a otro soldado al azar, pero de pronto, 3 fuertes golpes llamaron a la puerta de la sala, uno de los soldados la abrió y petrificado apenas pudo balbucear un par de palabras mientras retrocedía espantado. La puerta terminó de abrirse por completo… y allí en el umbral se erguía la cadavérica figura de aquel soldado muerto, manchado por completo de sangre y con pedazos de sesos colgando de su cabeza herida…

Kim palideció hasta volverse blanco, el soldado nativo venía por él, sus ojos se revolvieron y tras un fatídico suspiro se desplomó cayendo muerto al suelo. Lo que vino después fue una batalla entre los cautivos y los soldados que aún se encontraban paralizados en el interior de la sala de ejecución. Fue fácil bajarlos mientras se encontraban desprevenidos. Posteriormente apoderándose de sus armas aquellos hombres se abrieron paso hasta la zona segura donde el rescatista momentos antes había designado una posición para ser rescatados. Todo había salido a la perfección, durante la madrugada el rescatista se había caracterizado como el soldado muerto, recurrió a sus ropas, su sangre, tomó hasta pedazos de sesos y cráneo para simular su herida en la cabeza, luego mientras los soldados prisioneros se encontraban en la sala de ejecución, él mediante su pistola con silenciador había eliminado a un considerable número de hombres de Kim en los pasillos para luego tocar a la puerta y entregarse a la bizarra representación. Kim Sarandale falleció al instante, nunca antes había visto morir a alguien del susto… y es que yo conocía muy bien a Kim y sabía perfectamente de su obstinada superstición a estos temas…


Jamás podré olvidar el horror en el rostro de Kim en sus últimos instantes de vida, y es que aquel disfraz era perfecto, lo supe apenas pude echar un vistazo en el primer espejo que encontré...












Morir de miedo...

LEON S. KENNEDY 00:57 A.M.


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