sábado, 5 de mayo de 2012

El creador


Historia enviada por Mery Redfield desde Argentina.









No estaba cansado como en las últimas misiones. No me sentía de ninguna manera en particular:
no tenía hambre, ni sed, ni nada. Puede que, como mucho, estuviera algo nervioso. Algo. Y de todas
maneras aquel nerviosismo no me pertenecía...

Llegué a la dirección que tenía grabada en la cabeza y me encontré con un bar. No parecía una
base secreta pero tampoco una trampa... así que entré. Un ventilador giraba a la velocidad mínima y
una muchacha limpiaba la barra con pesadumbre. La poca iluminación y el hedor a cafeína le daban
a la estancia una tonalidad ambigua que me erizó los vellos de los brazos. Me aclaré la garganta y la
joven me miró de arriba abajo, luego de unos segundos incómodos señaló hacia el fondo del recinto
con un ademán del rostro. No me atreví a cuestionarla, así que caminé hacia allí y me encontré
con una puerta que decía sólo personal autorizado. Volví a mirarla y ella asintió, dándome su
aprobación. Detrás de aquella puerta había una pequeña habitación que nada tenía que ver con un café. Había una pequeña mesa de juegos con cartas de póker desparramadas, fichas y colillas de cigarros. Una
luz tenue enfocaba el centro de la mesa y una silla, el resto estaba en penumbras.

- Siéntate, por favor –me dijo una voz masculina.

- Primero me gustaría saber qué hago aquí –resoplé-, además no me gusta hablarle a la
oscuridad.

- No soy ninguna oscuridad... Simplemente preferiría que no vieras mi rostro –se excusó casi
amablemente mi interlocutor-. Esto es todo lo que conseguirás de mí –sentenció moviendo
su sillón hacia delante, con lo que pude verle las piernas cruzadas y una mano apoyada en el
brazo del asiento, sosteniendo un habano. El resto permaneció a oscuras.

- ¿Debería sentirme más a gusto?

- Deberías –casi rió.

- Digamos que estoy intrigado –me mordí el labio y por fin me senté. Por más que forzara la
vista no se distinguía nada más que el humo que desprendía el tabaco.

- ¡Estupendo! Por ahora estoy más que satisfecho.

- Ve al grano, por favor. ¿Qué hago aquí? ¿Es por una nueva misión?

- No, esta vez no tienes que salvar al mundo... Sino más bien a mí.

- Ni siquiera sé quién eres...

- Por el contrario, yo lo sé todo sobre ti.

- ¿Trabajas para alguna corporación enemiga?

- No, no –rió descortésmente-... Esas fábulas te las dejo a ti. Digamos que van contigo...

- No entiendo –tragué saliva y tomé aire-, tal vez si te presentaras...

- Mi nombre no tiene importancia, pero si tanto quieres saberlo, te lo diré. Soy Marcelo Carter
–ante mi silencio, continuó hablando- y, como dije, mi nombre no te sugiere nada... porque
jamás lo habías oído.

- No –confirmé.

- Ay, Leon –y se regocijó.

- Mi tiempo vale oro, Marcelo Carter. Te sugiero que lo aproveches o me largaré de aquí.

- Esas son patrañas, Leon Kennedy... ¿Y sabes cómo lo sé? Porque de hecho no tienes nada
que hacer... Tú sólo estás aquí porque tienes que, porque no podrías estar haciendo otra cosa
ni aunque quisieras.

- Por favor –murmuré con impotencia cuando caí en la cuenta de que estaba en lo cierto.

- Ya estoy aburrido, así que te diré el motivo por el que te contacté. Pero primero... Acércate a
la luz, por favor. Quisiera verte mejor... –obedecí como un autómata y me incliné debajo de
la lámpara unos segundos- Asombroso. Eres tal y como te imaginaba... No tienes un pelo de
imperfección.

- Explícate.

-¿Nunca te has sentido demasiado... no lo sé, motivado? Siempre listo para una nueva misión,
siempre tan profesional, siempre tan... Leon.

-No sé...

-Sí, sí. No sabes. No entiendes qué sucede porque es la primera vez que estás en el asiento
del conductor. Es la primera vez en toda tu vida que eres el soberano. Resolví darte libre
albedrío para decidir si querías venir a verme o no... y aquí estás.

-Curiosidad.

-Sí, puede ser. Puede que te hayas vuelto curioso... Porque no recuerdo haberte dado esa
cualidad. Tal vez las experiencias te hayan moldeado.

-He vivido mucho.

-Oh, sí. Lo tengo bien claro. Lo sé todo sobre ti –me recordó.

-Lo sé.

-Para este momento ya te has dado cuenta de que no existes, ¿verdad? Eres una bonita
creación de mi mente... y te has vuelto inmortal gracias a los miles de humanos que se han
enamorado de ti. Hay algo en lo que eres que te vuelve irresistible. A cualquiera le interesa
saber sobre tus andanzas.

-¿Son mías?

-Bueno, por supuesto que sí. Tú las llevas a cabo... aunque se originen en mi cabeza. Eres y
haces lo que yo quiero, pero al final eres tú el protagonista, ¿no?

-¿Me concedes tal beneficio?

-Por supuesto. Eres una de mis mejores creaciones. Me has dado demasiadas alegrías...

-Por nada –dije con ironía.

-Ay, Leon, Leon... Que no he venido a pelear.

-¿Entonces? ¿No eres un dios buscando plegarias por aburrimiento? ¿Quieres que haga
sacrificios en tu nombre? ¿Qué ruegue por mi vida?

-Nada de eso. Queda mucho camino para ti. Aún me hace feliz tu existencia... Pero he
perdido la inspiración. Te has enfrentado a todo tipo de monstruos y salido ileso de cientos
de infortunios. Me temo que ya no sé qué hacer contigo.

-¿Me pides ideas... a mí?

-Dile como quieras. Puede que sea la única vez que decidas sobre tu futuro. La próxima vez
que no sepa qué hacer contigo puede que te dé muerte. ¡Es agotador buscarle un sentido a tu
vida!

-En ese caso, quisiera cambiar algunas cosas.

-¿Como qué? –se interesó.

-Tal vez podría formar una familia, tener un perro...

-¡Ay, Leon! ¡Por esto es que Dios no hace caso a los humanos! Las creaciones nunca saben
lo que les conviene... O, en tu caso, lo que vende. A nadie le interesaría verte casándote o
teniendo hijos, Leon. Lo que atrae de ti es que tienes madera de héroe; tu habilidad para
asesinar y salvar el día es lo que te ha vuelto inmortal.

-Hasta que te canses de mí.

-Detalles, detalles...

-Veo que no hay nada que pueda hacer, entonces.

-No me malinterpretes, nunca hubo nada que pudieras hacer. Sólo quería saber si tenías
alguna idea.

-¿Qué sucederá ahora?

-No lo sé, algo se me ocurrirá. Por lo pronto te daré el resto del día para ti, te quedan unas
horas hasta el crepúsculo. Haz lo que te plazca, que mañana volverás a obedecerme. Tal vez
te infiltres en alguna base secreta enemiga o algo así –aunque podía moverme, aunque mi
cuerpo me respondía, me quedé quieto en mi lugar-. ¿Le temes a la repentina libertad, no es
cierto? Has sido una marioneta tanto tiempo que no sabes caminar si te corto los hilos...

-¿Recordaré algo de esto?

-Eso depende, ¿quieres hacerlo? ¿Crees que podrás vivir el resto de... tu vida... sabiendo que
no existes, que no eres nada más que un invento de mi cabeza?

- No creo que pueda. Me volvería loco.

- ¡No mientras YO no lo decida! –se rió con malicia.

- Lo que quiero decir es que... no, no quiero recordarlo.

- Entonces ve y disfruta de tu día de franco. Finge que eres real y no seas el glorioso Leon
Scott Kennedy. Mañana por la mañana volverás a ser el de siempre y no tendrás registro de
todo lo que ahora sabes. No tendrás idea de quién soy.

- Marcelo Carter. Siento que jamás olvidaré tu nombre.

- Tal vez sea porque me debes mucho...

- No te estoy agradecido. No me has dado la mejor vida.

- Es la mejor que se me ocurrió para ti. Y ahora vete, que el tiempo sigue corriendo. Tal vez
algo de lo que hagas hoy me haga cambiar de opinión y te conceda lo que tanto quieres...
Tal vez no. –me tembló la voz y preferí guardar silencio- Ahhh –se quejó-, con tanta
cháchara nos perdimos de jugar cartas.

- No sé jugar al póker –gruñí.

- Si quisiera que supieras...

Me inundé de ira y me incorporé. Nada de aquello tenía sentido... Y de todas maneras sentía que
caminaba por primera vez cuando abandoné la pequeña habitación. Las piernas se me doblaban y
casi perdía el equilibrio, pero me las arreglé para salir del bar. La muchacha seguía limpiando con
desgano las mesas y ni siquiera advirtió mi partida.
Caminé decenas de cuadras y observé todo a mi alrededor, sentí aromas y toqué toda clase de
superficies. Todo me resultaba novedoso, diferente, hermoso. Tomé grandes bocanadas de aire y
corrí hasta tropezar y caer, lo que también se sintió asombroso. Besé a cuanta chica se me cruzó e
inclusive disfruté los bofetones que recibí.

Y ahora, que ya estoy en mi casa a punto de dormir, dejo evidencia en mi diario de que existo.
Soy Leon Scott Kennedy y hoy ha sido el mejor día de mi vida porque sé lo que soy; he respirado
y caminado por mi cuenta, como una verdadera persona. Nadie ha escrito mis pasos ni me ha
comandado con un joystick. Hoy soy. Y de todas maneras me siento agradecido de saber que
mañana no lo recordaré.

-

Buenas noches, Leon...

LEON S. KENNEDY 12:00 AM

4 comentarios:

Marcelo Carter dijo...

Jeje. Recuerdo que en el correo pusiste que "ojala no me ofendiera" xD pero la verdad es que no veo razón alguna para ofenderme, al contrario, me siento demasiado halagado... tanto que debo recordarme a cada rato que no soy yo el creador de Leon sino los guionistas de Capcom, etc.

Me ha encantado el fic, Mery y me ha hecho pensar bastante. Hay ciertos pasajes de la conversación que son demoledores... y es que muchas veces uno cae en la incertidumbre de no saber que hacer a veces con tamaño personaje jeje. Está super interesante, es atrapante, etc. Lo tiene todo (incluso mi nombre xD) Muy bueno y muchas gracias por compartirlo acá en el blog con nosotros :)

Titania dijo...

Wow!! la primera historiiaaa *-*
Muchas, muchas graciasss, Marcee! y me alegra que te hayas sentido halagado :) era la idea, agradecerte de alguna manera por llevar adelante este blog y unir a las personas x el amor a Leon, jaja!
De todas maneras aclaro nuevamente que la idea salió del libro Niebla de Miguel de Unamuno, lo leí recientemente y me pregunté cómo sería si Leon supiera la verdaddd!
y no, puede que no seas el creador "oficial" de Leon, pero con tus historias siento que lo conozco mucho más y es una forma diferente de conectarse con el personaje...
Gracias nuevamente por publicarme y x la buena onda de siempre :D
Saludoss!

Mery :)

Lady Bateman dijo...

wow lo tomo muy bien Leon el hecho de que no existe, yo estaria desesperada xD
muy buena la historia Mery, ya extrañaba leer algo tuyo n.n tu lexico es impecable.
Saludines!

Anónimo dijo...

Exelente relato en la que se le cuenta leon la verdad sobre su existencia, pero creo que Leon deveria vengarse con todo el peso de la violencia y la sangre y al final darse cuenta de que Marcelo no puede morir por mas que le dispare...
Pienso que me quedo corto con cada relato que leo, siento que las ideas se me escapan y al final no queda nada.