domingo, 9 de diciembre de 2012

William F. Waylong



Falta poco para navidad… La compañía Tricell ha iniciado una maquiavélica operación genocida y Leon Scott Kennedy ha sido arrestado.








Mi nombre es William F. Waylong, tengo 24 años de edad y pertenezco a la brigada roja de las fuerzas especiales,… bueno, al menos pertenecía a ella hasta antes de que la conspiración de Tricell se pusiera en marcha. Unos oficiales del FBI (amigos cercanos de Leon) me contactaron durante esta tarde. Interceptaron mi automóvil en la carretera y me obligaron a subir a una camioneta negra. Fue el susto de mi vida… después de lo de Tricell no confiaba absolutamente en nadie.

-¿De qué se trata todo esto?... no creo ser tan importante.- dije una vez a bordo.

-William Waylong. Ex-oficial de las fuerzas especiales… si no nos equivocamos ¿desertaste esta mañana, no es así?

-¿Quiénes son ustedes?- insistí. No tenían apariencia de ser fiscales militares.

-Agentes Thomasson y Meredith del FBI. No te preocupes, chico. Estamos de tu lado. Queremos proponerte un trato.

-Después de lo sucedido con Tricell esta mañana… no deseo formar parte de ningún trato, solo quiero largarme lo más lejos posible… cabezas rodarán, ¿entienden?

-Lo entendemos perfectamente… es por ello que te necesitamos a ti.- me contestó uno de ellos.- Un amigo nuestro, Leon Scott Kennedy ha sido arrestado. Necesitamos de tu ayuda.

  No lo podía creer, el asunto de Tricell era aún más espeluznante de lo que mi mente pudo haber concebido hasta el momento. Estaban desbaratando a todos sus principales enemigos y planeaban un ataque bío-terrorista en los principales aeropuertos del país, soltarían una toxina que se alojaría en los organismos de la gente, cualquier turista, de cualquier color de piel, edad y sexo. Luego ellos viajarían a sus respectivos destinos siendo el principal vehículo de contagio. Leon Scott Kennedy trabajaba en el caso juunto a un reducido grupo de oficiales, tenía unos contactos en el bajo mundo y se habían enterado de la primera fase del plan, pero Tricell ya había hecho su movimiento…habían puesto en marcha la operación “viaje a las estrellas” donde miembros importantes del “bando contrario” caerían uno por uno como fichas de dominó. Leon fue el segundo en ser arrestado y enviado a un oculto calabozo. Los demás miembros fueron muertos mientras intentaban huir. No lo pensé mucho, ni tampoco me hice de rogar. Estaba claro desde un principio que al saber del actual estado de Leon mi respuesta sería positiva.

 Finalmente fui a mi departamento, los federales me habían dado un teléfono móvil color gris por el cual se contactarían conmigo. Mis cosas las había dejado en la base militar por lo que solo debía confiarme de lo que poseía en mi departamento. Fui hasta mi cama, levanté el colchón y allí estaba mi revolver calibre 22 envuelto en una tela oscura. Deseé haberme robado algún miserable chaleco anti-balas de las fuerzas especiales, pero no lo hice, jamás siquiera me robé una maldita bala… ¡estúpido!, yo y mi absurda ética moral. Ahora se venía una guerra en mi contra y yo la recibiría en las más precarias condiciones. Deseé llamar a los agentes Thomasson o Meredith para pedirles equipo, pero me detuve al recordar que me prohibieron estrictamente el intentar comunicarme con ellos… serían ellos los que me llamarían. Era ya cerca de la medianoche cuando aquel teléfono gris comenzó a vibrar en la mesita de centro de mi sala.

-Diga.

-A las doce y media, callejón Parknight. Un sujeto mal vestido te estará esperando… estará esperando a Leon.- me dijo la corrosiva voz tras la linea telefónica, luego de eso… simplemente cortó.

Aún un poco atolondrado por la súbita llamada, fui hasta el baño y me mojé el rostro para espantar cualquier asomo de miedo. Me miré directo al espejo.

-Vamos, Will…- me dije mirándome directo a los ojos.- no te acobardes…. todos te necesitan.

  Me puse una gorra y salí de casa cual policía encubierto que va a reunirse con su contacto. El callejón Parknight quedaba no muy lejos de mi departamento así que me apresuré en llegar. Llegar varios minutos antes a una cita peligrosa es una ventaja, sin embargo, al otro sujeto se le había ocurrido lo mismo… yo había llegado 15 minutos antes y él ya estaba allí. El lugar no estaba muy bien iluminado, a medida que me acercaba solo advertí una figura encorvada que encendía un cigarrillo junto a los vapores de la alcantarilla. Caminé y me detuve hasta quedar a unos 10 metros de distancia… luego pensé: “¿qué se supone que debo hacer ahora?”… Afortunadamente él habló primero.

-¿Dónde está, Leon?- me preguntó.

-No pudo venir, hubieron problemas…- contesté.- yo estoy ocupando su lugar…

 El sujeto me observó por unos segundos y luego exhaló el humo de su cigarrillo.

-Esperaba a Leon…- sentenció.

-Deberás conformarte conmigo… Leon ha sido arrestado. Soy un rostro nuevo…

-Demasiado nuevo…- me dijo.




Falta poco para Navidad….

Y aquí estoy… intentando ser un héroe…




Creative Commons License
El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Página del blog


























Hola, amigos. Bueno ya en la página de facebook di a conocer la dirección de la web de este blog... todos, pero TODOS los créditos habidos y por haber van para mis grandes amigos Danielle Bateman y Adrian Salvatori, quienes hicieron posible este extraño y nuevo lugar:

http://adrianblack03.wix.com/diariodeleon

 Allí habrán cosas más variadas que las que uno podría encontrar en el blog, es un espacio mas por así decirlo "tridimensional". Espero lo visiten y les guste.

Un saludo a todos  :)



lunes, 12 de noviembre de 2012

Afecto





















-Canción favorita… ¿cuál es tu canción favorita?- me preguntó Christine sonriendo.

-Ahh… veamos.- comencé a pensar.- esa está difícil. Me gustan muchas canciones, pero mi favorita… nunca lo he pensado, quizás Purple Rain de Prince.

-Jaja, ¿te gusta Prince? Eso es lindo.

-Lo guardo como una especie de secreto embarazoso…- dije con una sonrisa.- ¿Y tu canción?

-Ah-ah. Espera tu turno, chico guapo. Aún no terminamos.


Había conocido a Christine en el hospital. Ella había tenido un accidente vascular y yo me recuperaba de una lesión bastante fea de una de mis rodillas. Era una chica realmente interesante y atractiva, con una personalidad encantadora. No pasaron muchos días hasta que tras unos correos electrónicos acordamos salir a comer y… finalmente nos encontrábamos allí, en el TRACY’S comiendo sierra ahumada acompañado de un excelente y embriagador vino blanco.

-Sabes, estaba pensando y sin duda esta ha sido una cita interesante,… fuera de lo común.- me dijo de pronto mientras rebanaba un pedazo de pescado.

-Lo dices por la pistola que traigo bajo la chaqueta, ¿no es así?- le pregunté adivinando sus pensamientos.

-Sí… jajaja.- me contestó sin poder aguantar la risa.- es que… me asustan demasiado y no esperaba que bueno… trajeras una.

-De veras lo lamento, Christine. Pero hay cosas que no puedo dejar de hacer, es algo casi automatizado. Supongo que son los años, no lo sé… ¿necesitaré terapia? Jaja.

-Más que terapia… quizás necesitas ya que una chica te diga lo que tienes que hacer…

-Uh, eso está difícil. Seguir las órdenes de una chica no es mi estilo.- contesté sonriendo.

Luego de la cena venía el postre, Christine eso si pidió una menta ya que el pescado no le cayó muy bien. Hasta este punto diría que la química entre ambos era realmente asombrosa, ¿Cómo dos personas podían encariñarse tanto sin siquiera conocerse lo bastante? Supongo que es esa falta de cariño… esa apabullante necesidad que tenemos todos de amar y ser amados, y en mi caso, ya llevaba demasiado tiempo buscando alguien para amar, y Christine, bueno su historia de soledad y desamor era casi tan nutrida como la mía.

-Leon…- me dijo ella de pronto.- te voy a decir algo que jamás he dicho a alguien en mi primera cita, y es que eres un hombre muy interesante. Me gustaría conocerte más a fondo, pero lo que haces… lo que me has contado, pienso que choca demasiado con mi forma de pensar…

-Te entiendo, Christine. Créeme que lo hago. Y yo también quiero que esto funcione y no se desvanezca. Para ello ambos debemos poner de nuestra parte. Mi trabajo para el gobierno es peligroso… lo sé, pero no quiero llegar a los 40 años haciendo lo mismo, no sé si me entiendes. En algún punto eso se tiene que acabar… y espero ser yo quien lo termine y no que sea mi trabajo el que acabe conmigo.

  Christine acarició suavemente mi mano y sintió una enorme necesidad de confesarse.

-Yo estoy dispuesta a dejar  todo de lado para comenzar algo nuevo junto a ti.- me dijo.- No soy precisamente una buena persona, y hay cosas que hago que no están bien, pero te prometo que si me lo pides… lo dejaré de hacer.

-¿Te refieres a tu trabajo de asistente en la farmacéutica?... Christine, yo jamás te pediría que dejaras de…

-No, no me refiero solo a eso…- me interrumpió con un hondo suspiro.- Leon, yo… estoy metida en un problema grave, muy, muy grave. Debo un dinero, se lo debo a un sujeto repugnante e inescrupuloso que desde que me separé de él me ha hecho la vida imposible. Me ha querido arrebatar mi casa, ¡la casa de mi madre! La que ella me heredó antes de morir. Si no pago el dinero, este sujeto me dejará en bancarrota y en la calle, Leon.

-¿Quién es?, dime como se llama.

-No, por favor no interfieras…- me suplicó.- Yo ya le he pagado casi todo, solo me queda menos de la mitad y hoy se acaba todo. Pero para llegar a ello, he debido hacer cosas que no he querido hacer…

-Por Dios, Christine…- le dije acariciando su mano.- ¿Qué es eso que has hecho?

 Ella guardó silencio, no quería contarme. La angustia era más poderosa que todo lo demás.

-Vamos…- le dije con ternura.- seguro puedes contarme. Te aseguro que lo entenderé, y te ayudaré a salir de esto. Si vamos a intentar algo entre los dos debemos tener confianza el uno con el otro….

-Leon, yo…

   No pudo completar la frase, en vez de ello su voz se transformó en un espantoso sonido gutural aletargado, cuyo origen vino desde su garganta. De allí una viscosa extremidad se abrió paso entre hueso, piel y sangre para asomar por su boca. Sus dientes saltaron desparramados sobre la mesa y la sangre salpicó mi rostro. Sus ojos se tornaron completamente blancos antes de salirse de sus cuencas mientras que nariz, frente y boca eran desfigurados por la fuerza imparable de la criatura que se abría paso desde sus entrañas. No oí un solo grito a mí alrededor, pero seguramente habían muchos alaridos de horror provenientes de las demás mesas, de pronto el tiempo se paralizó ante mí y casi no me di ni cuenta cuando mi mano a través de un movimiento involuntario desenfundaba la pistola que tenía bajo mi chaqueta. Temblaba, sudaba y apenas podía respirar, pero mi instinto…, mi instinto ya sabía lo que tenía que hacer. Como un robot saqué mi arma y apunté al cerebro de la cosa que tenía frente a mí. Yo no reaccionaba en lo absoluto, pero mi mano operaba por sí sola… jaló el gatillo 3 veces y el balbuceo infernal de la criatura terminó, luego cayó inerte al suelo. Yo me quedé sentado en la mesa aún varios minutos después de haber dado muerte al monstruo. No supe cuanto rato estuve allí… solo recuerdo que las sirenas de las patrullas en la calle me volvieron a la realidad y cuando me sacaron, el restaurante estaba vacío… todas las mesas absolutamente vacías.

 Pobre Christine, hacía tiempo que robaba muestras del laboratorio farmacéutico donde trabajaba y lo llevaba a personas que pagaban mucho dinero. Alquilaba su cuerpo como transporte y solía tragar ovoides con sustancias verdaderamente peligrosas. Aquella noche iba a recibir una importante suma de dinero, lo suficiente como para no volver a alquilar su cuerpo, lo suficiente como para terminar su deuda con aquel sujeto inescrupuloso, lo suficiente como para poder vivir en paz… una nueva mutación del derivado del virus-X. Ella obviamente nunca supo lo que llevaba en su estómago, hasta que los jugos gástricos y el vino blanco terminaron por corroer el ovoide y en un abrir y cerrar de ojos… su organismo se doblegó ante el huésped maldito.








No lo sé… no sé como dos personas pudieron quererse tanto, sin siquiera haberse conocido lo suficiente.

LEON S. KENNEDY, 02:02  A.M.


jueves, 8 de noviembre de 2012

El panóptico




















SEGUNDA PARTE Y FINAL



 Todo en este lugar apesta, hasta respirar lo hace.

 Llevo ya dos días enfermo producto de un resfriado. El guardia me ha quitado las frazadas y ando desnudo de la cintura para arriba. No he podido dormir casi nada producto del frío… ni tampoco he comido. Los pasos de quien nos vigila a través de la mirilla sobre mi cama cada vez se han hecho menos frecuentes, los volví a sentir hasta hace un rato.

-¡Por favor!- exclamé casi cayéndome de la camilla.- seas quien seas… te pido por favor que me des abrigo… una manta… algo, por favor.

  Los pasos se detuvieron justo frente al orificio sobre mi camilla, como si quien estuviera del otro lado hubiese querido pensarlo durante unos segundos, pero luego simplemente me ignoró y continuó alejándose. Allí me quedé, acurrucado en un rincón junto a una fría pared de cemento de mi celda. De pronto vino el acabose… pasaron varios minutos, luego justo sobre mi celda se abrió una compuerta y dejó asomar un enorme boquete del cual cayó un enorme chorro de agua helada. Quedé completamente empapado al igual que mi colchoneta, paredes y todo el piso alrededor. “¿Qué clase de castigo enfermo es este?”, pensé totalmente abatido y sumido en el más grande de los desconsuelos. Mi situación era aterradora…, me encontraba, enfermo, hambriento y con insomnio y por si fuera poco además debía lidiar con la humedad total de mi celda.

  Unos gritos me despertaron. Había logrado conciliar el sueño, pero los gritos de unos niños me volvieron a la realidad, luego le siguió el sonido del agua cayendo al suelo en distintas celdas alrededor de la mía. Cada chorro que golpeaba el suelo era acompañado por el aterrador alarido de infantes, niños apenas cuya edad no podía comprobar. Supuse que yacían desnudos en las mismas precarias condiciones que las mías y eran torturados de la misma forma con el agua helada.

Por más que lo pensaba, no se me podía ocurrir como alguien pudo construir un lugar tan extraño y siniestro. El hambre me obligó a alejar mi mente de suposiciones tan desalentadoras,… temblando me acerqué a mi colchoneta y con asco volví a masticar más pedazos para ir tragando poco a poco…




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 Desnutrido, golpeado, mojado y sin poder dormir. Realmente verme así fue verdaderamente terrible y esta extraña pesadilla me sigue asombrando hasta el día de hoy… es por ello que la he apuntado aquí en mi diario. ¿Cómo y porqué fue que llegué a un lugar así de extraño?, ¿porqué alguien tendría niños encerrados allí?

Jamás lo supe y jamás lo sabré… así son los sueños, indescifrables.









LEON S. KENNEDY 00:21 A.M.


Creative Commons License
El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.

viernes, 2 de noviembre de 2012

El panóptico




Mi cuerpo duele… apenas y puedo respirar…

Cada inhalación produce una insoportable dolencia en mi pecho… y cada exhalación un sufrimiento aún peor…

Todos los días un guardia enmascarado saca a un prisionero de su cuarto y lo lleva a un frío patio de concreto donde le aporrea hasta el cansancio, y hoy fue mi turno. Por una estúpida razón creía que jamás me tocaría a mí, pero este lugar se ha encargado de derribar cualquier idea esperanzadora. Me encontraba débil y sediento en la camilla de mi miserable cuarto, arropado hasta las orejas tratando de aliviar de cualquier forma la fiebre provocada por la fatiga… cuando de pronto los cerrojos se abrieron y entró él… la enorme mole que tenemos por guardia. Demasiado débil como para defenderme no hice más que aferrarme a la sucia colchoneta, pero fue inútil… él no tuvo problemas para arrastrarme de una pierna hasta afuera del cuarto. Recorrimos los pasillos circulares de esta extraña prisión en un trayecto que se me hizo casi eterno a causa de la indolencia y el silencio que guardaban las demás celdas cerradas, hasta que por fin y tras varios días,… incluso semanas, la luz del día se dejó caer sobre mí. Era un día gris, sin sol en el exterior… pero de igual forma la visión hirió mis ojos.

  Aún semi-aturdido por el trayecto que recorrí siendo arrastrado, intenté ponerme de pié, pero fue inútil… las fuerzas no me acompañaban. El guardia me quitó la sucia camiseta enumerada de la prisión dejando mi cadavérico torso totalmente expuesto y desnudo. No supe cuando fue que los azotes comenzaron, pero cada uno de ellos era como un beso que me daba la muerte… cada golpe lo recibían directamente mis huesos y deseé haber perdido el conocimiento desde el primer segundo, pero hasta eso aquí se me era negado. Luego, tras una eternidad de dolor y sufrimiento, sentí que los golpes cesaron y me quedé en el suelo inerte, apenas respirando pues esto me era terriblemente doloroso…

Finalmente fui nuevamente arrastrado por los pasillos de aquel enigmático infierno hasta mi cuarto, mi sucio, angosto y miserable cuarto… pero en ese instante ese era el único lugar en el que quería estar. El guardia se ha llevado mi frazada y no me ha devuelto mi camiseta, seguramente como una suerte de castigo por algo.

Llevo ya casi media hora intentando tragar pedazos de mi sucia colchoneta… para apalear el hambre. Los dolores en el estómago que vienen después son horribles, pero intento no pensar en eso ahora.

Nuevamente oigo pasos sobre mi cuarto, tengo la sensación de que alguien a través de una mirilla nos observa cuarto por cuarto, siempre se detiene por unos segundos en alguno y luego se aleja… tengo la sensación que me observa por sobre mi camilla, pero aún no puedo identificar el lugar preciso. Esto me ha dado pistas que este lugar es una suerte de panóptico o algo por el estilo…






















Lentamente me incorporo y me siento en la camilla… a mis oídos llega el terrible llanto de un niño, seguramente de una celda cercana a la mía. A veces temo olvidar quien soy, por eso suelo recordármelo a menudo…


 Mi nombre es Leon Scott Kennedy, tengo 35 años de edad… y tengo miedo de morir aquí…



¿Qué es este lugar?




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Participa en el desarrollo de esta historia yendo a la página de facebook:


Allí puedes ayudar a Leon a recuperar su memoria, escribiendo porqué es que se encuentra en un lugar como este.






domingo, 28 de octubre de 2012

La muerte






















CAPITULO FINAL


Ya habían pasado 10 horas desde que el caos se había desatado en la ciudad. La terrible y falsa alarma de que un virus se había propagado llenaba los noticieros e informes de prensa haciendo que la gente temiera por sus vidas y provocaran un colapso sin precedentes. El estado iba a enviar a los militares, pero esto era sinónimo de más personas, por ende mas posibilidades de muertos, y todo eso daba como resultado a más títeres de Spencer Grimm. Aún malherido, salí de mi habitación del hospital y fui por ayuda, en ese momento… la única ayuda a la cual podía acudir.

 Hunter Headen es un extraño caso de bipolaridad y trastorno de personalidad.severo. El FBI tiene 10 páginas sobre él y su caso es digno de ser lo más parecido a Hulk. Un tranquilo e inteligente hombre alberga en su cerebro a un ser enajenado y descomunal que clama por liberación y por sangre. Según los antecedentes, este otro grotesco personaje asesina y bebe sangre humana para no deteriorar los órganos internos de su cuerpo… también podría tratarse de un singular caso de vampirismo, pero mientras Hunter Headen no permita que su sanguinario “otro yo” salga a la superficie, todo en su vida es color rosa.

-Lo lamento, Leon… pero no puedo ayudarte. Tú sabías eso antes de venir acá.- me dijo Headen tras escuchar mis requerimientos.

-Si no eres tú, ¿entonces quien?- pregunté.- Nos hicimos buenos amigos… sé que puedo confiar en ti, pero… por enésima vez en mi vida no sé que hacer, esto realmente me supera…

-Lo sé…- me dijo con amabilidad mientras guardaba ropa en su maleta, pues estaba a punto de marcharse de la ciudad.- Pero si libero a “tu sabes quien”, solo tendrás un espectáculo grotesco y totalmente inútil en estas circunstancias. Necesitas a alguien que sea más que un caso de bipolaridad, ¿comprendes? Ahora dime… ¿esto se trata de un virus nuevo? Al menos eso dicen por TV.

-Si, pero no,… no es un virus. Un sujeto desquiciado controla las células muertas, ¿puedes creerlo? Justo cuando creía que no podíamos ser más idiotas, venimos y creamos nuestra propia pesadilla. Los muertos, tanto animales como personas se están levantando y atacan a los vivos, si estos mueren, pasan a ser parte de aquel ejército…, por cada tipo que muere, se suma uno más a la horda de zombis… lindo, ¿eh?

-Interesante…- me dijo Headen pensativo.- ¿Qué es de aquel sujeto… Adam Raynolds? ¿Aún es una especie de Dios cósmico?

-Raynolds se cambió de nombre hace bastante tiempo, ahora se llama Kevin Grayson…- contesté.- En lo personal no quiero saber nada de ese orate, sería la última persona a la cual acudiría, y ni aún así…

-Pero, este problema es serio… Leon...

-Hunter, olvídalo. Dejemos a Kevin Grayson fuera de esto.- sentencié.

    La cosa se estaba poniendo fea. El tiempo estaba en nuestra contra y la única forma de parar esto era encontrando a Spencer. Aún estaba en la ciudad, pues su habilidad psíquica solo respondía hasta cierta distancia, si se encontraba al otro lado del mundo el desmadre se hubiese detenido. Hunter Headen abandonó la ciudad, así que con Sussman y otro oficial llamado Ferchetti solo pudimos hacer una sola cosa: Llegar hasta Spencer siguiendo los pasos de la vieja escuela. Para ello decidimos comenzar en el origen de todo este problema: Jonás. Gracias al caos en la ciudad no fue gran problema tener acceso a su celda en la cárcel del condado, allí se encontraba escondido como una rata bajo la camilla vistiendo ese pintoresco uniforme naranjo común en todos los reos.

-Hola… ¿nos extrañaste?- le dije a través de los barrotes.

  Sacamos a Jonás arrastrándolo sin mayor consideración de su celda y los llevamos hasta el sector de baños. El tipo no sabía que diántres sucedía y solo gritaba por ayuda. Finalmente lo senté sobre un sucio retrete.

-Escúchame, quiero que quede claro que no me importas en lo absoluto.- le dije.- Pero me vas a decir que fue lo que le dijiste a Spencer allá en el cuartel, si eres listo… hablarás.

-Oh, ya entiendo…- dijo con una singular sonrisa.-todo esto es por el desmadre de ese fenómeno desquiciado…

 Saqué mi arma y presioné el cañón fuerte en su cabeza.

-Si no quieres formar parte de sus títeres, entonces habla… ¿Dónde está Spencer?

-No sé nada, Leon… lo juro.

-¡Respuesta equivocada!- acto seguido golpeé su rostro con el mango de mi arma y fracturé su tabique nasal. Lo cogí de sus ropas y le obligué a agacharse frente al retrete para hundir su rostro en el fondo de toda la porquería y el agua. Luego cuando creí que habían pasado los segundos suficientes… lo saqué rápidamente.

  Su rostro estaba cubierto de excremento, cayó al suelo tosiendo y tomando grandes bocanadas de aire.

-Te lo repito, Jonás… no me importas en lo absoluto. Si no cooperas simplemente te liquido y busco a otro que sea un poco más listo que tú.- le dije y desenfundé mi arma nuevamente, esta vez con decisión.

-Espera, espera…- me dijo mientras botaba agua sucia por la boca.- ese monstruo va a asesinar a su hermano, todo es parte de un plan… solo dame un segundo…

-¿Cuál plan?, maldito miserable.

  En cosa de segundos Jonás nos contó de qué se trataba todo aquello. Jonás y Alexander Grimm colaboraban juntos en una operación criminal. Alexander iba a rescatar a su “socio” en la cárcel aprovechando la confusión por el caos desatado por Spencer, sin embargo… Jonás tenía planeada una segunda jugada y esta era traicionar a Alexander Grimm. Fue por ello que le contó a Spencer sobre su hermano para que este le asesinara una vez reunidos, así Jonás se libraría de Alexander Grimm sin siquiera ensuciarse las manos. 

-Hmmm… una jugada muy viva, ¿no, Jonás?- le comenté mientras a nuestros oídos llegaba el inconfundible sonido de las hélices de un helicóptero.- Utilizar a Spencer para liquidar a tu socio Alexander Grimm… y de paso enviaste esta ciudad al infierno solo por tus entupidos intereses.

-Hey… le dije al grandulón que se cobrara venganza, pero no creí que armaría un embrollo como este.- contestó Jonás mientras el helicóptero ya se escuchaba muy cerca.- de todas formas puedo persuadirlo, ese es el helicóptero de Alexander  que me viene a rescatar… no te preocupes, lo convenceré.

-Tú no irás a ningún lado, rata.- sentencié.

  Dejamos a Jonás atado cómodamente dentro del baño de la prisión y ocupamos su lugar en  el rescate. La escalera fue tendida en la azotea de aquel recinto penal y los hombres de Alexander no supieron a quien rescataban hasta que abordamos el helicóptero y vieron nuestras credenciales. Les obligamos a que nos llevaran donde Alexander tal como si el plan de Jonás hubiese continuado regularmente. Al cabo de unos minutos llegamos a una lujosa instalación, en una de sus habitaciones se encontraba Alexander Grimm esperando por Jonás. Se trataba de un hombre de unos treinta años, cabello rubio vestido elegantemente,… observaba con impaciencia a través de un gran ventanal hacia fuera, sin embargo no esperaba  nuestra presencia.

-Hola, Alexander…- le saludé al entrar en la habitación junto a mis compañeros.- soy Leon S. Kennedy y ellos son Ferchetti y Sussman, ambos oficiales del FBI.

-¿Eh?... ¿Dónde está Jonás?- preguntó confundido.

-Está cómodamente maniatado en prisión, cual debiera de ser. Relájese… no hemos venido a arrestarle, sino a protegerle.

-¿Porqué?, ¿qué diablos sucede?

-Usted no ve los noticieros, ¿eh, Alexander?- le dije acercándome unos cuantos pasos a él.- su hermano Spencer Grimm está furioso, sabe que usted vive, sabe donde se encuentra y en este momento viene para acá a asesinarle…

-¡Demonios!- exclamó.- se suponía que el gobierno no iba a dejar que esto sucediera.

-Lo sé, pero a veces estas cosas pasan… no contábamos con que Jonás le traicionaría y le contaría toda la verdad a Spencer.

-Ese infeliz hijo de perra…

-Bueno, Alexander.- le interrumpí bruscamente.- nos podemos quedar aquí maldiciendo toda la vida o podemos sacarle de aquí, le advierto que será enviado a una corte de justicia…

-Está bien… larguémonos.

    Mas en ese instante una ruidosa explosión sacudió los cimientos de la instalación. A un costado, una pared se derrumbó y de allí emergió la imponente figura de Spencer… en sus manos sostenía un arma.

-Temo que nadie irá a ningún lado…- dijo con su voz reptante.- Alexander, ¡cuánto tiempo! Seguramente has de ser un zombie… como yo, pues supe que estabas muerto…

-Spencer… qué, ¿qué diablos han hecho contigo?- preguntó Alexander aterrado.

-Tan solo me ejecutaron y luego me revivieron, ¿lindo no?... pero basta de sandeces, he venido a salvarte, hermanito.- Acto seguido Spencer apuntó con su arma a un secuaz de Alexander y le asesinó. Al cabo de unos segundos su cadáver se levantó del suelo y se paró junto a Spencer tal como lo haría una mascota entrenada.- ¿Ven?, una vez muertos todos serán tan obedientes y productivos como él…

 Era horrible. Si moríamos en aquel momento ni siquiera podíamos contar con el consuelo de descansar y ya no ser parte de todo esto, sino que además pasaríamos a ser esbirros de Spencer, es decir, ni la muerte podría salvarnos. De pronto una fuerza extraña entró en la habitación y golpeó con violencia a Spencer azotándolo contra uno de los muros dejándolo muy malherido. Pude distinguir una figura femenina aparecer por la improvisada entrada que había hecho Grimm momentos antes, se trataba de Caroline Bateman.

-Hola, no hay tiempo para explicar… vayan al helicóptero ¡rápido!- nos dijo.

  Antes de huir… Spencer sonreía desde el suelo, al pasar junto a él llevó su mano a su garganta y pasó su dedo índice por ella, haciendo el gesto de “morirás”. Luego en el trayecto al helicóptero comprendí que le había ordenado a su legión de cadáveres ir hacia nuestra posición, era cosa de minutos para que aparecieran. Una vez a bordo comencé a pensar en cómo detener todo esto y la única forma era que Spencer lo deseara… miré hacia el edificio y antes de que pudiera siquiera reaccionar, este estalló en mil pedazos en medio de una estruendosa explosión, algo lo había hecho estallar, ¿pero quien…?, ¿Caroline? A los pocos segundos llegó ella al helicóptero y le pregunté sobre la explosión y cómo nos había encontrado.

-Fui por ayuda…- me dijo secamente y me hizo un gesto para que mirara hacia atrás, al asiento trasero que hasta ese instante no me había percatado. Allí vi a un niño de unos 13 años que me costó reconocer, luego… con un escalofrío recorriendo mi espalda supe que se trataba de Joseph, el niño solitario que lleva a cuestas un ángel destructivo.

   Supusimos que Spencer había muerto definitivamente pues la horda de cadáveres se detuvo y todos, absolutamente todos cesaron su avance y cayeron desplomados en el lugar en el que fueron sorprendidos por el deceso de su amo y señor. Alexander Grimm fue llevado a salvo y posteriormente fue encarcelado, pero dudo que reciba sentencia alguna… hay muchos intereses que le protegen. Los verdaderos criminales no pagan, sino que dictan leyes y ordenan experimentos abominables y terribles tal como el proyecto GRIMM. Spencer a las finales solo ha sido un sujeto al cual se le negó su muerte para convertirle en una criatura repugnante., ¿pero que culpa ha tenido él? Hasta por un lado entiendo su soledad y su sed de venganza. Sin embargo hasta el día de hoy ruego para que al fin haya desaparecido de este mundo… y es que tras la explosión en aquel edificio… no pudieron encontrar el cadáver de Spencer.










... y nuevamente Caroline desapareció antes de que pudiera agradecerle...

LEON S. KENNEDY 00:01   A.M.



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El diario de Leon S. Kennedy by Marcelo Carter is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.

sábado, 6 de octubre de 2012

La agonía


Es raro…

Ahora que lo pienso, no deja de extrañarme como los desastres más grandes comienzan a veces con situaciones bastante puntuales y casi anecdóticas. Todo comenzó con un sujeto llamado Jonás.

Jonás estaba en la lista de los más buscados por el FBI. Los chicos de la Casablanca llevaban casi 12 años intentando armar un caso en su contra, pero la tarea resultaba demasiado difícil… evidencia insuficiente, testigos que se negaban a cooperar y muchos que misteriosamente desaparecían, muchas cortinas de humo, cuentas bancarias fantasma, etc. Pero no hizo más que meterse en el campo bacteriológico para que nuestro departamento comenzara también a seguirle la pista. Junto al FBI unimos fuerzas y urdimos un plan que nos proporcionara la suficiente evidencia como para darle la cadena perpetua. De traficar armas, Jonas pasó a vender el suero del “Super-Zombie” a gente de Europa, era cosa de estar en el lugar y momento preciso de alguna transacción para que esta larga historia llegara a su fin y gracias a un doble agente, lo logramos.

  Oaklam es una pobre y  pequeña isla caribeña que llevaba un mes de alerta bacteriológica. Dado sus pocos recursos económicos las autoridades poco y nada podían hacer para solucionar la propagación del virus, el 92% de la población estaba ya infectada, el lugar era un desastre,… era un caos, era el infierno,… era perfecto. La jugada maestra de Jonás era esa: hacer la transacción más importante en un lugar perdido, peligroso y al que nadie nunca querría ir… una isla con el virus propagado. Suerte que nuestro doble agente nos proporcionó esa información varios días antes y pudimos actuar a tiempo. La transacción se había materializado en una sucia bodega ubicada cerca del puerto..

-Dinero fácil, Caroline…- le dijo Jonás a Caroline Bateman mientras observaba a los supuestos compradores irse en una pequeña barcaza hacia el mar abierto.- A este ritmo nos podremos comprar la mitad del mundo en pocas semanas… al vender el suero del Super-zombie estamos vendiendo también inmortalidad.

-Ahora veo que se pueden hacer muchas más cosas en un lugar que se ha salido de desmadre como éste…- replicó Caroline refiriéndose a la isla.- Tenía entendido que poderosos millonarios solían sobrevolar pueblos e islas infectadas para robar niños desamparados, supongo que esto ha de dejar mucho más dinero.

-Más del que imaginas…- contestó Jonas cerrando los maletines.

-¿Sobra algo para mí?- pregunté mientras lentamente salía de mi escondite en la oscuridad. Jonás me miró asombrado.- Pero qué pregunta hago, por supuesto que también alcanza para mí.

-Leon Scott… Kennedy, ¿verdad?- me preguntó de forma pausada.- ¿Es esta una emboscada?

-Temo que sí, buen Jonás. Tus días de gloria han llegado a su fin.- contesté.

  Jonas rápidamente iba a sacar su arma, pero Caroline Bateman siempre va un paso más adelante en todo, bastó solo una fracción de segundo para que ella le apuntara a él con su Mágnum 44 en pleno rostro.

-Ehmm… Caroline, ¿qué diablos se supone que estás haciendo?- preguntó confundido.

-¿Qué no se nota?, te estoy traicionando.

 El rostro de Jonás apenas y movió un solo músculo producto del asombro. Caroline Bateman fue nuestra doble agente.

-Oh,… debí suponerlo… maldita perra estúpida…- maldijo Jonás lleno de frustración.

-Gracias.- replicó Caroline.

-Pero, hay algo que no me explico…- dijo Jonás sopesando la situación.- estamos mirando desde aquí al mar abierto y no hay botes ni barcos, por las calles el pueblo está infestado de zombies, ¿cómo se supone que te abriste paso tú solo para llegar hasta aquí tan fácil?

-Porque… no vine solo.- contesté.
























 Afuera y a 8 cuadras de aquella sucia bodega se encontraba el apoyo policial y militar sobre una azotea de un edificio, desde allí Spencer Grimm podía dar órdenes a los zombies a su antojo mediante su evolucionada proyección mental. Las hordas de infectados se alejaban cada vez más de las calles antes abarrotadas para dar paso a un amplio espacio vacío y solitario.

-Wow… podrías pedirles que vayan por unas pizzas…- dijo de pronto el alto oficial Sussman sorprendido por el espectáculo que se desarrollaba ante él.

-Buena idea, pero no tengo hambre ahora…- contestó Grimm con su cadavérica voz.

   Trasladamos a Jonás de regreso a América aquella misma noche. A nuestra llegada a los EEUU Caroline Bateman sencillamente desapareció. Lamenté mucho no haber podido darle las gracias, es una mujer muy inteligente y hábil, ya anteriormente habíamos colaborado en una operación de rescate. Tiene una fuerza realmente admirable, lamentablemente su personalidad refleja marcadas tendencias suicidas… tenemos archivado su perfil psicológico…

 Jonás fue llevado a un cuartel militar para ser interrogado, necesitábamos sacarle nombres, muchos nombres… el suero del Super-Zombie debía ser erradicado por completo de las organizaciones criminales o no autorizadas… al menos esas eran las órdenes “de arriba”. En aquel punto fue donde cometimos un grave error, un error fatal y realmente terrible…., Spencer Grimm quedó a solas con Jonás por un instante, subestimamos por completo a Jonás.

Spencer Grimm fue un gran amigo mío que por designios del destino y de la vida erró el camino y propició varias matanzas a nivel global, el año pasado fue juzgado por sus crímenes y le dieron la pena de muerte. Su hermano, Alexander Grimm había pactado un silencioso acuerdo con el gobierno para que aplicaran en él el suero del Super-Zombie, bajo el nombre de proyecto GRIMM, una vez que este falleciera. Así sucedió… tras haber permanecido muerto por horas, Spencer Grimm volvió a la vida con el virus progenitor corriendo por sus venas, me ha costado creer que es la misma persona, su piel grisácea, sus ojos muertos, su voz de ultratumba, etc. Todo compensado por una fuerza descomunal y una asombrosa capacidad que tiene para controlar a voluntad a los demás infectados. Mientras Spencer se convertía en una horrible arma que trabajaba para nosotros, su hermano Alexander moría en un trágico accidente aéreo cerca de las Bahamas… y con ello la venganza y el rencor de Spencer para con su hermano llegaba a su fín.

  Sin embargo, esto estaba a punto tomar un dramático giro

-…así que Alexander está vivo….- me dijo Spencer una vez reunidos en una sala de recreación de aquel cuartel.- ¿porqué me lo ocultaste?

-Spencer, yo no te he ocultado nada…- contesté.- solo sabía lo mismo que tú, que tu hermano había muerto en aquel accidente aéreo. Y si me lo preguntas… creo que esa es la verdad. Jonás no es de fiar, te pudo haber dicho eso solo para confundirte…

-No, no me parece…- me contestó con su gruesa y a la vez lánguida voz.- siempre he sentido que él está vivo, ¿sabes?... es una sensación rara, de familia, somos gemelos, los gemelos reconocen ese tipo de cosas…

-Lo sé, Spencer… pero no sé que podemos hacer ahora, quizás reabrir la investigación…- le dije.

-¿Para qué?, ¿para seguir oyendo tus mentiras una y otra vez?- me dijo con un tono de voz que me causó escalofríos.

-Somos amigos, Spencer… tú sabes que no te mentiría. Nunca lo he hecho.

-¿Amigos?, ¿la clase de amigos que permiten que hagan experimentos con tú cadáver?- me preguntó con esa rara voz de ultratumba.

-Trata de entender…- insistí.- Jonás no es de fiar, quizás ha inventado eso de que Alexander está vivo para confundirnos y para provocar precisamente esto.

 Luego de una breve pausa, Spencer Grimm volvió a abrir la boca:

-Hay dos cosas que me molestan en sobremanera…- dijo.- Una de ellas es que el gobierno esté queriendo proteger a Alexander de mí, ya que él ha invertido mucho dinero para sus investigaciones, Por ello inventaron luego lo de su muerte en las Bahamas para que yo me quedara tranquilo. La otra cosa que me molesta… es verte a ti, Leon actuando como si no supieras nada…

  Acto seguido, recibí un golpe en el pecho que casi tritura mis costillas, salí expulsado varios metros hacia atrás. Gracias a la divina providencia unos oficiales justo entraron en el cuarto cuando Spencer iba a darme el golpe de gracia. Sacaron sus armas al instante y abrieron fuego contra la enorme mole, pero Spencer fácilmente desnucó a uno de ellos… luego advirtiendo que iba a perder demasiado tiempo eliminándonos a todos, optó por huir saltando por la ventana de aquel séptimo piso en el que nos encontrábamos.

  Estuve cerca de una semana en recuperación por el golpe en mi pecho. Debía permanecer un mes, pero las circunstancias obligaron a un drástico cambio de planes. Spencer Grimm se encontraba prófugo, todo el servicio de inteligencia y tecnología de punta fueron utilizados para capturarlo, pero los días pasaban y no había resultados. Mi amigo Sussman fue con dos oficiales más del FBI a mi cuarto del hospital para comunicarme una estremecedora noticia.

-Muy bien, Kennedy…no has visto TV por estos días, así que te traje algo para que veas…- me dijo Sussman mientras acomodaba un visor portátil frente a mi para enseñarme una grabación.- Llegó anoche a nuestras dependencias, te advierto que no es nada muy alentador…

  Reprodujo el video y allí se encontraba Spencer, sobre un fondo del cual colgaba una bandera negra. Pésimamente iluminado, evidencia de una grabación amateur, y mirando fijamente a la cámara Spencer dijo estas palabras:

-El gobierno norteamericano recibirá una sopa de su propia medicina… han jugado con la mortalidad e inmortalidad tal como lo haría un niño con un soplador de burbujas. Han jugado a ser dioses por muchos años, ahora entonces… finalmente se enfrentarán a un dios. Recibirán una gran dosis de inmortalidad…

 Terminó por decir con su escalofriante voz de ultratumba. La cinta se acabó.

-¿Cómo es que no se les ocurrió ponerle un chip a Spencer en el cerebro para apagarlo a distancia?- pregunté abatido.

-Poco a poco vamos aprendiendo…- me contestó Sussman.- Por lo pronto necesitamos saber que fue lo último que conversaste con él, ¿qué quiso decir con esta amenaza?

-No tengo la más remota idea.- contesté.- Spencer cree que su hermano gemelo está vivo, y cree también haber sido victima de un elaborado engaño en cual yo también estoy involucrado…, pero juro desconocer si su hermano vive o no.

-Vive…- me dijo Sussman con resignación.- la historia que contó Jonás ha sido ratificada y es así. Algunos agentes del estado sabían, pero era peligroso que Spencer se enterara de ello, es por eso que hicieron el montaje del accidente aéreo en Bahamas…

   Me llevé las manos a la cabeza, a final de cuentas Spencer tenía razón, pero cómo explicarle que yo no tuve jamás algo que ver con esa conspiración de intereses. En ese momento daba lo mismo, la amenaza de Spencer Grimm y su odio para con todos era mucho más preocupante que cualquier otra cosa… mientras debatíamos con los demás oficiales en aquel cuarto del hospital mi mirada involuntariamente se posó sobre el monitor de la TV, un aviso de “EXTRA” parpadeaba en la pantalla mientras la locutora hablaba. No sé porqué me quedé un instante allí observando… imágenes de un contacto en directo desde un lugar familiar de la ciudad, pero no identificaba cual era… luego supe que se trataba del cementerio, había mucha agitación en pantalla y llegaba la policía…

-¡Hey, guarden silencio!- exclamé de pronto y subí el volumen del monitor.

 Fue el comienzo del fin, centenares de cadáveres en el cementerio se abrían paso a través de la tierra y salían a la superficie. La dantesca e infernal imagen se repetía simultáneamente en todos los demás cementerios. Cientos y cientos  de muertos volvían a la vida. Absortos por lo que se desarrollaba en la pantalla de TV, no nos dimos cuenta de los alaridos que se producían en el hospital donde nos encontrábamos… en el subterráneo, más específicamente en la morgue, los cadáveres volvían a la vida para atacar a los vivos. Spencer Grimm no solo tenía poder sobre los infectados con los derivados del virus progenitor… también tenía potestad y dominio sobre toda carne, hueso y entidad biológica muerta que existiese a su alcance. Él era la muerte, él ordenaba a los muertos


 Me levanté de la cama y me acerqué a la ventana, desde allí con los demás oficiales vimos como la ciudad se estaba yendo al infierno….



























Concluye en el siguiente capitulo






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