martes, 21 de diciembre de 2010

Milagro macabro














CAPITULO 3




-Mi nombre es Joe Rathbone… tengo 12 años de edad y los que me conocen suelen decir que tengo una personalidad introvertida y solitaria. Soy hijo de una prostituta drogadicta… me gustaría poder hablarte de mi padre… pero hasta donde yo sé, podría ser cualquiera… incluso tú.


-…Joe…¡Joe…!... ¡no me mates!... te lo suplico….¡ te puedo dar dinero!, ¡lo que tú quieras!


-No me importa el dinero…- contestó el muchacho mientras dibujaba distraídamente en el barro.- ya no me importa nada de nada…


-¡Bueno!... entonces, ¿porqué no me bajas de aquí, eh chico?...- preguntó el desesperado hombre quien colgaba de lo alto de una estructura metálica, se encontraba boca abajo y amarrado de sus pies.- La lluvia ya me está arruinando la ropa… por favor, bájame.


La lluvia se había dejado caer copiosamente sobre la ciudad y sobre todo allí en los suburbios, en donde el pequeño Joseph estaba a punto de cometer un nuevo asesinato, o al menos eso parecía. Parapetados tras unos automóviles abandonados nos encontrábamos Warren, Miller y yo acompañados de un contingente del equipo blindado de las fuerzas especiales. El lugar nos ofrecía una vista privilegiada de lo que sucedía con el niño y aquel hombre colgado de sus pies.


-Fue muy oportuno el haber llegado justo antes de la siguiente ejecución.- dijo Miller.-… lástima que no podamos salvar a aquel sujeto.


Por unanimidad se había decidido esperar a que el muchacho nos mostrara como era que asesinaba de forma tan bestial, para luego tomar todas las precauciones antes de detenerle. Supongo que no se trataba de la decisión más humana y considerada que se pudo haber tomado en el minuto, sin embargo ya nos habíamos formado una idea gracias a los antecedentes anteriores de que se trataba de alguna clase de fuerza incontrolable y poderosa.


-Maldito niño… ¿porqué tardará tanto en matar a ese infeliz?- dijo Miller fastidiado por la lluvia.- menudo resfrío que cogeré.


Yo continuaba observando todo a través de los binoculares y pude comprobar que el niño y aquel hombre intercambiaban palabras, de seguro el hombre le estaba suplicando o algo así. No me gustaba la idea de dejar morir a ese hombre solo para saber cómo el niño asesinaba a sus víctimas de forma tan sangrienta, es más, aquel hombre distaba mucho de parecer un criminal… pero eso no pasaba de ser un juicio personal y prematuro.


-Es posible que solo lo esté amedrentando…- nos dijo de pronto Warren analizando la situación.- y finalmente hoy no asesine a nadie.


-No me gusta esto de esperar a que lo mate para saber a que atenernos.- comenté.- puede que nos resulte fácil o difícil, pero que aquel hombre pierda la vida no va a cambiar mucho las cosas…


En ese momento el capitán de la fuerza blindada se acercó hacia nosotros.


-Detectives, para cuando lo dispongan mis hombres estarán listos para actuar.- nos dijo con cierto tono antojadizo.- La lluvia no cede y quizás debamos estar aquí toda la noche si es que de esperar se trata.


Warren se encargó de contestarle al capitán y a la vez tranquilizarlo. Yo mientras tanto me preguntaba sobre las cosas que se podían estar diciendo aquel niño y ese hombre..................


-¡Por favor!, ¡déjame ir!.... ¡me has confundido con alguien!...¡te lo suplico!


-No puedo dejarte ir aún…-contestó el muchacho.- eres mi carnada.


-¿Tu qué?... ¡¿que soy tu quee?!


-Mi carnada…-volvió a decir tranquilamente.- Allá a unos 250 metros de distancia hay un grupo de policías que esperan a ver cómo te mato y luego así sabrán que tan seguros están frente a mí. Pero no cuentan con que yo ya sé esto y simplemente me quedaré sentado sin hacer nada…, se sentirán impacientes, de seguro querrán salvarte… y comenzarán a acercarse rodeando este depósito de chatarra, aparecerán a mis espaldas y cuando estén lo suficientemente cerca… morirán todos.


-¿Eh?, ¡¿qué dices?!...¿hay unos policías ocultos allá lejos?


-Así es.-contestó el chico.- Podrías gritar auxilio con más fuerzas, a lo mejor así vienen pronto y acabamos luego con este trámite.


El hombre comenzó a gritar desesperadamente por ayuda ahora ya sabiendo que unos policías aguardaban a los lejos............


-Creo que es hora de actuar… es solo un niño y estamos armados, hasta cierto punto es casi ridícula esta situación.- dijo Miller ya al borde de la impaciencia.

Los tres nos miramos y acordamos en que no podíamos seguir arriesgando la vida de aquel pobre tipo, la propia situación se tornaba agónica. Nos dirigimos al grupo blindado que nos acompañaba para hablarles.


-Bueno, es hora de que actuemos.- comenzó a decir Warren.- Señores, el muchacho se llama Joseph Rathbone y tiene alrededor de 12 o 13 años de edad, es hijo de una madre enferma que suele drogarse constantemente. La mujer se encuentra desaparecida y no es descabellado pensar que el muchacho probablemente la haya asesinado. Les advierto que el chico es de alta peligrosidad y si algo malo ocurre tenemos órdenes de disparar a matar...


En aquel punto del monólogo no pude evitar mirar a Warren a los ojos, por un momento me pareció que exageraba,… pero al recordar los sangrientos hechos anteriores no podía culparle por eso. Comenzamos a caminar rodeando el depósito de chatarra, la idea era sorprender al chico por sus espaldas..............


El muchacho súbitamente se puso de pié y dirigió su mirada hacia los automóviles abandonados que descansaban a la distancia, una sonrisa iluminó su rostro.


-¿Eh?, ¿qué ocurre?, ¿porqué diablos sonríes?....- le preguntó el hombre colgado boca abajo


-Ya vienen por mí….- le contestó el chico. Luego pareció dirigir sus palabras al aire.-... no podíamos esperar menos de ellos, ¿no es así amigo mío?


La fantasmal figura alada que acompañaba al muchacho a todos lados asintió de una manera grotesca y sanguinaria.


















***



De pronto tuve una sospecha... una leve sospecha de algo...

LEON S. KENNEDY, 02:12 A.M.


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jueves, 16 de diciembre de 2010

Milagro macabro



















CAPITULO 2


En un pequeño bar de la ciudad se encontraban dos hombres, uno de ellos era Lou Achomsky, conocido delincuente de poca monta que solía cometer varios asaltos y robos en la zona. Hasta hace algunos meses había salido de la prisión estatal y comenzó a vivir en el departamento con una mujer que tenía un hijo. Lou le contaba a su amigo las cosas que planeaba realizar.


-Tengo todo ya bien planificado, Walter…- decía el delincuente.- ese mini-mercado no tiene cámaras de vigilancia… es perfecto para robarlo…


-No lo sé, Lou… soy solo un saca-borrachos de este bar, no intento hacerme rico rápidamente. Tampoco quiero volver a delinquir…


-No seas pusilánime, Walter… ser un saca-borrachos no es algo de lo cual enorgullecerse. Todo el mundo está robando y haciéndose millonario mientras tú todavía lo piensas. ¿Acaso crees que voy a trabajar en algo honesto?... ¡ni muerto!


-Pero, ¿Qué hay de la mujer con la que vives?


-Es una drogadicta inútil… aunque vaya que si sabe como entretenerme en la cama jejeje… sino fuera por eso ya la habría arrojado a la basura… no es capaz ni de pensar… y ese hijo, ese estúpido hijo que tiene… a veces me mira con odio, ayer le golpeé en la cara y le destrocé el ojo izquierdo. Ahora ya ha aprendido a tenerme más respeto…


Lou se sirvió un poco más de Whisky en el vaso, su amigo Walter tan solo le miraba.


-¿Y no te hiciste de amigos en la prisión?, ¿alguien a quien puedas acudir ahora? - preguntó de pronto Walter.


-Claro que los hice… pero siempre he preferido contar con tu ayuda, Walter… mi viejo amigo Walter… juntos volveremos a ser criminales con dinero…


La voz de Lou sonaba grave y rasposa, aquel tono malvado no hacía mas que inspirar temor en Walter quien desde hace mucho tiempo deseaba abandonar la vida criminal.


-Yo ya he tomado una decisión, Lou… lamento no poder ser más tu compañero.


Lou sonrió, le parecía graciosamente absurda la posición de su amigo.


-No lo puedo creer….- dijo Lou sonriendo.- todo por querer llevar una estúpida vida honesta… con un maldito trabajo inservible que apenas y te da para comer… vas mal, Walter, vas muy mal.


Walter iba a responder, pero de pronto ve que un chico entra al bar… se trataba del hijo de la drogadicta que vivía con Lou.



















-Oye, Lou… ¿aquel no es el muchacho que vive contigo?, ¿que no es el hijo de la mujer con la que vives?


El criminal se da vuelta y comprueba que efectivamente el muchacho es el mismo a quien él había golpeado en el ojo izquierdo. Al parecer venía hablando solo.


-Es cierto, ¿y qué hará ese estúpido aquí?


-Es raro…- comentó Walter.-… ¿y porqué diablos viene hablando solo?


En efecto, el chico abrió la boca un par de veces como si estuviera en medio de una oración…o rezando. Luego caminó en dirección a la mesa en donde se encontraban ambos hombres. Se detuvo justo frente a Lou y dijo:


-Jamás te di permiso para tocarme…


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-Luego de eso… todo se puso negro, no vi nada… solo escuché gritos y llantos a mi alrededor.- terminó por contarnos Walter


El testigo del segundo asesinato masivo a pocas horas de nuestra llegada a Princeton nos tenía absolutamente asombrados con su relato, Miller sostenía la grabadora mientras que Warren anotaba en su libreta los detalles que mas le llamaban la atención.


-¿Qué clase de gente era la que visitaba aquel bar?- le pregunté a Walter.


-Delincuentes. Todos en su mayoría eran criminales.- nos contestó.- y eso es lo que aún no logro entender… no sé que clase de horror llegó al bar que todos esos hombres despiadados y asesinos comenzaron a llorar como niñas y a pedirle ayuda a Dios… fue una masacre. Los gritos, no puedo quitar esos gritos de mi cabeza… comencé a sentir que caía agua sobre mi cuerpo, por un momento pensé que llovía, luego supe que se trataba de la sangre de los demás que me salpicaba…


-Walter, háblenos del niño… ¿usted le conocía?


-No. Al menos no recuerdo haberle visto antes…


-Usted dice que primero se le oscureció todo y luego comenzó la masacre en el bar… ¿no es así?, ¿cree usted que el niño pudo haber asesinado a esos hombres?- preguntó Warren.


-Sí. Creo que el muchacho lo hizo. Creo que no me mató solo porque soy miserable y viejo… y porque ya hace mucho dejé de ser criminal… por eso se apiadó de mí y solo me arrancó los ojos antes de comenzar a asesinar a todo el mundo.



















¿Qué demonios ocurre?...

LEON S. KENNEDY, 00:23 A.M.

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lunes, 13 de diciembre de 2010

Milagro Macabro
















CAPITULO 1



Me despertaron a eso de las tres de la madrugada, me dolía mucho la cabeza y mi boca traía un sabor amargo… tan amargo como mis últimos sueños y pensamientos. Llevaba casi tres días sin darme una ducha y una barba desaliñada me irritaba el rostro, a eso le debía sumar dos noches… dos malditas noches durmiendo en un automóvil. Finalmente y gracias a la misericordia de algún ser superior llegamos a Princeton, una ciudad pequeña y aislada, ubicada al norte del país.


-Vamos… ¡arriba, Leon!- me despertó el chico Miller, un novato de las fuerzas especiales que a tan solo horas de haberlo conocido ya me colmaba la paciencia.


-¿Hemos llegado al fin?... pensé que iba a pasar el resto de mi vida en este automóvil…- contesté refregándome los ojos.


-Tres días por carretera es lo más rápido que hay para llegar a este lugar… no exageres.- me dijo Alan Warren, un sujeto mucho más maduro y experimentado que Miller.


Luego de un instante, el automóvil se detuvo frente a un motel barato.


-Oh, genial… muero por darme un baño.- dije.


-Aún no.- le dijo Warren al chico Miller quien venía conduciendo.- tenemos instrucciones de ir directamente a la escena del crimen. Lo lamento, Leon.


-No se preocupen por mí…- respondí resignado mirando por la ventana hacia fuera.- en este lugar no soy más que un mero espectador…


Llegamos a un lugar acordonado por la policía local, varias patrullas estacionadas a un costado me advertían que se trataba de un suceso importante, al menos importante para ellos… generalmente las localidades pequeñas son tan tranquilas que incluso cuando muere un gato deciden llamar a los federales. Finalmente Miller, Warren y yo descendimos del automóvil, aquel momento fue glorioso para mi cuerpo y mis piernas que ya venían tullidas por el viaje. Un sujeto gordo y de bigotes se acercó a nosotros bastante enfurecido, lanzaba improperios y exigía saber quienes éramos… si no se callaba podía recibir una cuota de mi malhumor…


-Steve Miller, Alan Warren y Leon Scott Kennedy.- contestó el propio Warren presentándonos ante aquel sujetoiracundo.- trabajamos para el gobierno… lamentamos mucho el no haber podido llegar antes…


-¡Tres días!, ¡tres malditos días con los cuerpos ahí tirados solo para esperarlos a ustedes!, ¿Quiénes se creen que son?


-Señor, será mejor que se calme…- le dijo Warren.


-¡No me calmo!, ¡mis hombres han debido custodiar la zona durante tres días solo por… etc, etc.


El monólogo del enfurecido hombre continuó. Comenzó a dolerme mucho la cabeza así que me hice a un lado y continué caminando, Miller me acompañó y dejamos a Warren atendiendo el problema. Un policía nos hizo pasar al lugar del crimen tras haber chequeado nuestras identificaciones. Bajamos por una escaleras y de pronto me di cuenta que se trataba de un local de máquinas de videojuegos, era el tipo de lugares al que solía ir de niño… por lo que me pregunté ¿que clase de asesinato es este? Ni Miller ni Warren al parecer lo sabían. Finalmente unas cortinas blancas que ocupan los forenses nos separaban de la escena del crimen.


-Solo quiero advertirles que no es para nada lindo…- nos dijo el policía segundos antes de descorrer las cortinas.


La sangre decoraba las paredes, máquinas, mesas y prácticamente todo el lugar. Varios miembros se encontraban esparcidos por el suelo, brazos, piernas, cabezas, torsos… lo primero que pensé fue en una bomba, de seguro una granada explotó en el lugar. Miller retrocedió espantado, tuvo que sentarse tras la cortina pues no se atrevía a mirar de nuevo. Yo avancé unos cuantos pasos y hacia donde miraba me encontraba con huesos y restos de carne humana. Al cabo de unos segundos se nos unió Warren.


-Esto es peor de lo que creí…- dijo shockeado ante el panorama.


-¿Mmm?, ¿sabías que se trataba de algo así?- le pregunté.


-Sí, pero no contaba con que fuera tan horrible…


-Demonios, Warren. Sé que apenas nos estamos conociendo, pero procura contarme lo que sepas…- le dije mientras intentaba poner un pie en algún lado del piso que no estuviera cubierto con sangre.


En ese momento se acercó una mujer hermosa con una mirada bien analítica.


-Buenas noches, soy la detective Highland. ¿Ustedes han de ser los federales?, ¿no es así?


-No exactamente…- me apresuré en explicarle.- trabajamos para el gobierno, pero no pertenecemos al FBI ni a la CIA…, el estado nos ha enviado para asistirles en esta caso y ayudarles en todo lo que puedan necesitar.


-Entiendo… en ese caso será mejor que les cuente lo que tenemos hasta ahora.- nos dijo y comenzó a leer lo que tenía apuntado en una libreta que traía consigo.- Hay seis cadáveres en total, cinco niños de entre 10 a 12 años de edad mas aun adulto quien era el que administraba este local, sus miembros fueron arrancados debido una fuerza inexplicable que no ha dejado residuo alguno. No hay testigos, ni huellas de ninguna clase.


-Detective, ¿nadie ha movido nada durante estos tres dias, verdad?- preguntó Warren.


-Nadie se ha atrevido a mover nada, la escena del crimen está tal cual la encontramos antes de ayer.


-¿Han hecho un escaneo para detectar restos de explosivos?... es probable que una granada se haya detonado aquí…- dije de pronto.


-Hasta ahora ha sido la teoría mas pensada, pero hicimos un testeo y el resultado fue negativo, no hay residuo de ningún componente explosivo en ninguna parte, ni perdigones se han encontrado, nada.


-Es extraño… ¿tampoco hay cámaras de vigilancia?, ¿alguna grabación?


-No. Lamentablemente este local no cuenta con cámaras de vigilancia.


Me acerqué lentamente a la cabeza decapitada de un niño y observé sus ojos… parecía que algo querían decirme, se encontraban abiertos… aterrados…


-Debemos comenzar empadronando el área, ver que clase de sujetos venían aquí a demás de niños, saber si el locatario tenía enemigos de alguna clase…- dije mientras continuaba absorto en aquellos ojos muertos.- hablar con las personas que viven alrededor, preguntar si han visto algo extraño en los últimos meses…, ¿Warren?


-¿Sí?- me contestó.


-… Necesito descansar y darme una ducha...






Realmente lo necesitaba...

LEON S. KENNEDY, 02:21 A.M.

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sábado, 4 de diciembre de 2010

Una carta y un amigo



















David Mayer fue un gran compañero y amigo.

Hace varios años atrás estuvimos juntos en el centro de un foco de infección ubicado en los suburbios de un pequeño pueblo… Greencliff creo que se llamaba el lugar, pero ahora ya no estoy seguro. Fueron tres días de terror puro y duro durante los cuales solo el espíritu de camaradería y solidaridad nos permitió estar a salvo mucho más tiempo del que pensábamos que tardaría en llegar el rescate. Lamentablemente durante una noche, David simplemente desapareció.

Esa noche acampábamos en el sótano de una iglesia, de fondo los alaridos y grotescos lamentos de los infectados que recorrían las calles casi no nos dejaban dormir y recuerdo que charlamos mucho sobre varios asuntos, sobre la familia, sobre películas, me contó que él era fanático de los Lakers y de cómo había hecho una vez una gran fortuna apostando en un partido, etc. También me habló de su mujer, de quien estaba profundamente enamorado… me dijo que si algo malo le sucedía por favor fuera donde ella y le entregara una carta de amor que desde el día anterior venía escribiendo.


-Toma.- me dijo estirándome el sobre a la luz de una improvisada fogata.- la terminé de escribir hoy por la mañana… prométeme que si algo me sucede… irás a visitar a mi esposa y le entregarás esta carta.


-Nada malo te sucederá, David.- le dije para subirle el ánimo, pues se veía especialmente triste aquella noche.-Tú mismo se la has de entregar.


-Por favor…- me suplicó.


Tras un breve instante de silencio finalmente accedí, cogí la carta y la guardé entre los bolsillos de una chaqueta ovejera que había robado aquel día para protegerme del frío.


-¿Y qué pasaría si es a mí al que algo malo ha de ocurrirle?- pregunté observando la oscuridad del techo. Sin embargo la respuesta nunca la oí, le eché un ojo a David y este se encontraba vuelto dándome la espalda en su saco de dormir… supongo que se encontraba durmiendo.


Desperté de un salto, asustado como a las 4 o 5 de la madrugada… inconscientemente empuñé mi arma, pero al darme cuenta que me encontraba vivo y a salvo en el sótano de la iglesia logré tranquilizarme… observé a mi lado y David Mayer ya no estaba… se había ido. Me puse de pié y me abrigué con una frazada, luego comencé a buscarle. Se había ido del sótano de la iglesia, pero ¿hacia donde?, ¿porqué?... ¿acaso creyó que jamás íbamos a salir vivos de aquella zona? A través de una ranura en el techo podía ver la claridad que reflejaba el cielo del exterior y sabía cuando era de día o de noche, me pasé todo aquel día ahí en el sótano esperando la llamada, la milagrosa llamada del radio… no dejaba de pensar en David y en lo que me podía pasar a mí si es que mi radio no volvía a sonar nunca más. De pronto y cuando ya casi me había entregado a la amargura total, recibí la alerta en mi radio, estaba a salvo, el helicóptero había llegado y se encontraba sobrevolando la iglesia… el helicóptero, mi ángel de la guardia. Recibí instrucciones precisas de llegar a la azotea en un tiempo no mayor a los 2 minutos con 30 segundos, empuñé mi arma y salí como un verdadero loco del sótano hacia el exterior, subí por una estrecha escalera circular dando saltos de hasta 3 y 4 escalones sacando fuerzas casi de la nada. En ese instante olvidé el hambre y la sed que tenía solo me preocupaba el llegar sano y salvo a la azotea, finalmente lo había conseguido… llegué arriba al campanario y ahí me esperaba una escalera de cuerda. Comencé a subir a duras penas por ella y antes de alcanzar el helicóptero eché un último vistazo al pueblo, ahí abajo una legión incontable, cientos, miles de zombis rodeaban la iglesia y abarrotaban las calles...










Una vez estando arriba en el helicóptero, inconscientemente metí mi mano a uno de mis bolsillos y tomé la carta que había escrito David a su esposa, no la leí… no me atreví a hacerlo, pero me juré a mi mismo que iría a entregársela personalmente.

Pasaron creo que alrededor de 4 meses cuando fui a ver a Jessica (así se llamaba la esposa de David). Vivía en una granja aislada aledaña a los bosques de Pittsburgh. La tarde que llegué era gris y el cielo amenazaba con dejar caer su lluvia en cualquier momento. Fue ella quien me abrió la puerta, vivía sola y no me fue muy difícil darle la lamentable noticia sobre su esposo, ya que ella hacía un mes atrás hizo sus propias averiguaciones sobre el paradero de su marido y se había enterado…


-Lamento no poder haber venido antes.- le comenté una vez sentados en la sala al calor de la chimenea.- Traigo un recuerdo de David, algo que él mismo escribió para ti.


-¿Que él escribió para mí?- preguntó ocultando su pena.


-Así es…- le dije estirándole el sobre.- Ninguno de los dos tenía muchas esperanzas de salir con vida de aquel lugar… y él escribió esto como una suerte de despedida para ti… yo hubiese hecho lo mismo, no lo sé…

Jessica comenzó a leer y a medida que avanzaba cada vez se ponía mas triste, al final cuando acabó no pudo evitar romper en un amargo llanto.


-Discúlpame…- me dijo.- es que sus palabras son tan tiernas y dulces… lo único que me consuela es el saber que ahora se encuentra en un lugar mejor…


-Así es.- le respondí con una sonrisa.


Salimos de casa y yo me dirigía de regreso al vehículo, ella venía atrás de mí.


-Por cierto, ¿Cuál es tu nombre?- me preguntó.


-Leon, Leon Scott Kennedy…


-Gracias, Leon. Has sido muy amable.


-Le dí mi palabra a David que haría esto, no me lo agradezcas.- contesté.- Por cierto… cualquier noticia que tengamos sobre el cuerpo de Mayer te la haremos saber…

Ella asintió con la cabeza. Me dí vuelta para subirme al automóvil y fue ahí que lo ví, el uniforme… el uniforme que David Mayer ocupaba el día de su desaparición, se encontraba colgado y sucio en lo alto de un palo ubicado junto al granero. Me acerqué lentamente y Jessica me seguía por detrás preguntándome que qué pasaba.


-Ese uniforme…- le dije.- es el que ocupaba tu marido el día que desapareció…


De pronto un feroz gruñido me hizo retroceder del susto, venía del interior del granero… era un gruñido familiar…. Sin embargo no se trataba de animal alguno… entré con cautela y en el interior pude ver en un pequeño corral a un infectado, permanecía atado de pies y manos a unos grilletes soldados al muro y en el suelo había un plato con pedazos de carne cruda desparramada. Al verme, el zombi comenzó a gritar y a gruñir de forma desesperada… luchaba por zafarse de las cadenas que le aprisionaban y en su rostro yo pude percibir algo familiar… al cabo de un instante caí en cuenta que se trataba del mismo David Mayer, infectado.


-Pero… ¿Qué está sucediendo aquí?...- pregunté impactado por el asombro.


-Por favor, no digas nada…- comenzó a suplicarme Jessica.- Yo le cuido y le alimento, es mi esposo y le amo… él también me ama…


-P-pero… ¿cómo?... o sea, ¿cómo ha llegado hasta aquí?


-Pagué mucho dinero a un forense militar, le encontraron hace casi dos meses en los alrededores del pueblo donde había desaparecido, estaba ya infectado y le inventé una historia para que me dejara traerlo a Pittsburgh. Día y noche estuve intentando averiguar sobre él, sobre su paradero… algo me decía que no había muerto, que permanecía con vida, ¿lo ves? No me equivocaba… ¡está vivo!


El zombi continuaba gritando de forma desesperada, sus ojos muertos no se alejaban de los míos y de su boca salían toda clase de fluidos asquerosos…


-Jessica… eso ya no es tu marido…- le dije.- no puedo dejar que lo tengas acá…


-¡Por favor!, ¡te lo suplico!


Lentamente empuñé mi arma de servicio y le apunté a David,… quiero decir al zombi. Su mirada asesina y macabra, esa mirada tan familiar penetraba en mis ojos. Le apunté justo en medio de ambos…. Jessica no para de suplicarme, pero no podía permitirlo… si David escapaba la tragedia podía ser mucho mayor…



Tú amabas a tu esposa, amigo. Tú querías lo mejor para ella…



* * *



Lo lamento tanto.







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LEON S. KENNEDY, 02:23 A.M.

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sábado, 27 de noviembre de 2010

Daemon.avi



















Tras una intensa búsqueda por fin capturamos a Daemon Phillips…



Hace alrededor de un año comenzaron una serie de muertes extrañas relacionadas a temas más bien raros, que son parte de los típicos mitos de Internet.


La primera víctima fue Mary o’ Connelly, estudiante universitaria quien se había ahorcado en su habitación por motivos que en aquel momento se desconocían, sin embargo las pistas apuntaban a una fotografía llamada smiledog.jpg o algo así… Los padres de Mary no podían entender cómo su hija pudo haber cometido tal acto, ya que no era del tipo de persona que pensaba comúnmente en quitarse la vida mas aún tomando en cuenta que le iba muy bien en los estudios. Luego, al mes siguiente nos encontramos con Sven Miller, guardia de seguridad que en primera instancia habría asesinado a su esposa e hijo para luego terminar disparándose con su arma de servicio… nuevamente no había un móvil claro y específico, tan solo un mensaje en la habitación de Sven que decía: “Las visiones del infierno enloquecen a cualquiera” y junto a el mensaje había un CD que tenía escrita la frase suicidemouse.avi.


Pasaron dos o tres meses en los que nada raro ocurrió, luego al llegar el cuarto mes vino la alarma…. Un niño de 10 años llamado George Peck murió asfixiado, su madre lo encontró muerto en su habitación al parecer estaba jugando un videojuego cuando sucedió el lamentable hecho. Al hacer los peritajes descubrieron que entre los juguetes del niño se encontraba uno que jamás él había tenido antes y que la madre no recordaba habérselo regalado nunca, era un muñeco amarillo llamado Tails Doll, personaje de un popular videojuego infantil. Este caso nos abrió una nueva puerta y es que por primera vez la víctima había sido atacada, es decir no se trataba de suicidio pues se encontraron marcas en sus dedos de rasguños y de que al parecer había luchado por su vida, pero… ¿asfixiado por aquel muñeco?... eso parecía… o al menos eso pretendían hacernos creer…


La cuarta víctima fue Sheilla Artwood, una mujer de 30 años quien fue asesinada con cuchillo por una entidad de blanco que entró a su casa una noche mientras ella veía televisión. Al parecer la mujer había recibido varias cartas en donde alguien la amenazaba firmando como “la muerte blanca”, en esta ocasión el asesino no fue tan listo y cometió el error que nos permitió su captura… huyó por una ventana y un pedazo de su disfraz de blanco se rompió y quedó atrapado en el marco. Finalmente teníamos una pista sólida que se relacionaba con las demás muertes, todas eran parte de sendos mitos y leyendas urbanas… solo fue cosa de tiempo para que las autoridades del estado le pidiera ayuda al gobierno y el asesino lograra ser capturado.


Daemon Phillips era un chico de 19 años de edad, y me tocó entrevistarle junto a un detective tras ser arrestado, parte del interrogatorio que le hicimos lo transcribo aquí:


-Bueno, Daemon… ¿qué es lo que hace que un chico como tú haga cosas como ésta?, ¿porqué lo hacías?


-Es una época mediocre…- me contestó sin mayor grado de arrepentimiento.- alguien debe mantener el equilibrio. La gente ha perdido la capacidad de creer en cosas extraordinarias, yo les he devuelto esa capacidad.


-Lo único que has hecho es devolvernos la capacidad de creer en la juventud abandonada.- le replicó el detective que me acompañaba.- así como tú deben haber miles de jóvenes inadaptados en nuestra nación.


-Crea lo que quiera, señor detective… yo soy un benefactor, el fin justifica los medios…


-Daemon… háblanos de los homicidios, ¿Cómo conseguiste realizarlos?- le pregunté bajo un gran asombro.


-A Mary la conocí en la universidad, yo sabía que ella tomaba relajantes así que la noche del crimen me aseguré de que tomara la cantidad suficiente como para poder ahorcarla sin problemas, días antes le hice leer sobre la foto smiledog.jpg y sobre su leyenda. Era la victima perfecta pues nadie nunca podía imaginar que una chica como ella terminara quitándose la vida… salvo por la fotografía, la fotografía que dejé bajo la almohada de su cama… eso reviviría el mito, reviviría la leyenda…


-Ya veo, supongo que lo mismo sucedió con Sven Miller, ¿no es así?


-Sven fue elegido al azar…- me contestó.- le seguí un par de días para ver cuál era su rutina y fue fácil reducirle en su casa con una escopeta apuntándole a su hijo. Yo maté a los tres y luego puse las huellas de Sven en el arma… antes le hice escribir la frase del infierno en el mensaje que encontraron en su cuarto y puse el CD de suicidemouse.avi junto a él. Al niño George lo conocí en una tienda de videojuegos y al charlar con él supe de inmediato que era el candidato perfecto para morir con el Tails doll… le asfixié con el mismo muñeco que dejé en su cuarto.


-Se nota que pareces estar muy orgulloso de tu trabajo…- le dije con una indignación enorme.- pero, cometiste un error… igual que todos los orates de siempre, y eso fue en lo de Sheila Artwood…


Daemon guardó silencio, sabía que había herido su orgullo y por ende su “obra”. Pobre muchacho… tan joven y tan cruel…


Lamentablemente fue sentenciado a la pena de muerte por sus cuatro asesinatos. Son pocos los estados de nuestro país que van quedando con esa cruel legislación, pero así son las cosas. Daemon Phillips descansa ahora en paz… al menos eso quiero creer ya que el juez que le condenó falleció en un accidente automovilístico hace una semana atrás…


De hecho, ya en Internet se rumorea de un video mudo, tomado por cámaras de vigilancia en la ejecución del muchacho… sus últimos segundos de vida tras la inyección letal… y de la maldición que cae sobre la vida de quien lo contempla a los ojos justo antes de morir… creo que el video se llama Daemon.avi…







¿Será posible…?

LEON S. KENNEDY 00:56 A.M.


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sábado, 20 de noviembre de 2010

Encubierto















La anécdota que paso a contar ocurrió hace ya un par de años y no deja de hacernos reflexionar sobre lo azarosa e irónica que a veces puede resultar la vida…, lamentablemente no recuerdo el nombre del agente en cuestión.


El trabajo de agente encubierto es lejos uno de las más angustiantes e impredecibles que pueden existir. Estos agentes deben hacer de todo para monitorear a los criminales y delincuentes que posteriormente deben ser arrestados. Se hacen pasar por vagabundos, vendedores ambulantes, minusválidos, etc. Todo lo que sirva para poder seguir cada movimiento o bien adentrarse en el mundo criminal. Ocurrió que durante un crudo día de invierno un camión iba a atravesar la frontera de dos estados del norte con ropa de bebé, pero impregnada en cocaína. La policía tardó 1 mes y medio en descubrir como entraba tanta droga a ese estado sin ser detectada y finalmente dieron con la respuesta al encontrarse con tan extraño y singular método. Un agente encubierto como indigente aguardaba en la carretera aquella noche. El plan consistía en simular un accidente y obligar al camión a tomar otra ruta, sin embargo algo ocurrió en la organización de la jugada que a la hora señalada el agente se encontraba en su lugar recostado a mitad del camino, pero nadie más había llegado. El camión finalmente llegó hasta donde el agente se encontraba y fácilmente le esquivó para luego seguir adelante. El agente se puso de pié y se rascó la cabeza… nada había resultado como lo planeado, se había quedado totalmente a la deriva sin comunicación alguna con sus colegas y sin identificación (por el trabajo que estaba realizando) y lo que es peor de todo: bajo la apabullante lluvia.


Esperó unos instantes a ver si llegaba alguien, pero fue inútil así que optó por caminar hacia el peaje más cercano. Un anciano apareció en aquel momento y al verle tan mojado, y con sus ropas tan ligeras le ofreció hospedaje en el lugar al cuál él iba a dejar alimentos aquella noche.


-Gracias.- respondió el agente empapado.


La idea era pedirle un teléfono apenas llegaran al lugar, así éste podía comunicarse con sus colegas de la unidad para que fueran a buscarle. Finalmente llegaron, se trataba de una gran casa en donde imperaba el silencio absoluto, el anciano saludó a una señora y le dejó una enorme caja con provisiones y alimentos en la cocina. Cuando acabó de hacer el trámite volvió donde el agente y le dijo que ocupara una de los cuartos del primer piso para dormir.


-Perdón, ¿hay un teléfono aquí que me puedan prestar?, necesito hacer una llamada.-le dijo el agente.


El anciano lo llevó hasta un teléfono que había junto a un mesón, sin embargo ambos pudieron comprobar que la línea se encontraba muerta, la lluvia y el mal tiempo habían arruinado la línea telefónica. El anciano le sugirió al agente que fuera a dormir y que mañana se levantara temprano para ir rumbo a la estación de gasolina o peaje más próximo. Así lo hizo, se fue a dormir y al ver que el anciano hacía lo mismo en otra habitación, se confió y se entregó al sueño en un cuartucho oscuro que contaba con un catre de hierro y sobre éste un colchón sin sábanas ni nada por el estilo…

Al otro día se despertó como a las 8 de la mañana y se encontró con la inquietante sorpresa de que la puerta del cuarto se encontraba cerrada con llave. Estuvo alrededor de 20 minutos golpeando y llamando para que alguien se acercara a abrirle hasta que un hombre con camiseta y pantalón blanco le contestó a través de una rejilla corrediza:

-¡Silencio, aún no es hora de ir al baño!


-¿Eh?, disculpe… tengo que salir a hacer una llamada, es urgente.


-He dicho que aún no es hora… así que debes esperar como todos los demás.- volvió a decirle el corpulento hombre.


-¿Debo esperar que cosa?, soy policía… anoche participé en una redada como agente encubierto, pero perdí el rastro de mi unidad…


-Jajaja, ok. Bueno, señor policía igual debes esperar tu turno, ahora más vale que cierres la boca si no quieres ir a las duchas frías.- dijo el hombre cerrando la rejilla de la puerta con violencia.


El agente no sabía que diablos pasaba y volvió a llamar y a golpear la puerta, pero esta vez fue ignorado por casi toda la mañana. Durante la tarde se dio cuenta que el lugar era ni más ni menos que un sanatorio mental recién instalado en la zona. Nadie daba crédito a su historia de agente encubierto y aquel anciano que le había ofrecido el hospedaje jamás volvió a aparecer pues había fallecido al otro día por la tarde de un ataque cardiaco. Su historia se hizo famosa gracias a los empleados y enfermeras que tras cumplir su turno diario en aquel lugar llegaban a casa contando sobre aquel extraño paciente. Pasaron casi dos meses antes de que la policía se enterara y finalmente tras comprobarlo fueron a rescatarle.


Si tan solo pudiera recordar su nombre… el agente luego tuvo que ir a sesiones de terapia mental para controlar sus esporádicos ataques de pánico y terror nocturno, era en la noche donde principalmente sufría de inquietantes pesadillas, despertaba gritando creyendo que aún permanecía encerrado en el manicomio…


Finalmente se sanó, ahora es un tipo normal y creo que sus superiores le recompensaron negándole de por vida toda posibilidad de volver a hacer una labor como agente encubierto.







...¿cómo se llamaba...?

LEON S. KENNEDY 00:12 A.M.

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martes, 16 de noviembre de 2010

Cada vez que sonrío... ¿10 niños mueren...?













Más de una vez me lo han dicho…


¿Porqué no sonríes más a menudo?


Entonces me gustaría preguntar… ¿porqué es necesario llevar una estúpida sonrisa siempre?

Me considero el tipo más gracioso, alegre y simpático del mundo, pero no muchas personas se fijan en ello. Más que mal, los años a uno lo van poniendo viejo… y mis ojos han visto cosas que poco y nada dejan para el humor, es decir, nos da a elegir dos caminos: la amargura o un sentido del humor mas bien retorcido… y extraño.

Quienes me conocen saben que soy alguien mas bien dicharachero, que gusta de la alegría y la cerveza fría. Soy bastante observador también, suelo fijarme en detalles que muchas personas a veces pasan por alto y esta habilidad tan meticulosa me ha ayudado a resolver los casos más inverosímiles a los que me haya enfrentado alguna vez., sin contar las ocasiones en las que me ha salvado la vida. A veces suelo pensar que la sonrisa está sobrevalorada… pues hay sonrisas cínicas, hipócritas, sarcásticas, dañinas, etc. Y más vale un rostro serio que una sonrisa falsa ¿no?

Tampoco es que sea de los que piensan que la sonrisa abunda en la boca de los tontos, la estupidez humana se mide a través de otras cosas, pues como dijo Einstein: “Sé que hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana… y de lo primero no estoy seguro”.





Jo, jo, jo... demasiado ebrio esta noche como para seguir escribiendo...

LEON S. KENNEDY, 02:37 A.M.


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